• Nota biográfica de Roberto Miguel Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

~ Blog sobre Crítica Cultural / por Roberto M. Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

Archivos mensuales: junio 2019

Entre el futuro apocalíptico y los simulacros de salvación II

24 lunes Jun 2019

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Antonio Gramsci murió gravemente enfermo de tuberculosis en 1937, una semana después de haber cumplido once años de cárcel. Fue  arrestado siendo diputado por el PC de Italia días después de un atentado a Benito Mussolini, que no tuvo ninguna consecuencia pero que fue el pretexto de Il Duce para disolver los partidos políticos de la oposición y terminar con la democracia. Gramsci, hijo de una modesta familia del sur y autor de los Cuadernos de cárcel, se convirtió en un verdadero intelectual orgánico de su época, ya que fue un militante que teorizó sobre su práctica política y su propia realidad. Él pretendía la unidad de los obreros industriales con los campesinos. Tomó como modelo a las unidades básicas fabriles con el objeto de organizar la nueva sociedad. Le interesaba sobremanera la relación entre los dominadores y los dominados, y reflexionó largamente sobre qué era lo que mantenía el consenso de un grupo frente a la dominación fascista, pues, era evidente que eso no podía ser solamente coerción. A la definición de Max Weber de coerción o monopolio de la violencia que tiene el Estado (previa legitimación) le añadió el consenso de los dominados, y fue famosa su definición sobre “la hegemonía” como método de dominación.

Si observamos lo que actualmente está sucediendo en el mundo, tendremos que aceptar que las reflexiones de Gramsci sobre el Estado capitalista son actuales. Es curioso, finalizada la Guerra Fría, disuelta la URSS y revelado el fracaso de la experiencia comunista, el neoliberalismo depredador ha resucitado no sin pesar a Marx,  Gramsci, Benjamín, y otros “pensadores prohibidos” en mi época de estudiante. Recuerdo que en los años del proceso militar, cuando los grupos de tarea ingresaban en el domicilio de un sospechoso, más allá de buscar la tenencia de armas,  iban directo a su biblioteca para ver qué leía. Siempre he dicho que a las dictaduras les interesa muchos más la cultura que a las democracias, ya que no existe dictadura que no se preocupe por lo que la gente lee, no vaya a ser que allí anide el fermento de la rebelión.

Luego de la crisis del 2008 quedaron al descubierto aquellas tramas ocultas de la política encaminadas a favorecer el enriquecimiento de ciertos grupos de poder, deteriorando las posibilidades de ascenso social e incluso de supervivencia de amplias mayorías. El sistema mostró su rostro más sombrío. Y surgió una izquierda desorientada y endeble en sus convicciones ante “lo inevitable”, mientras que la extrema derecha descubrió cómo favorecerse a partir de contar con el apoyo de los perjudicados.

Durante mucho tiempo funcionó en el llamado campo progresista la idea de no decir aquellas “verdades no convenientes” para  evitar hacerle el juego a la derecha. Así surgieron los silencios cómplices, pero también las purgas con los que eran considerados díscolos. No faltaron los que se autocensuraron y tampoco los que dieron un portazo y dijeron lo que realmente pensaban, convirtiéndose en traidores a la causa.

Hasta la década del 70 la izquierda se mantuvo firme en la crítica de la economía capitalista para luchar contra la desigualdad y la pobreza, siendo su protagonista el obrero o el campesino, en el ámbito laboral de la fábrica o la granja. Eso ya es historia, los tiempos han cambiado y los líderes actuales, salidos en su mayoría de las universidades, suelen tener una olímpica ignorancia de lo que sucede en la sociedad. Por eso no tenemos más remedio que volver a los viejos teóricos que hablaban de la lucha de clases y, tal como vamos pienso que el mundo se encamina a una sociedad de castas.

