• Nota biográfica de Roberto Miguel Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

~ Blog sobre Crítica Cultural / por Roberto M. Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

Archivos mensuales: diciembre 2018

Los intelectuales y los políticos: una coincidencia de narrativas

18 martes Dic 2018

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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El estar dotado de un bagaje cultural, de cierta gimnasia reflexiva y también discursiva, así como tener la oportunidad de expresarse en los medios acerca de los problemas sociales, la marcha de los asuntos públicos o el curso de la historia, a uno lo convertiría de hecho en intelectual. Ahora bien, el término es muy amplio, pues en este escenario aparecen desde los especuladores financieros al estilo de George Soros hasta los escritores revolucionarios como el sacerdote Ernesto Cardenal. En efecto,un espectro visible donde podemos hallar a pensadores de visión ultra conservadora,  progresistas radicalizados, intelectuales de salón que desprecian la cultura popular,  académicos con expresión de angustia crónica(a veces no es más que una pose), y aquellos que nos fatigan con su empedernido pesimismo. Claro que no faltan los filósofos irreverentes, como lo fue Jean Paul Sartre y quien pese a sus no pocos errores luchó hasta el último momento de su vida contra la cultura hegemónica. Hoy por hoy la hegemonía burguesa se sostiene tanto en los medios de comunicación como en las instituciones culturales del Estado. Y tecnócratas e intelectuales son tentados por los beneficios de llevarse bien con el gobierno de turno, para ello emplean un lenguaje técnico y edulcorado como: “ajustes estructurales”, “flexibilidad laboral”, “capital desnacionalizado”, “reingeniería laboral”, “retención de talentos”, “capital humano”, y tantas otras denominaciones que solo pretenden ocultar las políticas que se tejen a espaldas de los intereses del hombre de la calle. También están de moda palabras como: “disrupción”, “innovación”, “empatía”,reinvención”, y los que hacen uso y abuso de ellas no ocultan la satisfacción de hallarse a la altura de los tiempos. Pero en cuestiones de prioridades temáticas, algunos omiten referirse a las desigualdades que vulneran la dignidad humana, como la pobreza o el hambre, males que por supuesto nada tienen que ver con ellos, y eluden hábilmente referirse a los problemas relacionados con las migraciones, la raza o el género. 

La vida se desenvuelve entre historias que contamos y narraciones sobre hechos y sucesos que escuchamos. Todos lo hacemos, claro que sólo algunos logran narrar con talento y cierto arte literario. Con la conversación, hoy en retirada frente a los medios electrónicos que nos relacionan a través de una pantalla, también sucede algo peculiar y, advertimos la decadencia del arte de la conversación. ¡Qué sería de los procesos de hominización y de humanización sin la existencia de la palabra! Al hombre se lo considera un animal dotado de palabra. Pero las palabras deben ser seguidas de hechos como sostenía Demóstenes, el gran orador y político ateniense, sino carecen de valor.

Los organismos internacionales, por su parte, poblados de tecnócratas, elaboran recomendaciones y líneas de acción, como es el caso de establecer una línea de pobreza de manera arbitraria, mientras se cuidan de pronunciar palabra alguna sobre la corrupción o los desastres ocasionados por ciertas privatizaciones, donde la falta de transparencia y el incumplimiento de los contratos están a la vista. Cualquier ciudadano medianamente inteligente advierte que a los problemas vitales de las clases bajas, ahora se le suman las clases medias, y constituyen  una tragedia, pero nada efectivo se hace, en todo caso el futuro individual dependerá de tener o no suerte. En consecuencia,no tendría sentido que los intelectuales de nota que viven en los medios, que son premiados y gratificados por el poder, pierdan el tiempo (y sus privilegios) criticando a los que suelen cobijarlos, y si se les escapa alguna crítica, no dejará de ser una crítica ocurrente, simpática, como las que se hacen entre amigos. En efecto, estos intelectuales suelen besar la mano del amo, que al fin de cuentas es quien les da de comer.

