• Nota biográfica de Roberto Miguel Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

~ Blog sobre Crítica Cultural / por Roberto M. Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

Archivos mensuales: marzo 2021

Yo sé, que ustedes saben que yo sé

29 lunes Mar 2021

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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No es una novedad que el que miente necesita tener muy buena memoria, ya nos lo había advertido Quintiliano, pero claro, la sentencia del autor de “Instituciones Oratorias”, nunca fue tenida en cuenta aquí, pues, los argentinos en términos generales hemos revelado tener muy frágil memoria (las consecuencias están a la vista), incluso algunos recurren a una memoria llamativamente sesgada.

Con motivo del golpe militar argentino de 1976 (uno de los incontables golpes pero sin duda el más brutal), guardo en mi memoria aquel hecho con gran nitidez, quizá porque como decía Cicerón “El que sufre tiene memoria”. Hace unos días se celebró el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, en alusión a ese hecho cruel e inhumano que aún seguimos debatiendo, eso sí desde miradores diferentes y apelando a hechos, situaciones y personajes que en muchos casos no se ajustan ni a la verdad ni a la justicia. Ese día me crucé en la calle con algunas organizaciones, sus pancartas y cánticos que me recordaron lo vivido en los años 70 y me dije, ni siquiera cambiaron las consignas (no me refiero a los desaparecidos) cuando en realidad el mundo y el país cambiaron y las circunstancias históricas son otras. Pero claro, los canallas todavía siguen vendiéndoles a los jóvenes consignas en las que ya nadie cree.

Por lo pronto, el Archivo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos publicó documentos desclasificados sobre lo acontecido aquí, la tarea la inició el presidente Obama. Allí se revela que Washington compartía la posición de los militares argentinos de entonces y consideraba que el golpe militar era inevitable para terminar con el caos que había en la Argentina. Sabían que la dictadura permanecería un largo tiempo y que habría represiones sin precedentes. Con un mes de anticipación los Estados Unidos había comunicado discretamente a los militares que producido el golpe los Estados Unidos reconocerían al nuevo gobierno. Henry Kissinger, el siniestro secretario de estado estaba al tanto del golpe (como aconteció en otros lugares y donde él tuvo un papel no menor). En fin, se sabía que se cometerían violaciones a los derechos humanos que generarían críticas internacionales y que darían lugar a fuertes presiones en la opinión pública estadounidense, también en el Congreso, las que complicarían las relaciones con el régimen. Un detalle no menor, quien había sido subdirector de la CIA, Graham, acompañado de un senador ultraconservador y su equipo llegó 12 días antes del golpe aquí y el embajador Hill le pidió que abandonara de inmediato el país…

Lo importante es que han sido desclasificados miles y miles de documentos de 16 agencias estadounidenses sobre la dictadura y el período que abarca entre los años 1975 y 1984. En efecto, mucho material para analizar que le llevará años a los investigadores e historiadores que quieran conocer en verdad lo que sucedió, no el relato apócrifo que insistentemente circula para lavarle la cabeza a los jóvenes que no vivieron esa época y son adoctrinados. Porque esos jóvenes al no tener experiencia carecen de memoria según Aristóteles. Y los viejos, que estamos empeñados en cuidar nuestro cerebro, sabemos desde William Shakespeare que el centinela del cerebro es la memoria.

Siempre me he pronunciado a favor de los Derechos Humanos en cualquier lugar del planeta donde fueran vulnerados, como cualquier persona de bien, pero curiosamente ahora se denuncian ciertos atentados y se ocultan o ignoran otros por razones ideológicas. Los derechos humanos emanan del respeto que merece cualquier individuo por su condición de ser humano, por consiguiente no dependen de la izquierda o de la derecha, tampoco de ningún partido político o religión. Están más allá de cualquier defensa parcial porque son de todos. Claro que hoy por hoy para algunos los derechos humanos son una especie de franquicia.

Para aquellos jóvenes que repiten entusiastas y de buena fe ciertas consignas sería bueno que reparen en algunos datos, es decir en informaciones concretas que permiten el conocimiento exacto de lo que sucedió Y esto es muy importante en un país donde los datos son reemplazados por las opiniones interesadas, y así vemos circular informaciones inexactas que los medios irresponsablemente le dan gran trascendencia. Finalmente pasa como en la guerra: la primera baja es la verdad.

