{"id":511,"date":"2021-05-27T13:11:38","date_gmt":"2021-05-27T13:11:38","guid":{"rendered":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/?p=511"},"modified":"2021-05-27T13:11:38","modified_gmt":"2021-05-27T13:11:38","slug":"los-intelectuales-entre-la-pandemia-y-el-abismo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/?p=511","title":{"rendered":"Los intelectuales, entre la pandemia y el abismo"},"content":{"rendered":"\n<p>Con la irrupci\u00f3n del Sars-CoV-2 surge la sociedad de la pandemia y la cuarentena, sociedad de las restricciones a las libertades individuales, el trabajo y las reuniones sociales. En efecto, la irrupci\u00f3n global del coronavirus nos oblig\u00f3 a aceptar limitaciones existenciales que comprometen la vida en su totalidad, incluyendo en muchos la restricci\u00f3n mental, que limita, desvirt\u00faa o niega el sentido del discurso y las diferentes narrativas. Por eso las hijas de Asclepio (Dios de la Medicina a quien Zeus mat\u00f3 con un rayo por temor a que los humanos alcanzaran la inmortalidad), Hygea y Panacea, tambi\u00e9n diosas, lograron imponerse en este escenario de incertidumbre, silencio y duelos, la primera mediante la higiene, la segunda procurando curar la enfermedad; de ellas derivan los t\u00e9rminos higiene y panacea que empleamos a menudo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo cierto es que aquella vida que consider\u00e1bamos normal (en realidad el cerebro convierte en normal cualquier est\u00edmulo repetitivo) se esfum\u00f3, dif\u00edcilmente volver\u00e1, salvo algunas costumbres, ciertos h\u00e1bitos, simbolismos, y alg\u00fan reflejo del pasado que nos produce nostalgia, pero el cambio est\u00e1 en curso y al parecer nada ni nadie lo detendr\u00e1. Por supuesto que no faltan los que repiten a modo de sonsonete que \u201ctodo tiempo pasado fue mejor\u201d, un recurso de la mente frente a las emociones negativas y los sentimientos de vulnerabilidad, aunque Ernesto Sabato dec\u00eda que la frase no significa que antes suced\u00edan menos cosas malas, sino que la gente las olvida. Es cierto, la gente olvida demasiadas cosas, de all\u00ed la infatigable repetici\u00f3n de los errores.<\/p>\n\n\n\n<p>Con esta pandemia se instalaron en la sociedad la vulnerabilidad y la finitud, dos cualidades existenciales ignoradas por muchos o que no merec\u00edan nuestra atenci\u00f3n por falta de tiempo material, en fin, dos cualidades capaces de igualarnos y de recordarnos nuestra fr\u00e1gil, contradictoria y finita vida humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando hablamos del futuro queremos pensar que ser\u00e1 mejor que el pasado, sin embargo la realidad de nuestros d\u00edas no alienta esa tendencia. Algunos optimistas y autores de manuales de autoayuda sostienen que de esta pandemia los seres humanos saldremos mejores, algo que en lo personal dudo. Un estudio estadounidense con perspectiva hist\u00f3rica anticipa que en los pr\u00f3ximos a\u00f1os, superada esta pandemia, se vivir\u00e1 una \u00e9poca de derroche econ\u00f3mico y desenfreno sexual, similar a la de los felices a\u00f1os veinte del siglo pasado, tambi\u00e9n llamados a\u00f1os locos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy por hoy el individuo advierte que tanto su vida p\u00fablica, como su vida privada y hasta su vida \u00edntima han sido horadadas, pues, sin su consentimiento experimentaron cambios sustanciales que logran debilitarlas, incluso da\u00f1arlas, y se siente inerme. No es para menos, el ciudadano de a pie, v\u00edctima en esta cat\u00e1strofe epidemiol\u00f3gica como todos, ante este panorama revuelto y oscuro, desde la impotencia se convierte en un simple observador, aunque quisiera ser un testigo de cargo con su testimonio, pero en el fondo sabe que es un convidado de piedra porque su opini\u00f3n no cuenta. La pandemia cal\u00f3 muy hondo y no se divisa ning\u00fan puerto seguro, mientras el timonel pretende sacar r\u00e9dito de la cat\u00e1strofe. Existe el agravante de una dirigencia mundial que adem\u00e1s de no practicar la ejemplaridad muestra confusi\u00f3n o niebla mental. La impresi\u00f3n de muchos es la de un mundo a la deriva.<\/p>\n\n\n\n<p>Claudio Magris no puede disimular su pesimismo por tanto encierro y restricciones que ha pasado, y confiesa que le causa impresi\u00f3n el hecho de que el mundo cambiar\u00e1 m\u00e1s que con la <em>Segunda Guerra Mundial<\/em>. Tiene raz\u00f3n, pero no debemos olvidar que en esa conflagraci\u00f3n al igual que en la <em>Gran Guerra<\/em> muchos fueron los pa\u00edses que decidieron no participar, a diferencia de la pandemia donde el virus no respet\u00f3 fronteras, lleg\u00f3 a todos los confines del planeta y se llev\u00f3 puesto millones de vidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Magris, que adem\u00e1s de escritor e intelectual es un pol\u00edtico independiente que ocup\u00f3 una senadur\u00eda en Italia, advierte que en esta turbulencia populista hubo mucha gente que en su posicionamiento crey\u00f3 ser de izquierda cuando en realidad se comporta como si fuera de derecha. Y cuando se refiere al mercado, advierte que ya no se lo percibe como un sistema eficiente sino como la medida de la vida. Coincido con Magris y, parafraseando al presocr\u00e1tico Pit\u00e1goras, creo que hoy el mercado es la medida de todas las cosas, incluyendo los seres humanos. La pandemia ha logrado que aumenten las distancias sociales y laborales, y que el lenguaje que se usa en las redes sociales se concentre solo en la