El parque temático de los intelectuales de nuestros días suele cruzarse con el parque temático de los políticos, y en ambos hallamos a los que cultivan la provocación, los que generan escándalos, los que cuando yo era chico se llamaban intelectuales o políticos de barricada, los que se autoproclaman custodios del orden, la fe y las tradiciones, los que representan la “voz del pueblo” y, por supuesto, siempre hubo y habrá oradores y escritores cortesanos. No están ausentes los que con una dudosa preparación desmenuzan la realidad (la única realidad) desde la columna de un semanario de peluquería o de una revista dominguera, y no olvidemos a los que tienen más vocación de comisarios políticos que de intelectuales. En fin, en esta variada taxonomía habría que incluir también a los que se sitúan en el anti-intelectualismo. La simulación y la disimulación son dos fenómenos siempre presentes. Hay quien simula ser estudioso de las obras de los grandes pensadores, a quienes jamás leyó (en el mejor de los casos recurrió a textos breves de segunda mano) e invoca esas fuentes de sabiduría para darse lustre, mientras revela su impostada preocupación por la defensa de los derechos humanos (conozco personalmente a algunos de estos farsantes). Pero también están los que disimulando sus privilegios (para ellos derechos adquiridos) esgrimen un discurso de igualdad social en el que jamás creyeron, sin embargo les resulta efectivo ante la masa de crédulos.

Pienso que la mimesis de algunos obedece a la reconocida autoridad que la condición de intelectual supone, a la cercanía del fuego sagrado, o a la consideración social que despierta, aunque tengo la impresión que en los últimos tiempos esto ha cambiado de manera sustancial. En efecto, el intelectual solía ser considerado un individuo importante, por sus saberes y capacidad de raciocinio, era admirado por su habilidad discursiva,condiciones que lo habilitaban para ver aquellas situaciones que muchos no alcanzaban a desentrañar, y luego las exponía ante el público con claridad y sencillez. Desde ya que podía equivocarse, pero se le perdonaba porque era honesto. De todas maneras, el intelectual nunca estuvo obligado a ser un clarividente, tampoco lo está el político, a pesar de que muchos lo presumen.Hay quienes insisten en que el papel del intelectual sería hablarle al poder con la verdad, y esto no es más que un cliché. Noam Chomsky ha desmentido enfáticamente ese cliché: el poder ya conoce la verdad y está ocupado tratando de ocultarla, y los que necesitan la verdad no son los que están en el poder sino aquellos a quienes el poder oprime.

A la figura del intelectual se la asocia en ocasiones con uno de los siete pecados capitales: la soberbia, sobre todo cuando se esfuerza por hacer patente una opinión ideologizada que pretende elevar al altar de las verdades eternas. En cuanto a la figura del político, hoy se la asocia con la del “mentiroso compulsivo”. Éste es el triste panorama de nuestros días, donde además asistimos a la lucha por conseguir la atención del otro, en lo posible varias veces al día, ya que sería una forma de existir,  la prueba la hallamos en la vidriera de Facebook y en los que viven tuiteando al instante, en consonancia con lo que les pasa en ese momento por la cabeza, sin detenerse a realizar un análisis meditado para luego dar una opinión responsable, por eso Goethe decía que no era prudente confiar en las palabras que se pronuncian en momentos de emoción.

Las divergencias siempre existieron, no hay que temerles aunque  nos incomoden. Desde ya que es imposible que todos estemos de acuerdo en todo, por eso las discrepancias son naturales. Pero lo que me preocupa es que la racionalidad se haya convertido en una rara moneda de cambio. Gobernantes y políticos, así como sus acompañantes en esa suerte de élite adscripta al poder, procuran disfrazar sus soliloquios de discurso liberal y democrático, donde no habría lugar para las dudas. Lo que sucede es que cultivan un pensamiento único y adoptan una actitud absolutista. Una mirada panorámica del planeta, detecta un clima enrarecido y descubre fuertes posturas intolerantes, prácticamente en todas partes. Me resulta llamativo que en países considerados tradicionalmente democráticos,culturalmente evolucionados, donde la justicia no sería una caricatura, surjan ciertas complicidades morales en amplios sectores de la población, como también actos cuasi-mafiosos, no sólo en la política, también es comprobable en ámbitos empresariales y sindicales, militares y religiosos, y hasta en los tres niveles de la educación, incluyendo a las instituciones académicas y las sociedades científicas. Y esto pasa en el mundo de hoy, pese a que nos cueste aceptarlo, más allá de los discursos de progreso, justicia y altruismo que se proyectarían en un futuro imaginario. En fin, no es difícil registrarlo si existe interés, pero tengo la impresión de que a poca gente le interesa.

Los antiguos demagogos y los modernos populistas sabían y saben explotar hábilmente el descontento, la ira, el mal humor por las dificultades vitales, apelando a una narrativa engañosa, que nada tiene que ver con la literatura de ficción que a menudo nos ayuda a escaparnos de esta cotidianidad opresiva para el espíritu. De allí que algunos prefieran vivir fuera del mundo o tal vez en su propio mundo.