Cuando yo finalizaba la universidad en la Ciudad de La Plata (epicentro de la guerrilla), en 1973 y en plena democracia del gobierno de Perón comenzaba el terrorismo de Estado. Recuerdo cómo nos infundían miedo y uno no estaba seguro en ninguna parte. Las dos facciones que más terror causaban eran Montoneros y la Triple A, de distinto signo, pero ambas nacidas del peronismo y por supuesto con demencial sed de poder.

Los militares sabían que era imposible que la guerrilla triunfara y proclamaban a los cuatro vientos que “venían a moralizar el país”, y buena parte de la población los toleró porque estaba cansada de tanta inseguridad callejera. Ellos tuvieron la suma del poder con el respaldo de las armas, podrían haber terminado con muchos males endémicos, pero ese no era su plan, y sustituyeron una corrupción por otra.

Antes de abandonar el gobierno se auto amnistiaron (1982), Luder candidato peronista habría aceptado esa ley pero Alfonsín la rechazó. No bien se hizo cargo del gobierno Alfonsín creó la CONADEP presidida por Ernesto Sábato cuyo informe final sobre la desaparición forzada de personas fue el “Nunca Más” y, curiosamente el peronismo se negó a integrar la CONADEP. La repercusión internacional de esa comisión y sus conclusiones fueron un hito histórico, ya que ubicaron a la Argentina entre los países dispuestos a defender los derechos humanos en los hechos y no en la retórica. Pero en 1990 el gobierno peronista de entonces decidió indultar a los excomandantes…Podría seguir enunciando hechos reveladores, hoy hábilmente camuflados por aquellos que se presentan ante el pueblo como campeones de los derechos humanos. Ni hablar de las intervenciones actuales en materia de derechos humanos en asuntos internos y externos, que arrojan al fango al prestigio internacional que esta lucha alcanzó en el pasado. Antes de seguir y para aquellos que no me conocen, yo no pertenezco a la oposición, pero eso sí me opongo a la mentira, venga de donde provenga. Como intelectual siempre tuve una actitud independiente y jamás estuve afiliado a partido alguno, por eso acepto que haya gente que discrepe con mis opiniones, pero discrepar con los datos no tiene sentido porque es pelearse con la verdad, viejo hábito argentino.

Mi consejo a los jóvenes que deseen bucear en ese pasado y evitar la contaminación ideológica es que recurran a las hemerotecas donde hay mucho material informativo, también pueden escuchar a Graciela Fernández Meijide o leer el último libro de Ceferino Reato muy bien documentado.

El relato político es como el dogma religioso, pues, se trata de una cuestión de fe, y en consecuencia no hay debate posible. Mientras los protagonistas sigan siendo los mismos no hay salida para el país. La Argentina no puede seguir prolongando la edad de la inocencia.

Nunca estuve de acuerdo con esa frase: “Los pueblo tienen los gobiernos que se merecen”. Una frase que es un lugar común y que se la han adjudicado a un sinnúmero de intelectuales, desde el aristocrático Joseph de Maistre hasta el revolucionario José Martí. No me parece justo. Tampoco es correcto que se hable de pueblo como si se tratase de una totalidad homogénea de habitantes. No es así, pues ese es el concepto que al que apelan los demagogos y las dictaduras para callar a los disidentes. A lo sumo podemos hablar de mayorías habilitadas para votar, porque los niños y los adolescentes no cuentan. Al respecto, recuerdo que yo era chico y ya discutía de política con mis mayores, les hacía preguntas incómodas y, un tío lejano me decía que por ser chico no entendía de política y de esta manera como dicen ahora me clausuraba. Con el tiempo comprobé que el que no entendía era él. Y sí, a veces los niños nos señalan el error.

Que vote un 40, 50 o hasta 75 por ciento a un partido de ninguna manera es todo el pueblo. ¿Ese 60, 50 o 25 por ciento restante no forma parte del pueblo? Acaso esa minoría no tiene derechos, no merece propalar sus reclamos o debemos aceptar que está cercana a la muerte civil.

Desde hace un año vengo hablando con varios jóvenes profesionales, talentosos, que me confiesan su intención de abandonar el país. Algunos tienen aspiraciones importantes y saben que aquí no los dejarán hacer carrera, otros me han dicho que provienen de familias humildes, que no tienen contactos políticos ni dinero. También hay quienes me han explicitado que no están dispuestos a ir contra sus principios y valores. ¡Bravo, mis felicitaciones por esa integridad moral que está faltando!

Varios de ellos ya se fueron. Algunos consiguieron trabajo en universidades, hospitales o empresas comerciales a través de entrevistas con el exterior vía Internet y de manera rápida. Me produce una gran tristeza que expulsemos de nuestra sociedad lo mejor que tenemos y que podría crear un futuro digno. Mientras tanto fabricamos pobres e ignorantes que votan.

