• Nota biográfica de Roberto Miguel Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

~ Blog sobre Crítica Cultural / por Roberto M. Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

Archivos de autor: Roberto Cataldi

Luces y sombras en el marketing académico

15 viernes Sep 2017

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Hace unos días me sorprendió, como todos los años, el día del maestro. Los saludos que habitualmente recibo ese día de algunos que fueron mis alumnos hace muchos años y también de colegas que hicieron la residencia bajo mi dirección, son demostraciones de afecto muy gratificantes y, siempre me llevan a reflexionar acerca de qué es ser maestro. Estoy convencido que el magisterio es una especie de habilidad especial, de gracia, o de don como antes se decía. En mi caso, la docencia de grado como la de postgrado me atraen por igual, a ambas me dediqué y lo sigo haciendo con entusiasmo, claro que esto ha despertado críticas de aquellos que consideran que uno debe tocar sólo una cuerda. Jamás lo entendí. Por otra parte, en medicina a algunos se los considera “maestros” porque los pares le otorgaron un diploma o premio que los acreditaría como tales. No nos engañemos, la genuina condición de maestro surge del reconocimiento de los alumnos y de los discípulos, no de los pares, pues, aquí es frecuente que surjan ciertos tejemanejes políticos y terminen considerándose maestros a quienes nunca hicieron escuela. Pero claro, en la sociedad actual, muchos se empeñan en parecer lo que no son y el marketing los ayuda. El mundo académico no es una isla, como algunos creen, el marketing y los conflictos de intereses están muy presentes, es por eso que existen muchos claroscuros y que es tradicional que no falten las intrigas, los celos, las traiciones, en fin, las puestas en escena donde  las cortesanas y los besamanos se mueven con soltura bajo la mirada atenta  de algún régisseur.

La vida me dio la oportunidad de tener maestros, lamentablemente ya no están aquí físicamente, sin embargo los tengo presentes en mis comentarios, los recuerdo con afecto y soy consciente de todo lo que les debo. Sé que hay deudas que jamás se saldan y por cierto he acumulado tantas deudas intelectuales que perdí el registro. Con algunos no logré tener un trato personal, pues, había una cierta distancia. Claro que también están aquellos que no los vivimos como de carne y hueso porque se hallan lejanos en el tiempo, la geografía o incluso hemos tenido que recurrir a la ayuda del traductor para acceder a sus textos, pero de todas maneras son nuestros maestros porque los escogimos y seguimos sus enseñanzas. ¿Acaso quien dedicó buena parte de su vida a estudiar a Platón no tiene derecho a considerarse discípulo del filósofo griego?  Por otra parte, no está bien visto quien suele recurrir a lecturas de segunda mano, es imprescindible ir a los textos originales, sin embargo no siempre se puede. Quien lee una traducción de Dostoievski  o de Chéjov porque no domina el ruso, está leyendo un texto que pasó por el tamiz de otro escritor y,  ésta es también una forma de lectura de segunda mano.

La semana pasada en un café de Milán, ciudad que no visitaba desde el 79, leía Il corriere della sera, periódico que solía leer todos los domingos, hasta que un día lo abandoné. Recuerdo cómo me atraían los artículos de Indro Montanelli, podía no siempre coincidir con sus planteos, pero intelectualmente era honesto y sin duda un escritor brillante. Montanelli fue un maestro del periodismo italiano y murió en el 2001. Dirigía el diario que era propiedad del impresentable Silvio Berlusconi, y comentan que cuando il cavaliere aparecía, evitaba subir al piso donde tenía su despacho Indro porque éste se había negado a poner el periódico al servicio de su campaña política. Montanelli  representó a una intelectualidad que prácticamente ha desaparecido como por arte de magia. Pero el café donde leía y conversaba con mi mujer, estaba frente a la Piazza Loreto, donde en 1945 Benito Mussolini, luego de ser ejecutado por partisanos, fue colgado por los pies junto a su amada Claretta y otros jerarcas fascistas. Hoy en ese lugar nada recuerda el hecho. Algunos italianos me han dicho que prefieren no recordar esa época, es una historia que les duele, aunque me consta que no pocos procuran revivirla, invocando  une histoire à la carte y, anunciando el retorno de sus ideas.

Al día siguiente fuimos a la Scala de Milán. El maestro Arturo Toscanini fue el director más joven que tuvo el prestigioso teatro, quien debió exiliarse antes de que Italia ingresara a la Segunda Guerra Mundial por negarse a tocar el himno fascista Giovinezza, que debía preceder cualquier acto por decreto de Mussolini. En efecto, luego de varios encontronazos con el régimen y de haber irritado a Il Duce, Toscanini fue agredido por unos fascistas y viajó a los Estados Unidos, retornando en 1945, finalizada la guerra. Eran tiempos de los nacionalismos, arrogantes, violentos y dictatoriales, no sólo en Europa, y uno de los slogans que más circulaba en la Italia fascista era: Il Duce ha sempre ragione. Claro, para los acólitos el conductor de un movimiento nacionalista jamás se equivoca y, esto forma parte de la liturgia aunque también del negacionismo actual.

Giovanni Gentile, amigo y colaborador de Benedetto Croce, llegó a ser el Ministro de Instrucción Pública de Benito Mussolini, de quien también era amigo. Algunos lo llamaron el filósofo del fascismo. Él proponía la “dialéctica del pensamiento pensante”. Pero no faltaron los que acusaron a este profesor universitario de  ser un “corruttore di tutta la vita intelletuale italiana”, tampoco era bien visto por los jacobinos.  Gentile creía que Mussolini sería capaz de lograr la unidad nacional y que mediante la guerra Italia recuperaría el honor perdido. Nada de eso sucedió. El maestro Gentile llegó a presidir la Academia de Italia, a la vez que procuró alcanzar la concordia, la tolerancia y condenó la represión brutal, pues, al fin de cuentas él era un intelectual metido a político. Lo curioso es que muchos de los intelectuales antifascistas habían  sido sus alumnos y, si bien se habían adherido de entrada a su filosofía, luego se convirtieron al comunismo. En fin, Gentile fue un claro ejemplo del intelectual cercano al poder que a su vez resulta ser un militante tibio, y como todos sabemos, a los tibios no los quieren ni los unos ni los otros. Giovanni Gentile fue asesinado en 1944.

La ingerencia de la política en el mundo académico es un hecho patente, y podríamos remontarnos a la antigüedad para exhumar numerosos hechos que lo avalan, pero para referirnos al siglo pasado y el actual bástenos como ejemplo la adjudicación de los Premios Nobel. Al respecto, no dudo que muchos fueron y son concedidos con justicia, pero algunos dejan atrás un mar de dudas.

¿Algún escritor que recibió el premio de literatura ha superado en talento a Tolstoi, Kafka, Proust, James Joyce o Mark Twain? En mi opinión ninguno. Lo curioso es que estos maestros de la literatura universal no recibieron dicho premio. Es más, cuando se entrevista a algún escritor ganador y se le pregunta a quienes considera sus maestros, habitualmente cita a los mencionados.

En lo que atañe a los premios Nobel de Ciencias, al menos cinco descubrimientos cuya trascendencia es innegable no fueron reconocidos con este galardón: la primera tabla periódica de los elementos por Dmitri Mendeleyev; la www (Internet) desarrollada por Tim Berners Lee; la materia oscura observada por Vera Rubin y Kent Ford; el descubrimiento de la secuencia completa del genoma humano cuya técnica es mérito de Craig Venter; la muerte de los agujeros negros descripta por Stephen Hawking. Cómo es posible que estos descubrimientos hayan sido ignorados por el jurado.

Pero los Premios Nobel de la Paz son los que despiertan encendidas críticas por ser los más politizados. Mahatma Gandhi, considerado el mayor pacifista del Siglo XX no lo recibió, tampoco Florencia Nightingale, cuya tarea humanitaria fue reconocida con otras distinciones, pero si lo ganaron individuos que ni siquiera se les aproximaban en méritos, entre ellos varios presidentes de los Estados Unidos, además de Kissinger, Arafat, Beguin y otros casos en verdad chocantes. Cuando uno lee la lista completa comprende que no se lo puede tomar en serio.  Hace tiempo me hizo gracia una frase de autor anónimo que considera a la política como el arte de patinar sobre ruedas, pues, en parte uno va a donde quiere ir pero también a donde le llevan los malditos patines (…)

La trastienda de las religiones y la vocación de poder

17 jueves Ago 2017

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Desde muy joven advertí que el mundo estaba mal conformado, demasiada hipocresía, engaño e injusticias, de allí los movimientos contestatarios de mi generación. Luego comprendí que el mundo no tiene solución, al igual que las pasiones humanas, pese a todo pienso que no debemos claudicar en nuestros sueños y valores. Hoy no es suficiente con esperar que la razón nos provea las soluciones a los problemas de la vida. Por otra parte, las viejas religiosidades siguen firmes en querer ahogar la razón crítica. Y estimo que no es necesario creer que lo que emerge oscuramente del mundo tiene que ser oscurantismo y que el mito siempre es superstición. La espiritualidad es un atributo del ser humano.

En mi adolescencia leí la biografía de Florencia Nightingale,  cuya tarea humanitaria en la Guerra de Crimea pasó a la historia. Solo recordamos la “carga de la brigada ligera”, pero fue la primera gran guerra. Allí se enfrentaron las tropas del Zar con las de Inglaterra, Francia, el Imperio Otomano y el reino de Piamonte Cerdeña. Los turcos defendían un imperio que se derrumbaba y querían evitar que los islamitas se hicieran del poder. Los ingleses se sumaban a los turcos pero en el fondo estaba su vieja rivalidad con los rusos. Francia quería recuperar su lugar en el mapa imperial europeo. La religión fue una excusa, pues, el Zar estaba al frente de una cruzada contra los musulmanes, mientras las potencias europeas veían en Rusia una seria amenaza. En el tapete la disputa entre católicos y griegos ortodoxos por el control de la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén y de la iglesia de la Natividad en Belén.  A la Guerra de Crimea, donde participó León Tolstoi, luego excomulgado a perpetuidad por la Iglesia Ortodoxa Rusa, no se le reconoce su importancia en la génesis de las dos conflagraciones mundiales. En esa guerra aparecieron por primera vez en el campo de batalla el telégrafo y la fotografía. Por su parte la ciencia y el arte comenzaron a intervenir en las cuestiones morales, compitiendo con la religión. El conflicto actual entre Ucrania y Rusia por la península de Crimea no es nuevo, tiene su historia. Arthur Clarke, quien sostenía que toda tecnología si es suficientemente avanzada resulta indistinguible de la magia, consideraba también que el secuestro de la moral por parte de la religión era la tragedia más grande de la Humanidad.

