• Nota biográfica de Roberto Miguel Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

~ Blog sobre Crítica Cultural / por Roberto M. Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

Archivos mensuales: agosto 2019

El turismo, la literatura y el relato.

28 miércoles Ago 2019

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Los viajes, la memoria, el tiempo y el recuerdo siempre están presentes. Para mí los viajes son una fuente de revelación ya que descubro historia, geografía, gastronomía, arte, relaciones humanas, idiomas, y tantas otras cosas que considero fundamentales para la vida. Recuerdo que en la escuela debíamos estudiar de memoria el recorrido de ríos y mares, montañas y planicies, así como otros accidentes geográficos que se esfumaban de la memoria a los pocos días de haber aprobado el examen. Nunca entendí esa pedagogía memorística. Pienso que la geografía hay que recorrerla, y las ruinas examinarlas, incluso con el tacto, al extremo que me emociona pasar la mano sobre una columna, estatua o monumento anterior a nuestra era, es, como si retrocediese gracias a la máquina del tiempo, una ficción que supo explotar el cine hollywoodense. Hoy más que nunca la historia necesita ser investigada con actitud crítica, sin ignorar el contexto de época. Por ejemplo, la historia del Asia Menor es compleja, allí varios imperios se desarrollaron, como los imperios Hitita, Bizantino, Otomano.

Hay escritores que viajan por el mundo a través de su biblioteca y de su imaginación, como Immanuel Kant, que vivió sus ochenta años de precaria vida en Königsberg, capital del ducado prusiano, sin siquiera salir un solo día de su ciudad. Pascal solía decir que todas las miserias de la humanidad provenían del hecho de que la gente no puede quedarse en su hogar. No fue el caso de Kant. En una oportunidad asistió a una de sus clases de geografía un joven inglés que estaba de paso por la ciudad y, cuando oyó al maestro describir con minuciosidad las aldeas y los pueblos que atraviesa el Támesis,  así como los cultivos y los monumentos, revelando absoluta precisión, supuso que Kant conocía personalmente la región que describía, al terminar la clase le dijo que si algún día retornaba a Inglaterra lo recibiría con agrado. En realidad, Kant estaba muy a gusto en su ciudad, cultivaba la tertulia con sus amistades y llevaba una vida sin sobresaltos, excepto cuando se le ocurrió publicar La religión dentro de los límites de la mera razón. A causa de este libro tuvo que firmar un compromiso de no volver a hablar ni escribir sobre el tema, obligación que le impuso Federico Guillermo II de Prusia, un rey de perfil intelectual, protector de las artes, pero muy temeroso de que las ideas de la Ilustración se difundieran en Alemania.

En nuestros días es común hablar de turismo cultural, tal vez como una manera de despojar a los viajes del sentido de hacer ocio, que a mi entender es absolutamente necesario para el cuerpo, la mente y el espíritu. Cuando viajo mi mente trabaja, acopia datos, referencias, observaciones, tengo tiempo material para reflexionar, y procuro comunicarme con aquellos que viven a miles de kilómetros, que parecen ser muy diferentes a nosotros, pero no lo son. El hecho de viajar acompañado me facilita la evocación de ciertas experiencias, y los sucesos y observaciones dan pie a  enjundiosas charlas. El turismo está cada vez más presente en la economía de los Estados, llega a ser una fuente de ingresos primordiales para la subsistencia de muchas regiones, aunque ya comienzan a considerarse sus consecuencias medioambientales, pues la movilización de millones de personas a una región incrementa el nivel de contaminación.