A decir verdad, no puedo olvidar que en mi juventud también pasé por esa difícil etapa y decidí resistir… Pero claro, no todos tenemos el mismo temperamento o quizá tozudez y, por otro lado, me pregunto qué pueden hacer estos jóvenes meritorios en un país donde el acomodo es la regla, donde los funcionarios puestos a dedo se manejan con bravuconadas, las barras bravas de los clubes y las patotas sindicales hacen lo que quieren y nadie los pone en la órbita de la Ley. Si hablamos de la política, el nepotismo es la regla ya que los hijos cuando no otros parientes suceden a los intendentes, los diputados, los senadores, los gobernadores… No existe posibilidad alguna para un candidato independiente, porque la política solo es para la casta política.

Pero también esta vieja herencia monárquica la encontramos en la justicia, en las instituciones académicas, en el mundo del espectáculo y hasta en los sindicatos. Cómo convencer a estos chicos bien formados y con valores morales que vale la pena quedarse y dar batalla… Por su parte los políticos necesitan que las masas sean previsibles, por eso ahora están inmersos en una ingeniería oportunista pensando en las elecciones que tendremos en unos meses. Y en su evidente ineptitud y conciencia moral anestesiada, viven entre tropiezos y ostentaciones, aunque temerosos de que aparezca un cisne negro. Que el ciudadano de a pie piense no está bien visto, al fin de cuentas son tiempos de anti intelectualismo y de pensamiento mágico. El cuidado de la salud de la población no parece ser un imperativo categórico, una prueba es en materia de vacunas, ya que en estos días un periodista decía que a Chile llega un avión con dos millones de dosis y a la argentina llega uno que trae solo 300.000.

Víctor Hugo pensaba: “Entre un Gobierno que lo hace mal y un Pueblo que lo consiente, hay una cierta complicidad vergonzosa”. Y por su parte Mahatma Gandhi sostenía que, “Si hay un idiota en el poder, es porque quienes lo eligieron están bien representados”.

En fin, es hora que cada uno escuche a su conciencia y actúe en consecuencia, que a la hora de emitir su voto lo haga responsablemente y se haga cargo, aunque no tengo dudas de que mi planteo no pasa de ser una utopía, tal vez por esa frase que sostiene que los canallas siempre duermen en paz.