San Agustín puso toda su confianza en el poder de la razón, apasionadamente deseaba entender. Los maniqueos le habían prometido la comprensión de los misterios de la vida sin necesidad de recurrir a la fe. “Me mandaban creer en Manes”, decía Agustín, y fue maniqueo por nueve años, finalmente aceptó que la Iglesia le propusiese creer en aquello que no podía ser demostrado por la razón. Leyó la Biblia con fruición, pero un texto del Apóstol Pablo fue el núcleo de su conversión. El platonismo le dio una penetración más profunda en el mundo del espíritu y una respuesta al candente problema del mal.

Martín Lutero clavó en las puertas de Wittenberg sus 95 tesis, escandalizado por la corrupción del clero y la venta de indulgencias. Este año se celebran los 500 años de la Reforma Protestante, cuyo nudo central fue la libertad religiosa. Lo curioso es que en la Guerra de los Campesinos, que costó más de 100.00 vidas, Lutero estuvo del lado de los príncipes y, en el Sacro Imperio Germánico persiguió a los practicantes de otros credos y promovió la quema de brujas que dejó en Alemania unas 25.000 víctimas. Karl Jasper sostuvo que el programa nazi se habría inspirado en el monje agustino.  Hitler concurrió a las elecciones de 1933 con un cartel donde estaba la imagen de Lutero y la cruz gamada. En 1938, la Noche de los Cristales Rotos habría sido en honor de su 450 cumpleaños.  Cada vez que en Alemania resurge el nacionalismo reaparece la figura de Lutero.

Baruch Spinoza fue excomulgado de la sinagoga por haber hablado libremente y se convirtió en un sobreviviente que siempre estaba en riesgo de morir por sus escritos; excomulgado de la grey sefaradí holandesa, sostuvo que las religiones no buscaban la verdad sino el sometimiento del hombre a la casta religiosa.

Con el ataque a las Torres Gemelas surgió la imagen del musulmán terrorista. En efecto, los musulmanes serían intolerantes con el estilo de vida de Occidente, la democracia y el republicanismo, vicios muy peligrosos para las sociedades teocráticas del Islam. El DAESH, denominación que irrita a los yihadistas y que es blanco de la islamofobia, con su mise en scene de crueldad atemoriza a Europa, pero fundamentalmente busca disciplinar a los musulmanes. Y ante el peligro no quedaría otro camino que una nueva Cruzada. Claro que en el bando de los musulmanes radicalizados también existe el temor de que la globalización occidental arrase con sus tradiciones y que sus pueblos sean nuevamente sometidos. Los dos relatos son funcionales a cada bando. Para frenar una negociación nada mejor que un atentado que deje muertos, sobre todo civiles. Burlas, caricaturas, profanaciones religiosas han sido la excusa que costó numerosas vidas. Se busca el choque de civilizaciones mediante la ignorancia y el fanatismo. Los talibanes, en su gran mayoría analfabetos, no conocen en profundidad el Corán,  pero eso no les impide ser fanáticos y cometer crímenes. Con la guerra civil en Afganistán las mujeres fueron obligadas a dejar la blusa y la pollera para retomar la burka y quien no la usaba  podía recibir un disparo en la pierna o que le arrojaran ácido en la cara. En toda religión la mujer fue objeto inquisitorial y, a pesar de que hace tiempo se le reconoce que tiene alma, es discriminada.

Hoy ninguna de las tres grandes religiones monoteístas que en algún momento llegaron a convivir pacíficamente, tiene como meta declarada promover la violencia, el fanatismo o la intolerancia. La aproximación a Dios, la creencia en otra vida después de la muerte, la ayuda al desvalido, la prédica de la virtud, inducen al hombre a seguir el camino del bien.

Cuando Carlomagno llegó a Roma, el Papa León le colocó sobre los hombros un manto de púrpura imperial y lo saludó como “cesar, augusto y emperador de Roma”.  Al proclamarlo soberano “por gracia de Dios”, sentó el precedente de que los futuros emperadores serían coronados únicamente por el Papa, lo que derivó en un interminable conflicto de poderes, conflicto envuelto en sangre que llegó hasta Napoleón Bonaparte. La fórmula sirvió de inspiración en el tiempo a otros, pues, doce siglos después, Francisco Franco se presentaba ante el mundo creyente y el pueblo español como “Generalísimo de España por obra y gracia de Dios” (…)

Las noticias, los relatos y los conflictos de intereses

31 lunes Jul 2017

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Las noticias y los relatos que aparecen en los medios revelan hoy más que nunca que en la trastienda se cocinan conflictos de intereses y que nada es como parece. La noticia, es decir, la información sobre algo que resultaría importante divulgar, está sujeta a la óptica del periodista o del medio y pasa por diferentes avatares. La publicación decide qué tiene valor informativo o interés de divulgación, e incluso las redacciones logran imponer agendas a contramano de la realidad. Algunos recurren al escándalo porque saben que tendrán rápida acogida en los medios. El relato o la narración detallada de un hecho se presta a manipulaciones, al punto que muchas veces es lo más parecido a un cuento, pero no en el sentido que le damos en literatura. De todas maneras, el periodista en su metier vive el día a día, por lo tanto carece de tiempo suficiente y no metabolizó la información. El novelista, en cambio, tiene la ventaja de poder metabolizarla. En ambos está presente la perspectiva personal, de forma manifiesta u oculta. Noticias y relatos son materia de discusión, y lo curioso es que muchos de los que polemizan lo hacen sobre bases falsas, no se preocupan por indagar acerca de la veracidad de las fuentes, y se aferran a esos contenidos como si se tratase de escritos revelados. Hoy ya no importa la veracidad. En efecto, ya no cuenta que el relato, la noticia o la información sean veraces. Claro que no se trata de una novedad como algunos sostienen, tal vez por desconocimiento de la historia o quizá procurando exhibir una sagacidad intelectual que los ubique en la primera línea. En toda época sucedió, lo que pasa es que ahora se tornó mucho más visible. Bástenos el ejemplo de la política, donde lo primordial es llegar a los sentimientos del votante, no importa de qué forma, pues, aquí los principios y las normas morales llegan a ser un estorbo. Hace unos años, frente a una votación importante, no recuerdo qué se trataba, el jefe de la bancada del partido que gobernaba declaró en los medios que los diputados no eran “libre pensadores”, sino que debían someterse a la disciplina del partido (…)

Las opiniones individuales son desechadas sólo por ser individuales, se imponen las mayorías, que no suelen ser mayorías absolutas, y que además arrastran la culpa de su apoyo irresponsable a los totalitarismos del Siglo XX. Hasta se habla de la legitimidad de ciertos discursos que destilan demagogia por los cuatro costados y, yo me pregunto quién en su sano juicio puede creer en las promesas de estos políticos. Los gobernantes, que carecen de tiempo para gobernar porque justamente viven en permanente campaña, no les interesa solucionar los problemas vitales de la gente, mucho menos los de las poblaciones vulnerables. Esta realidad es secular. La Roma imperial ha sido la gran maestra, fuente de permanente inspiración, revelando que los fines de los que pretenden manejar la cosa pública siempre son los mismos, por supuesto que hubo y habrá excepciones, pero son muy pocas y de ninguna manera invalidan la regla.

Evgeny Morozov, un intelectual de izquierda nacido en Bielorrusia y formado en la Europa del Este, sostiene que para analizar y explicar el mundo actual hay que remitirse a la guerra, sin duda un factor tradicional, inmutable y determinante. Dice que en los 70 Silicon Valley hizo una alianza con algunos intelectuales para intentar captar el zeitgeist o espíritu de la época, ya que ellos tenían libros y conferencias para que se convirtiesen en portavoces de la causa, promoviendo mini-relatos cuyo contenido sería falso pero que son efectivos al punto que ocupan el debate durante más o menos dos años y, luego salen con otra historia. La Web 2.0, la economía colaborativa, la economía solidaria, y así sucesivamente. Toda esa estructura está montada en las tecnologías digitales de la información que dan lugar a un negocio incalculable por la enorme masa de dinero que mueve. El objetivo es generar dependencia en los usuarios. Bástenos observar a niños y  jóvenes estudiantes y no estudiantes, incluso gente de edad provecta, que han desarrollado una verdadera adicción a Facebook, Twitter, los videojuegos, y otros medios que ocupan el centro de sus vidas. Estas personas a menudo no saben lo que sucede en el mundo, ni siquiera lo que pasa en su barrio o en su familia. Viven distraídos y son presa de la ficción y del mundo digital. Eso sí, están convencidos que el mundo en que viven es el real, y sus opiniones como sus acciones son acordes con esta anomalía. Morozov sostiene que para entender lo que está sucediendo con este capitalismo digital que actúa como si fuese un casino, es necesario mirar a Wall Street, al Pentágono, las finanzas, la geopolítica y el imperialismo. No tengo dudas que allí residen las grandes trampas del mundo actual que ha privilegiado la especulación financiera por sobre la producción real, constituyendo un nuevo paradigma que beneficia a unos pocos y perjudica a las mayorías, pero sostengo que además hay otras trampas no muy bien dilucidadas y que convendría desenmascarar.

