• Nota biográfica de Roberto Miguel Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

~ Blog sobre Crítica Cultural / por Roberto M. Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

Archivos mensuales: septiembre 2017

Luces y sombras en el marketing académico II

25 lunes Sep 2017

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Desde que ingresé a la universidad no bien finalicé el bachillerato, intuí que ésta sería mi segunda casa y, lo ha sido y lo es junto con el hospital, dos instituciones con las que me siento plenamente identificado.  Por eso mi mejor homenaje fue, ha sido y es tener una actitud crítica frente a sus desvíos y no caer en un silencio cómplice. Ello me ha acarreado no pocos problemas, pero confieso que también ha sosegado mi conciencia.

Durante el Medioevo el centro del conocimiento y de los estudios superiores recayó en la teología, siendo sustituida en la modernidad por la filosofía. Ya en pleno Siglo XX ese lugar pasó a ocuparlo la ciencia, llegando hasta nuestros días. Claro que hoy aparecen varios factores ligados a la ciencia, la técnica y otras disciplinas que pretenden modificar lo que yo llamo el alma de la universidad o el espíritu de la vida universitaria.

A través de la universidad los académicos han conseguido del Estado no pocas concesiones. Con la caída de Napoleón, la Universidad de Heidelberg reivindicó para Alemania la custodia de la filosofía así como de la expresión total del espíritu y, una vez más el pretendido monopolio del pensamiento y de la sabiduría terminó alimentando el mito. Nietzsche advirtió cómo el arte y la filosofía se estaban alejando de la universidad, porque las estructuras que sostienen a la sociedad burguesa se reproducen dentro de esta institución. En concreto, se trataría de un modelo intelectual libre solo en apariencia, pues, en el fondo termina siendo represivo. Martin Heidegger defenderá esa visión de la gran Alemania como cúspide del pensar filosófico, siendo criticado por su proximidad al régimen nazi. Thomas Mann, premio Nobel de Literatura, fue considerado el escritor alemán del momento, un intelectual de la alta burguesía que intentaba superar su naturaleza de clase y se consideraba el heredero natural de Goethe. Mann denunció la complicidad de la universidad con el nacionalsocialismo, por eso perdió la ciudadanía alemana y debió exiliarse. Y de ser una gloria literaria pasó a ser un apátrida. Él acusó a la burguesía de su país de no haber sabido defender la cultura y sus valores.

La universidad  como templo del saber es el punto central y perceptible del mito. Sin embargo, con los tiempos que corren hay cambios que ponen en duda su legitimación, pues, ya no existe la solemnidad institucional, ni el sentido reverencial de sus estudios, ni los profesores son sometidos a la dura carrera de obstáculos que imponía la cátedra como sacerdotes del templo del saber y, es indudable que cierto facilismo llena las aulas. El mercado, que desconoce cualquier límite, se ha metido de lleno en los claustros y la gestión y el marketing son elementos primordiales. Tal es la influencia que hoy el lenguaje de la universidad es el lenguaje de la empresa.

El acceso masivo produjo la imagen de una fábrica de profesionales, imagen más ligada a la industria que a la cultura. Para peor el destino laboral de estos jóvenes profesionales hoy resulta incierto en todas partes, habiéndose convertido en un dudoso medio de ascenso social. Los que no ven el meollo del problema social quieren resucitar viejas luchas ideológicas a manera de trampa. La puja entre la educación estatal y la de gestión privada sigue vigente, como si el estado de la cultura y el acceso a una educación de calidad sólo se diesen allí. Por su parte el Estado pretende que la racionalidad de la universidad coincida con su propia racionalidad, a lo que debemos añadir que hoy la lógica imperante es la lógica del mercado. Un pragmatismo extremo convierte a las universidades en meras escuelas profesionales, carentes de visión universalista y desnaturalizando su verdadero sentido. La crisis que se da en su interior, en consonancia con la crisis social y de la cultura, revela también la decadencia. La institución no debería estar destinada al control social y la supuesta autonomía institucional no puede enmascarar los problemas de fondo. El saber, supremo principio, termina siendo negado en el orden social y apenas sobrevive en la abstracción de la teoría.

