Luego de una cuarentena obligatoria que ha sido la más larga del mundo, con resultados más que cuestionables y cuya mayor responsabilidad la tiene sin duda el gobierno central, enfrentamos un panorama más que desalentador. Los datos, son, los datos. Entramos a la cuarentena con 97 .infectados y 3 muertos, terminamos saliendo casi ocho meses después con 1.242.182 infectados y 33.560 muertos “declarados”, la pandemia continúa y, además nos dicen que en este período hay más de cien mil casos “sospechosos” que habrían quedado en una suerte de limbo. En fin, si bien es cierto que las estadísticas en todo el mundo revelan un lado cuestionable, aquí siempre dejaron lagunas de dudas, ya sea en este tema como en tantos otros. Los que tenemos por costumbre escribir le conferimos un alto valor al significado de las palabras. Para la medicina la palabra “cuarentena” tuvo y tiene un claro sentido, pero hoy los gobernantes la han vaciado de significado, como han vaciado tantas otras cosas. El país se apagó súbitamente, terminó hundiéndose y, no se alcanzó ni un objetivo ni el otro, poniendo de manifiesto que la capacidad y el talento no se declaran, se demuestran. Por otra parte, en ética se sostiene que dignidad y ejemplaridad son afines.
Un factor clave para evaluar el desempeño de un gobierno en una pandemia es el manejo de las prioridades. En estos días, The New York Times solicitó en un editorial que se mantengan las escuelas estadounidenses abiertas dada la importancia de la educación presencial, como sucede en la mayoría de los países de Europa, pese a los rebrotes. En efecto, el editorial se apoya en la evidencia de “lo poco que se ha propagado en ese ámbito el virus” y en que el cierre de los establecimientos tiene consecuencias devastadoras para el progreso de los niños, afectando a los padres y otros sectores de la sociedad, por eso la estrategia es priorizar la educación y, de ser necesario, imponer nuevas restricciones en otros sectores. Pero la Argentina fue, ha sido y es diferente, pues, las decisiones surgen de unos gremialistas docentes impresentables y de autoridades que no tienen la altura intelectual de la función que desempeñan. Es así como mientras se oponen a las clases presenciales hasta que no exista la vacuna se reabren los casinos y las salas de juego, evidenciando que aquí lo lúdico está por encima de la educación. Día tras día perdemos estudiantes, es una calamidad para esos chicos, sus familias y el futuro del país, pero eso no preocupa mientras se ganen militantes. A veces pienso lo lejos que quedó aquella Argentina de la educación pública, laica, gratuita y obligatoria que acogió a hijos y nietos de inmigrantes de bajos recursos, y que les permitió concretar un proyecto de vida, alcanzar un futuro promisorio que hoy no tienen las nuevas generaciones. Un país que llegó a tener los mejores indicadores de desarrollo humano de América Latina y que se situó al lado de los más adelantados del planeta. En fin, hace casi veinte años en un libro de ensayo sostuve que la Argentina había perdido irremediablemente el Siglo XX, hoy no tengo dudas que continúa ese derrotero, con una historia cuyos recovecos revelan oscuros designios.
El tema de las vacunas es complicado, no solo es un problema científico y de salud pública, sino un negocio de alta rentabilidad y de geopolítica, donde los nacionalismos resurgen como aconteció hace un siglo atrás. Y lamentablemente la ciencia ha pasado a formar parte del espectáculo, lo que conspira contra la seriedad y la credibilidad. Los medios nos bombardean cotidianamente con noticias de un “portfolio de vacunas” induciendo a que la gente tome partido, y muchos recurren a nosotros, los médicos, para que dictaminemos al respecto. Lo que la población debe tener claro es que una cosa son los trabajos científicos que se publican en las revistas médicas de prestigio internacional, previo examen de un comité de expertos independiente, y otra la comunicación a los medios horas antes de que abra la bolsa (…)
Ruth Faden, una bioeticista que en 1994 dirigió la Comisión Presidencial destinada a investigar las violaciones a los derechos humanos en investigaciones científicas con seres humanos realizadas en los Estados Unidos, por pedido del presidente Clinton, subrayó que el hecho de que sea diferente el proceso de autorización de una vacuna por tratarse de una pandemia, no quiere decir que no sea aceptable o inseguro, pero es necesario explicar el “por qué” y el “cómo”, además de dar garantías de seguridad. Es preciso ser honesto con lo que se sabe y también con lo que no se sabe (que es mucho más). Ella sostiene que las cosas que destruyen la confianza son el “secreto”, las “falsas promesas”, y la incapacidad para conectarse con públicos de distinta condición económica, al igual de diferente condición etaria, religiosa, identitaria, étnica o ideológica. Las vacunas distribuidas por el mecanismo Covax (OMS) serán rigurosamente evaluadas y, hasta ahora las vacunas chinas y rusas no están incluidas. Recuerdo que cuando hace unos años visitamos Rusia para participar de un congreso europeo, el único periódico que podía leer, ya que no domino ese idioma, era The Moscow Times y, allí acaba de aparecer la noticia de que tres médicos que habrían recibido la doble dosis de la vacuna Sputnik V estarían contagiados, en consecuencia habrá que esperar los resultados finales de la investigación y no sacar conclusiones apresuradas.