Indignados, nihilistas, ácratas, globalifóbicos, activistas antisistema, ciudadanos de a pie, todos reclaman introducir la verdad y la  justicia en el sacrosanto orden establecido, que sería el único posible. Vuelven a aparecer los exégetas del azar, la lotería social, la providencia y las diferentes escatologías, según  la capilla ideológica o intelectual a la que uno recurra. El sistema todo lo permite, menos  la resistencia o la rebelión. La democracia se impone pero sin lugar para la disidencia. La censura fue, ha sido y es una constante de control social, y los más astutos la emplean con sutileza, estigmatizando al que ejerce la crítica y procurando alimentar el rumor que silencie el valor de la crítica.

Gilles Lipovetsky señala que la Modernidad se construyó en la Ilustración alrededor de la tecno-ciencia, el libre mercado y la democracia, y que en la “hipermodernidad” de nuestros días se profundizan estos tres ejes frente al despotismo y el oscurantismo. A  mi entender, estos últimos reaparecen una y otra vez pero con máscaras diferentes.

Byung-Chul Han, retomando la idea hegeliana del amo y el esclavo, piensa que hoy el esclavo ha optado por el sometimiento. En aras de  la “eficiencia” el neoliberalismo ha conseguido imponer de manera global la eufemística flexibilización laboral, alienta el canibalismo competitivo e implementa la desregulación, los despidos masivos, mientras tanto, los organismos internacionales prestan dinero a cambio de almas humanas, según el filósofo surcoreano. Estos organismos les exigen a los países que contrajeron deudas exorbitantes que de antemano se sabía que no podrían pagar y que, para peor esos pueblos no usufructuaron de los préstamos, que paguen, aunque sea a costa  del hambre de los inocentes. Ante una nueva elección de gobierno, los jefes de las agrupaciones políticas alimentan el clientelismo, tejen alianzas, reparten anticipadamente los cargos del Estado como si fueran de su propiedad y, se esfuerzan por tranquilizar a los financistas cuya mirada está puesta en los negocios que harán con los dineros públicos, porque no seamos ingenuos, éstos siempre persiguen los dineros públicos, de eso se trata y no de otra cosa. Allí reside el leitmotiv, término que se le atribuye a Wagner para referirse a la música que acompaña a cada personaje, aunque en este caso lo empleo deliberadamente para designar el motivo recurrente.

El Estado jamás fue el lugar de la transformación social, de la emancipación de la gente, ni del futuro de los pueblos, es, simplemente el reaseguro para que nada cambie y, de producirse cambios, nunca serán grandes cambios, en todo caso nos recordarán la novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, “Il gattopardo”. Frente a estas tramposas y crueles reglas de juego, el individuo inicia una carrera alocada sin darse cuenta que al final del túnel solo le aguarda el agotamiento y la depresión, no la luz. Han piensa que existe una relación directa entre Eros y Logos, y que el Logos sin el Eros es pensamiento puro. Coincido con él, la solución pasa por el amor, uno de los grandes misterios junto con la vida y la muerte. El amor nos permite descubrir al otro, sin embargo tengo la impresión que Tánatos tendría supremacía sobre Eros y Logos. En fin, no hay que ser muy inteligente ni perspicaz para advertir que algo profundo y siniestro está sucediendo.

El conocimiento como mercancía

11 martes Jul 2017

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Una lectura de la historia nos revela que la adquisición de conocimientos siempre fue algo muy valorado. El conocimiento adquirido a través de la educación se reveló como un privilegio, ya que pocos podían acceder al mismo, pues, hasta principios del siglo pasado grandes masas eran analfabetas. En efecto, la capacidad de leer y escribir no estaba reservada al pueblo, que debía conformarse con trabajar y aceptar la condición social en que había nacido. Pero esto fue cambiando con la lucha por los derechos sociales, que dejaron no pocas víctimas en el camino, a pesar de todo en nuestros días todavía hay masas analfabetas e incultas, explotadas o ignoradas por el poder de turno.

Es meritoria la tarea que se realizó en muchos países para que la gente pudiera educarse y acceder al mundo de la cultura letrada. Esto no sólo fue un movimiento que vino desde arriba, es decir, desde el gobierno, también se dio desde organizaciones obreras y barriales, bástenos como ejemplo las bibliotecas populares donde muchos trabajadores no sólo iban a leer libros y empaparse de nuevas doctrinas sino que concurrían de noche a estudiar. Está claro que se vivía en otro mundo, donde los ciudadanos creían que el esfuerzo y el mérito eran suficientes para progresar. Había sueños, ideales, y hay que reconocer que las clases bajas son más propensas a los ideales, por ello las ideas de la Ilustración prendieron con fuerza y, las monarquías de cuño medieval y las dictaduras de la modernidad hicieron todo lo posible para impedir que estas ideas ingresaran en sus dominios, porque temían perder sus privilegios. El curso de la historia logró imponer en gran medida el derecho a la educación y el derecho a la cultura, al menos así fue durante el Siglo XX en muchas regiones del planeta. Los Estados tuvieron que ceder ante la presión popular y se crearon escuelas, institutos de todo tipo y universidades de acceso gratuito, política que comenzó a modificar la cartografía social. Ahora los obreros y los trabajadores no calificados podían enviar a sus hijos a la universidad para que se convirtieran en profesionales, oportunidad que ellos no tuvieron. Las clases tradicionales y acomodadas no vieron con buenos ojos esta conquista que pretendía modificar el orden establecido del que disfrutaban.

Este fenómeno se vivió prácticamente en todo el continente americano, de norte a sur. Un continente con fuertes flujos migratorios provenientes de Europa. En efecto, los que provenían de allí, acostumbrados a las monarquías y las injusticias sociales, advirtieron que sus hijos ahora tenían la oportunidad de subirse al ascensor social mediante la educación superior, así los títulos de doctor y profesor sustituyeron a los títulos nobiliarios. Al respecto, yo nunca creí en los linajes y, si me ponen entre la espada y la pared, diré que a lo sumo creo en el linaje intelectual, pero no más. Países como Francia, Italia, Alemania, Rusia, entre otros, pudieron abolir las monarquías y, cada uno a su manera intentó modificar la dinámica social. Francia quedó en cierta medida atrapada en su ideología estatista mientras Alemania fue más pragmática. El tema de las libertades individuales se vivió en estos países de distinta manera, sobre todo en Rusia.

Céline ejerció la medicina durante veinticinco años en los barrios pobres de Paris, pero pasó a la historia como novelista. En una entrevista de The Paris Review, comentó que toda su vida transcurrió en la pobreza, comiendo fideos. Sus padres eran  pobres, pero vivían una pobreza digna. La conciencia social se le despertó muy tarde, cuando vio gente que hacía dinero mientras otros morían en las trincheras. Luego de la caída de Alemania escapó a Dinamarca y allí fue arrestado porque había hecho declaraciones antisemitas y lo consideraban un colaboracionista. En realidad, Céline disfrutaba ridiculizando a la sociedad y, esa provocación no podía ser gratuita. Para algunos críticos modernizó la literatura francesa y con su estilo cuestionaba la moral del lector. Introdujo como recurso literario la técnica de los tres puntos: “¡los franceses son tan vanidosos, que el ´yo´ del otro los saca de quicio!…”   Louis Ferdinand Céline vivía atacando a sus contemporáneos, a los editores que no leen, y a las frases de Proust, que eran muy largas, no usuales en francés. En los últimos años buscaba la soledad, no tenía dinero pero mucha gente lo reconocía en la calle, y comentaba que tenía “un hambre animal de reclusión”. Habría sido quien mayor influencia ejerció en la escritura de Henry Miller. Jack Kerouac dijo que  fue el escritor francés más compasivo de su época.

Albert Camus era un pied noir, hijo de una doméstica analfabeta. Albert contrajo una tuberculosis en su época de estudiante y en Argelia obtuvo una licenciatura en filosofía no sin sacrificios, pero el circulo áulico sartreano le negó su condición de filósofo. Tenía un parecido notable con Humphrey Bogart, y al igual que el actor hollywoodense gozaba de gran éxito entre las mujeres, al extremo que Sartre, cuya figura no era precisamente atrayente, habría experimentado una mezcla de celos y desprecio encubierto hacia el argelino. A pesar de la relación conflictiva que ambos mantuvieron, cuando le concedieron el Premio Nobel de Literatura, Sartre reconoció que Camus lo merecía. Con el dinero de ese premio compró su primera y única vivienda.

No hay duda que estamos dejando un mundo atrás e ingresando en otro. La educación y la cultura están nuevamente en entredicho, vuelve a repetirse la historia pero de manera diferente. Ya no es un problema de linaje o clase social, la pertenencia ha sido sustituida por el dinero, al punto que los conflictos ideológicos del pasado entre educación estatal o privada, confesional o laica, han quedado en gran medida camuflados por el dinero.

Los defensores del mercado sostienen que la educación y la cultura tienen un costo, nada es gratuito. Es cierto, alguien paga. Yo provengo de la educación estatal, desde la escuela hasta la universidad, e incluso ya graduado mi formación la hice en hospitales públicos y, mi universidad de postgrado en Europa es la Complutense de Madrid, de régimen estatal. Pero de ninguna manera eso significó que a la vez no hiciera cursos pagos en instituciones no estatales y que llegara a ser profesor titular en diferentes universidades privadas. Nunca me gustaron las tesituras radicales, soy partidario de los sistemas mixtos, pero donde se privilegie la calidad y no la especulación. Entiendo que en todo negocio debe existir una ganancia dineraria, pero que ésta sea razonable.

En los Estados Unidos el derecho a la educación ha sido sustituido por el derecho a solicitar préstamos de estudio y endeudarse de por vida. La Universidad de New York sería la más cara del mundo y la deuda actual de los estudiantes es de varios millones de dólares, según un informe que pude ver hace días en la Deutsche Welle.