Reverdecer del anarquismo II

05 miércoles Dic 2018

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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El artículo anterior sobre el Anarquismo dio lugar a varias opiniones y dudas, por eso procuraré mencionar algunos hechos que estimo de interés. Por otra parte, desde hace semanas medios locales denuncian protestas callejeras y también delitos cometidos por individuos violentos que serían anarquistas, incluso se habla de “neoanarquismo”. En efecto, con la reunión del G-20 han coincidido movimientos antiglobalización -siempre presentes en estas reuniones- con activistas venidos de otros países y, movimientos locales que reclaman por la mala situación social y económica del país.

En la historia universal es una constante la tentación de ciertas élites convencidas de que tienen derecho a gobernar, de que el poder les pertenece, aun teniendo en contra la voluntad de las mayorías, y logran imponerse por cualquier medio al que procuran darle una pátina de legitimidad. El Estado como institución que detenta el poder sobre una región y sus habitantes existe como tal desde la Edad Media. Pero la autoridad en la etapa más primitiva de nuestra civilización estuvo representada por grupos familiares de tipo patriarcal o matriarcal. En la antigua China el Taoísmo habría sido una fuente de esta corriente y, en Grecia se reconoce a los estoicos y su mentor Zenón, quien predicaba “la soberanía moral del individuo”. La visión de Zenón difiere de la de Platón, con su utopía de La República. Zenón pretendía una comunidad libre, sin gobierno. Una idea seductora, sobre todo cuando uno es joven y observa cómo el Estado interviene en la vida de los ciudadanos, regulando no siempre de manera equitativa, defendiendo intereses espurios, siendo perjudicados los más débiles. A pesar de todo, no creo que la solución sea un mundo sin Estados, tampoco la existencia de Estados autoritarios o dictatoriales. Habrá que ver cómo se replantea el problema.

Claro que si esto pasa con las instituciones del Estado donde la transparencia y la equidad deberían ser la regla, no nos debe sorprender lo que hoy sucede con muchas instituciones privadas. Recuerdo que hace varios años, le comenté a un amigo jurista y hombre de emprendimientos uno de mis proyectos institucionales, luego frustrado por falta de colaboración pese a que fue muy elogiado. Yo estaba entusiasmado con lo que podíamos construir, pues, era un proyecto innovador. Pero después de escucharme dijo: “lo veo demasiado democrático”, y añadió: “más allá de que todos opinen las decisiones las debe tomar una sola persona, no un cuerpo colegiado, porque el peligro está en la anarquía y eso es caos”. Mi amigo, de alguna manera, delineaba lo que acontece con el poder en todas partes. De allí que Bakunin sostuviese que el poder corrompe, aún a los mejores. El doctrinario anarquista decía que el Estado y la religión a través del miedo privan de la libertad al individuo y terminan por esclavizarlo. El ejercicio de la libertad y la protección de la propiedad privada son sin duda dos temas fundamentales en la dialéctica política de la modernidad. Los “anarco-socialistas” sostienen que la propiedad de los bienes de capital y el pago de un salario por el trabajo constituyen una “agresión”. En principio, dudo que los bienes de capital y el trabajo sean en todos los casos una agresión, habrá que examinar cada situación. En la Europa del Siglo XVI los precursores religiosos del anarquismo moderno fueron los anabaptistas, pero las raíces filosóficas hay que buscarlas en el Renacimiento, en la Ilustración, en el liberalismo clásico. Luego de la Revolución Francesa, el anarquismo se dividió en una corriente individualista con Max Stirner y otra socialista con Proudhon, de ésta última saldrían las escuelas económicas colectivista de Bakunin y comunista de Korpotkin.

Como hice mención en el artículo anterior, en la historia del anarquismo moderno es inevitable remitirse al movimiento obrero por su acogida en la clase trabajadora. La Escuela de Salamanca en el Siglo de Oro habría sido un precedente filosófico, jurídico y económico del liberalismo libertario. Como era previsible, el anarquismo prendió muy fuerte en los sindicatos, al punto que se habló de “anarcosindicalismo”. Aquellos sindicalistas desafiaron abiertamente a la autoridad e insistieron en que ésta debía justificarse a sí misma. Era un movimiento utópico, además de desestructurado.

