• Nota biográfica de Roberto Miguel Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

~ Blog sobre Crítica Cultural / por Roberto M. Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

Archivos mensuales: julio 2016

Los discursos, la elocuencia y el diseño.

25 lunes Jul 2016

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Más allá del discurso interior que todos tenemos y del discurso que expresamos en voz alta para comunicarnos con el otro, debemos reconocer que en este proceso de verbalización no siempre ambos discursos concuerdan. Por otra parte, hay gente que prefiere expresar sus ideas en privado, y otros que gustan hacerlo en público, como el actor que sale a escena a representar su papel. Claro que cuando se trata de dirigirse a un auditorio, el discurso estará condicionado por varios factores y, en caso de tener éxito, el expositor atrapará la atención del público y ganará su voluntad, ese será su trofeo.

Borges ha sido un maestro de la palabra escrita, como lo revelan sus cuentos, poesías y ensayos. Hace poco me enteré que durante un tiempo y por cuestiones económicas tuvo que pronunciar discursos en público, era la época en que tenía conflictos con el gobierno peronista por su condición de opositor. Dicen que a él no le atraía esta tarea pero finalmente accedió. En realidad, Borges jamás fue un orador, sus exposiciones no estaban a la altura de sus escritos, incluso en las entrevistas yo lo notaba deslucido, el arte de la palabra hablada no era su fuerte, carecía de elocuencia, su tono era monocorde y cansino, y a más de uno le resultaba aburrido escucharlo, más allá que lo que dijese fuera muy importante. Pido perdón a los apasionados borgeanos.

En realidad, no es nada nuevo que grandes escritores hayan sido incapaces de cautivar con su palabra a un auditorio, incluso es infrecuente que en una misma persona haya un escritor y un orador. Todos sabemos de escritores notables y académicos de fama que  prefieren leer sus discursos, hecho que me parece lamentable, pues, prefiero leer lo que escribieron en la comodidad de mi escritorio. Cada tanto resurge la inveterada discusión sobre la importancia de la forma y el fondo. Pero en los escritores como en los oradores, más allá de lo que dicen, importa cómo lo dicen, ya que allí reside su arte.

Belisario Roldán y Alfredo Palacios, dos tribunos injustamente olvidados, fueron grandes oradores. Belisario Roldán fue definido por sus contemporáneos como un poeta de la palabra oral, un príncipe de la oratoria, un hombre de retórica grandilocuente, acorde con la escuela asiática. Hoy difícilmente ese estilo despertaría admiración, los tiempos han cambiado y los gustos también. Quizás en la cultura de nuestros días tenga apogeo la escuela de Esparta, lacónica, muy del gusto castrense, ya que a diario utilizamos los SMS a través de los celulares. En Bouglogne-sur-Mer, ante la estatua de San Martín, Belisario Roldán pronunció aquella famosa frase: “Padre nuestro que estás en el bronce”. Dicen que combatía su miedo a hablar en público bebiendo unos minutos antes alguna bebida espirituosa y que alguna vez se excedió en la ingesta, sin embargo en ese estado de exaltación alcohólica llegó a pronunciar alguno de sus mejores discursos. La enfermedad pulmonar que sufría lo llevó a quitarse la vida pegándose un tiro. Alfredo Palacios también supo conquistar los auditorios, pero atento al devenir de los tiempos y las modas, abandonó el estilo asiático por la oratoria ática, cuyo máximo exponente fue Demóstenes. En efecto, Palacios optó por el discurso sencillo y directo, nada alambicado, aunque quienes llegaron a conocerlo me dijeron que el epílogo siempre era pomposo, lo que revelaba su afición por la escuela asiática.

A los veinte años, recuerdo, pude asistir a una conferencia de Arturo Berenguer Carisomo, otro de nuestros grandes oradores. No recuerdo qué tema trató, seguramente fue algo literario ya que él era profesor de literatura, pero quedé impresionado por su habilidad de palabra que nada tenía que ver con la charlatanería.

