• Nota biográfica de Roberto Miguel Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

~ Blog sobre Crítica Cultural / por Roberto M. Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

Archivos mensuales: noviembre 2025

La indignación: otra vuelta de tuerca

27 jueves Nov 2025

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Del Himalaya a Lima, la frase que hace mención de la rebelión juvenil que hoy desafía el poder de tres continentes. Las rebeliones suelen ser juveniles, como fue la Revolución Francesa (1789) protagonizada por jóvenes veinteañeros o el Mayo Francés (1968), así como otras célebres revueltas, más allá que a menudo haya detrás un viejo intelectual meditando, deliberando y, dando letra a los jóvenes. Me viene a la memoria Jean Paul Sartre: “No somos lo que nos hicieron, somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros” (determinarse por sí mismo), y para quien, “El infierno son los otros”.

Mi generación, bautizada “setentista” (teníamos entre 20 y 30 años), era muy lectora de Sartre, pretendía luchar contra la opresión, las desigualdades, e iba tras un proyecto sociopolítico que buscaba un cambio radical, al punto que creyó con fervor en la “revolución”. Generación mítica, catalogada de “generación derrotada” o “generación militante”, a pesar de que muchos no militábamos en política ni en movimientos radicalizados, sin embargo, teníamos opinión formada. No eran tiempos de tesituras tibias. La moral pública castigaba a los que cuestionaban el statu quo, aunque no eran pocos los que practicaban en la intimidad aquello que condenaban en público. A la rebelión juvenil le sobraban argumentos, pero equivocó la estrategia.

Recuerdo el opúsculo ¡Indígnate! de Stéphane Hessel (best seller), publicado en octubre de 2010, a los 93 años. Hessel, judío alemán, perteneció a la resistencia francesa y de adolescente fue lector de Sartre. Participó en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), y sostenía que el interés general debe primar sobre los intereses especiales. En ¡Indignate! se dirigía con afecto a las personas hacedoras del Siglo XXI: “Crear es resistir; resistir es crear”.

En 2011 los jóvenes de la generación Y (Millennials), protagonistas de la Primavera Árabe que luchaban por la libertad, mejores condiciones de vida y contra la corrupción, por primera vez se cruzaron con los jóvenes indignados de los países democráticos. Y Hessel convocaba a la rebelión pacífica. En muchos lugares del planeta, llegando al centenar, expresaron su indignación por los privilegios del sistema bancario, la corrupción y la injusticia social. La protesta produjo algunos cambios, pero la movilización fue desarticulada. El símbolo de los Indignados de New York era la máscara de Guy Fawkes (la película V de Vendetta-2006), que ocultaba la identidad de los manifestantes de la resistencia, máscara también utilizada por Anonymus, que luchaba contra la censura en Internet y pedía transparencia política.

En nuestros días, la primera generación ciento por ciento nativa digital es la generación Z, que usa nuevas tácticas de activismo político y comparte una profunda indignación, la que a las claras vuelve a resurgir. Estos jóvenes llegan a movilizar multitudes con las redes sociales, pero al no tener líderes desconciertan a los gobernantes. Pues bien, ahora como símbolo de resistencia anti-establishment, hacen flamear la bandera pirata del animé japonés One Piece. En efecto, jóvenes separados por miles de kilómetros comparten las mismas críticas frente a la corrupción, la desigualdad social, la represión. No confían en las elites, padecen la precariedad económica, y son conscientes del poder de movilización de las redes. En estos últimos meses, los medios nos han mostrado manifestaciones y represiones, en ocasiones brutales, que se han extendido por Asia, África y el continente americano, llegando a provocar renuncias y reformas por la ruptura del contrato social, las promesas incumplidas, la postergación de la meritocracia, la detención del ascensor social. Y lo cierto es que hoy millones y millones de adolescentes y jóvenes viven desesperanzados.