Familias que han perdido su única casa debido a una deuda  impagable por enviar a sus hijos a universidades de “elite”, que les prometían que al graduarse conseguirán empleos de excelencia que nunca aparecieron. Alumnos y padres son engañados por universidades prestigiosas, muy bien posicionadas en los rankings internacionales. Tienen una buena imagen académica pero carecen de sentido social y también de ética. Actualizan permanentemente los costos educativos que superan los costos de otros rubros sociales, al punto que algunos estadounidenses dicen que ésta es la brutalidad de una economía libre. Cuando el estudiante termina convirtiéndose en cliente, se desvirtúa el genuino espíritu universitario que en mi etapa de alumno conocí. Un rector de una prestigiosa universidad europea comentaba que se negaba a dar datos a estas consultoras, tan promocionadas en los medios, porque forman parte de la estrategia de un negocio que carece de transparencia. Daría la impresión que cuanto más cara es la matrícula mejor será la formación (…) Universidades estatales y privadas se han convertido en un problema donde la verdad es la primera baja y la gestión importa más que la calidad académica. El fenómeno está globalizado. El 40% de los alumnos extranjeros que tiene la Universidad de Manchester en Inglaterra son chinos. Estados Unidos, Australia, Europa, ofrecen cursos a extranjeros para que lleven sus divisas. Por lo pronto, en China ha surgido una nueva clase social de individuos pobres con buena formación académica. Frente a esta realidad acuciante surge la pregunta: ¿cuál será el futuro?

La sociedad del cansancio o el cansancio social

13 martes Jun 2017

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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El cansancio denota fatiga, a veces aburrimiento, pero a menudo también hastío y disgusto. Un cansancio que va más allá de lo físico, involucra lo psicológico (la mente se siente agotada) e incluso lo moral.  En este último caso, sucede que algún juez, parlamentario o funcionario de alta jerarquía renuncian públicamente a seguir en sus funciones aduciendo “cansancio moral” y, mucha gente no comprende a qué se refiere esa fatiga por la moral ni a qué obedece. Daría la impresión que estos “prohombres” abandonan el barco porque la tempestad es tal que no pueden con ella. Se esfuerzan, no logran su cometido, desisten y se van a su casa. A diferencia de otros, a quienes los problemas morales no les quitan el sueño, ya sea porque no los registran como tales o simplemente porque para ellos la moral nunca fue un problema o tal vez la ignoran olímpicamente.

Byung-Chul Han, un intelectual surcoreano que hoy vive en Berlín y escribe en alemán, habla de la “sociedad del cansancio” y de la “sociedad del rendimiento”. Han sostiene que la sociedad actual no puede explicarse con las teorías de Marx, pues, éste criticaba la “sociedad disciplinaria” de la explotación ajena, pero en nuestros días la explotación estaría internalizada gracias al neoliberalismo. En consecuencia ya no sería necesario reprimir al individuo porque en mérito al rendimiento él llega a auto-explotarse. Aunque  Foucault fue quien señaló cómo el poder nos hace vivir sus imposiciones sin necesidad de amenazas, produciéndose la internalización de las normas represivas. En fin, pienso que la sociedad que describe Han actualmente coexiste con la sociedad que Marx criticaba.

Por otra parte, la mirada del otro ha desaparecido o ya no se la percibe, consecuencia del narcisismo que persigue el éxito de manera obstinada. En efecto, las sociedades actuales sólo aceptan el éxito y rechazan visceralmente el fracaso.

En el novísimo mundo digital el otro desaparece, se esfuma. Pasamos varias horas del día frente a la pantalla sin contactarnos con el otro y durante ese tiempo hasta llegamos a tener la ilusión de que no tendríamos problemas. Zygmunt Bauman decía que en la modernidad que nos toca vivir llevamos una doble vida: online y offline. Esta última sería la verdaderamente conflictiva, ya que tenemos que tratar con los otros, debemos coexistir, y para peor no hay diálogo y no existe una mutua comprensión. A la ausencia de diálogo debemos sumarle un progresivo debilitamiento de las instituciones que antes podían inspirar alguna confianza. El cambio se ha tornado permanente y la incertidumbre es la única certeza. Es indudable que la incertidumbre se instaló en nuestras vidas de una manera patética, nos paraliza y nos imposibilita la planificación del futuro, nunca sabemos qué va a suceder. La incertidumbre a muchos los deteriora en su autoestima y los lleva a sentirse seres descartables, eternos perdedores frente al éxito de otros. Sin embargo, yo creo que si a veces no se consigue lo que uno espera, desea o ama, es porque no existió la oportunidad. La oportunidad está íntimamente relacionada con el tema de la igualdad, tan declamada por unos y reclamada por otros,  aquí tenemos el meollo de la cuestión. La sensación de impotencia para encarar cualquier empresa o actividad sumada a la pérdida de la propia autoestima conduce al resentimiento y, en ocasiones, a una conducta agresiva, que puede ser peligrosa.  Vivimos en un mundo interconectado pero nos hemos acostumbrado al monólogo, y si no generamos un clima de diálogo abierto no puede haber futuro, porque éste demanda dialogo y consenso.

Nuestra modernidad convive en no pocos aspectos con tradiciones, prejuicios y costumbres propias del Medioevo. Si hacemos una detenida observación, veremos que persisten muchas actitudes propias de las monarquías, del feudalismo, de los privilegios de casta del Ancien Régimen y de tantas otras instituciones con las que la Revolución Francesa y las que le sucedieron no pudieron desterrar.

Ionesco solía decir que los hombres estamos con la soga al cuello, pues, queremos tener una llave para solucionar todos los problemas sin saber que esa llave no existe. A él le interesaba Macbeth porque es el problema del mal asociado al poder. Y hoy todos quieren el poder, dominar a los otros, y están dispuestos a convertirse en criminales con tal de lograrlo. El sólo hecho de estar vivo, de hallarse consciente, significa estar comprometido, y el primero de todos los compromisos es la existencia, los demás compromisos son accidentales, sostenía el dramaturgo rumano que escribía en francés.

Simoine Weil cambió la academia por el trabajo en una fábrica. Necesitaba pasar por esa experiencia para poder hablar sobre la opresión que entonces eran sometidos los obreros. Weil advirtió que los totalitarismos estaban contaminando los valores sobre los que asentaba Europa y que en las fábricas acontecía una situación peculiar. Ella provenía de una familia acomodada y estudió en París, pero sus intereses genuinos eran otros. Ingresó al partido comunista y llegó a discutir con Trotsky. Viajó a España para integrar la legendaria columna Durruti, pero al empuñar un arma se dio cuenta que no podía disparar, en el fondo ella era una pacifista, solo podía empuñar la pluma. Simoine Weil decía que la máquina esclaviza porque se apodera del tiempo del trabajador, imponiéndole un ritmo de trabajo y despoja al obrero de su dignidad, ya que éste vale solo lo que produce. Contra lo que sostenía Marx, la emancipación del obrero no consiste en liberarse del trabajo sino en realizarse en el trabajo, estaba convencida de que el trabajo, es, el lugar donde el hombre alcanza la condición humana. De ser así, cómo será el futuro de los hombres cuando pierdan el trabajo a manos de los robots.

Richard Hoggart, al igual que Weil, fue espectador de dos mundos. Tuvo una infancia vivida en un barrio obrero y una adultez en los claustros universitarios. Tenía un pie en la clase obrera de donde provenía y el otro en la élite intelectual a la que pertenecía. Él era un agradecido de las instituciones educativas en las que pudo formarse gracias a una beca. Esa beca le permitió saltar de una cultura a la otra,  a la vez que advirtió cuáles son los valores en conflicto y finalmente optó por la cultura popular. Para Hoggart, becarios y autodidactas son individuos que pasan de una cultura a otra, con la salvedad de que esta última nunca les pertenecerá por completo, porque el mundo estaría dividido entre “ellos” y “nosotros”, donde “ellos” son lo que mandan, se reparten las ayudas sociales, y son “los que te aplastan si pueden”. Una visión actualmente compartida por muchos de los jóvenes que en todas partes se movilizan en reclamo de un mundo más justo.

Gilles Lipovetsky, a quien oí en los 90, piensa que la Modernidad se hizo en la Ilustración alrededor la tecnociencia, el libre mercado y la democracia, y que en la “hipermodernidad” de nuestros días estos tres ejes se profundizan frente al despotismo y el oscurantismo.

Byung-Chul Han, retomando la idea hegeliana del amo y el esclavo, piensa que hoy el esclavo ha optado por el sometimiento. En aras de  la “eficiencia” el neoliberalismo ha conseguido imponer globalmente la eufemística flexibilización laboral, alienta el canibalismo competitivo e implementa la desregulación, los despidos masivos, mientras tanto, los organismos internacionales prestan dinero a cambio de almas humanas. Estos organismos les exigen a los países que contrajeron deudas exorbitantes, que sabían que no podrían pagar y que para peor esos pueblos no usufructuaron de los préstamos, que paguen, aunque sea a costa  del hambre de los inocentes. Ante una nueva elección de gobernantes, los jefes de los partidos procuran tejer alianzas, reparten anticipadamente los cargos del Estado como si fueran de su propiedad, y se esfuerzan por tranquilizar a los financistas cuya mirada está puesta en los negocios que harán con los dineros públicos, porque no seamos ingenuos, éstos siempre persiguen los dineros públicos, de eso se trata. Allí reside el leitmotiv, término que se le atribuye a Wagner para referirse a la música que acompaña a cada personaje, aunque en este caso yo lo empleo para designar el motivo recurrente. Y frente a la inexorable sustitución laboral del hombre por el robot, siguiendo rigurosamente esa línea de pensamiento, me pregunto: ¿porqué los gobiernos y sus parlamentos no son confiados a los robots en aras de una mayor eficiencia?