Mi generación creyó sin tapujos en el futuro. Hoy por hoy es patente el miedo al futuro. En efecto, existe una angustia generalizada que promueve cambios sociales profundos por haber perdido el bienestar, la fe en el progreso (en todo caso sus beneficios serán  para unos pocos), y el temor que durante la Guerra Fría existía por la amenaza de una guerra nuclear, ha sido reemplazado por el pánico ante un desastre ecológico. También mi generación asistió a lo que se llamó el fin de la modernidad (tema discutible), así como el fin de la historia, las ideologías, los grandes relatos, las revoluciones.  Mientras tanto vemos cómo se terminan los recursos naturales. La realidad actual no solo está dominada por los problemas económicos y laborales, también están en el tapete los conflictos que generan las etnias, las religiones, la sexualidad y sus variantes, los distintos tipos de marginación, las poblaciones vulnerables y las vulneradas.

En medio de este panorama desfalleciente no faltan los que prometen la salvación a cambio de ser votados. Ellos identifican a los enemigos del pueblo y los responsabilizan de todos los males. De esta forma, populistas de derecha y también de izquierda, se alzan con el poder y pretenden recuperar supuestos paraísos perdidos. Claro que una vez en el poder, se ponen en marcha los grandes negociados, el nepotismo, las cuentas secretas en paraísos fiscales,  el clientelismo, los privilegios de clase, y la nueva corrupción reemplaza a la vieja corrupción, incluso de manera obscena. En fin, dicen que quien controla el relato controla el futuro.

Estos políticos mesiánicos que hoy se manejan a través de las redes sociales quieren llegar a su pueblo sin intermediarios, por eso ven en el parlamento, en la justicia y en la prensa verdaderos obstáculos para gobernar. Claman a los cuatro vientos que nadie les ate las manos y, de esta manera la democracia se diluye dando paso al autoritarismo. Cuando el líder se presenta en público como justiciero, su voluntad está por encima de la razón, la constitución, el Estado de derecho, ya que tiene la suficiente autoridad moral y es el único representante de la autoridad del pueblo, que por otra parte es un pueblo “bueno” y también “sabio” ya que nunca se equivoca (…) Esa población disconforme pero “virtuosa”, reclama un gobierno fuerte, de mano dura, y lo apoya para que pueda hacer lo que sea necesario sin tener que rendir cuentas. La otra cara del consenso es cuando las mayorías deciden que todos deben vivir sujetos a los designios del amo. Ésta es la deriva autoritaria y bastarda que infecta en nuestros días a gobiernos de Occidente y Oriente. Tal vez tenía razón Bernard Shaw cuando decía que “la democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos”.

La cartografía actual difiere de la de finales del siglo pasado. El dinero es el dios profano y el “realismo capitalista” a través de las relaciones comerciales entre los países pesa mucho más que los derechos humanos. Los estados pueden adoptar un régimen de gobierno democrático o  autocrático, pero la economía, es, capitalista. La globalización ha mercantilizado hasta lo público. Las ciudades han perdido mucho de lo bueno que las caracterizaba y son vistas como empresas, donde llega el capital inversor para hacer sus negocios y desaparecen con las ganancias de la noche a la mañana, dejando una estela de problemas. El turismo de masas se maneja como lo hace la minería, mediante la extracción de los recursos. Frente a este panorama el concepto de Estado-nación es un obstáculo real. La constitución, madre de todas las leyes, se invoca hasta el cansancio, pero sabemos que no se la respeta, más allá que políticos y gente del derecho la invoquen con devoción, como los religiosos lo hacen con las sagradas escrituras.

En las protestas callejeras el denominador común es el reclamo de libertad y de justicia. Dos millones de hongkoneses acaban de convocarse mediante la aplicación de mensajería encriptada Telegram, atacada desde computadoras chinas para interrumpir el servicio. Pekín reclama la ley de extradición para poner entre rejas a sus opositores. Los jóvenes de Hong Kong reconocen que son chinos, pero añaden que lo son de una manera diferente… El gobierno de Hong Kong luego de ejercer una brutal represión ha tenido que retroceder. También es consignable la inédita movilización en Rusia que logró la liberación del periodista Iván Golunov, quien investigaba la corrupción en su país y fue acusado de tráfico de drogas, ya que ningún disidente político es acusado solo por ser disidente… En fin, las protestas se multiplican ante un sistema que no cede y, la censura y la represión –cuando no cosas peores- son los recursos de los gobiernos que no disponen de otros métodos para combatir las “ideas equivocadas”.

