• Nota biográfica de Roberto Miguel Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

~ Blog sobre Crítica Cultural / por Roberto M. Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

Archivos mensuales: julio 2017

Las noticias, los relatos y los conflictos de intereses

31 lunes Jul 2017

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Las noticias y los relatos que aparecen en los medios revelan hoy más que nunca que en la trastienda se cocinan conflictos de intereses y que nada es como parece. La noticia, es decir, la información sobre algo que resultaría importante divulgar, está sujeta a la óptica del periodista o del medio y pasa por diferentes avatares. La publicación decide qué tiene valor informativo o interés de divulgación, e incluso las redacciones logran imponer agendas a contramano de la realidad. Algunos recurren al escándalo porque saben que tendrán rápida acogida en los medios. El relato o la narración detallada de un hecho se presta a manipulaciones, al punto que muchas veces es lo más parecido a un cuento, pero no en el sentido que le damos en literatura. De todas maneras, el periodista en su metier vive el día a día, por lo tanto carece de tiempo suficiente y no metabolizó la información. El novelista, en cambio, tiene la ventaja de poder metabolizarla. En ambos está presente la perspectiva personal, de forma manifiesta u oculta. Noticias y relatos son materia de discusión, y lo curioso es que muchos de los que polemizan lo hacen sobre bases falsas, no se preocupan por indagar acerca de la veracidad de las fuentes, y se aferran a esos contenidos como si se tratase de escritos revelados. Hoy ya no importa la veracidad. En efecto, ya no cuenta que el relato, la noticia o la información sean veraces. Claro que no se trata de una novedad como algunos sostienen, tal vez por desconocimiento de la historia o quizá procurando exhibir una sagacidad intelectual que los ubique en la primera línea. En toda época sucedió, lo que pasa es que ahora se tornó mucho más visible. Bástenos el ejemplo de la política, donde lo primordial es llegar a los sentimientos del votante, no importa de qué forma, pues, aquí los principios y las normas morales llegan a ser un estorbo. Hace unos años, frente a una votación importante, no recuerdo qué se trataba, el jefe de la bancada del partido que gobernaba declaró en los medios que los diputados no eran “libre pensadores”, sino que debían someterse a la disciplina del partido (…)

Las opiniones individuales son desechadas sólo por ser individuales, se imponen las mayorías, que no suelen ser mayorías absolutas, y que además arrastran la culpa de su apoyo irresponsable a los totalitarismos del Siglo XX. Hasta se habla de la legitimidad de ciertos discursos que destilan demagogia por los cuatro costados y, yo me pregunto quién en su sano juicio puede creer en las promesas de estos políticos. Los gobernantes, que carecen de tiempo para gobernar porque justamente viven en permanente campaña, no les interesa solucionar los problemas vitales de la gente, mucho menos los de las poblaciones vulnerables. Esta realidad es secular. La Roma imperial ha sido la gran maestra, fuente de permanente inspiración, revelando que los fines de los que pretenden manejar la cosa pública siempre son los mismos, por supuesto que hubo y habrá excepciones, pero son muy pocas y de ninguna manera invalidan la regla.

Evgeny Morozov, un intelectual de izquierda nacido en Bielorrusia y formado en la Europa del Este, sostiene que para analizar y explicar el mundo actual hay que remitirse a la guerra, sin duda un factor tradicional, inmutable y determinante. Dice que en los 70 Silicon Valley hizo una alianza con algunos intelectuales para intentar captar el zeitgeist o espíritu de la época, ya que ellos tenían libros y conferencias para que se convirtiesen en portavoces de la causa, promoviendo mini-relatos cuyo contenido sería falso pero que son efectivos al punto que ocupan el debate durante más o menos dos años y, luego salen con otra historia. La Web 2.0, la economía colaborativa, la economía solidaria, y así sucesivamente. Toda esa estructura está montada en las tecnologías digitales de la información que dan lugar a un negocio incalculable por la enorme masa de dinero que mueve. El objetivo es generar dependencia en los usuarios. Bástenos observar a niños y  jóvenes estudiantes y no estudiantes, incluso gente de edad provecta, que han desarrollado una verdadera adicción a Facebook, Twitter, los videojuegos, y otros medios que ocupan el centro de sus vidas. Estas personas a menudo no saben lo que sucede en el mundo, ni siquiera lo que pasa en su barrio o en su familia. Viven distraídos y son presa de la ficción y del mundo digital. Eso sí, están convencidos que el mundo en que viven es el real, y sus opiniones como sus acciones son acordes con esta anomalía. Morozov sostiene que para entender lo que está sucediendo con este capitalismo digital que actúa como si fuese un casino, es necesario mirar a Wall Street, al Pentágono, las finanzas, la geopolítica y el imperialismo. No tengo dudas que allí residen las grandes trampas del mundo actual que ha privilegiado la especulación financiera por sobre la producción real, constituyendo un nuevo paradigma que beneficia a unos pocos y perjudica a las mayorías, pero sostengo que además hay otras trampas no muy bien dilucidadas y que convendría desenmascarar.