Tecnociencia, tecnoética y aporofobia

30 martes May 2017

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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La modernidad ha enfrentado el hombre a la naturaleza, y lo ha hecho de una forma poco inteligente y sobre todo agresiva. No hay duda que muchos de los avances de la técnica y la ciencia terminan socavando las bases morales o lo que mucha gente piensa que es bueno o correcto. La técnica se ha transformado en tecnología, dando lugar a un discurso ideológico que la sitúa en una posición imperial. Éste es el estado de situación en el Siglo XXI. Pero ¿cómo fue la vida hace 40.000 años en las cavernas? Desde ya que el paleolítico es un verdadero enigma. Dicen que la esperanza de vida en aquella época era de unos 25 años, se me ocurre que vividos con gran intensidad. Lo cierto es que no tenemos la más remota idea de cuáles fueron nuestros orígenes como especie, tampoco cuál será nuestro destino, aunque algunos digan poseer la verdad revelada.

Hoy la cibernética procura que las máquinas incorporen características humanas, a la vez que disminuyen la conciencia, los sentimientos y la percepción. Al parecer el estrecho vínculo entre la cibernética y el llamado “posthumanismo” sería el nudo gordiano de la técnica actual. Giovanni Pico della Mirandola, autor de Las 900 tesis, en pleno Renacimiento convirtió al hombre en el centro del universo, si hoy viviese no sé qué pensaría de su teoría. Husserl y Merleau-Ponty, al igual que otros autores, hablaron de la animalidad que reside en nosotros, los humanos, que tornaría imposible el dominio por parte de la máquina. El “Superhombre” de Nietzche es lo contrario del individuo.

No hay duda que lo que ha hecho y hace la tecnología resulta sorprendente y a la vez maravilloso. Lo que hará en el futuro supera con amplitud nuestra imaginación, pero estimo que jamás superará a la naturaleza, cuyo trasfondo misterioso no nos es dado develar. Bástenos pensar que habitamos un planeta que forma parte de una galaxia y que en el universo hay millones de galaxias. Hace poco leí que habría unos dos billones de galaxias, observaciones que fueron realizadas por el Telescopio Espacial Hubble y por observatorios de tierra, que convirtieron las imágenes a 3-D y utilizaron nuevos modelos matemáticos.

No deseo ahora entrar en la discusión del Génesis, ni en ninguna escatología, y tampoco en el hecho de que algunos seamos creyentes de la existencia de Dios, otros no tengan opinión formada y también existan los que la niegan. Nadie está en condiciones de develar estos misterios, excepto los fanáticos que siempre nos tuvieron a mal traer.
En el tango Volver Gardel interpretaba: “sentir que es un soplo la vida”. Cuánta verdad hay en esta frase, cómo una frase de la cultura popular refleja con claridad y sencillez aquello que los académicos tratan de explicar a su auditorio erudito. El instante y el tiempo. Al parecer muchos no se han percatado de la brevedad de la vida y actúan como si fuesen inmortales. En última instancia, la contabilidad de la vida está dada por lo que uno ha hecho y también lo que ha dejado de hacer.

Uno de los grandes problemas de nuestros días es el trabajo. Las noticias de que tal o cual profesión o actividad laboral serán reemplazadas en un tiempo no lejano por robots o algoritmos ya resultan habituales. Claro que aquellas tareas que tengan que ver con los sentimientos, las sensaciones o las subjetividades morales, éticas, políticas, artísticas, podrían sobrevivir (menos mal). Algunos piensan que las humanidades, últimamente tan menospreciadas en ámbitos empresariales, políticos e incluso pedagógicos, tendrían más futuro que las ciencias exactas, porque la inteligencia artificial todavía no alcanzó esa human performance. No hay duda que de llegar a ser así, y nada parece desmentirlo, esto repercutirá en el plano social con un cambio radical en los vínculos interhumanos.

Hay quienes hacen hincapié en la supuesta infalibilidad de las máquinas, como si se tratase de “máquinas virtuosas”, denominación que no recuerdo dónde leí. Pero se olvidan de lo que sucedió con las hipotecas subprime y los algoritmos de perspectivas crediticias futuras, que superaron la capacidad de pago de los clientes y todo terminó en un verdadero desastre. La prueba palmaria es que hoy millones de personas están sufriendo las consecuencias de este desastre y sus responsables fueron liberados de culpa y cargo. Porque convengamos que, más allá de la tecnología y los algoritmos, seguimos viviendo entre fuegos de artificio, actos de magia y relatos inventados.

Adela Cortina acaba de sacar un libro donde analiza la “aporofobia” de nuestros días. En efecto, esa denominación de origen griego que hace alusión al miedo que despierta la pobreza y las personas pobres, esa repugnancia visceral cuando no hostilidad que hoy se exacerba con los que emigran, es patética, y como dice Cortina, se los rechaza justamente por ser pobres. No hay duda que la crisis ha desatado una mayor aporofobia.

Carolin Emcke, hace unos meses publicó sus observaciones sobre el odio, y considera necesario deconstruir el odio y la violencia, sentimiento y acción que se fabrican dentro de cierto marco ideológico. La crisis actual no solo promociona la pobreza sino que exacerba el odio, la xenofobia, el desprecio por la democracia, y esto es aprovechado por los políticos que manejan relatos populistas y apócrifos. De esta manera se legitiman las emociones como si se tratase de argumentos racionales, opina Emcke.

Cuando apareció Internet, yo creí al igual que otros que estaría al servicio de la humanidad, que permitiría superar muchos problemas y que facilitaría el entendimiento entre la gente de diferentes culturas que incluso estaban separadas por extensos territorios, mares y océanos, e historias de desencuentros. Pero la historia universal revela que siempre existieron individuos y grupos de poder empeñados en separar los pueblos y las culturas, en destruir sueños y esperanzas, en no tolerar a los diferentes, en causar daño a los que eligieron como enemigos, pues, sólo les interesa un mundo hecho a sus ambiciones, caprichos y privilegios. Los que más se benefician de la tecnología son los que con ella saben hacer negocios, por ello la lógica mercantil se impone.

La revolución digital, caracterizada por su velocidad de propagación y transformación, está mostrando en la web su lado oscuro a través de negocios poco transparentes y de la ciberdelincuencia. Como ser, un hotel en los Alpes que decidió modernizarse con tecnología fue objeto de un ciberataque, pues, 180 huéspedes no podían salir de sus habitaciones porque las cerraduras digitales estaban bloqueadas y para recuperar el control, los propietarios tuvieron que abonar una suma de dinero en Bitcoin (BTC), la moneda de rescate que exigen los hackers. A ello hay que sumarle que muchos políticos prefieren tuitear sus ideas del momento, como si fuesen raptos de inspiración o tal vez soplos delirantes, antes que concurrir al parlamento para dar fundamento de las mismas o tener que soportar el juego de preguntas y respuestas de una rueda de prensa. Si algo está claro es que el ciberespacio se está balcanizando. Pero ahora la tecnología pretende superar a Internet, ya que está empeñada en utilizar la realidad virtual en sustitución del smartphone, una simple computadora que hace llamadas. Y esto también cambiará el modo en que vivimos.

La conservadora Theresa May no sólo se conforma con repetir: “Brexit is Brexit”, pues, ahora los enfermos con demencia tendrán un “copago”. En efecto, aquel que tenga en bienes más de 100.000 libras o 114.000 euros, incluida su vivienda, tendrá que pagar por su asistencia, incluso sus herederos si quedara alguna deuda. El NSH (National Health Service) habría sido creado por la presión de los soldados que retornaron de la Segunda Guerra Mundial, quienes consideraron que demasiadas vidas se habían perdido para que todo continuase igual con la población menos protegida. En fin, la realidad revela que algunos tienen privilegios y muchos sufren privaciones.

Hoy por hoy la tecnología, la ciencia, la cultura, el arte, nos ofrecen una percepción favorable, de progreso, no lo ponemos en duda, sin embargo la política, la sociología, la economía, la ecología, la ética, no infunden esa sensación. Quizá todo sea un problema de pasiones humanas, que como Séneca decía, no podemos evitarlas, pero sí vencerlas.

¿De qué hablamos cuando hablamos de cultura?

11 martes Abr 2017

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Cuando promediaba los veinte años, recuerdo, una noche vi por televisión un debate entre Ulises Petit de Murat, un hombre de letras que fue presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, y un empresario cuyo nombre olvidé. Ulises, fallecido en los 80, pertenecía a la “alta cultura” y, a través de sus intervenciones en los medios me impresionaba como de carácter muy fuerte y algo intolerante. Cuando el periodista que  coordinaba les pidió a ambos que explicitaran lo que para ellos significaba la cultura, el empresario describió un panorama muy amplio –quizá demasiado-, que comprendía hasta objetos industriales que se fabrican en serie, invocando la creación. Hoy muchos antropólogos compartirían su visión. Pero Ulises, visiblemente irritado, le espetó: ¡por favor señor! Creador era Leonardo Da Vinci… Su interlocutor, muy molesto, sin perder la calma, le dijo –palabras más, palabras menos- que éste trataba de limitar la cultura a un ámbito exclusivo. Es evidente que el elitismo intelectual encastilló la cultura a su más reducida, selecta y elevada expresión. En fin, dos posiciones que siempre están presentes. En los últimos 20 años hemos asistido a una verdadera revolución de los medios y formatos para difundir el arte, la cultura, la educación, y por supuesto el entretenimiento y el ocio. La tecnología ha sido el centro de esta nueva revolución, cercando peligrosamente el viejo orden de los negocios culturales e hiriendo de muerte a más de un empresario. Algunos plantean un panorama apocalíptico y aprovechan para sembrar el pánico. Lo cierto es que en estos 20 años hemos visto de todo, incluso aquello que era impensado, por ello en sólo dos décadas se ha dibujado un nuevo mundo, el  mundo de la cultura digital. Y los que peinamos canas, nacidos y formados en la cultura analógica, debimos enfrentar una situación inédita, para la que no estábamos preparados, así entramos a este nuevo mundo por la ventana, mientras nuestros hijos y alumnos lo hacían cómodamente por la puerta.

En la educación se produjo un hecho curioso, pues, por primera vez en la historia de la humanidad, los alumnos estaban mejor predispuestos y revelaban mayor habilidad en un campo que sus maestros y profesores. Este campo de la computación y de los medios digitales se daba a conocer con una nueva gramática de cuño anglosajón.

