• Nota biográfica de Roberto Miguel Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

~ Blog sobre Crítica Cultural / por Roberto M. Cataldi Amatriain

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Archivos mensuales: febrero 2025

La erudición y la oralidad en decadencia

26 miércoles Feb 2025

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Hoy se promociona la idea que el mundo está regido por nuevas reglas, pero en verdad solo se trata de reglas muy viejas, donde el principio reorganizador es la conquista por la fuerza de las armas y la dominación de los pueblos, el resto en términos generales no es más que cosmética que consumen con avidez crédulos y desinformados.

Con palabras, frases y gestos propios de los tiempos que corren, se promueve de manera agresiva el sacrificio de las mayorías solo para solventar el privilegio de unos pocos. Y en este contexto de época, la erudición y la oralidad están severamente afectadas, me animaría a decir que están en franca decadencia.

El pensamiento científico cambia constantemente, se autorrefuta y corrige, no así el pensamiento mágico, de allí la seguridad que muestran los que ignoran o niegan la ciencia y privilegian las creencias: terraplanistas, negadores del cambio climático, antivacunas, entre otros.

Un dato curioso, propio del momento que vivimos, es estigmatizar la exigencia, la selección y el mérito, pues, se considera que afectaría la igualdad, incluso se habla de “democratizar”, que no debería significar descender al facilismo, porque así se puede afectar la dignidad humana. En efecto, con el facilismo se pretende lograr sin mayor esfuerzo aquello que habitualmente demanda energía o sacrificio para vencer las dificultades.

Un caso testigo es la Universidad. Como ser, que haya universidades con exámenes de ingreso o cursos de nivelación, así como condiciones exigentes para mantener la regularidad (cumplir con los requisitos para cursar y rendir materias dentro de un plan de estudios) no implica necesariamente una cuestión ideológica, o ser elitistas, ni tampoco vulnerar la igualdad de oportunidades, simplemente se trata de ser responsables. Que todos puedan acceder a la enseñanza universitaria es muy justo, siempre y cuando cumplan con los estándares institucionales establecidos.

La Universidad no puede ser una suerte de isla, es la continuidad de la enseñanza primaria y secundaria que, si son deficientes (como a menudo se comprueba), el estudiante universitario seguramente tendrá serios problemas en su desempeño académico, entonces habrá que indagar qué sucedió y abordar el problema desde sus orígenes.

Un destacado analista se preguntaba irónicamente que si en la Argentina hay quienes se jubilan sin hacer los aportes correspondientes, por qué no podría haber títulos universitarios sin haber aprobado las cursadas… En fin, pertenezco a una generación donde la Universidad representaba la movilidad social y la integración cultural. Entonces los requisitos para ser promovido tanto en la carrera de grado como de postgrado, y también en la carrera docente, estaban en el otro extremo del facilismo. Y no tenían cabida ciertas diferencias sociales que hoy son banderas de la crítica y la captación ideológica. Es más, las becas de estudio que otorgaban diferentes instituciones oficiales, eran por acreditación de méritos y antecedentes. Yo fui a estudiar a Europa por haber ganado una beca de postgrado en un concurso abierto, y además nunca supe quienes integraron el jurado.

Los profesores universitarios asistimos a la última etapa de la formación cultural que se inició en la niñez. Desde hace décadas, como consecuencia de las observaciones y resultados obtenidos, venimos dando señales de alarma.

Nadie pretende que el estudiante universitario sea un “filático”, es decir, una persona que usa palabras rebuscadas y raras para exhibir su erudición e incluso hacer alarde, porque de ser así, tenga o carezca de esa erudición, no dejará de ser un individuo vanidoso y pedante. Pero sí es un requisito que posea un buen vocabulario y que sepa usar las palabras (elocuencia). Esto se logra en gran medida con buena lectura, variada, y donde el estudiante procure entender y reflexionar acerca de lo que lee. En mi generación era fundamental no evitar a los clásicos, aquellos autores que superaron la prueba del tiempo y que a pesar de los siglos transcurridos, jamás pierden actualidad, ya que nos hablan de la condición humana. Para la RAE un erudito es el que tiene: “Amplio conocimiento basado en el estudio”. Los académicos, entre otros, suelen ser eruditos. Y se considera que un académico es el que ha alcanzado un alto nivel de competencia en una o varias disciplinas académicas. En lo personal, me agrada la erudición que apenas se nota, desdeño el exhibicionismo.

El mercado, siempre regulado por los intereses económicos, irrumpe en la Universidad pidiendo que ésta privilegie la capacitación de sus futuros trabajadores, en otras palabras, que abdique de su tradicional misión y se convierta en una “escuela profesional”. De manera insolente avanza sobre la pedagogía y la didáctica inherentes de la institución. No es casual que el estudio de las humanidades, desde antes que comenzará el Siglo XXI, se hallé en franco retroceso, incluso que sea reemplazado por el de las finanzas, la economía, el comercio, sumándose ahora la tecnología digital. No tengo nada contra las escuelas profesionales, que sin duda son muy necesarias, pero por favor, evitemos la confusión de unos y la ignorancia de otros, pues, la Universidad es algo diferente… Y no nos pidan a aquellos profesores que vivimos formando profesionales desde hace décadas, así como asistiendo a la evolución y los logros significativos que la institución le ha dado a la comunidad, que traicionemos el “espíritu universitario”, con la excusa de que es necesario adaptarse a la nueva realidad, ya que ese espíritu es el que le da sentido a la institución.

Por supuesto que hay que aggiornarla, ubicarla a la altura de los tiempos, pero ese es un tema diferente. No faltan los mercenarios que con sus críticas introducen los negocios o nos meten las ideologías, y también es menester señalar a los que ocupan altos cargos por enrosques políticos y sindicales, como rectores o decanos sin un curriculum vitae acorde con el cargo, quienes además ignoran olímpicamente la historia, las funciones, los objetivos primordiales de la Universidad, en consecuencia alguien podría argumentar, qué le podemos exigir a los alumnos que a veces se sienten estafados.

En cuanto a la tecnología, es muy importante que sea bien utilizada en la formación de los futuros profesionales, y para ello los profesores no podemos darle la espalda. La tecnología nos abre puertas, nos ayuda a solucionar problemas, aunque paradójicamente engendra nuevos problemas, unos de naturaleza técnica y otros de naturaleza humana.

Necesitamos universidades abiertas y libres, que cumplan con la función social requerida, y que a la vez se responsabilicen del nivel académico de sus graduados. Precisamos alumnos con el suficiente nivel de cultura general, oralidad, escritura, capacidad reflexiva, pensamiento crítico, que aprendan y comprendan, algo que debería ser común a cualquier universitario, más allá de la profesión que escoja.

Uno puede modificar el diseño curricular en función de los tiempos que corren, sin embargo son fundamentales las bases adquiridas en las instancias educativas anteriores. En la formación universitaria, además de los conocimientos técnicos y específicos de la carrera que sea, hay principios y valores que son universales, que no pueden soslayarse. La Universidad es una institución donde se aprende a tomar decisiones y resolver problemas de la vida real, siempre dentro de un marco ético.

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