En 1977, no bien llegado a Madrid, en el centro cultural que está debajo de la Plaza Colón, pude asistir a una conferencia de Pedro de Lorenzo. Sabía de su existencia a través de un artículo que había publicado en un suplemento literario de Buenos Aires hacía un tiempo: “Grandezas y miserias de la oratoria”. Pedro de Lorenzo conocía muy bien su metier, su exposición era atrapante, acompañada de modulaciones de la voz, ademanes ajustados, pulcritud en el vestir, y de tanto en tanto alguna exclamación que tenía un cierto dejo de ampulosidad retórica. Era un orador notable. Después de aquella tarde nunca más tuve noticias de él, tampoco he leído ninguno de sus libros, sé que solía frecuentar el Café Gijón y que murió en el 2000.

El discurso de Gettysburg, del presidente Abraham Lincoln, fue pronunciado después de la batalla que lleva ese nombre, durante la Guerra Civil de los Estados Unidos. Se trató de una alocución o discurso breve. Lincoln dijo que sus palabras no serían recordadas por el mundo pero sí lo que hicieron aquellos que lucharon y murieron por la libertad, lo curioso es que sucedió lo contrario, hoy el mundo ignora a los que combatieron en la Batalla de Gettysburg mas no ha olvidado las palabras de Lincoln, al punto que existe consenso en que ha sido uno de los grandes discursos de la historia. Allí definió a la democracia como “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, fórmula que a todas luces nunca llegó a plasmarse.

El arte de la palabra escrita difiere del arte de la palabra hablada, la primera perdura a través del papel, la segunda suele esfumarse al cabo de ser pronunciada y a lo sumo queda en la memoria de  algún oyente. De todas maneras, siempre hay excepciones.

Hay quienes se han preocupado por la relación entre la elocuencia y la creatividad. Milton Glaser, uno de los grandes diseñadores gráficos que vive en los Estados Unidos, famoso por ser el autor del logotipo I love NY, ha dedicado su larga vida a la estética, y enfatiza que ésta no se halla reñida con la ética ni con la verdad, por el contrario, han sido una constante en su vida. Cuando un periodista le preguntó si era más importante ser elocuente o creativo, él respondió que la pregunta era falsa, porque no tiene respuesta. Sostiene que el diseño y el arte están distantes, el primero tiene que transformar al que mira, hacerle ver el mundo de otra manera, y el segundo acomoda un público con un cliente. Es necesario forzar la mirada para que las cosas queden impresas en el cerebro y resulta gratificante expresar una idea poderosa a través de medios muy simples: I love NY, sólo eso. El diseño de la vida de un individuo está representado por las intenciones aunque también por lo que logra conseguir, de allí las diferencias entre las intenciones y la realidad. Milton Glaser comenzó estudiando pintura en Italia pero terminó siendo diseñador. “No es que no quisiera ser pintor, es que no quería ganarme la vida formando parte de esa transformación del arte en cultura de consumo”. Dice que la gente confunde estilo y diseño, cuando se comienza a diseñar uno se pone en el lugar del público. Un buen diseño es aquel que termina reforzando lo que uno cree y, debemos considerar los prejuicios, ya que generamos expectativas a partir de ellos y en la gran mayoría de los casos resultan ser falsos.

José Ramón Recalde, catedrático de derecho, intelectual y político, acaba de fallecer en España. En el 2000 le dispararon un tiro en la cabeza en la puerta de su casa (estaba amenazado por ETA), salvó la vida milagrosamente, siguió con su tarea habitual, y era acompañado permanentemente por dos guardaespaldas. Durante el franquismo fue detenido y mientras lo torturaban le vinieron a la cabeza unas palabras de Sartre en las que decía que el torturador no podía sostener la mirada del torturado, él lo puso en práctica y el torturador continuó  golpeándolo pero con más energía, en sus memorias acotaba que evidentemente el policía no había leído a Sartre.