En Estados Unidos y la Argentina la generación Z está dividida, al extremo que muchos jóvenes con una posición antipolítica (la política ya dejó de ser un arte), y la necesidad de un cambio que les brinde un futuro promisorio, son atrapados por una suerte de “populismo cazabobos”, y manipulados por líderes outsiders (algunos con claras manifestaciones psicopatológicas). En efecto, líderes que dicen defender la libertad pero que usan el poder del Estado para combatir la libertad de los que piensan distinto. Procuran distraer la atención de los problemas vitales de la población, posándola con ira en enemigos escogidos estratégicamente y, con medias verdades (siempre más efectivas que una mentira completa), falsas estadísticas e invocando paraísos perdidos y retrotopías, logran éxito electoral. Tienen soluciones simples para todo (ignoran la complejidad) y cuentan con una maquinaria de propaganda que mantiene desinformada a la gente, mostrando una realidad apócrifa, manipulando las emociones (el blanco preferido son los adolescentes), y con una narrativa épica hasta aseguran que realizarán proyectos faraónicos. Me viene a la memoria la frase de Oscar Wilde: “Dale una máscara al hombre y te dirá la verdad”.

Para algunos analistas, esta generación Z cuestiona la formación universitaria y el trabajo tradicional, buscan trabajos híbridos con jornadas reducidas, forman parte de la precarización laboral con empleos freelance, glorifican el emprendedurismo, la innovación, el autodidactismo, y no pocos tienen por meta llegar a ser inluencer o desarrolladores de videojuegos. De todas maneras, me consta que son muchos los jóvenes Z que no participan de este esquema descriptivo, con los peligros que acarrea toda generalización…

Hoy la principal caja de resonancia de la generación Z en América Latina está en Perú, que ya lleva siete presidentes en la última década; la reforma del sistema de pensiones imponía cargas desproporcionadas a jóvenes y trabajadores independientes, además de denuncias por corrupción, hubo represión, y el Congreso destituyó a la presidenta mediante un juicio político exprés. En Paraguay un escándalo promovido por audios de presuntas coimas y sobres con dinero llevó a la destitución de una senadora. Y las denuncias de corrupción, inseguridad ciudadana e insensibilidad de los gobernantes ante los dramas sociales, es patética a lo largo de todo el continente.

Los jóvenes de Asia y África han protagonizado últimamente hechos trascendentes. Como ser, en Bangladesh el gobierno reservaba el 30% de los empleos públicos a descendientes de veteranos de guerra de la Liga Awami (su desempeño fue vital en la independencia del país). En el Himalaya (Nepal) el gobierno bloqueó las redes sociales con la excusa de proteger la seguridad nacional, pero quería ocultar el lujo de los hijos de los políticos (nepo kids); la represión policial mató a más de 20 personas, se desató el caos, el primer ministro debió renunciar y se disolvió el Parlamento. Ocho mujeres embarazadas murieron en un hospital público de Marruecos durante una noche por falta de insumos y de médicos; los manifestantes reclamaron menos estadios y más hospitales (más de 5000 millones de dólares en infraestructura para el Mundial de fútbol de 2030); la represión se cobró tres muertes, más de 400 detenidos y de 2400 personas acusadas de diversos cargos. Madagascar tiene cortes crónicos de agua y electricidad, el 75% de la población sufre la pobreza; la represión policial dejó al menos 22 personas muertas, más de 100 heridos y, un coronel del Ejército dio un golpe de Estado para asumir como presidente, en consecuencia Madagascar fue suspendida de la Unión Africana. En Indonesia el anuncio de un subsidio habitacional de 3.000 dólares al mes para 580 diputados, hizo que el presidente cambiara su gabinete. Y la lista no se agota.

En fin, marchas, protestas, cacerolazos, acampadas, todas manifestaciones que revelan el descontento social globalizado y el mal humor. En el corazón de la protesta está la sensación de que la injusticia social avanza, que el cambio climático y la contaminación ambiental crecen, al ritmo de la concentración de dinero y poder en pocas manos, gracias al juego financiero, los negocios opacos, la explotación humana y de los recursos naturales del planeta. Un mundo gobernado por corporaciones, autócratas, tuiteros y encantadores de serpientes…

No es asunto de buscar la restitución de un tiempo pasado, donde la memoria suele jugarnos sus coartadas, sino de entender el tiempo que fluye. Y no podemos negar que

estamos viviendo un presente colmado de distopías que marcan el pulso de una época desolada. Necesitamos personas con mentes abiertas, donde el entendimiento y la tolerancia no se confundan con la comprensión y el aguante, y que el cuidado del otro no sea sinónimo de control en su peor acepción.