instantaneidad. Magris, coincidiendo con otros pensadores, no cree que hoy podamos hablar de progreso, a menos que hagamos alusi\u00f3n espec\u00edfica de la ciencia y la tecnolog\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la irrupci\u00f3n del virus se alteraron nuestras rutinas, se bloquearon nuestros deseos y surgi\u00f3 una distop\u00eda, pero no la que aparec\u00eda en la literatura o el cine. La situaci\u00f3n vivencialmente en curso, dio lugar a infinidad de reflexiones y citas sobre <em>1984<\/em>, de George Orwell, <em>Un mundo feliz<\/em>, de Aldous Huxley, y <em>Farenheit 451<\/em>, de Ray Bradbury, todas narrativas dist\u00f3picas que fueron <em>best sellers<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que llam\u00e1bamos normalidad qued\u00f3 muy atr\u00e1s y comenz\u00f3 a hablarse de una nueva normalidad. Por las medidas restrictivas la gente suplant\u00f3 la calle por el hogar, y no hay duda que lo revaloriz\u00f3, le hizo mejoras, al punto de convertirlo en un bunker. La vida digital cobr\u00f3 inusitado desarrollo e importancia, a la vez que la gente dej\u00f3 de concurrir a su lugar de trabajo, como tambi\u00e9n a la mayor\u00eda de los negocios que sol\u00eda frecuentar y, dej\u00f3 en suspenso para un futuro sin fecha los viajes y el turismo. La pol\u00edtica sanitaria se enfrasc\u00f3 en la atenci\u00f3n del Covid-19 y descuid\u00f3 irresponsablemente la asistencia de las otras enfermedades, como si no existieran, una torpeza sanitaria que tendr\u00e1 serias consecuencias. El miedo se impuso como inductor de la sobrevivencia, enfrent\u00e1ndose a nuestros deseos, generando malestares, problemas de todo orden, incluyendo dilemas. En efecto, desde que comenz\u00f3 la pandemia vivimos entre el miedo y el deseo. Algunos gobernantes utilizaron el miedo con la intenci\u00f3n de disciplinar a la sociedad, mientras otros trataron de quitarle irresponsablemente gravedad para lograr el agrado de sus seguidores. Unos y otros revelaron ser burdos canallas.<\/p>\n\n\n\n<p>Cualquiera sabe que el miedo nos puede paralizar o por el contrario impulsar a actuar, al extremo que no pocos actos que calificamos de heroicos surgieron del miedo. Pienso que la gente con vocaci\u00f3n voluntariosa privilegi\u00f3 el actuar en t\u00e9rminos de rendimiento, como sucedi\u00f3 con muchos escritores que nunca fueron tan prol\u00edficos como durante este encierro. Por eso aquellos que evitaron ser presa del p\u00e1nico se dedicaron a hacer. Y la voluntad siempre fue elogiada en el mundo occidental ya que mediante ella se hicieron realidad muchos sue\u00f1os que parec\u00edan imposibles, por eso alguien dijo que el <em>quid<\/em> de la cuesti\u00f3n no est\u00e1 en tratar de ser sino en hacer. Claro que esto nos conduce a la sociedad del rendimiento de la que tanto habla Byung-Chul Han.<\/p>\n\n\n\n<p>Es curioso como en estos tiempos marcados por la pandemia a muchos intelectuales ya desaparecidos se los invoca o menciona reiteradamente, como si se tratara de un ritual en el que se convoca a sus esp\u00edritus, aguardando respuestas a esta situaci\u00f3n. Como ser, Susan Sontang es una de las m\u00e1s mencionadas. Alguien preguntaba: \u00bfd\u00f3nde quedaron aquellos intelectuales como Sontang que no aceptaban los l\u00edmites de la especializaci\u00f3n? La pregunta me parece pertinente, ya que en una situaci\u00f3n como esta se necesita de la honestidad intelectual y de los intelectuales no contaminados por las ideolog\u00edas. Dicen que lo que a Susan le desesperaba era la confianza que ten\u00eda en el poder transformador de la cultura, que fue clave en su formaci\u00f3n intelectual, y sent\u00eda que este poder agonizaba (ella muri\u00f3 en el 2004).<\/p>\n\n\n\n<p>Querofonte, amigo de Plat\u00f3n, consult\u00f3 el Or\u00e1culo de Delfos y su pitonisa Sibila, sobre quien era el m\u00e1s sabio, y le respondi\u00f3 S\u00f3crates. Cuando \u00e9ste se enter\u00f3 advirti\u00f3 un enigma y, para develarlo consult\u00f3 primero a los pol\u00edticos, luego a los poetas, finalmente a los artesanos, todos dieron respuestas err\u00f3neas. Entonces S\u00f3crates comprendi\u00f3 el sentido de las palabras del or\u00e1culo: creen saber, cuando no saben, y para peor no tienen conciencia de su ignorancia. De all\u00ed la frase socr\u00e1tica: <em>\u201csolo s\u00e9 que nada s\u00e9\u201d<\/em>, pues, la sabidur\u00eda consiste en reconocer la propia ignorancia. Volver a examinar el pasado puede ser muy \u00fatil para lidiar con el presente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con la irrupci\u00f3n del Sars-CoV-2 surge la sociedad de la pandemia y la cuarentena, sociedad de las restricciones a las &hellip;<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/?p=511\">Sigue leyendo <span class=\"meta-nav\">&rarr;<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-511","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-todos"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/511","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=511"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/511\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":512,"href":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/511\/revisions\/512"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=511"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=511"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/robertocataldi.com.ar\/blog\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=511"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}