{"id":116,"date":"2015-10-05T01:01:56","date_gmt":"2015-10-05T01:01:56","guid":{"rendered":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/?p=116"},"modified":"2015-10-05T01:01:56","modified_gmt":"2015-10-05T01:01:56","slug":"un-relato-a-la-carte","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/?p=116","title":{"rendered":"Un relato \u00e0 la carte"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">La Argentina de los a\u00f1os sesenta y setenta fue un campo de controversias intelectuales, las que adquirieron un alto voltaje y tuvieron fuerte repercusi\u00f3n. Henri Matisse se\u00f1al\u00f3 que toda obra lleva las huellas de su \u00e9poca, pero que las grandes obras son aquellas en las que estas huellas son m\u00e1s profundas. En esos a\u00f1os uno pod\u00eda comprobar en Buenos Aires diferentes planos discursivos, como las discusiones entre nacionalistas y marxistas sobre el imperialismo yankee, el problema de la unidad latinoamericana \u2013tema siempre cargado de ret\u00f3rica-, la necesidad de realizar una revisi\u00f3n sobre la memoria oficial, as\u00ed como la situaci\u00f3n pol\u00edtica, social y cultural del pa\u00eds. Lo curioso, al menos para m\u00ed, era que todos dec\u00edan interpretar al pueblo, es m\u00e1s, se consideraban en condiciones de tutelarlo y hablaban en su nombre. El tema de la Naci\u00f3n, motivo de desvelos de casi todas las generaciones intelectuales, fue abordado tanto por los nacionalistas como por la \u201cnueva izquierda\u201d (no s\u00e9 porqu\u00e9 siempre est\u00e1 surgiendo una nueva izquierda). Los nombres de Rodolfo Puiggr\u00f3s, H\u00e9ctor Agosti, Silvio Frondizi, Hernandez Arrigui, John William Cooke, Ismael Vi\u00f1as, Milc\u00edades Pe\u00f1a, Abelardo Ramos, y muchos otros, aparec\u00edan en las notas de los medios escritos como tambi\u00e9n en entrevistas televisivas y radiales. Reconozco que siempre tuve desconfianza de todo discurso que fuese oficial, pero tampoco cre\u00ed, como muchos de mis compa\u00f1eros del bachillerato y luego de la universidad, en los clich\u00e9s de la contracultura que predominaba. Las pol\u00e9micas sol\u00edan ser muy duras, descalificantes, incluso llegaban al agravio personal y hasta se produc\u00edan escenas de pugilato. Yo percib\u00eda que algunos intelectuales se debat\u00edan entre la distancia y el compromiso ideol\u00f3gico, y este \u00faltimo resultaba muy fuerte, era dif\u00edcil eludirlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De esa \u00e9poca es el libro <em>Las Venas abiertas de Am\u00e9rica Latina<\/em>, una excelente obra del uruguayo Eduardo Galeano, donde reconstruye desde su mirador el pasado de Latinoam\u00e9rica con una proyecci\u00f3n en el presente. No he le\u00eddo otro libro de este autor, pero s\u00ed he conocido su forma de pensar a trav\u00e9s de algunos art\u00edculos period\u00edsticos y notas que le hicieron. Como ser, \u00e9l dice que no tuvo una educaci\u00f3n formal \u2013s\u00f3lo lleg\u00f3 al primer a\u00f1o de la secundaria- y, todo lo que sabe lo aprendi\u00f3 en los caf\u00e9s de Montevideo. \u00c9se anclaje en la cultura popular me recuerda a los escritores que han abrevado en ella y lo han reconocido no sin cierto orgullo, es el caso de Garc\u00eda M\u00e1rquez o de Marguerite Yourcenar. Recuerdo una bella frase de Yourcenar: \u201ccon un pie en la erudici\u00f3n y otro en la magia\u201d, frase que intenta separar las aguas entre lo que llamamos la alta cultura y lo opuesto. Galeano ha tenido en cuenta el punto de vista de los excluidos, o como \u00e9l prefiere, el punto de vista de los \u201cnadies\u201d, de los \u201cninguneados\u201d. Esto resulta interesante porque el punto de vista de los excluidos nunca tuvo peso propio, sin embargo, son voces que como sostiene el uruguayo, bien vale la pena escuchar. Una an\u00e9cdota de su compatriota Juan Carlos Onetti, a quien conoc\u00ed en Madrid, me caus\u00f3 gracia. Un d\u00eda el autor de <em>El Astillero<\/em> le dijo a Galeano que las \u00fanicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio, y que se trataba de un proverbio chino. Galeano coment\u00f3 que el viejo era muy mentiroso (no creo que alguien llegue a ser un gran novelista sin ser diestro en el arte de la mentira), y que sol\u00eda invocar una fuente inobjetable para darle prestigio a sus palabras, como pod\u00eda ser la Grecia antigua. Al cabo de un tiempo, Galeano descubri\u00f3 que ese\u00a0 proverbio era hind\u00fa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Facundo<\/em> ha sido el libro fundacional de la literatura argentina. El pol\u00e9mico y contradictorio Sarmiento, nuestro mayor intelectual decimon\u00f3nico, lo escribi\u00f3 en 1845 y le puso como subt\u00edtulo: <em>Civilizaci\u00f3n y Barbarie<\/em>,\u00a0 dejando establecida una dualidad que se ha convertido en una fuerte caracter\u00edstica de la Argentina y que incluso nos impedir\u00eda asumir el concepto de Naci\u00f3n. Este libro, de lectura obligatoria en los a\u00f1os sesenta cuando yo cursaba la escuela secundaria, o m\u00e1s bien de comentario obligatorio, puesto que se lo menciona mucho m\u00e1s de lo que se lo lee. Pero lo interesante es que los sectores de poder criollo tomaron r\u00e1pidamente la consigna civilizaci\u00f3n o barbarie para disciplinar a la plebe, seducida por caudillos y caciques, a la vez que el pa\u00eds adoptaba sin ning\u00fan\u00a0 reparo el