Ante este panorama sombrío pienso que la universidad necesita replantearse y recuperar su prestigio a través del rigorismo de su quehacer específico, pero también de la articulación de la cultura científica con la cultura humanística, donde la tecnología es un medio al servicio del hombre y no éste un elemento al servicio de la máquina.

Lord Byron fue muy elogioso con Madame de Staël. La decimonónica Biographie Universelle la consideró “le Voltaire  féminin”.  Ella fue una adelantada a su tiempo y encarnó el papel de la mujer intelectual europea. Su salón era uno de los principales cenáculos literarios y políticos de París. Durante la Revolución Francesa apoyó a Talleyrand, un personaje controvertido y seducido por el poder, y con la caída de la monarquía (ella era baronesa) se refugió en Suiza, donde participó del naciente movimiento romántico. Las crónicas dicen que solía llevar un enorme turbante sobre su cabeza y, Heinrich Heine llegó a sostener que ella quería presentarse a sí misma como la sultana del pensamiento. Transcurrieron más de diez años para que pudiese retornar a Francia. Napoleón la fascinó, pero el corso desconfiaba de una mujer que además de tener talento se dedicase a la política y ordenó que se alejara de París. Con ella el salón se mudó a su palacio en Coppet y continuó en ese cantón suizo con su producción literaria. Para Madame de Staël Alemania ocupaba el centro de Europa y era la patria del estudio y del pensamiento. Con su gusto refinado ejerció una suerte de monarquía en materia literaria. El culto por Alemania tuvo una influencia decisiva en la tradición romántica. Entonces las universidades del norte de Alemania eran consideradas las más eruditas y por eso algunos autores consideran que con ella nace el mito de la universidad. Su obra Alemania fue prohibida por Napoleón, pero tres años después se editó en Londres;  allí presentará una interesante perspectiva sobre el contraste entre kultur a la alemana y civilisacion a la francesa, tema que luego ocupará a muchos teóricos. Esta discusión tomó altura durante la Gran Guerra, donde también fue evidente un frente de batalla entre los intelectuales alemanes y los franceses. La kultur procedería de la esencia nacional y sería precisamente la cultura alemana, mientras que la civilisacion excedería el campo nacional y acentuaría lo que hay de común en todos los seres humanos. Partidarios de una y otra teoría se cruzaron y, finalizada la guerra,  la polémica no cesó. Luego de la Restauración Madame de Staël regresó a Francia y allí murió. Pero el mito de la universidad surgido con ella continuará con Wilhelm von Humbolt, para quien la institución era la cumbre de la formación humanista. Hegel la consideraba el reino del pensamiento y el templo de la verdad donde el filósofo es el sacerdote, idea coincidente con la que tenían Heine, Nietzsche y otros pensadores.

En Francia el sistema universitario fue obra de Napoleón, donde se cuela la burguesía y entonces se forma una aristocracia intelectual en mérito a la capacidad y no al privilegio de la cuna como era tradicional. La materia fundamental, eje de la vida universitaria, tanto en Francia como en Alemania todavía era la filosofía, que terminó convirtiéndose en el nexo entre la institución académica y el Estado. Schopenhauer criticó la filosofía universitaria, las concesiones que Hegel y sus discípulos obtenían del Estado, la falta de crítica de los estudiantes que se someten al discurso del profesor, así como el lucro, ciertas maquinaciones y mezquindades académicas. Parecería que Schopenhauer viviese y denunciara lo que sucede con la universidad de la posmodernidad.

En el Renacimiento las universidades europeas competían por contratar a los maestros más célebres, así muchas generaron su prestigio. Hoy los medios publicitan los rankings de las distintas universidades del mundo como si se tratase del listado de los mejores deportistas. Rectores y decanos hacen declaraciones altisonantes que la realidad niega. El trasfondo de estos rankings es el negocio. Se trata de una modalidad marketinera que surgió con el nuevo siglo. Hace poco me hallaba en Zúrich frente al Instituto Politécnico donde Albert Einstein estudió y luego fue profesor, y me preguntaba si los que allí asisten podían llegar a pensar que al egresar tendrán la talla intelectual de Einstein (…)