Muchos agoreros sepultaron al enfermo cuando aún éste tenía vida, revelando una mentalidad estructurada y reduccionista, muy estrecha, pero en ocasiones sólo se trataba de auténticos fanáticos habituados a combatir aquello que no entienden y, no faltaron los que se sumaron a esta tesitura impulsados por intereses económicos personales.

Entre lo analógico y lo digital, no creo que exista genuina incompatibilidad, más bien pienso que expresan de distinta manera los objetos culturales. Estoy convencido que pueden y deben complementarse. Yo siempre usé reloj pulsera analógico, ya que me gusta ver el recorrido de las agujas del reloj, cómo se desplazan en el espacio. Sin embargo al lado de mi cama, sobre la mesa de luz, tengo un reloj despertador digital, cuyas letras luminosas me permiten ver la hora en la oscuridad. A los dos los hallo muy útiles. Algo similar me sucede con la birome y la computadora, hay cosas que necesito escribirlas a mano, y otras que lo hago directamente en el teclado.

La creación, la innovación, y las industrias ligadas a las diferentes expresiones culturales, hoy deben adaptarse a una descarnada realidad económica (economía de la cultura), a la vez que no pueden negar una realidad social que posee muchas aristas filosas, esto lo vio André Malraux hace casi 60 años cuando asumió como ministro de cultura de Francia. La situación cultural actual, por cierto muy compleja, debería atenerse a lo que consideramos razonable y justo, en otras palabras, la ética.

Desde hace años oímos hablar acerca de la muerte del libro impreso a manos del libro digital. El tiempo transcurre y la verdad es que se trata de una expresión de deseo del mercado digital, ya que el libro digital no supera en el mundo el 5% de las ventas. Y no es que yo esté en contra, tengo publicaciones digitales, pero el libro impreso pone en acción todos los sentidos del lector, situación que no logra la pantalla.

Algunos críticos del mundo analógico, piensan que todo está en la nube, y que ésta es la única realidad, porque no habría otra realidad posible, en consecuencia lo anterior estaría inevitablemente condenado al olvido. Internet ha permitido el ingreso de legiones de personas, algunas pasan las horas de su vida frente a la pantalla, llegando a desarrollar una verdadera dependencia. En este mundo de la virtualidad se han modificado las relaciones interpersonales ya que surgen rápidamente amistades, noviazgos, casamientos, los individuos se asocian tras un emprendimiento, se arman foros de discusión sobre temas disímiles. Los artistas y sus fans hoy pueden tener una relación directa. El actor neozelandés Russell Crowe tiene dos millones y medio de seguidores en su cuenta de twitter. Ni hablar de los políticos que irresponsablemente pretenden gobernar a golpe de tuits, como si ahora el ágora estuviese en la red.

El exceso de tecnología ha convertido en “autistas tecnológicos” a muchos jóvenes. En efecto, van por la calle mirando la pantalla del celular y con los auriculares puestos escuchando música, totalmente ausentes, no prestan atención al semáforo, no escuchan las bocinas de los autos ni tampoco las voces de los otros transeúntes que tratan de alertarlos sobre un peligro inminente, así se producen accidentes en la vía pública. Para peor la distracción tecnológica también alcanza a los conductores de vehículos y a los ciclistas que irresponsablemente ponen en peligro sus vidas y las de otros.

Durante los años de la Guerra Fría la propaganda de este lado del mundo procuraba exaltar los valores de Occidente, asentados históricamente en una moral judeo-cristiana, con la sumatoria de la filosofía griega y el derecho romano, y el posterior añadido del Renacimiento (el hombre pasó a ocupar el centro del universo) y la Ilustración. El marketing occidental remarcaba el goce de la libertad, la democracia representativa y los derechos humanos, en consecuencia muchos se mostraban felices de que el destino los ubicase en el sitio correcto. Del otro lado se situaban regiones y países con tradiciones culturales diferentes, como el Hinduismo, el Islam, el Confucionismo, la filosofía de Han Fei (el legalismo chino) y otras corrientes de pensamiento. Lo curioso es que éste mundo, que hablaba otras lenguas, que tenía sistemas y creencias distintas, nucleaba el mayor número de habitantes del planeta, con lo cual a la gran mayoría el destino les había asignado vivir en un sitio nocivo, lo que no sería justo. Esa era la percepción  que teníamos desde un cierto provincianismo occidental.

Hoy por hoy vivimos en un cosmopolitismo no exento de serios problemas pero que favorece la desmitificación. Las culturas se entrecruzan y hay mestizajes que son fructíferos. Claro que el orden político, que termina incidiendo en la cultura, está en crisis o tal vez en decadencia, lo demuestra el “consenso de Washington” sobre el que se basa el multilateralismo, con la democracia liberal y la economía de mercado. Las clases medias se sienten perdedoras y en consecuencia muchos avalan los nacionalismos que pretenden recobrar sueños del pasado. Se condena la inmigración, se rompen alianzas, se promueve el aislacionismo y el proteccionismo. En fin, surge un nuevo relato populista cuyo núcleo narrativo ya conocemos. Nuestros días transcurren en un mundo multipolar donde emergen Estados Unidos, China, Europa, Rusia, Japón, Latinoamérica, África y el Sudeste asiático. La desconfianza recíproca y el resurgimiento autoritario son notas dominantes. Unos pelean por el dinero, otros por el poder, y no faltan los que pelean por ambos, aunque el dominio económico conduce al dominio político y, la cultura está al final de la cola. La promoción y el cuidado de la cultura dependen de las convicciones de la clase dirigente y de la receptividad de las sociedades. No es casual que aquellos países que están muy bien posicionados en el ámbito de la cultura también lo estén en la educación, la salud y la seguridad social.

¿Por qué ya nadie cree en las instituciones?

01 miércoles Mar 2017

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Desde hace tiempo muchos se preguntan qué pasa con las instituciones en el mundo, porqué tienen tanto descrédito, pues, ya no son lo que eran, o al menos lo que creíamos que representaban. Cuando yo era un joven estudiante, tiempos de contracultura que  denunciaban cierto estilo de vida, abusos e hipocresías, teníamos la idea de que todavía en algunas instituciones uno podía confiar. Entonces la escuela nos inculcaba de manera autoritaria los valores de la patria y la familia, con la religión pasaba otro tanto. Está claro que no estábamos conformes con las discordancias entre el discurso y los hechos, así surgieron los movimientos juveniles que pretendieron dar vuelta el orden  de las cosas y que terminaron aplastados. Pero hoy la situación es diferente y resurgen fantasmas del pasado.  Cuando iba al cine a ver películas inglesas, me impresionaba el juez vestido con toga y peluca,  que con voz estentórea pronunciaba: “¡The law is the law!”. En el cine de hollywood el delincuente siempre era descubierto. La moraleja: la justicia en todos los casos llega, a veces tarde. Nosotros creíamos en el triunfo de la verdad y el mundo confiaba en ser mejor. Pues bien, hoy todo eso es una ficción.

Un lector de periódicos se queja de que sigamos permitiendo que nos tomen el pelo, ya que los políticos imputados en actos de corrupción se escudan en la presunción de inocencia, denuncian ser perseguidos y, continúan en sus cargos como si nada pasara, mientras tanto declaran una cruzada contra la corrupción. Almudena Grande comenta la sustitución de un magistrado por otro favorable al funcionario acusado de corrupción, incluso el robo de la computadora donde estaba la información de la investigación, y añade que pedirle a los españoles que crean en la independencia e imparcialidad de la justicia es demasiado. Tiene razón, en la vida  hay cosas que no pueden pedirse.

Hace unos días se hallaron 74 cuerpos sin vida en una playa del Mediterráneo. Pertenecían a un contingente de 110 subsaharianos que cruzaban en una frágil embarcación a través de una ruta muy peligrosa del Mediterráneo, donde el año pasado murieron ahogados 4.500 personas, pero como diría Stalin, sólo se trata de una estadística. Para estas personas que huyen los Derechos Humanos son flatus vocis.

En Rumania, el gobierno mediante un decreto de “urgencia”  (no sólo en la Argentina existe esa manía), despenalizó ciertos delitos de corrupción, que incluso afectaban al líder del partido que en diciembre ganó las elecciones. Según el ministro de Justicia, el decreto despenalizaba delitos por abuso de poder y también de corrupción si el perjuicio era inferior a 44.000 euros (¿porqué esa cifra y no otra’?). Al conocerse la noticia, miles de personas indignadas salieron espontáneamente a las calles de Bucarest pidiendo la dimisión del gobierno a la vez que proferían gritos como “ladrones”.

Theresa May acaba de invitar a Donald Trump, quien ya cumplió sus primeros 100 días de afiebrado y peligroso mandato, a que realice una visita de Estado, probablemente motivada por la adhesión de éste al Brexit y su deseo de destruir la Unión Europea. La noticia no les cayó bien a muchos británicos, que rápidamente presentaron una petición de un  millón ochocientas mil firmas para impedir que el heredero de tantos prohombres que habitaron la Casa Blanca, sea recibido en visita de Estado. Simultáneamente hubo una petición a favor firmada por 311.000 personas.  Lo interesante de la noticia es que allí toda iniciativa popular que supere las 100.000 firmas debe ser debatida en el Parlamento de Westminster, pero por ejemplo en España se exigen 500.000 firmas.

Christien Lagarde, directora del FMI, fue declarada por la justicia francesa “culpable de negligencia”. Cuando Lagarde era ministra de Economía de Francia, no presentó en 2008 un recurso para anular una decisión arbitral en la que se le concedió a un empresario (dueño de Adidas) más de 400 millones de euros del Estado. La corte la declaró culpable, pero estimó que dada su “reputación internacional” y el momento en que se produjo el hecho (crisis financiera internacional), merecía ser absuelta, no fue a la cárcel y tampoco pagó una multa. Ni siquiera estuvo presente en el momento de la sentencia. Sin embargo 140.000 franceses reaccionaron rápidamente, y en una carta al presidente de la República, François Hollande, exigieron un “juicio real”, para que Lagarde responda ante un tribunal correccional ordinario y asuma las consecuencias.