Hace unos días la esposa de Donald Trump pronunció un discurso que sería un plagio del que dio Michel Obama. Nunca entendí porque las esposas de los presidentes y candidatos al puesto tienen que dar conferencias, también sus hijos. ¿Esto no alienta el nepotismo? Antes los gobernantes solían preparar con esmero sus discursos, rumiaban las ideas y eran piezas oratorias salidas de sus cabezas. Ahora otros los escriben. No recuerdo que político dijo en una oportunidad que un charlatán da un discurso todos los días, un mediocre uno por semana y, un gran orador a lo sumo uno o dos al mes (…)

En busca de una nueva narrativa (parte IV)

01 viernes Jul 2016

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Los libros de autor anónimo han existido desde antaño, quizá Las mil y una noche sea la obra que tuvo mayor trascendencia. La literatura española tiene textos de autor anónimo que forman parte del canon literario. En cuanto a la narrativa del siglo pasado, me impresionó: Una mujer en Berlín, diario escrito en 1945, donde la autora narra las violaciones de mujeres y niñas por el Ejército Rojo. Una historia penosa e infame mantenida oculta por la necesidad de preservar una supuesta moral, de allí que su autora fuese considerada una traidora que atentaba contra la moral alemana, en fin, una mujer que no quiso respetar la ley del silencio impuesta como código de honor

En nuestros días, Elena Ferrante, seudónimo de una escritora italiana, o tal vez un escritor, tiene novelas que son best sellers, su identidad está guardada bajo siete llaves, y sólo mantiene contacto con sus editores italianos. Es curioso, porque todo aquel que hoy escribe un libro y ya cualquiera escribe su libro, quiere ser tenido en cuenta y sueña con firmar dedicatorias. En efecto, vivimos tiempos donde la exhibición es tan fuerte que parecería ser un mandato social, al extremo que la intimidad más criptica estaría en entredicho. He leído un par de entrevistas que le hicieron vía e-mail a través de sus editores, donde manifiesta que para asignar un orden narrativo al mundo, prefiere una escritura clara, honesta y donde los hechos de la vida ordinaria sean convincentes. Pero además, tiene en claro que el acto de escribir difiere de la exhibición pública, no le gusta improvisar ni salir a escena, cuida mucho su intimidad y, vive alejada del marketing y del mundo editorial. Ferrante se pregunta por qué no hay más escritores que adopten esta tesitura y, critica al mercado editorial que hasta le inventan una imagen al autor para que alcance la fama literaria. Mi amigo Alejandro Patat, con quien fuimos compañeros de estudios en la Dante Alighieri de Buenos Aires, escribió desde Italia una reseña para La Nación. Dice que después de Elsa Morante, nadie en Italia pudo contar con tal intensidad el mundo a su alrededor. Alejandro comenta que en los Estados Unidos es un fenómeno editorial, infrecuente en un escritor europeo, y que sus detractores le adjudican injustamente estar al servicio del mercado y que responde a una política feminista, cuando en realidad su visión trasciende la cuestión de géneros.

En Estambul, hace unos días, el gobierno reprimió violentamente a los participantes de la marcha del orgullo gay, una de las expresiones de la narrativa de géneros que más discusiones promueve. Confieso que me sorprendió, porque en el 2009 estuvimos en Estambul y en el centro de la ciudad presenciamos una pacífica manifestación de travestis turcos. Recuerdo que con mi mujer comentábamos el grado de tolerancia que había desarrollado Turquía, gracias a Tayip Erdogan, quien se proyectaba como un líder necesario para gestionar esa región históricamente convulsa. Pero el Erdogan de hoy difiere bastante del Erdogan de entonces, algo frecuente en los políticos. Erdogan quiere perpetuarse en el poder, sueña con  llegar al 2023, fecha en que se conmemorará los cien años de la fundación de la república, surgida de la guerra de independencia. Para ello se distancia cada vez más de la Turquía laica y moderna que concibió Ataturk, y en su alianza con el sector religioso del Islam revela una inédita intolerancia, al punto que un estambulí comentaba que sólo falta que les imponga la sharia.

Con la prolongada crisis europea han surgido una serie de relatos variopintos. Me interesa Dani Rodrick, nacido en Estambul, actual profesor de economía en Harvard,  autor de un trilema que enunció en el año 2000 y que fue premonitorio: en la Unión Europea, democracia, globalización y soberanía del Estado-nación no pueden convivir. El nudo gordiano del trilema de Rodrick reside en la zona euro. Dice socarronamente que cuando una idea se convierte en mayoritaria significa que ya está equivocada. El economista carga contra los grandes dogmas económicos y advierte que determinados modelos de política pueden ser positivos en un momento de la historia de un país y fallar rotundamente en el mismo lugar un tiempo después. La ideología política contamina el análisis económico en una doble vía, ya que los políticos convierten las ideas económicas en ideologías que sus creadores jamás pretendieron, bástenos el ejemplo de Adam Smith, quien hoy se hubiera opuesto al fundamentalismo del mercado. Sostiene, acertadamente, que el error del Consenso de Washington es suponer que un modelo va a funcionar en todos los países prescindiendo del momento histórico.