CONTRACULTURA Y ANTIPOLÍTICA

08 lunes Mar 2021

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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En estos tiempos convulsos, en la agenda oficial siguen insistiendo obstinadamente en temas que no son prioritarios y que no le interesan a la gente, que por otra parte está muy preocupada con sus problemas vitales. En efecto, hoy todo pasaría por una “política judicializada” y a su vez por una “justicia politizada”. Tengo entendido que desde el retorno de la democracia en 1983, el partido en el poder no ha perdido su mayoría en el senado que es quien nombra a los jueces y, nombró a cuatro de los cinco jueces actuales de la Corte Suprema y a diez de los doce jueces federales… En otras palabras, la crítica está dirigida hacia aquellos que en su momento nombró. Y en verdad, nada de esto le quita el sueño al ciudadano de a pie, temeroso de perder el trabajo, de no poder asegurar la mantención de su familia y llegar con el presupuesto a fin de mes, entre otras necesidades. No hablemos de los que se cayeron del sistema y pasan mil penurias, pues, estos son prácticamente muertos civiles, excepto el día de las elecciones.
Estoy saturado de escuchar a economistas y políticos que tendrían la solución para que la Argentina supere sus problemas estructurales y vuelva a ser lo que fue. Lo preocupante es que el periodismo los entrevista día tras día y les concede un tiempo precioso que termina siendo malgastado. Es curioso, ya que muchos de ellos ocuparon cargos clave en diferentes gobiernos incluso de distinto color político, tuvieron su oportunidad y no hicieron nada positivo para el país, es más algunos son responsables de muchos de los descalabros que hoy padecemos. Está claro que los medios tampoco son inocentes, pues, terminan dándole oxígeno al relato y en su búsqueda de la noticia no seleccionan de manera inteligente a quienes entrevistan, cayendo siempre en el mismo círculo de ilusionistas, mientras tanto existe una intelectualidad de culto en las catacumbas que es ignorada por el periodismo, a la vez que sectores militantes pretenden secuestrar la república mediante la destrucción de la separación de los poderes constitucionales.
El poder ejerce una enorme atracción, una seducción extraordinaria. Además es vox populi que quien desea entrar a la política es porque quiere hacer mucho dinero y rápido. No es casual que, salvando honrosas excepciones, los políticos sean muy ricos. He conocido hombres y mujeres de mucho mérito, a quienes incluso llegué a admirar, pero bastó que les ofrecieran un cargo de importancia en el Estado para que como personas se desdibujaran y, como dicen en España, tirasen su honra a los perros. Entiendo que las luminarias del escenario para quien no pertenece a ese ámbito puedan encandilar, más no justifica que clausuren la autocrítica.
La Argentina está llena de opinólogos y de soluciones de fondo sencillas, pero escasean los pensadores en los medios, y esto es muy grave, sin embargo dicen que somos el país de la región con mayor número de think thanks. Estas “usinas del pensamiento” (¿acaso el pensamiento necesita usinas?) están de moda y, la pregunta pertinente sería: ¿cuál es su aporte real? En efecto, aparecen sponsors del establishment que no revelan estar dispuestos a ir contra el statu quo. Es claro, sería ir contra sus propios intereses. Reparemos en el plano internacional, como ser el Foro de Davos, donde los más poderosos del mundo dan sus opiniones y se muestran preocupados por la pobreza en el planeta aunque no hacen nada concreto para aliviarla. Y cuando realizan alguna donación, que la proclaman a los cuatro vientos, hay que preguntarse qué rentabilidad tendrá ese acto generoso. Según Oxfam la mayor concentración de riqueza mundial la posee el 1% de la población global. Hace poco apareció un ranking internacional dónde la Argentina es el país de América Latina con mayor cantidad de usinas de pensamiento, ya que habría unas 262 instituciones de este tenor, por lo tanto ocuparía el 8º puesto del ranking mundial, con una institución menos que Alemania y con 72 más que Brasil que ocuparía el 9º lugar. Otra demostración palmaria de la mentira institucionalizada.
Los que me conocen saben que desde que era adolescente leo varias horas al día. Mis compañeros de facultad decían que era una rata de biblioteca. Hay autores que he leído con fruición, que admiro y tengo como modelos, pero me he dado cuenta que a pesar de eso, siempre descubro algo para discrepar, lo que en mi caso funciona como un auto test que confirma mi independencia de criterio. Confieso que también suelo hacer el esfuerzo de leer la narrativa de algunos canallas con la intención de descubrir cómo es el entramado oculto de ese relato tóxico, y sé que muchos no se atreven porque sólo toleran las narrativas que afirman lo que creen. En fin, trato de leer todo lo que puedo e informarme incluso a través de medios extranjeros de prestigio, dentro de lo que me permite el tiempo material del ejercicio cotidiano de mi profesión, aunque es tanto lo que surge en esta cultura letrada que suelo quedar en falta. Eso sí, cuando aparece algo de interés procuro hacer mi propia investigación.
Desde hace tiempo se vienen promocionando y poniendo de moda ciertas ideas que no aportan ninguna originalidad. En la década del 90 surgió el movimiento “aceleracionista”, que tendría posturas de izquierda que ponen el acento en la evolución de la tecnología (sobre todo informática) y en la automatización del trabajo, y posturas de derecha donde se pretende profundizar el capitalismo en su versión más agresiva. Una rama de este último, desde hace más de una década intensifica el conflicto racial en los Estados Unidos procurando un nuevo Estado con supremacía blanca y siguiendo los principios de los llamados libertarios. Cuando uno lee a las distintas vertientes de este movimiento encuentra contradicciones por doquier. En este tipo de discusiones Marx nunca falta (me refiero a Karl no a Groucho), es así como en un discurso de 1848 habría sostenido que el sistema proteccionista es conservador y, el libre comercio es destructor porque corroe las nacionalidades y lleva al extremo la lucha entre la burguesía y el proletariado, por eso se declara a favor del libre comercio para acelerar la revolución social.