El catalán Josep Termes decía que el anarquismo surgió de un frente obrero ante un  contraste brutal entre ricos y pobres, que llevó a generar un modelo de vida diferente, en donde se evitaba alimentar otras ideologías, y se le daba cabida a la educación sexual, el esperantismo, la práctica vegetariana, el naturismo. Al frente del movimiento siempre estuvieron los obreros, jamás hubo intelectuales, más allá de que los anarquistas los buscaron. El marxismo, en cambio, en toda época contó en su dirigencia con intelectuales de fuste. Claro que es probable que muchos intelectuales no hayan querido participar por el miedo al radicalismo anarquista, que llegaba a plantear una conducta extremista, pues, la revolución debía ser ya, y tal vez allí residió el motivo de su fracaso. Los socialistas no tenían premura, consideraban que a la revolución se llegaba luego de un largo proceso, como puede ser las elecciones democráticas. En España el anarquismo aglutinó al campesinado de Andalucía, al sindicalismo en Cataluña -principalmente Barcelona- y, finalmente al movimiento que se desarrolló en Zaragoza. Ellos tuvieron un papel importante en la lucha contra el nacionalcatolicismo. En aquella época, anarquistas armados por un lado y mercenarios pagados por dueños de empresas por otro, fueron responsables de muchos asesinatos políticos. He leído que al finalizar la Guerra Civil miles de anarquistas habrían sido ejecutados.

Entre los seguidores del francés Proudhon, conocidos como federalistas, el más famoso fue Francisco Pi y Margall, que llegó a ser calificado como “casi un anarquista”. Las clases trabajadoras de la época fueron muy permeables a esta ideología que combatía la opresión de un Estado que actuaba de manera brutal y que además era corrupto, así como también combatía a la opresión que sufrían desde el capital y la religión. Los anarquistas buscaban un cambio revolucionario que trajese una estructura social sin gobierno, mediante la participación directa desde abajo que daría la legitimación necesaria y, una dirección colectiva y democrática de los medios de producción. Hubo una organización española que dio origen a lo que se llamó el “anarco-feminismo” y fue Mujeres Libres, que se caracterizó por luchar contra el fascismo y también contra los propios anarquistas que consideraban a las mujeres esclavas de los hombres. Ellas pretendían reivindicar sus derechos, superar la ignorancia en que vivían, mejorar las condiciones de trabajo y también defender su condición sexual.

A principios del Siglo XX Rosario presentaba una importante concentración obrera ligada a las exportaciones, era la segunda concentración obrera de la Argentina, y los trabajadores según apuntan las crónicas de la época eran sometidos a duras condiciones de trabajo, por eso allí se hizo la primera huelga a nivel nacional y, simultáneamente se propagó la idea de supresión de toda autoridad (acratismo), al punto que entonces Rosario fue llamada la “Barcelona del Río de la Plata”. Entre los años 1920 y 1930 los obreros anarquistas chocaron con el fascismo, fue una lucha cuerpo a cuerpo, a partir de allí comenzó a decaer. En efecto, el fascismo ganó la batalla. Varias décadas después surgieron los hippies (reencarnación de los antiguos cínicos), el Mayo Francés, la antipsiquiatría, el ecologismo, los movimientos antiglobalización, así como otras manifestaciones sociales y culturales que en el fondo mantienen vivo ese espíritu ácrata.

Osvaldo Bayer es quizás el intelectual argentino más representativo del anarquismo local actual. Uno podrá estar en desacuerdo con él en lo que atañe a algunas de sus tesituras políticas, pero su investigación histórica está documentada, tiene avales y puede verificarse. La lucha contra la figura del general Julio Argentino Roca como también del coronel Federico Rauch, no es pura ficción, por más que disguste a los defensores del “relato oficial”. Él dice que con Roca y la Campaña del Desierto no solo se cometió un genocidio sino que se restableció la esclavitud, bástenos con leer los avisos en los diarios de la época donde se anunciaba la entrega de indios a familias (…) Una época de negociados con las tierras y apogeo de la corrupción. Pero Belgrano y San Martín consideraban que en la lucha contra el indio no era necesario masacrarlos.

Hoy han cambiado muchas cosas, sin embargo no la indignación que encendió los ánimos de los anarquistas. Tal vez sea más visible porque ya no solo se trata de las clases bajas, que siempre vivieron mal y se las ignoró, ahora el problema reside en las clases medias, donde muchos de los que apoyaron a la globalización, luego de dos o tres décadas cayeron en la cuenta de que fueron estafados. Por eso no solo es el populismo, fenómeno que no es nuevo, pues estaba presente en el Imperio Romano. La estrategia es aprovechar el descontento de amplias franjas de la sociedad y proponer medidas muy simples untadas con ideas farragosas. La preocupación aumenta y advertimos ciertos peligros. No es necesario mencionar los ejemplos, todos los tenemos en la cabeza.

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