Entre el futuro apocalíptico y los simulacros de salvación

11 martes Jun 2019

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Todas las mañanas al levantarnos tomamos conocimiento de catástrofes ambientales, actos terroristas que ocasionan la muerte de gente inocente,  extinción de recursos energéticos, migrantes que se ahogan en el mar o que son esclavizados en la huida o estigmatizados por grupos sociales hostiles, así como guerras comerciales cuyos costos son socializados, de la misma manera que las quiebras bancarias o las paranoicas aventuras militares, también manifestaciones populares en reclamo de libertad, de trabajo, de oportunidades educativas, de mejores condiciones de vida, de freno a la corrupción gubernamental y privada. En fin, la lista de malas noticias parecería ser interminable, al extremo que algunos hablan de que estaríamos en el umbral del fin de nuestra civilización. La situación es muy compleja, pero no creo que sea apocalíptica.

Luego de la pérdida de la guerra franco-prusiana, la Comuna de París de 1871 se negaba rendirse ante la Asamblea Nacional instalada en Versalles y se oponía a la restauración de la monarquía borbónica. La guerra iniciada por Napoleón III que pretendía anexionar Luxemburgo, dejó a París en la pobreza, en consecuencia los comuneros iniciaron una insurrección con un proyecto socialista y autogestionario, y promulgaron leyes como la autogestión de las fábricas abandonadas por sus dueños, la creación de guarderías para los hijos de las obreras, la abolición de los intereses de las deudas, la laicidad del Estado, entre otras medidas populares. Claro que cometieron graves errores tácticos que ocasionaron la pérdida de la Comuna a manos del gobierno de Versalles, el que instauró consejos de guerra que sentenciaron a miles de comuneros incluyendo mujeres y niños, deportaciones a Nueva Caledonia, y  París vivió la ley marcial durante cinco años.

A los largo de la historia esta insurrección ha sido honrada por diferentes intelectuales y políticos. Los marxistas se la adjudicaron, sin embargo Bakunin decía que la comuna era anarquista. La eterna disputa entre marxistas y anarquistas terminó convirtiendo a la izquierda en una bolsa de gatos. Marx vio allí el primer ejemplo real de la “dictadura del proletariado” e hizo célebre la frase “asaltar el cielo”, su intención era explicar el fracaso de aquella iniciativa. Pero el primer “asalto al cielo” fue el ataque de los titanes a los dioses del Olimpo, uno de los máximos episodios de la mitología griega.

Muchos han querido ver en las protestas del Mayo Francés el espíritu que inflamó a la Comuna con una retórica incendiaria: “Prohibido prohibir”, “Bajo los adoquines, la playa”, “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, “La imaginación al poder”, entre otras célebres consignas. Lo cierto es que ya no estamos en 1871, tampoco en 1968, vivimos otros tiempos y por supuesto otras realidades, sin embargo el malestar social persiste. Los activistas antiglobalización sostienen la consigna de que ”Otro mundo es posible” (no tengo dudas), mientras  los indignados dicen que “No nos representan” (tampoco tengo dudas). Hace unos días niños y jóvenes en Alemania salieron a las calles para denunciar el calentamiento global y, en su rebelión, exigieron un cambio radical. Der Spiegel los comparó con los estudiantes del Mayo Francés, pero el semanario aclara que la tecnología los hace más poderosos. En efecto, las redes sociales difunden su protesta y hasta la llevan a lugares remotos del planeta.

En el terreno de las utopías el Siglo XX fue muy prolífico, incluso surgieron las que procuraban “cambiar la vida de la gente”, a diferencia de otras que pretendían “cambiar la naturaleza del hombre”, como sucedió con el stalinismo, al extremo que se hablaba del “hombre nuevo”, como si fuese posible a este animal milenario cambiarle los instintos, el organismo, sus deseos, la violencia e incluso su inexplicable capacidad de hacer el mal…

Cuando se habla de cambiar la vida, esto se reduce a modificar el concepto que tenemos de las cosas  materiales, como la relación del hombre con el dinero, entre otros factores. El sistema permite que un individuo por necesidad acepte condiciones de trabajo y de vida que son injustas, pero el hecho de tener que mantener una familia lo obliga a aceptar trabajos con baja remuneración y hasta en condiciones laborales indignas. El sistema no ignora estas injusticias, por el contrario las promueve ya que sabe perfectamente que la necesidad es el caldo de cultivo para que los individuos abdiquen de sus aspiraciones, ignoren los límites y se rebajen a los caprichos del empleador o del amo. Éste es a menudo el fermento de las revoluciones y esto sucedió muchas veces de manera trágica a lo largo de la historia.