Indignados, nihilistas, ácratas, globalifóbicos, activistas antisistema, ciudadanos de a pie, todos reclaman introducir la verdad y la  justicia en el sacrosanto orden establecido, que sería el único posible. Vuelven a aparecer los exégetas del azar, la lotería social, la providencia y las diferentes escatologías, según  la capilla ideológica o intelectual a la que uno recurra. El sistema todo lo permite, menos  la resistencia o la rebelión. La democracia se impone pero sin lugar para la disidencia. La censura fue, ha sido y es una constante de control social, y los más astutos la emplean con sutileza, estigmatizando al que ejerce la crítica y procurando alimentar el rumor que silencie el valor de la crítica.

Gilles Lipovetsky señala que la Modernidad se construyó en la Ilustración alrededor de la tecno-ciencia, el libre mercado y la democracia, y que en la “hipermodernidad” de nuestros días se profundizan estos tres ejes frente al despotismo y el oscurantismo. A  mi entender, estos últimos reaparecen una y otra vez pero con máscaras diferentes.

Byung-Chul Han, retomando la idea hegeliana del amo y el esclavo, piensa que hoy el esclavo ha optado por el sometimiento. En aras de  la “eficiencia” el neoliberalismo ha conseguido imponer de manera global la eufemística flexibilización laboral, alienta el canibalismo competitivo e implementa la desregulación, los despidos masivos, mientras tanto, los organismos internacionales prestan dinero a cambio de almas humanas, según el filósofo surcoreano. Estos organismos les exigen a los países que contrajeron deudas exorbitantes que de antemano se sabía que no podrían pagar y que, para peor esos pueblos no usufructuaron de los préstamos, que paguen, aunque sea a costa  del hambre de los inocentes. Ante una nueva elección de gobierno, los jefes de las agrupaciones políticas alimentan el clientelismo, tejen alianzas, reparten anticipadamente los cargos del Estado como si fueran de su propiedad y, se esfuerzan por tranquilizar a los financistas cuya mirada está puesta en los negocios que harán con los dineros públicos, porque no seamos ingenuos, éstos siempre persiguen los dineros públicos, de eso se trata y no de otra cosa. Allí reside el leitmotiv, término que se le atribuye a Wagner para referirse a la música que acompaña a cada personaje, aunque en este caso lo empleo deliberadamente para designar el motivo recurrente.

El Estado jamás fue el lugar de la transformación social, de la emancipación de la gente, ni del futuro de los pueblos, es, simplemente el reaseguro para que nada cambie y, de producirse cambios, nunca serán grandes cambios, en todo caso nos recordarán la novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, “Il gattopardo”. Frente a estas tramposas y crueles reglas de juego, el individuo inicia una carrera alocada sin darse cuenta que al final del túnel solo le aguarda el agotamiento y la depresión, no la luz. Han piensa que existe una relación directa entre Eros y Logos, y que el Logos sin el Eros es pensamiento puro. Coincido con él, la solución pasa por el amor, uno de los grandes misterios junto con la vida y la muerte. El amor nos permite descubrir al otro, sin embargo tengo la impresión que Tánatos tendría supremacía sobre Eros y Logos. En fin, no hay que ser muy inteligente ni perspicaz para advertir que algo profundo y siniestro está sucediendo.

