Hace unos años pude visitar en Éfeso, Asia Menor, las ruinas de la Biblioteca de Celso, construida en honor del cónsul Tiberio Celso. La biblioteca funcionaba como una biblioteca pública y era una de las tantas construidas a lo largo del Imperio Romano, la cual llegó a albergar 12.000 rollos. Pero en el mundo antiguo ya existían problemas de impresión, de derechos de autor, y también afloraban los negocios trasnochados del mercado, pues, circulaban copias piratas al igual que en nuestros días. Para abastecer a los lectores romanos con ejemplares de Ovidio, Horacio o Virgilio, muchos esclavos debían transcribir uno a uno los ejemplares. Marcial se quejaba de que la gente en Gran Bretaña citase las palabras de su libro sin que él ganara un centavo. Horacio, sumiso poeta de Augusto, acusaba a los ricos libreros de ser proxenetas de los autores y a éstos de ser humilladas prostitutas. El escritor en el mejor de los casos recibía una suma de dinero por los derechos de copiado, nada más. Los lanzamientos editoriales se hacían en actos públicos donde se leían fragmentos de las obras y los concursos literarios eran entonces apadrinados por los emperadores, quienes también solventaban los premios.
Yo tenía un interés particular por visitar Pérgamo, porque allí funcionaba la célebre biblioteca que rivalizó con la de Alejandría (que visitamos unos años después) y, también el hospital donde ejerció Galeno antes de viajar a Roma y convertirse en el médico de los emperadores. Según la historia, en Alejandría los celos estaban a flor de piel y se quiso asfixiar a su rival dejando de exportar papiros para terminar de una vez y para siempre con su producción literaria. Sin embargo, Pérgamo supo transformar una dificultad en una idea creativa y se inventaron los pergaminos. De allí que Pérgamo continuase pujante con su labor editorial, hasta que finalmente el perturbado Marco Antonio -Plutarco lo describe muy bien- decidió eliminarla enviando todos sus volúmenes a Alejandría como un regalo a Cleopatra.
Cuando pienso en esa historia, caigo en la cuenta de la intensa vida que tenían las bibliotecas, si bien es cierto que las masas no poseían la capacidad de leer como afortunadamente sucede en nuestros días. Me rehúso a aceptar que las bibliotecas al igual que los museos constituyan expresiones de una cultura muerta condenada a desaparecer como algunos sostienen aduciendo que se trata de un fetichismo, que ya no tendría razón de ser en la era digital. La realidad es que los libros impresos en papel siguen editándose, las bibliotecas incrementan sus volúmenes a pesar de no pocos inconvenientes, y los museos continúan multiplicándose, como sucede en Berlín y en otros lugares del mundo. El declarado agotamiento en el tema no me parece tal, creo que pasa más por la imaginación.
La ofensiva actual contra la producción cultural y asimismo contra la información que se transmite por medio del periodismo son dos fenómenos que van tomados de la mano. Lo grave, a mi entender, es que se está verificando con mucho vigor en aquellos países que siempre se consideraron más adelantados en libertad de expresión así como en materia de tolerancia cultural. En efecto, hoy vemos cómo presidentes y primeros ministros de inocultable vocación autoritaria le han declarado la guerra a la prensa independiente y, muestran una intolerancia visceral con las culturas foráneas y los inmigrantes, incluso tienen el descaro de apelar a las fake news para dividir a la sociedad y alimentar el odio contra los opositores.
Desde el año pasado el gobierno de Nicaragua habría decidido retener en la aduana el papel, la tinta y los demás insumos que importan los medios impresos, según denuncias de medios informativos. No se trata de algo nuevo, durante la dictadura somocista la prensa opositora fue acosada y en 1978 el director de La Prensa, Pedro J. Chamorro, fue asesinado cuando se dirigía al periódico. Con los sandinistas el medio también sufriócensuras y cierres en los años 80, pero la presidenta del periódico y viuda del asesinado director, Violeta Barrios de Chamorro, fue quien logró derrotar a Ortega en las elecciones de 1990, lo que habría marcado el fin de la revolución sandinista.
Para enfrentar esta adversidad asoma el recurso de la información digital, medida que no implica eludir la censura, aunque tengo entendido que en Nicaragua solo dos de cada diez personas tienen acceso a Internet. Por otra parte, el cierre de medios impresos suele generar un serio problema social porque deja sin trabajo a mucha gente. También he tomado conocimiento de que el actual régimen de Venezuela aplica la retención de papel a los medios independientes.