Luces y sombras en el marketing académico

15 viernes Sep 2017

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Hace unos días me sorprendió, como todos los años, el día del maestro. Los saludos que habitualmente recibo ese día de algunos que fueron mis alumnos hace muchos años y también de colegas que hicieron la residencia bajo mi dirección, son demostraciones de afecto muy gratificantes y, siempre me llevan a reflexionar acerca de qué es ser maestro. Estoy convencido que el magisterio es una especie de habilidad especial, de gracia, o de don como antes se decía. En mi caso, la docencia de grado como la de postgrado me atraen por igual, a ambas me dediqué y lo sigo haciendo con entusiasmo, claro que esto ha despertado críticas de aquellos que consideran que uno debe tocar sólo una cuerda. Jamás lo entendí. Por otra parte, en medicina a algunos se los considera “maestros” porque los pares le otorgaron un diploma o premio que los acreditaría como tales. No nos engañemos, la genuina condición de maestro surge del reconocimiento de los alumnos y de los discípulos, no de los pares, pues, aquí es frecuente que surjan ciertos tejemanejes políticos y terminen considerándose maestros a quienes nunca hicieron escuela. Pero claro, en la sociedad actual, muchos se empeñan en parecer lo que no son y el marketing los ayuda. El mundo académico no es una isla, como algunos creen, el marketing y los conflictos de intereses están muy presentes, es por eso que existen muchos claroscuros y que es tradicional que no falten las intrigas, los celos, las traiciones, en fin, las puestas en escena donde  las cortesanas y los besamanos se mueven con soltura bajo la mirada atenta  de algún régisseur.

La vida me dio la oportunidad de tener maestros, lamentablemente ya no están aquí físicamente, sin embargo los tengo presentes en mis comentarios, los recuerdo con afecto y soy consciente de todo lo que les debo. Sé que hay deudas que jamás se saldan y por cierto he acumulado tantas deudas intelectuales que perdí el registro. Con algunos no logré tener un trato personal, pues, había una cierta distancia. Claro que también están aquellos que no los vivimos como de carne y hueso porque se hallan lejanos en el tiempo, la geografía o incluso hemos tenido que recurrir a la ayuda del traductor para acceder a sus textos, pero de todas maneras son nuestros maestros porque los escogimos y seguimos sus enseñanzas. ¿Acaso quien dedicó buena parte de su vida a estudiar a Platón no tiene derecho a considerarse discípulo del filósofo griego?  Por otra parte, no está bien visto quien suele recurrir a lecturas de segunda mano, es imprescindible ir a los textos originales, sin embargo no siempre se puede. Quien lee una traducción de Dostoievski  o de Chéjov porque no domina el ruso, está leyendo un texto que pasó por el tamiz de otro escritor y,  ésta es también una forma de lectura de segunda mano.

La semana pasada en un café de Milán, ciudad que no visitaba desde el 79, leía Il corriere della sera, periódico que solía leer todos los domingos, hasta que un día lo abandoné. Recuerdo cómo me atraían los artículos de Indro Montanelli, podía no siempre coincidir con sus planteos, pero intelectualmente era honesto y sin duda un escritor brillante. Montanelli fue un maestro del periodismo italiano y murió en el 2001. Dirigía el diario que era propiedad del impresentable Silvio Berlusconi, y comentan que cuando il cavaliere aparecía, evitaba subir al piso donde tenía su despacho Indro porque éste se había negado a poner el periódico al servicio de su campaña política. Montanelli  representó a una intelectualidad que prácticamente ha desaparecido como por arte de magia. Pero el café donde leía y conversaba con mi mujer, estaba frente a la Piazza Loreto, donde en 1945 Benito Mussolini, luego de ser ejecutado por partisanos, fue colgado por los pies junto a su amada Claretta y otros jerarcas fascistas. Hoy en ese lugar nada recuerda el hecho. Algunos italianos me han dicho que prefieren no recordar esa época, es una historia que les duele, aunque me consta que no pocos procuran revivirla, invocando  une histoire à la carte y, anunciando el retorno de sus ideas.