La fantasía de querer sepultar ciertas ideologías

10 lunes Nov 2025

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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El fascismo, el nazismo, el comunismo, entre otros “ismos”, son parte de la historia del Siglo XX, y a cualquiera que se le adjudique uno de sus adjetivos, es probable que sea con la intención de agraviarlo. Sin embargo, una observación prolija nos revela que las cosas no son como parecen o se pretende que parezcan, ya que vivimos en un mundo de apariencias. De todas maneras, no son pocos los dictadores que hubo en ese siglo y los que en nuestros días procuran emularlos. Como ser, hace unos días Estados Unidos revocó la visa del nigeriano Wole Soyinka, de 91 años, Premio Nobel de Literatura (1966), quien vivió en los Estados Unidos durante décadas y enseñó en distintas universidades, entre ellas la de Harvard, y el motivo habría sido que comparó a Donald Trump con Idi Amin…

En cuanto al fascismo, éste nació como un movimiento de cuño italiano, y es un error muy generalizado creer que Mussolini lo creó, pues si bien como saltimbanqui pasó del socialismo a la ultraderecha, su verdadero fundador fue el poeta Gabriele D´Annuncio  (1863-1938), considerado un piloto heroico de la Gran Guerra, comandante del escuadrón “La Serenísima”. Tenía gran talento, y más allá de su narcisismo, era un hombre de vasta cultura que dominaba la palabra, al punto que la crítica lo consideró el principal discípulo italiano de Nietzsche, influido por Edgar Allan Poe y Guy de Maupassant, elogiado por Marcel Proust y Henry James, e incluso Joyce habría dicho que fue el primero desde Flaubert en hacer avanzar el género novelístico hacia territorios inexplorados. Pero a Gabriele nada le causaba satisfacción, ni siquiera ser considerado el mejor poeta desde Dante… Por sus artículos periodísticos se lo considera el primer cronista moderno del periodismo europeo.

Fascismo, del italiano fascio (manojo de varas), y éste del latín fasc?s (plural de fascis), alude a los signos de la autoridad de los magistrados romanos.

La cesión de Fiume (hoy Rijeka, Croacia) en la Conferencia de París irritó sobremanera a D´Annuncio, y con 2.000 nacionalistas italianos desalojó a los aliados (creando una situación de hecho que pensó tendría éxito), pero al ser denegada la anexión a Italia, declaró el Estado Libre de Fiume y se autoproclamó Duce de Carnaro. El líder redactó la constitución de un Estado con 9 corporaciones, y una décima representada por los “humanos superiores” (héroes, poetas, profetas, superhombres), y declaró la música como principio del Estado. En efecto, un nuevo Estado, más bien marcial, con uniformes, saludos romanos (símbolo hoy ampliamente rechazado, asociado al fascismo, nazismo y franquismo), y donde según dicen no faltaban las orgías.

Algunos vieron en la personalidad de D´Annuncio una suerte de combinación entre Byron y Baudelaire. Hombre bohemio, dandy, don Juan, mentiroso e histérico, fue afecto al opio y al láudano. Su dictadura terminó quince meses después con el bombardeó del ejército italiano a la ciudad. Entonces se recluyó a orillas del lago de Garda hasta su muerte, en 1938.

Mussolini copió su estilo autoritario, la metodología de gobierno, la economía corporativa, los símbolos y rituales nacionalistas, el saludo romano, las camisas negras, la represión brutal. A petición suya, el rey Víctor Manuel III designó a Gabriele “Príncipe de Montenevoso” (Alpes italianos). Al morir D´Annunzio, Mussolini decidió honrar su memoria con funerales de Estado.

Un intelectual metido a político como Giovanni Gentile (toda dictadura tiene algún intelectual a su servicio), quien se oponía a la represión brutal de “Il Duce”, creía que Mussolini le devolvería a Italia el honor perdido… De todas maneras, hoy miles de personas visitan la tumba de Mussolini. Y un dato no menor es que durante toda la Segunda Guerra habría mantenido un intercambio epistolar secreto con Winston Churchill, quien lo admiraba. Recuerdo que en mi séptimo año de la Dante Alighieri de Buenos Aires, en el examen final de cultura y literatura, tuve que hablar de la Marcha sobre Roma (1922) y, no me acuerdo qué dije, lo que motivo un intercambio de ideas entre dos de los profesores de la mesa (uno del norte y otro del sur de Italia), quienes evitaron discutir. En uno de los viajes a Roma, en la estación de ferrocarril “i termini”, en la entrada había una rueda de personas conversando con un carabinieri, de pronto uno de ellos hizo el saludo romano y a viva voz dijo: “io sono fascista perché io sono italiano”, mientras los que lo rodeaban reían y aprobaban sus palabras.