En los Estados Unidos existiría una corriente contracultural, no irracional, y hasta de vanguardia que vio en Trump una suerte de ariete capaz de dinamitar la sociedad actual. Es curioso porque en esto coincidiría con la izquierda contracultural de los años 60 y 70. Como muchos han señalado, desde hace tiempo hay una derecha que se apropió de la irreverencia y de la transgresión, mientras la izquierda se hizo políticamente correcta. La prevalencia de la izquierda entre los jóvenes siempre obedeció a que llevó a la práctica una contracultura desafiante, experimental, por cierto distinta de la izquierda puritana actual que censura y estaría a la caza de brujas o de pecados del machismo, del colonialismo o de los “transfobos” (transgénero y de género diverso) en las distintas elaboraciones culturales. No hay duda que la relación de la izquierda con los límites morales cambió (también la derecha) y se opone a que nadie manche sus conquistas de los años 60, en consecuencia esto la convierte en blanco de rebeldías. El nuevo “situacionismo” de ultraderecha o “aceleracionismo”, cree que hay que destruir la sociedad actual. En efecto, pretenden que los conflictos del capitalismo extremo y de la tecnificación de la sociedad que enerva a la izquierda, se aceleren. Así tenemos el supremacismo blanco, el cambio cambio climático, las elites del poshumanismo, el fin de la democracia y el republicanismo (en su lugar gestionar los países como si fuesen grandes empresas o compañías comerciales). En fin, estos sujetos sueñan con una utopía antidemocrática, que a su vez sea post-humana y tecnológica.
En lo que hace a los libertarios, muy de moda, procuran abarcar la política, la economía, el derecho, la filosofía moral y la cultura. También aquí encontramos tendencias encontradas y sobran las contradicciones. Para Noam Chomsky las ideologías libertarias serían “fascismos corporativos” porque dejan todo en manos de empresas privadas y, las formas más radicalizadas como el “anarcocapitalismo” nunca lograrían funcionar por ser excesivamente teóricas y alejadas de la realidad. A propósito de la realidad, de esa existencia verdadera y efectiva, Aristóteles para confrontar con su maestro Platón dijo “La realidad es la única verdad”. Kant remontó esa idea en el Siglo XVIII y, en 1948 Perón adoptó la frase que hoy repiten como sonsonete muchos de sus seguidores: “La única verdad es la realidad”, evidente tautología, pero que forma parte del ideario o catecismo del general y que no admite discusión.
Tengo en claro que una cosa es ser antisistema y otra estar contra “este sistema” y aspirar a reformarlo. Porque convengamos que cuando los denominados antisistema llegan al poder deben asumir la responsabilidad de administrar el sistema… Boris Johnson es un antieuropeísta y condujo a su pueblo al Brexit. Trump está contra el Estado y desde la Casa Blanca no hizo más que sembrar caos. Y podríamos seguir con los ejemplos. Como decía un periodista, si uno está contra el sistema debería ser coherente y rechazar cualquier beneficio que el sistema le ofrezca. Si se es anticapitalista no debería acudir a los bancos ni tener tarjetas de crédito.
No quiero cerrar la nota sin alguna referencia al “vacunagate”, fenómeno que no solo es local y, éste no debería ser un argumento para trivializar el hecho entre nosotros. Para los analistas de nuestro medio la situación puso al descubierto la desigualdad de naturaleza feudal que existe en la Argentina, mostró que en el país la política forma una casta. En realidad hace varios años que vengo hablando de la “casta política” que tenemos y padecemos, por eso no me sorprende. El gobierno hace lo imposible para disimular y dar excusas de este destape, incluso habla de un “error”. Para mí es de suma gravedad moral y no me importa si no está contemplado en el código. No estoy de acuerdo en que no haya sanciones, sobre todo si tenemos en cuenta que mucha gente que está en riesgo no pudo vacunarse porque otro que no lo estaba se apropió indebidamente de su vacuna que fue pagada con fondos públicos e incluso algunos perdieron la vida. Un penalista en una carta de lectores decía que el actuar de estos políticos, muchos de ellos funcionarios del Estado, ha revelado un comportamiento delictual. El reproche legal debería instrumentarse y es necesario evitar confundir a la población. Seres humanos murieron sin que les diésemos la oportunidad de estar vacunados y por consiguiente en mejores condiciones inmunológicas para enfrentar el virus. Tengo entendido que la ley penal contemplaría que sea reprimido el funcionario público que cayese en esta falta. Basta de hipocresía, esto no es responsabilidad de los medios, tampoco de la oposición, sino de una mala gestión en un país donde existe una casta dirigente que se maneja con total discrecionalidad moral y jurídica, y en donde hay súbditos en lugar de ciudadanos. En España el general jefe del Estado Mayor tuvo que renunciar al descubrirse que lo habían vacunado saltando el orden sanitario establecido.
La cantante estadounidense Dolly Parton es la contracara de esta miseria moral, pues esta cantante country de 75 años, donó el año pasado un millón de dólares al laboratorio de la vacuna Moderna para investigar y producir la vacuna que le acaban de aplicar la semana pasada, cuando le llegó su turno.

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