Al día siguiente fuimos a la Scala de Milán. El maestro Arturo Toscanini fue el director más joven que tuvo el prestigioso teatro, quien debió exiliarse antes de que Italia ingresara a la Segunda Guerra Mundial por negarse a tocar el himno fascista Giovinezza, que debía preceder cualquier acto por decreto de Mussolini. En efecto, luego de varios encontronazos con el régimen y de haber irritado a Il Duce, Toscanini fue agredido por unos fascistas y viajó a los Estados Unidos, retornando en 1945, finalizada la guerra. Eran tiempos de los nacionalismos, arrogantes, violentos y dictatoriales, no sólo en Europa, y uno de los slogans que más circulaba en la Italia fascista era: Il Duce ha sempre ragione. Claro, para los acólitos el conductor de un movimiento nacionalista jamás se equivoca y, esto forma parte de la liturgia aunque también del negacionismo actual.

Giovanni Gentile, amigo y colaborador de Benedetto Croce, llegó a ser el Ministro de Instrucción Pública de Benito Mussolini, de quien también era amigo. Algunos lo llamaron el filósofo del fascismo. Él proponía la “dialéctica del pensamiento pensante”. Pero no faltaron los que acusaron a este profesor universitario de  ser un “corruttore di tutta la vita intelletuale italiana”, tampoco era bien visto por los jacobinos.  Gentile creía que Mussolini sería capaz de lograr la unidad nacional y que mediante la guerra Italia recuperaría el honor perdido. Nada de eso sucedió. El maestro Gentile llegó a presidir la Academia de Italia, a la vez que procuró alcanzar la concordia, la tolerancia y condenó la represión brutal, pues, al fin de cuentas él era un intelectual metido a político. Lo curioso es que muchos de los intelectuales antifascistas habían  sido sus alumnos y, si bien se habían adherido de entrada a su filosofía, luego se convirtieron al comunismo. En fin, Gentile fue un claro ejemplo del intelectual cercano al poder que a su vez resulta ser un militante tibio, y como todos sabemos, a los tibios no los quieren ni los unos ni los otros. Giovanni Gentile fue asesinado en 1944.

La ingerencia de la política en el mundo académico es un hecho patente, y podríamos remontarnos a la antigüedad para exhumar numerosos hechos que lo avalan, pero para referirnos al siglo pasado y el actual bástenos como ejemplo la adjudicación de los Premios Nobel. Al respecto, no dudo que muchos fueron y son concedidos con justicia, pero algunos dejan atrás un mar de dudas.

¿Algún escritor que recibió el premio de literatura ha superado en talento a Tolstoi, Kafka, Proust, James Joyce o Mark Twain? En mi opinión ninguno. Lo curioso es que estos maestros de la literatura universal no recibieron dicho premio. Es más, cuando se entrevista a algún escritor ganador y se le pregunta a quienes considera sus maestros, habitualmente cita a los mencionados.

En lo que atañe a los premios Nobel de Ciencias, al menos cinco descubrimientos cuya trascendencia es innegable no fueron reconocidos con este galardón: la primera tabla periódica de los elementos por Dmitri Mendeleyev; la www (Internet) desarrollada por Tim Berners Lee; la materia oscura observada por Vera Rubin y Kent Ford; el descubrimiento de la secuencia completa del genoma humano cuya técnica es mérito de Craig Venter; la muerte de los agujeros negros descripta por Stephen Hawking. Cómo es posible que estos descubrimientos hayan sido ignorados por el jurado.

Pero los Premios Nobel de la Paz son los que despiertan encendidas críticas por ser los más politizados. Mahatma Gandhi, considerado el mayor pacifista del Siglo XX no lo recibió, tampoco Florencia Nightingale, cuya tarea humanitaria fue reconocida con otras distinciones, pero si lo ganaron individuos que ni siquiera se les aproximaban en méritos, entre ellos varios presidentes de los Estados Unidos, además de Kissinger, Arafat, Beguin y otros casos en verdad chocantes. Cuando uno lee la lista completa comprende que no se lo puede tomar en serio.  Hace tiempo me hizo gracia una frase de autor anónimo que considera a la política como el arte de patinar sobre ruedas, pues, en parte uno va a donde quiere ir pero también a donde le llevan los malditos patines (…)

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