El conocimiento como mercancía

11 martes Jul 2017

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Una lectura de la historia nos revela que la adquisición de conocimientos siempre fue algo muy valorado. El conocimiento adquirido a través de la educación se reveló como un privilegio, ya que pocos podían acceder al mismo, pues, hasta principios del siglo pasado grandes masas eran analfabetas. En efecto, la capacidad de leer y escribir no estaba reservada al pueblo, que debía conformarse con trabajar y aceptar la condición social en que había nacido. Pero esto fue cambiando con la lucha por los derechos sociales, que dejaron no pocas víctimas en el camino, a pesar de todo en nuestros días todavía hay masas analfabetas e incultas, explotadas o ignoradas por el poder de turno.

Es meritoria la tarea que se realizó en muchos países para que la gente pudiera educarse y acceder al mundo de la cultura letrada. Esto no sólo fue un movimiento que vino desde arriba, es decir, desde el gobierno, también se dio desde organizaciones obreras y barriales, bástenos como ejemplo las bibliotecas populares donde muchos trabajadores no sólo iban a leer libros y empaparse de nuevas doctrinas sino que concurrían de noche a estudiar. Está claro que se vivía en otro mundo, donde los ciudadanos creían que el esfuerzo y el mérito eran suficientes para progresar. Había sueños, ideales, y hay que reconocer que las clases bajas son más propensas a los ideales, por ello las ideas de la Ilustración prendieron con fuerza y, las monarquías de cuño medieval y las dictaduras de la modernidad hicieron todo lo posible para impedir que estas ideas ingresaran en sus dominios, porque temían perder sus privilegios. El curso de la historia logró imponer en gran medida el derecho a la educación y el derecho a la cultura, al menos así fue durante el Siglo XX en muchas regiones del planeta. Los Estados tuvieron que ceder ante la presión popular y se crearon escuelas, institutos de todo tipo y universidades de acceso gratuito, política que comenzó a modificar la cartografía social. Ahora los obreros y los trabajadores no calificados podían enviar a sus hijos a la universidad para que se convirtieran en profesionales, oportunidad que ellos no tuvieron. Las clases tradicionales y acomodadas no vieron con buenos ojos esta conquista que pretendía modificar el orden establecido del que disfrutaban.

Este fenómeno se vivió prácticamente en todo el continente americano, de norte a sur. Un continente con fuertes flujos migratorios provenientes de Europa. En efecto, los que provenían de allí, acostumbrados a las monarquías y las injusticias sociales, advirtieron que sus hijos ahora tenían la oportunidad de subirse al ascensor social mediante la educación superior, así los títulos de doctor y profesor sustituyeron a los títulos nobiliarios. Al respecto, yo nunca creí en los linajes y, si me ponen entre la espada y la pared, diré que a lo sumo creo en el linaje intelectual, pero no más. Países como Francia, Italia, Alemania, Rusia, entre otros, pudieron abolir las monarquías y, cada uno a su manera intentó modificar la dinámica social. Francia quedó en cierta medida atrapada en su ideología estatista mientras Alemania fue más pragmática. El tema de las libertades individuales se vivió en estos países de distinta manera, sobre todo en Rusia.

Céline ejerció la medicina durante veinticinco años en los barrios pobres de Paris, pero pasó a la historia como novelista. En una entrevista de The Paris Review, comentó que toda su vida transcurrió en la pobreza, comiendo fideos. Sus padres eran  pobres, pero vivían una pobreza digna. La conciencia social se le despertó muy tarde, cuando vio gente que hacía dinero mientras otros morían en las trincheras. Luego de la caída de Alemania escapó a Dinamarca y allí fue arrestado porque había hecho declaraciones antisemitas y lo consideraban un colaboracionista. En realidad, Céline disfrutaba ridiculizando a la sociedad y, esa provocación no podía ser gratuita. Para algunos críticos modernizó la literatura francesa y con su estilo cuestionaba la moral del lector. Introdujo como recurso literario la técnica de los tres puntos: “¡los franceses son tan vanidosos, que el ´yo´ del otro los saca de quicio!…”   Louis Ferdinand Céline vivía atacando a sus contemporáneos, a los editores que no leen, y a las frases de Proust, que eran muy largas, no usuales en francés. En los últimos años buscaba la soledad, no tenía dinero pero mucha gente lo reconocía en la calle, y comentaba que tenía “un hambre animal de reclusión”. Habría sido quien mayor influencia ejerció en la escritura de Henry Miller. Jack Kerouac dijo que  fue el escritor francés más compasivo de su época.