En los años 60, 70 e incluso 80, recuerdo, se hablaba mucho de la guerrilla y de la guerra de guerrillas. La narrativa del mal estaba allí. El fenómeno solía estar asociado al marxismo y durante la Guerra Fría los demonios fueron los comunistas, ahora ese lugar lo ocupan los terroristas.  El terror que se procura transmitir, no es un fenómeno propio de nuestra época, siempre existió, tanto terrorismo de Estado como el que surge desde abajo, terrorismo de izquierda como de derecha. Las muertes que ocasionan entre individuos inocentes son demenciales y sus narrativas carecen de toda  justificación.

Pero ante la grave situación de violencia que surge en distintos lugares del mundo, uno se pregunta qué fue lo que llevó a un individuo a convertirse en terrorista. He advertido que entre los estudiosos del tema no existe consenso. Están los que argumentan que los problemas económicos serían el principal factor que llevarían a la radicalización. Algún científico piensa que prácticamente cualquier persona podría convertirse en terrorista si están dadas las condiciones (…) ¿Cuál es el ADN del terrorista? Los que dicen conocer el tema esgrimen la ideología, otros la identidad, el dinero, la religión, el entrenamiento bélico, etc. Lo curioso es que pocas veces los que hablan del tema en su condición de expertos han tenido la posibilidad de dialogar con terroristas, face to face, de allí que el conocimiento que explicitan en sus notas no supere el plano de las opiniones.

Las narrativas de la condición humana,  frase acertada aunque desdichada de la novela de André Malraux, increpa el pensamiento de Sófocles que sostenía: “La obra humana más bella es la de ser útil al prójimo” o el de Alejandro Magno, “De la conducta de cada uno depende el destino de todos”. La condición humana, es, el laberinto más complejo que guardamos en nuestro interior. Aquí emerge el mal. Al respecto, quien haya leído las novelas La muerte de Iván Illich, El Extranjero, Archipiélago Gulag, tendrá una idea de lo que Tolstoi, Camus y Solzhenitsyn, respectivamente, quisieron señalar como condición humana. Luego Hannah Arendt,  a través de su tesis: la banalidad del mal, a propósito del juicio a Eichmann en Jerusalén, hizo con enjundia su aporte.

En cuanto a las narrativas de la innovación, tienen más peso o quizá más marketing que las narrativas científicas y tecnológicas. Alguien sostuvo que se trata de un híbrido de invención y mercado, pues, cuando una idea se convierte en un producto que puede ser manipulado por el mercado ya se habla de innovación. Leí que en los Estados Unidos se está invirtiendo más dinero en innovación que en investigación científica, no sé si será así, pero lo cierto es que la publicidad está del lado de la innovación. Se ha tomado el ejemplo de la familia Médici, aquellos banqueros florentinos del Siglo XV que ejercieron el mecenazgo para impulsar las artes,  la investigación, el pensamiento, y que dieron lugar al Renacimiento, un fenómeno extraordinario y típicamente italiano. La tónica actual sostiene que es necesario abrirse a la interdisciplinariedad, fusionando y mezclando paradigmas y saberes, que den paso al florecimiento de nuevas ideas. Así las disciplinas convergen, dejando de lado los prejuicios, las convenciones, los esquemas, las rígidas estructuras. En las fronteras entre las disciplinas, por cierto fronteras cada vez más porosas,  surgen los hechos creativos y, esto se sabe desde hace tiempo, no es una novedad como algunos pretenden vender no sé si por ignorancia o por oportunismo. En el mundo existe una fiebre innovadora con resultados muy interesantes, y el mercado aparece con su natural pragmatismo, invirtiendo, haciendo cálculos de ganancias, y hasta queriendo emular a los Médici, pero claro, éstos eran genuinos mecenas (…)

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