A comienzos de la década del 70  la igualdad fue un tema central en sociología y hoy reaparece con mucha fuerza, al menos en los discursos. El estadounidense Johan Rawls publicó “Teoría de la Justicia” y fue criticado, la igualdad se dejó de lado y los académicos comenzaron a hablar de la “diferencia”.  La internalización de la economía y las nuevas tecnologías provocaron en estas últimas décadas el “capitalismo de casino” como algunos señalaron. La nueva crisis económica significó un traumático despertar. En efecto, los ciudadanos se indignaron con el mercado y con los nuevos amos.

El francés Thomas Piketty con “El Capital del Siglo XXI” hizo un análisis del estado actual del problema a partir de datos estadísticos, procurando que su obra llegase al gran público y que no fuese destinada solo a especialistas, pienso que lo logró. El tránsito del capitalismo a la “meritocracia” es un mito, la herencia sigue superando al talento como criterio distributivo. El problema de la equidad  lo llevó a investigar la desigualdad que reside en la justicia. Las distinciones sociales solo pueden “fundarse en la utilidad común”, como sostiene el artículo 1 de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1789. Partiendo de disciplinas diferentes Rawls y Piketty se dan la mano. El sistema económico actual goza de una enorme capacidad de chantaje. Las asimetrías de riqueza son también asimetrías de poder, dice Piketty. Y si Rawls hoy viviese probablemente hubiera dicho que la libertad y la igualdad son las dos caras del ideal democrático.

Actualmente los nacionalismos han puesto la prioridad política en la identidad y se desplazó la discusión sobre la justicia social. En ambas situaciones existe falta de respeto y de reconocimiento. Marginación social y económica por un lado, identidad por otro. Pero se advierte la necesidad de ruptura con el orden establecido, la necesidad si se quiere de incomodar para reordenar las referencias y los límites sociales.

Joseph Stiglitz, refiriéndose a los 40 años de neoliberalismo en los Estados Unidos y en otras economías del primer mundo, dice que el experimento neoliberal (impuestos más bajos a los ricos, desregulación del mercado laboral y del mercado de productos, financiarización y globalización) ha fracasado estrepitosamente, pues, el crecimiento sería más bajo de lo que fue en los 25 años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. El Premio Nobel de Economía sostiene que “el neoliberalismo debe decretarse muerto y enterrado”. Él considera que es obligación del gobierno limitar y delinear los mercados por medio de regulaciones tanto ambientales como de salud, seguridad ocupacional y de otros tipos. Y piensa que es tarea del gobierno hacer lo que el mercado seguramente no hará: invertir en investigación básica, tecnología y salud. Durante estas cuatro décadas el neoliberalismo ha producido daños irreparables, de todo tipo, mientras tanto se multiplican las promesas de salvación así como los embustes. A propósito, acabo de leer un artículo donde según un equipo de investigación de The Washington Post, el irascible e inestable presidente Trump, en 828 días de mandato habría faltado a la verdad en 10.111 ocasiones, a la vez que en su primer año en el poder visitó 150 veces sus campos de golf… El magnate inmobiliario no me sorprende, lo que me sorprende es que a esa inmensa masa que lo votó y lo sigue en su peligroso derrotero que busca irracionalmente la primacía, estos datos le tienen sin cuidado, no le interesa, no le importa, y lamentablemente el fenómeno se repite en otros lugares, incluso entre nosotros. Si mal no recuerdo Nixon debió renunciar por mucho menos. Es evidente que eran otros tiempos. Para Cicerón la verdad no solo se corrompe con la mentira, también con el silencio.

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