Entre nosotros está de moda citar a los países nórdicos y sus democracias, al punto que se habla del “modelo nórdico”, Algunos políticos lo mencionan, incluyendo el gobierno, como algo que sería deseable alcanzar. En realidad, si quisiéramos seguir ese modelo deberíamos estar dispuestos a combatir en serio la corrupción, respetar las instituciones, evitar las improvisaciones, buscar el consenso en todo aquello que afecte a los intereses del país, proteger al que trabaja dignamente y también al emprendedor independiente. Pero nada de eso persigue esta casta política y sus cortesanos, por el contrario, están blindados y gozando de escandalosos privilegios, como sucede con otros miembros de los estamentos del Estado, revelando que su mundo no es el del ciudadano común. Aquí los políticos y la dirigencia en general viven en una burbuja, como el prisionero en el palacio de los espejos.
La democracia pasa por un mal momento en muchas partes del mundo, donde los fraudes, los golpes de palacio y autogolpes, las amañadas reformas constitucionales destinadas a lograr eternas reelecciones o asegurar inmunidad perpetua para quien deje el poder, integran el parque temático. Los Estados Unidos son un caso patético, donde los cuatro años del gobierno de Trump fueron más bien un reality show, que dañó profundamente al país del norte, orgulloso de su democracia y republicanismo, pero también afectó a otros países. Afortunadamente ya no habrá un segundo mandato, aunque este jugador empedernido, inculto y vanidoso, es apoyado por 71 millones de votantes y está dispuesto a seguir dando batalla en el juego sucio, del cual ha revelado ser un experto. Un presidente populista, tramposo y racista, que agudizó las divisiones que el país tiene desde épocas fundacionales. Toda su presidencia se ha basado en la mentira, como ser, le dijo a los norteamericanos que Obama no había nacido en los Estados Unidos y pese a ser una mentira un tercio de los norteamericanos le creyeron, por eso no dudo en que millones de sus seguidores creerán que le robaron la elección, aunque no haya evidencias y solo cuenten con la palabra de su líder mesiánico.
Cornelius Castoriadis sostiene que los griegos fueron los inventores de la política y de la democracia, pues se trata de creaciones imaginarias del pueblo griego entre los siglos VI y IV a.C. Antes de ellos no hubo ninguna manifestación de este tipo, por eso son creaciones de la imaginación colectiva. No nos resulta fácil transportarnos a esa época con contextos sociales muy diferentes a los nuestros, con un imaginario político distinto del imaginario político de la modernidad. Y como otros autores han señalada, el “procedimentalismo” y la “instrumentalización” han terminado por escamotear lo que se consideran aspectos sustantivos de la democracia. Para Castoriadis si bien los griegos inventaron la política, que sería la organización del poder, no inventaron “lo político” ni tampoco el poder, sí inventaron los mecanismos por los que el poder se ejecuta en la democracia. Habitualmente pensamos que el poder es propio del Estado, sin embargo hay momentos en que el poder lo tiene la gente como revela la historia, ya sea en la comunidad o en la sociedad, la primera signada por los valores y la segunda por los contratos. Karl Marx, heredero del idealismo hegeliano, no aceptaba el pensamiento contractual (el acuerdo entre los individuos) ya que el individuo libre y racional del contractualismo sería un producto de la historia y no de la naturaleza, de allí la crítica de Mark a la sociedad burguesa basada en la propiedad privada y en la explotación del trabajo. El individualismo emerge en la sociedad donde reina la libre competencia y sería producto de la descomposición de la vida feudal. En fin, estas discusiones propias del Siglo XIX, hoy reaparecen en nuestro medio de la mano de manipuladores populistas en un terreno de escandalosas desigualdades y sobre todo pobreza estructural. Se confunde individuo con ciudadano, se demoniza el mérito y la riqueza fruto del trabajo, y se pretende que los deseos se conviertan en derechos.
Hoy por hoy la política está surcada de protocolos, etiquetas, rótulos, franquicias, usurpaciones, escenificaciones y las infaltables fake news. Éste es el merchandising político que nos acosa. Mientras tanto el país continúa con recetas económicas de subsidios, aumento de impuestos, control de precios y emisión de dinero que hace que el dólar no tenga techo (por culpa de un peso que no tiene piso), en consecuencia la realidad se torna cada día más difícil para el hombre de la calle acuciado por necesidades vitales y urgentes.
En la Argentina nunca faltaron los expertos en sembrar vientos con la intención de despertar tempestades que ellos capitalizan hábilmente, de allí mi desconfianza de las teorías conspirativas y de los pronósticos apocalípticos. A propósito, he leído que los parques eólicos del sur deberán tributar un “impuesto al viento” y, me pregunto cuándo llegará el momento en que los ciudadanos tributemos por respirar…
Impecable, como se viene haciendo costumbre. Adhiero en todo a los conceptos vertidos. Sólo se me ocurre comentar la frase «manipuladores populistas». Considero mejor el término «manipuladores demagógicos», que intentan sobornar a las clases más desposeídas con los clásicos «chupetines». Mis felicitaciones.