modelo del capitalismo europeo. A los indios y los negros\u00a0 hab\u00eda que ocultarlos, pues, la Naci\u00f3n ten\u00eda que fundarse sobre otras bases raciales. La pobreza tambi\u00e9n deb\u00eda camuflarse ya que era otro motivo de verg\u00fcenza. En el Censo de 1895 se excluy\u00f3 lo referente al color de la piel para poder declarar con comodidad que la Argentina era un pa\u00eds de raza blanca y, los pocos que no lo eran,\u00a0 estaban en franca extinci\u00f3n. Qu\u00e9 curioso, ya entonces exist\u00eda la manipulaci\u00f3n de los datos estad\u00edstico. Mucho despu\u00e9s, con Per\u00f3n, aparecieron los \u201ccabecitas negra\u201d, una denominaci\u00f3n poco feliz que se asociaba a la marginaci\u00f3n y la pobreza, pero que sin duda fue de utilidad para reeditar la dicotom\u00eda sarmientina, alimentando as\u00ed el odio entre las clases. Al igual que en el Siglo XIX \u201clo negro\u201d estuvo estigmatizado, se lo equipar\u00f3 con la pobreza y la exclusi\u00f3n social. Indios, negros y pobres eran un horror para la dignidad de un pa\u00eds rico, de raza blanca, que se enorgullec\u00eda de considerarse profundamente europeizado. En cuanto a la clase media argentina, tan conflictiva, nunca pudo resolver el problema de la discriminaci\u00f3n racial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la <em>Generaci\u00f3n del 80<\/em>, que sin duda concibi\u00f3 la grandeza del pa\u00eds, se le cuestiona no s\u00f3lo el exterminio del indio y la concentraci\u00f3n de la propiedad de la tierra, tambi\u00e9n el predominio de una oligarqu\u00eda que instal\u00f3 la corrupci\u00f3n como estilo de vida, aunque es cierto que la corrupci\u00f3n estaba presente desde mucho antes de que se planteara la Independencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El venerable General Roca tom\u00f3 el poder con una deuda de 50 millones y la ascendi\u00f3 a 150 millones. Dicen que en 1885 Roca intent\u00f3 imponer la convertibilidad con el oro, adelant\u00e1ndose en m\u00e1s de un siglo a Domingo Cavallo, pero advirti\u00f3 los l\u00edmites de la aventura y finalmente desisti\u00f3. El banco estatal le otorg\u00f3 a \u00e9l y\u00a0 a sus hermanos cr\u00e9ditos que les\u00a0 permitieron el enriquecimiento il\u00edcito, algo que en la Argentina de nuestros d\u00edas tampoco causa sorpresa. Cuando su cu\u00f1ado\u00a0 Juarez Celman asumi\u00f3 el poder, se hizo el <em>default<\/em> m\u00e1s grande de la historia, que seg\u00fan las cr\u00f3nicas de la \u00e9poca dej\u00f3 boquiabierta a la Bolsa de Londres y casi hizo quebrar a la Casa Baring que era el principal banco ingl\u00e9s. V\u00e9lez Sarfield, haciendo alusi\u00f3n a este episodio, habr\u00eda dicho que los bancos se roban con firmas (\u2026) Entonces no hubo cacerolazos como en el 2001, pero si hubo tiros, pues, aconteci\u00f3 la <em>Revoluci\u00f3n del 90<\/em>. En la calle la gente dec\u00eda a viva voz: \u201cse robaron todo\u201d. Roberto Payr\u00f3 los acus\u00f3 de tener un absoluto desprecio por la Ley, mientras la justicia le daba la espalda al esp\u00edritu republicano, otra constante en nuestra historia de doscientos a\u00f1os. Pero como es habitual, el relato oficial prefiere omitir estos detalles porque no ser\u00edan de utilidad y debemos mirar hacia delante. Leopoldo Marechal, un intelectual recuperado por el relato, habr\u00eda dicho que la historia \u201ces el arte de mostrar una cara limpia y esconder un culo siniestro\u201d (sic).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me preocupa que en el argentino de la calle a menudo exista un registro de fracaso, o de conformismo impuesto, que a menudo se evidencia en la trillada frase: \u201cesto es lo que hay\u201d. En consecuencia nada distinto podr\u00eda hacerse. Y yo creo que esta visi\u00f3n estereotipada de fracaso es peligrosa, porque nos induce al inmovilismo, a no intentar cambiar la realidad, sobre todo aquello que est\u00e1 mal y que sin duda es modificable. Parecer\u00eda que cualquier intento por transformar el estado de las cosas est\u00e1 condenado al fracaso y, precisamente, eso es lo que quieren los canallas, los que se mueven en la sordidez de la pol\u00edtica y los negocios espurios. Nada les viene mejor que \u00a0la gente no haga nada, que acepte mansamente esta realidad como obra del destino, o quiz\u00e1 de los gringos que nos expolian con sus negocios desde que tenemos memoria y tambi\u00e9n de aquellos coterr\u00e1neos que con sus denuncias s\u00f3lo revelan ser antipatrias.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Argentina de los a\u00f1os sesenta y setenta fue un campo de controversias intelectuales, las que adquirieron un alto voltaje &hellip;<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/?p=116\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-116","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-todos"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/116","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=116"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/116\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":117,"href":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/116\/revisions\/117"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=116"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=116"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=116"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}