La lectura de la historia revela que frente a una narrativa oficial es habitual que surja una contranarrativa, generalmente con sordina, ya que a veces la censura y la persecución ponen en peligro la propia vida del autor. En este parque temático están los políticos que emplean una suerte de “narrativa circense”, fenómeno que ya existía en la época del Imperio Romano. Hoy los medios promocionan a Nicolás Maduro y Donald Trump, por dar un par de ejemplos, quienes persiguen de manera estentórea este tipo de espectáculo, pues, arman su coreografía política para consumo de las masas y procuran ser el centro de las noticias de cada día. Trump combate a la inmigración mejicana, pero durante la mayor parte de su vida calló que es nieto de la emigración ilegal. He leído que sus abuelos emigraron del pequeño pueblo alemán Kallstad. Durante la Gran Guerra su familia ya vivía en los Estados Unidos y se inventaron unos orígenes suecos, porque entonces era habitual ocultar la procedencia alemana. Donald admitió por primera vez su herencia germana en una entrevista con la revista Vanity Fair. Pero de ese pueblo también surgió otra dinastía, la de los Heinz, famosa por el kétchup y, en el pueblo éstos serían más queridos que los Trump porque donaron 40.000 euros para reparar el órgano de la iglesia, un acto de filantropía que al parecer Donald ignoró.
Hablar de los populismos está de moda. Las narrativas que procuran llegar emocionalmente a las masas, sin apartarse de la concepción de Manes, fueron y son empleadas por casi todos los gobernantes, sean de la izquierda, del centro o de la derecha. A los que tienen éxito con este recurso demagógico se los llama populistas.
Las narrativas imperiales dicen combatir el caos, la inseguridad, las injusticias y, en el caso de Occidente, privilegian la dialéctica de la libertad y la democracia. En la cronología de la invasión imperial a otro Estado o territorio esgrimiendo la defensa de estos valores, primero desembarcan las tropas que hacen el trabajo sanguinario, sucio, inhumano, detrás los empresarios que realizan sus negocios, frecuentemente non sanctos, y finalmente aquellos que tienen por misión enseñarle a los nativos la nueva lengua (la lengua del imperio). En síntesis, la fórmula imperial es: garrote, negocios y lengua, tal como acontecía en la antigüedad.
La denominada industria creativa hoy apuesta a la formula “transmedia”, es decir, para contar una historia se recurre a distintos medios como el cine, la TV, los videojuegos, los cómics e incluso las redes sociales. Matrix es un caso paradigmático de la narración transmedia, El cine ha sido y es un medio popular, pese a que en las últimas décadas le han surgido rivales que le restan audiencia Dicho sea de paso, vivimos el auge de las artes visuales y para éstas la imagen lo es todo, comprender lo que dicen las imágenes y lo que decimos de ellas es por demás interesante. La investigación avanza sobre las conexiones entre la teoría del arte, del lenguaje y de la mente.
La actriz londinense Helen Mirren, una mujer de talento, recuerda en una entrevista que en su juventud se sentía constantemente menospreciada como mujer, ya que advertía que sus libertades estaban restringidas. Reconoce que ha tenido suerte en la profesión, pero subraya su sentido del deber, su responsabilidad, así como no escuchar lo que los otros dicen de ella. En efecto, sostiene que lo bueno de hacerse mayor es que no tiene que aguantar toda esa mierda. Cuando le preguntan sobre el cine hollywoodense y el compromiso, dice que a éste no se le puede pedir que se comprometa si al mismo tiempo no se le exige a la sociedad que se comprometa. Coincido con Helen.