La infanta Cristiana, sin dudas el mayor dolor de cabeza de la casa real, acaba de ser absuelta de los cargos que le imputaban, ya que lo que firmó lo hizo confiada en su marido y desconocía los negocios trasnochados de éste. Para la justicia su inocencia quedó probada. En una nota un periodista comentaba que ella trabaja  en un banco y tiene asesores del más alto nivel, pero firma los documentos que le pone su marido  sin cuestionarse de dónde proviene la riqueza. Y añadía que, “esposa de” o “mujer florero”, son al igual que duquesa o baronesa, títulos nobiliarios que no sirven para nada pero que cuestan mucho dinero (dineros públicos, claro) y, la gente los ve en las películas o en los noticieros de la TV que les brindan un espacio destacado. A propósito, hace unos días vi una película donde la productora de un noticiero censuraba las tragedias de la guerra de Afganistán que le enviaba su reportera de guerra, consideraba que la gente ya no quería ver esas noticias, había que darle otras cosas. El esposo de la infanta, cuyos  delitos sí habrían sido probados, elude la prisión y tampoco se le retirará el pasaporte… A diferencia de dos titiriteros que el año pasado en Madrid por escenificar una serie de disparates ante un público infantil, fueron encarcelados y se les negó la fianza.

Recuerdo que en el 97, en una ciudad del interior, un joven de 20 años que trabajaba en una carpintería y que no tenía antecedentes penales, fue acusado de cometer un robo y la policía le secuestro sólo un peso (eran tiempos de la convertibilidad, por lo cual equivalía a un dólar). No se pudieron comprobar otras acusaciones, pero el tribunal aplicó la sanción que estipulaba el Código Penal y lo condenó a 5 años de prisión (la mínima para un robo calificado). Con esta condena los jueces sostenían, al igual que los políticos cuando son acusados de corrupción, que todos somos iguales ante la ley.

Hace unos años, al salir de uno de los hospitales donde voy a dar clases de medicina, me sorprendió ver movimientos de mujeres antiabortistas, periodistas y camarógrafos. No supe de qué se trataba hasta que llegué a mi casa y encendí el televisor. Una mujer joven, víctima de la trata de personas, había sido autorizada a que le practicasen un aborto, su embarazo era producto de una violación. La práctica no se realizó, una asociación civil presentó un recurso de amparo y la jueza desconociendo olímpicamente lo que dice la ley ordenó que no se practicara, lo que generó un conflicto de poderes. La mujer abusada permanecía en el hospital acompañada por funcionarios de una repartición oficial dedicada al rescate de personas en situación de trata, y era hostigada con pancartas que decían “asesina”, también tuvo una manifestación en su domicilio. A la semana renunciaba el director del hospital, acusado de obstruir el “aborto no punible” y de facilitar datos reservados de la mujer. Por esa fecha, recuerdo, en un artículo de un diario, un experto calculaba teniendo presente que el subregistro es frecuente, que en la Argentina se practicaban entre 450.000 y 500.000 abortos al año, claro que muy pocos llegan a ser judicializados o adquieren notoriedad pública como este caso.

En mi infancia oí reiteradamente decir a mi abuela, casada con un español de pura cepa,  que “para la justicia hay hijos y entenados” y, comentaba algún hecho de marras. Pese a ser muy chico, sus comentarios me quedaron grabados y  me dejaron una enseñanza.

Las instituciones, fundadas bajo el lema del interés público, como cosa ya establecida tienen una antigüedad e historia que contribuye a darles prestigio, por eso mucha gente espera hallar un sentido ético, un proceder correcto, que a Temis no se le caiga la venda. El Estado, el Parlamento, la Justicia, no son entelequias, mucho menos aguantaderas… Los hombres hacen funcionar a las instituciones, pero con respeto y dignidad. La falta de credibilidad obedece a que no se hace lo correcto, en realidad se hace lo contrario.

La vida que transcurre entre el plagio y la ficción

31 martes Ene 2017

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Nuestra época está dominada por la rapidez. Todo debe hacerse en el menor tiempo posible y daría la impresión que ese es el mandato social, de allí el fast food en la gastronomía, o los tuits en el ámbito de las relaciones sociales como pensamiento inmediato, o en el espacio político como sucedáneo de acciones de gobierno al margen de los poderes constituidos, es el caso del Parlamento, lo que revela poca seriedad.

Cuando viajamos a otro sitio lo primero que preguntamos es por el medio más rápido que nos llevará. Una rapidez que incluso nos conduce a la instantaneidad, como sucede a través de las redes sociales, y que me recuerda en cierto sentido a la sopa instantánea, que podemos prepararla como por arte de magia. Las horas, los minutos, los segundos cuentan. Esto contrasta, por ejemplo con la costumbre de los obreros ingleses que al final de la jornada se gratificaban en el pub charlando sobre los aconteceres de esa época victoriana, entre pinta y pinta, o lo que hoy sucede en el centro de Buenos Aires con el after office, donde la gente al final de una jornada agotadora, sobre todo los oficinistas, dedican unas horas simplemente a charlar, cerveza mediante, para luego retornar a sus casas donde vuelven al rito de la computadora y del mundo virtual.

El ámbito académico actual no se halla muy distante de ese talante social, aquí también existen urgencias y requisitos cuyo cumplimiento demanda tiempo y dedicación. Quien quiera mantenerse en carrera tendrá que elaborar tesis, monografías, artículos de investigación, dar clases, conferencias y participar en mesas redondas o paneles de discusión. Más allá de la formación que cada uno tenga, convengamos que no siempre se está inspirado y pocas veces afloran ideas originales. Al respecto, confieso que a lo largo de mi vida me han surgido varias ideas que creí originales, que llegué a estar convencido que eran auténticamente mías y de nadie más, pero grande fue mi decepción cuando a través de la lectura supe que muchos años antes otro había mencionado esas ideas al pasar. Esto suele sucederle a los que somos lectores de largo aliento, que permanentemente estamos hurgando, quizá para compensar nuestras limitaciones. Sin embargo, cuando leo los periódicos y hojeo las revistas de actualidad, me topo con mentes de capacidad extraordinaria para la creación o el invento según el relato del medio periodístico, genios que brotarían por doquier, claro que al analizar con rigor el contenido del hallazgo publicitario sólo encuentro mediocridad y simulación. Pero volviendo al ámbito académico, estando en Europa, un investigador en antropología que se pasa la vida haciendo excavaciones en Medio Oriente, me comentó que todos los años debía presentar una comunicación en inglés sobre sus hallazgos científicos, que se publicaba en los Estados Unidos, y que había años muy flojos, donde  la productividad caía mucho pese a su esfuerzo y dedicación, pero debía ingeniárselas para cumplir con ese requisito ineludible que le permitía conservar el trabajo.

Los seres humanos vamos adquiriendo nuestra cultura desde la infancia por imitación. En efecto, desde esa temprana edad penetra la cultura gracias a la imitación, pues, no se da por generación espontánea. Lo cierto es que hoy el tema del aprendizaje es motivo de investigación y son muy interesantes los aportes de las neurociencias (o psicociencias).

Recuerdo que siendo estudiante universitario, creía que quien hacía una tesis doctoral debía llegar a resultados totalmente originales, nunca publicados ni explicitados por otro. Luego advertí que esto fue, ha sido y es un mito, entendí que el objetivo de la tesis es que el autor (apadrinado por una autoridad en la materia)  revele que sabe manejar el método científico y que ha hecho una experiencia meritoria con el tema escogido, por lo cual la universidad le otorga el grado académico más alto, que es el de “doctor”. Está claro que nadie redacta una tesis a partir de la nada, siempre debemos comenzar por la investigación bibliográfica sobre el tema y, estamos obligados a citar  los autores de las lecturas que hemos consultado. Pero el problema se presenta cuando se toman ideas, observaciones o investigaciones ajenas y deliberadamente se las hace pasar como propias. Hay individuos que se apropian de párrafos enteros, que ni siquiera se molestaron en modificar la redacción del original, probablemente por falta de tiempo o quizá por pereza. Siendo un joven médico con varios años en la profesión y luego de haber publicado un manual sobre redacción médica, me llamó un amigo librero para preguntarme si yo estaba dispuesto a hacerle la tesis a otro colega a cambio de una importante suma de dinero. Le dije que solo aceptaría esa suma si él la hiciese bajo mi tutela, pero no aceptó porque carecía de tiempo, sólo necesitaba comprar una tesis, pues, entonces ésta daba una cierta jerarquía en la consideración social que hoy se ha extinguido, junto con el paradigma del esfuerzo personal y de la ética del trabajo.

Cuando uno lee varias horas al día, y lee de todo, es habitual que se apropie de ideas y, a la hora de escribir, algunas de esas ideas surjan como propias o tal vez las recuerde borrosamente de alguna lectura e incluso no logre identificar al autor. De allí que yo tenga por costumbre declarar que en mis escritos nada es original, a lo sumo la manera de exponer ciertas ideas o la alquimia que se me ocurre para armar el texto, ya que tengo una natural inclinación por lo híbrido y también por lo heterodoxo.

El plagio siempre existió y la ley lo considera un delito. Hoy por hoy se lo detecta con mucha facilidad y se lo denuncia rápidamente, para eso están las redes sociales. En estos últimos años se han denunciado varios casos de funcionarios del Estado, del más alto nivel, que pescados en el delito se vieron obligados a renunciar, e incluso hubo universidades que con sentido de justicia les retiraron el título. Éste no es el caso de un rector de una universidad española acusado de una docena de plagios, quien desde hace meses sigue resistiendo en su hábitat académico como si se tratase del sitio de Stalingrado. Tanto se ha divulgado el hecho en la península que El Roto, en El País de Madrid, publicó una graciosa viñeta, donde una joven estudiante dice: “En la universidad no te dejan copiar hasta que no llegas a catedrático”.