Albert Camus era un pied noir, hijo de una doméstica analfabeta. Albert contrajo una tuberculosis en su época de estudiante y en Argelia obtuvo una licenciatura en filosofía no sin sacrificios, pero el circulo áulico sartreano le negó su condición de filósofo. Tenía un parecido notable con Humphrey Bogart, y al igual que el actor hollywoodense gozaba de gran éxito entre las mujeres, al extremo que Sartre, cuya figura no era precisamente atrayente, habría experimentado una mezcla de celos y desprecio encubierto hacia el argelino. A pesar de la relación conflictiva que ambos mantuvieron, cuando le concedieron el Premio Nobel de Literatura, Sartre reconoció que Camus lo merecía. Con el dinero de ese premio compró su primera y única vivienda.

No hay duda que estamos dejando un mundo atrás e ingresando en otro. La educación y la cultura están nuevamente en entredicho, vuelve a repetirse la historia pero de manera diferente. Ya no es un problema de linaje o clase social, la pertenencia ha sido sustituida por el dinero, al punto que los conflictos ideológicos del pasado entre educación estatal o privada, confesional o laica, han quedado en gran medida camuflados por el dinero.

Los defensores del mercado sostienen que la educación y la cultura tienen un costo, nada es gratuito. Es cierto, alguien paga. Yo provengo de la educación estatal, desde la escuela hasta la universidad, e incluso ya graduado mi formación la hice en hospitales públicos y, mi universidad de postgrado en Europa es la Complutense de Madrid, de régimen estatal. Pero de ninguna manera eso significó que a la vez no hiciera cursos pagos en instituciones no estatales y que llegara a ser profesor titular en diferentes universidades privadas. Nunca me gustaron las tesituras radicales, soy partidario de los sistemas mixtos, pero donde se privilegie la calidad y no la especulación. Entiendo que en todo negocio debe existir una ganancia dineraria, pero que ésta sea razonable.

En los Estados Unidos el derecho a la educación ha sido sustituido por el derecho a solicitar préstamos de estudio y endeudarse de por vida. La Universidad de New York sería la más cara del mundo y la deuda actual de los estudiantes es de varios millones de dólares, según un informe que pude ver hace días en la Deutsche Welle.

Familias que han perdido su única casa debido a una deuda  impagable por enviar a sus hijos a universidades de “elite”, que les prometían que al graduarse conseguirán empleos de excelencia que nunca aparecieron. Alumnos y padres son engañados por universidades prestigiosas, muy bien posicionadas en los rankings internacionales. Tienen una buena imagen académica pero carecen de sentido social y también de ética. Actualizan permanentemente los costos educativos que superan los costos de otros rubros sociales, al punto que algunos estadounidenses dicen que ésta es la brutalidad de una economía libre. Cuando el estudiante termina convirtiéndose en cliente, se desvirtúa el genuino espíritu universitario que en mi etapa de alumno conocí. Un rector de una prestigiosa universidad europea comentaba que se negaba a dar datos a estas consultoras, tan promocionadas en los medios, porque forman parte de la estrategia de un negocio que carece de transparencia. Daría la impresión que cuanto más cara es la matrícula mejor será la formación (…) Universidades estatales y privadas se han convertido en un problema donde la verdad es la primera baja y la gestión importa más que la calidad académica. El fenómeno está globalizado. El 40% de los alumnos extranjeros que tiene la Universidad de Manchester en Inglaterra son chinos. Estados Unidos, Australia, Europa, ofrecen cursos a extranjeros para que lleven sus divisas. Por lo pronto, en China ha surgido una nueva clase social de individuos pobres con buena formación académica. Frente a esta realidad acuciante surge la pregunta: ¿cuál será el futuro?

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