Uno de los primeros libros que leí en mis días de Madrid fue, La noche que llegué al Café Gijón, de Francisco Umbral, una crónica de época excelente, escrita en los 70 bajo la escrutadora mirada de Paco. Luego leí otros libros, pero el del Café Gijón hizo historia y para mí fue su mejor obra. En ese café funcionaba una tertulia a la que acudían los personajes célebres de la cultura madrileña, naturales o recién llegados del interior como era el vallisoletano Umbral. Manuel Vincent sostiene que la literatura más interesante de España durante el Siglo XX fue publicada en la prensa y que muchos de esos artículos eran escritos en los cafés. Pero no sólo en España, en otros países sucedía algo similar, la prensa fue el medio ideal para que los escritores, artistas, pensadores, escribieran sus crónicas o notas de actualidad y sobre todo vertieran sus opiniones, entonces había una cierta fusión con el oficio del periodista, época en que no existían o asomaban tímidamente las escuelas de periodismo. Esto también se daba aquí, en Buenos Aires. Schopenhauer, siempre actual, sostenía que todos quieren tener opiniones pero muy pocos son los que pueden pensar. En fin, Manuel Vincent recuerda que Camus decía que nuestras generaciones serán recordadas por ser las que se masturban y leen periódicos, claro que la diferencia actual es que casi no leen periódicos.
El cambio de época ha llevado a los cafés a incorporar Internet, añadiendo a sus servicios gastronómicos el uso de la Red. Si consideramos los tuits, los blogs y otros artículos de la cultura digital, veremos que se está elaborando una literatura por fuera de los medios tradicionales. Algunos, apegados al canon, se niegan a aceptar esta producción como literaria, pero yo creo que se quedaron anclados en el pasado y no toleran lo que les resulta extraño o no son capaces de dominar. Nunca se leyó tanto como en nuestros días, claro que a través del celular y las computadoras. En realidad, la queja de no pocos pedagogos y afines es que los jóvenes no leen aquello que deberían leer, y en este punto estimo que tienen razón. Entiendo que lo que forma parte de la denominada “alta cultura” puede no ser accesible o entendible para mucha gente, y también entiendo que para los millennials, esa literatura suele ser aburrida. En fin, habrá que ver de qué manera se les puede hacer llegar a estos chicos ese legado imperdible, porque allí reside el alfa y la omega de lo que llamamos Humanidad.
Las estrellas de la Red son los youtubers, que suben a YouTube sus videos y son seguidos por millones de adolescentes. Ellos saben captar la atención a través del humor, la autoayuda, los cómics, y hasta publican libros. Los booktubers insisten en diferenciarse, leen libros, los critican, y también publican sus libros.
La narrativa de la “innovación virtual” surge en muchos por la desilusión ante el mundo real, por ello prefieren escapar de sus insatisfacciones refugiándose en la realidad virtual. Lo interesante es que ahora hay dispositivos que combinan todos los sentidos, ya no solo se trata de la vista y el oído, pues, existen dispositivos que simulan olores, sabores y texturas, y como dice un amigo, nos están hackeando el cerebro. Pero también los hologramas, que conocimos a través de La Guerra de las Galaxias (Star Wars) en los 70, donde la princesa Leia comunicaba sus mensajes. Pues bien, hoy se pueden proyectar imágenes en tres dimensiones, a distancia, en colores, y prácticamente en tiempo real, en consecuencia la comunicación entre las personas a través de los hologramas en vivo puede cambiar la forma de percibir el mundo. Qué maravilla, estamos más interconectados que nunca, lástima que no logremos entendernos.
Las narrativas economicistas, a cargo de titulados tecnócratas capaces de hallarle una justificación científica y no punible a cualquier defraudación al erario, denominado público redundantemente, me recuerdan el metier de los prestidigitadores. Con sus monólogos ellos esgrimen el soporte ideológico y legal de la corrupción actual. Pero la crisis económica y financiera que persiste, resucitó a Keynes. Hasta Marx es citado por aquellos que negaban sus categorías. Surgen economistas disidentes como Thomas Piketty o Yanis Varoufakis que denuncian las trampas y los abusos del sistema. Para el legendario Régis Debray los grandes economistas han generado las guerras.
En conclusión, la palabra define al hombre, las frases y las oraciones estructuran un relato, y cuando desaparezca de la faz de la tierra la narración, sin duda desaparecerá la Humanidad.