Nuestro mundo está plagado de ficciones de todo tipo. La palabra ficción viene de “fingir”, y en el ámbito de la narrativa se refiere a la novela, el cuento u otras formas literarias elaboradas con sucesos y personajes imaginarios. Y la ficción no sería extraña a lo virtual, ya que aquí se hace mención de aquello que tiene apariencia de ser real, pero que en el fondo su existencia no es real. Un ejemplo de doctrina o de ideología dogmática lo tenemos con las “ficciones jurídicas”. Al respecto, un doctrinario del derecho sostiene que la Ley crea su propia realidad y lo hace a través de un instrumento que es la norma. Pues bien, tenemos algunas normas de valoración rígida (no admiten réplica) y se explicitan como si se tratase de verdades absolutas, lo grave es que aunque pugnen con la verdad, la existencia real o la realidad, debemos atenernos a ellas, no nos queda más remedio. Luego tenemos otras ficciones, algunas francamente tilingas, que incluso atraen multitudes, como las que podemos observar en la televisión, en ciertos espectáculos deportivos o en mítines políticos, y otras más bien impostadas que por su semblante severo procuran inspirar confianza, como acontece en el ámbito de la ciencia y de los altos estudios, pero en el fondo todas siguen siendo ficciones. En fin, tenemos relatos ficcionales y consecuencias post-ficcionales nada inocentes.

En mi etapa veinteañera leí “1984”. Debería releerla, sobre todo ahora que es un best sellers en los Estados Unidos y en Europa. George Orwell fue herido en el frente de batalla y en su etapa de convalecencia denunció las trampas de los totalitarismos del momento y también del capitalismo. Ante el resurgimiento de los autoritarismos, “1984” vuelve a las librerías con su Gran Hermano y su Ministerio de la Verdad. Orwell no fue Nostradamus, pero en 1948 (año en que nací) escribió una novela donde reflejaba la tentación autoritaria en las sociedades, así como la ideología del poder, el control de las élites, y, explicó la realidad a través de la ficción, por eso es un referente.

La postfactualidad o la mentira legitimada

22 jueves Dic 2016

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Estamos en los últimos días del año 2016, con más sorpresas e incógnitas que cuando lo iniciamos, al extremo que no sabemos ni imaginamos con qué noticia mañana nos desayunaremos. Las estructuras socioculturales siguen modificándose  y los paradigmas cambian. La democracia y las instituciones republicanas se hallan en su más alto descrédito, los privilegios de unos pocos con cartas credenciales de derechos adquiridos, las desigualdades lesionando la dignidad de las personas, así como resultan patéticas la lucha contra el hambre en el mundo, la globalización capitalista, el enriquecimiento ilícito de las élites o castas, la corrupción en todos los niveles sociales  y poderes estatales, las migraciones, la falta de oportunidades, el trabajo precarizado, el terrorismo, las guerras, en fin, todo revela un horizonte desvanecido y confuso.

Este año se ha impuesto hablar de la postverdad y, algunos lo ven como un nuevo paradigma. Al punto que el Diccionario Oxford ha declarado a la postverdad como la palabra del año. El tema surgió fundamentalmente de los referendos realizados en Europa y de las elecciones en los Estados Unidos. Los resultados nos habrían situado en una suerte de democracia postfactual o postverdad. En efecto, ya no importa que un hecho sea verdad o mentira, lo que importa es lo que “sienten” los votantes ante ese hecho. La evidencia surgida en estos meses nos pone ante una política donde se esgrime un discurso basado aparentemente en hechos, pero que son falsos y están tergiversados. Hay quien ya habla de una “democracia sentimental”. En realidad, esto no es nada nuevo, pues, en muchas otras oportunidades la gente se manifestó así, la diferencia está en que ahora los medios no logran formar opinión como antes y la tecnología comunicacional los ha desplazado, simultáneamente los políticos siguen desencantando a su feligresía, los analistas y opinólogos se equivocan estrepitosamente en las encuestas y pronósticos, a la vez que la crisis se prolonga demasiado y, las redes sociales ya sirven para cualquier cometido, ejemplo los tuits con exabruptos de políticos irresponsables.

Tucídides, un general e historiador que participó de la Guerra del Peloponeso (una suerte de guerra mundial de la antigüedad), advirtió que en cualquier guerra la primera baja es la verdad. Por ello no esperemos que en medio de una guerra surja la verdad o se haga un culto de ella, ya que todo estaría permitido, comenzando por la mentira. También al ateniense se lo reconoce como inspirador del realismo político, que los alemanes llaman “realpolitik” (política de la realidad), y que establece que entre las naciones la relación se hace en función de poder y no en razón de la justicia. De esto no hay duda, porque en la vida real el poder tiene mucho más peso decisorio que el ideal de justicia. Claro que en el manejo político de la cosa pública, creo que la verdad es fundamental para intentar ubicarnos en la realidad. Aristóteles veía a la realidad como la única verdad. Hemos llegado al Siglo XXI  y me resisto a aceptar que la verdad sea un dato menor, sin mayor importancia, y se avecine sobre las sociedades democráticas (aunque solo lo sean en lo formal) otra avalancha de autoritarismo que nos retrotraiga a etapas que se vivieron en la primera mitad del Siglo XX y que costaron decenas de millones de vidas humanas. Algunos analistas dicen que más que el recelo hacia la verdad, los votantes han dejado de creer en las instituciones y sus representantes, de allí que cierren filas en torno a sus sentimientos. Es posible. Las culpas están repartidas, pues, no sólo se trata de la globalización o el postmodernismo, también cargan contra la tecnología actual, el papel de los medios, el relativismo, entre otros factores. En fin, todos han contribuido a crear un clima de desconfianza.

La más universal de las debilidades humanas es la falacia, solía decir Mark Twain. Un pesimista y nihilista como Nietzsche, pensaba que a los que tienen  pensamientos bajos es inútil mostrarles la verdad. Por mi parte, creo que cuando uno se acostumbra a decir la verdad, incorporándola como un hábito, se siente liberado de tener que recurrir a la memoria una y otra vez, más allá de que algún traspié sea inevitable. Pero también están los que prefieren seguir el consejo de Jules Renard,  quien sostenía la utilidad de decir la verdad de vez en cuando  para que  le crean cuando dice una mentira (…)

La mentira se adapta muy bien a la cocina política y nos hemos acostumbrado a digerir historias mentirosas. El populismo de nuestros días plantea la lucha del pueblo contra la élite en el poder y por supuesto ese pueblo es conducido por un líder carismático, que propone soluciones sencillas y radicales a problemas serios y complejos. A ello hay que agregarle la provocación, la rabia, la movilización callejera y, una polarización extrema que divide el escenario entre los buenos (ese pueblo “virtuoso” pero cansado de tantos atropellos a sus derechos) y los malos, a los que solo les importa el poder y el dinero. En plena vida democrática el supuesto redentor pide a viva voz que vote el pueblo (que ya votó cuando eligió a sus representantes). La libertad de opinión tiene que basarse en la información basada en los hechos, lo que exige poseer una buena información, que sea veraz, de allí la misión del periodista. Pero como lo que importa son los efectos que producen el discurso o la noticia, la farsa está a la vera del camino.

La rebelión siempre despertó admiración, desde la que encabezó Espartaco contra el mayor imperio del mundo antiguo, y mucho antes, cuando Moisés logró que el pueblo de Israel escapase de las garras del Faraón. En ambos casos, el motivo decisivo fue la esclavitud, que por cierto no ha perdido vigencia en el mundo actual. Claro que en nuestros días hay formas camufladas de instrumentarla, ya sea a través de las finanzas y los bancos, el trabajo abusivo, el poder de las armas, e incluso la religión con sus dogmas. Mientras tanto, aquellos que asumen posiciones moderadas, partidarios de la prudencia y que alientan el diálogo reflexivo, son acusados de cómplices del sistema.

Cada época elabora sus coartadas e inventa sus relatos. Nietzsche decía que no existen los hechos, solo hay interpretaciones, y al parecer eso es lo que hoy cobra fuerza. Hace poco vi la película Good Kill, donde un grupo de soldados desde un tráiler ubicado en una base de Las Vegas, accionan un dron militar de largo alcance que manejan como si fuese un videojuego on line y que usan para matar talibanes en Afganistan, pero matan más civiles inocentes que terroristas. Estas muertes no son más que “daños colaterales”. Barack Obama, que a los pocos meses de instalarse en la Casa Blanca le concedieron el Premio Nobel de la Paz (aún no se sabe qué merito hizo para obtenerlo), también ha apelado reiteradamente a la mentira para defender este accionar criminal, camuflado de precisión quirúrgica (surgical strike, precisión kill). Sin embargo, informes independientes denuncian que el porcentaje de error es altísimo, se habla de más del 90%. Los operadores a través de una pantalla fijan el blanco, aprietan un botón que produce una explosión que se ve en la pantalla y, luego fragmentos de cadáveres esparcidos, entre los hombres y mujeres inocentes, no faltan niños (daños colaterales).

Desde hace semanas los periódicos españoles informan sobre un rector de una universidad estatal de Madrid al que se le habrían comprobado no pocos plagios en sus textos. La noticia ya no sorprende, ha sucedido con ministros y magistrados, que sorprendidos en la falta, han dimitido inmediatamente. No es el caso de este señor, cuya actitud algún periodista  califica como propio de rábulas. En el mundo contemporáneo, y sobre todo en las élites, la vergüenza está en franca retirada. Para peor, la institución que debería preocuparse de su propio prestigio, no reacciona, los pares miran para otro lado. Un estudiante universitario dice en una carta de lectores que, los trabajos de los alumnos son revisados con lupa en busca de cualquier indicio de copiado, y acota: ¿porqué los alumnos tenemos que regirnos por esta norma y no un rector? ¿No tendría que predicar con el ejemplo? Este joven inteligente está descubriendo el mundo en que vive, y al parecer, hoy la indignación quedaría reservada solo a los jóvenes.

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