En fin, quienes pensaron que con el triunfo de los aliados y la ejecución de Benito Mussolini el fascismo quedaría sepultado y jamás resurgiría, evidentemente se equivocaron, bástenos con observar la realidad de nuestros días.

Claro que mayor influencia y poder logró Hitler, quien también admiraba a Mussolini. Ambos, además de compartir una ideología de extrema derecha y tener ambiciones desmedidas, ordenaron cometer los crímenes más horribles y eludieron ensuciarse las manos. Eran muy buenos oradores y actuaban con magnetismo sobre las masas, como si fueran encantadores de serpientes. Hitler fabricó su figura mítica con un ministro de propaganda (Joseph Goebbels), un fotógrafo (Heinrich Hoffmann) y un cineasta (Leni Riefenstahl), y se tragó el mundo… Para difundir sus ideas, más allá que su libro “Mein Kampf” (Mi lucha) fue un best seller mundial y siguió vendiéndose aún después de muerto, estando prohibida su venta, apeló a lo visual como un instrumento fundamental de su propaganda y, dentro de su desequilibrio mental llegó a ser brillante. Su mentor fue Johann Dietrich Eckart (1868-1923), poeta y periodista como D´Annuncio, pero sin el éxito del italiano. Eckart participo de diversas asociaciones que exaltaban la condición “ariocristiana” y condenaban a los judíos y los bolcheviques. Formó parte del partido nacionalsocialista alemán desde sus inicios, y daba sus conferencias en cervecerías de Múnich, siendo Adolf uno de sus oyentes y seguidores, lo demostró con todos los homenajes que le hizo cuando llegó al poder. Eckardt fue quien por primera vez aludió al «Tercer Reich» y, junto con Hitler y otros nazis compartieron la cárcel por el intento de golpe de estado (1923), pero Dietrich desde niño conoció la enfermedad y por sus problemas psiquiátricos consumía morfina. Lo liberaron por su frágil estado de salud, y falleció a los cuatro días de salir de prisión. Su frase ¡Alemania, despierta!, se convirtió en un lema de mítines y reuniones nazis. Asimismo, Eckart tuvo como secretaria a Johanna Wolf, que luego se convirtió en secretaria de Hitler.

Adolf Hitler preparó minuciosamente durante años el golpe relámpago militar a Europa. Polonia cayó en cinco semanas y Francia en seis semanas. Era excéntrico y supo explotar los sentimientos del pueblo alemán, quizá su resentimiento, logrando humillar a Francia cuando ésta se rindió, pues, mandó sacar del museo en que se hallaba el vagón de ferrocarril donde se firmó el armisticio de la Primera Guerra Mundial, y él se ubicó en el lugar que entonces ocuparon los generales franceses. Vagón que por orden de Hitler fue destruido por las SS en 1945, para que no cayera en manos de los aliados.

El nazismo fue como otros movimientos políticos de entonces, y lamentablemente también de nuestros días (algunos en franca expansión), una “religión secular”. Hoy seguidores de estas ideologías ocupan bancas en los parlamentos, altos cargos en los otros poderes del Estado, y posiciones de influencia en la sociedad. Quienes creen que desestimando su presencia o desoyendo sus consignas dejará de existir, se equivocan.

No deja de sorprenderme el hecho de que haya tanta gente que toma partido por una idea, partido o movimiento y, no conoce su trayectoria en el tiempo, como sucede con muchos jóvenes, que tienen una total ignorancia de cómo fue y ha sido la historia de lo que apoyan sin condicionamientos, aferrados a un relato apócrifo. En fin, estimo que es algo temerario. Y si algo tengo claro, es que en este mundo orwelliano o kafkiano, si buscamos un futuro promisorio, digno, se impone la lucidez intelectual, la ética, y el sentido de solidaridad.

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