Los tiempos cambian pero las pasiones humanas persisten. Una muestra patética la hallamos en el fanatismo religioso. En el 2001 el régimen talibán demolió con dinamita y disparos de tanques los Budas de Bamiyán del siglo VI, por considerarlos ídolos contrarios al Corán. En nuestros días los musulmanes están en el ojo del huracán de las críticas. Claro que si uno lee la historia del cristianismo entre los Siglos IV y V advierte que éste destruyó los bienes artísticos y culturales del mundo antiguo que consideraba diabólicos y habitados por demonios. Estatuas, bustos, frescos, santuarios, libros de literatura, filosofía y ciencia fueron destruidos, también el Templo de Palmira en Siria, e incluso se prohibió el culto a los dioses del Olimpo. En el 341 Constancio, hijo de Constantino, prohibió los sacrificios paganos y luego ordenó cerrar los templos. La historia registra el asesinato de Hipatia de Alejandría en el 451 a manos de una turba de cristianos. Esta talentosa mujer, seguidora de Platón y Plotino, notable astrónoma, fue la más grande matemática del mundo antiguo. Todavía se discute la autoría intelectual de su muerte. También en esa época se produjo el exilio de escritores y filósofos griegos y romanos. Lo cierto es que al cristianismo de entonces solo le interesaba preservar aquella cultura clásica que le fuese afín, que era una pequeña parte, por eso se dice que destruyó la mayoría de esa cultura. Y muy poca literatura antigua sobrevivió al fanatismo religioso. Hay autores que sostienen que la persecución de los cristianos por los paganos sería una leyenda de la religión triunfante ya que en verdad sucedió lo contrario. En fin, tanto en el fanatismo religioso como en el político, la verdad fue, ha sido y es la primera baja.
Evgeny Morozov, nacido en Bielorrusia y formado en la Europa del Este, sostiene que para analizar y explicar el mundo actual hay que remitirse a la guerra, un factor tradicional que siempre está presente. Estoy de acuerdo. Dice que en los 70 Silicon Valley hizo una alianza con algunos intelectuales para intentar captar el zeitgeist o espíritu de la época, quienes tendrían libros y conferencias para que se convirtiesen en portavoces de la causa, promoviendo mini-relatos cuyo contenido sería falso pero que son efectivos al punto que ocupan el debate durante más o menos dos años, y luego salen con otra historia. La Web 2.0, la economía colaborativa, la economía solidaria, y así sucesivamente. Toda esa estructura está montada en las tecnologías digitales de la información que dan lugar a un negocio incalculable por la enorme masa de dinero que mueve. El objetivo es generar dependencia en los usuarios, bástenos observar a niños y jóvenes, estudiantes y no estudiantes, incluso gente de edad provecta, quienes revelan una verdadera adicción a Facebook, Twitter, los videojuegos, y otros medios que llegan a ocupar el centro de sus vidas. A menudo estas personas no saben lo que sucede en el mundo, ni siquiera saben lo que pasa en su barrio o en su familia. Dentro de lo que se ha dado en llamar la “economía de la atención”, ellos viven distraídos, son presa de la ficción y del mundo digital. Eso sí, están convencidos de que el mundo en que viven, es, el real, y sus opiniones como sus acciones son acordes con esta anomalía.
Morozov sostiene que para entender lo que está sucediendo con este capitalismo digital que actúa como un casino, es necesario mirar a Wall Street, el Pentágono, las finanzas, la geopolítica, el imperialismo. Allí reside una de las grandes trampas del mundo actual, claro que hay otras. Lo cierto es que hoy se privilegia la especulación financiera por encima de la producción real, y así se construye un nuevo paradigma, pues, los beneficios son para unos pocos y los perjuicios deben absorberlos las mayorías. De allí la explicación al peligroso malestar social que está globalizado y que no sabemos cómo se encauzará. Por eso vuelven a aparecer los exégetas del azar, la lotería social, la providencia y las diferentes escatologías, según la capilla intelectual. Y en el discurso de los líderes autoritarios y populistas se cuela con insistencia el tema de la identidad, que ellos emplean como subterfugio. Claro que para reconstruirla hay que mirar al pasado, caso contrario se cae en la ficción o quizás en la farsa, como a menudo sucede. La manipulación del pasado en función de los intereses políticos del presente es uno de los rasgos característicos de los regímenes con vocación antidemocrática, para quienes la información y la cultura deben ser tuteladas.