En lo que atañe a la literatura, los viajes han generado en la Argentina una narrativa particular, como sucedió con Lucio V. Mansilla, hijo del célebre general Lucio N. Mansilla y sobrino por parte materna de Juan Manuel de Rosas. Él era un hombre erudito, polifacético y consumado dandy. Recuerdo que Una excursión a los indios ranqueles, era de lectura obligatoria cuando yo cursaba el bachillerato. Otro autor fue Roberto Arlt, quien por el contrario no provenía de una cuna aristocrática, sus padres eran inmigrantes europeos pobres, y para vivir tuvo que ejercer diferentes oficios que le impidieron asistir a la escuela, sin embargo se convirtió en autodidacta. Borges decía que uno es por lo que ha leído y no por lo que escribe. Pues bien, Arlt termina siendo una excepción a esa norma borgeana. No era un escritor de bibliotecas, no tenía una prosa al uso y estaba distante de cualquier academicismo. Lo tildaron de inculto, salvaje, bárbaro, sobre todo por sus incorrecciones sintácticas y errores ortográficos, pero no hay duda que leyó a Nietzsche y a Dostoievski, fue un cronista excepcional y se lo considera el creador de la novela urbana. Arlt llegaba a boxear con las palabras, tenía una mirada penetrante y era capaz de atrapar al lector sin soltarlo. Pensaba que el hombre civilizado destruyó la magia que había en nuestros ancestros. Recuerdo que en sus Aguafuertes españolas y marroquíes, refiriéndose al árabe dice que por más que esté cargado de piojos sigue siendo un dechado de cortesía. Sus temas eran lo cotidiano, pero también el mundo marginal, donde no faltaban las prostitutas y los rufianes, ese ambiente considerado de baja estofa y que muchos escritores de su tiempo prefirieron ignorar. No se sentía a gusto con las cofradías literarias, tenía ideas anarquistas, y no fue cordial con sus pares. Mallea, Gálvez, entre otros, cayeron bajo sus críticas. Y sus opiniones no pasaban inadvertidas, carecían de la diplomacia o tal vez de la hipocresía que le hubiese evitado no pocos problemas. El mundillo literario le dio la espalda y lo condenó al olvido, cuando no a la indiferencia, pues, su jactancia y su estilo de vida resultaban intolerables. Lo privaron del lustre y del reconocimiento económico, pero él no se privó de criticar el sistema de promoción literario que continúa vigente. Arlt jamás hizo concesiones y elaboró una obra que es un monumento de la literatura nacional.

La globalización modificó sustancialmente el panorama turístico y, fue necesario mejorar la gestión. Hoy por hoy en todas las actividades, profesiones y otras tareas se considera a la gestión como algo que no puede ignorarse. Y hasta se habla de la gestión de los sentimientos… Creo que quien desee aprender a gestionar una empresa puede embarcarse en un crucero. En efecto, el año pasado decidimos con mi mujer hacer un crucero y desde el piso 15 donde teníamos nuestro camarote, pudimos comprobar la gestión inteligente y no improvisada de todas las actividades de una nave que transporta hasta 5.000 pasajeros  y unos 2.000 tripulantes de diferentes nacionalidades.

Me atraen los aeropuertos, allí observo a la gente que va y viene. Esos “no lugares” de Marc Augé me fascinan, tal vez por el fluir de gentes con otros rasgos, vestimentas y culturas, quizá por los diferentes idiomas que uno oye y hasta percibe tan distantes.

Hace unos años estuvimos en Turquía, la tierra de Solimán el Magnífico, el sultán que con sus conquistas llegó a las puertas de Viena. Contábamos con la información  que nos proveía un par de guías turísticas, una en español y otra en inglés. Nos llamó la atención un par de recomendaciones: no alquilar auto ni hablar de política, Algunos amigos me decían que el viaje podía ser peligroso, pero creo que estaban influenciados por las películas Expreso de Medianoche y Pasión Turca, esta última basada en la novela de Antonio Gala. Antes de viajar leí Estambul de Orham Pamuk. La ciudad que fue capital de tres imperios, antes Bizancio y antes Constantinopla, es el corazón de Turquía, país de quien Bismarck  llegó a decir que era el enfermo de Europa. En Estambul el novelista busca el alma de la mítica ciudad y deja entrever su nostalgia por la grandeza perdida. De Pamuk tuve conocimiento antes de que le otorgaran el Premio Nobel de Literatura, ya que fue enjuiciado por reconocer en una entrevista a un diario suizo la matanza de más de un millón y medio de armenios y de treinta mil kurdos a manos de los turcos otomanos, en represalia por la alianza en contra del Imperio Otomano durante la Gran Guerra. En 1915 estaban en el poder los Jóvenes Turcos y, el 24 de abril comenzaron las deportaciones, también ese día unos 250 intelectuales armenios que vivían en Estambul fueron apresados. La palabra genocidio no existía, pero Raphael Lemkin, judío polaco, tomó del griego genos y del latín cidio, y creó el término, no sin antes estudiar con detenimiento ese exterminio. Pamuk considera que no es la discusión de los momentos más negros del pasado de un país lo que mancha su honor, sino la imposibilidad de discutir. Hoy Turquía mantiene tensiones étnicas con las minorías kurda, armenia y asiria que allí residen. Nacido a orillas del Bósforo, estrecho marítimo que divide a la ciudad en dos, vive en los Estados Unidos, y fue coherente con los dos derechos que Baudelaire sostenía que debían añadirse a la lista de los derechos del hombre: el derecho al desorden y el derecho a marcharse. Orham Pamuk se ajusta a lo que pensaba Camus sobre la escritura: tienen lectores los que escriben con claridad, mientras que los que escriben oscuramente solo tienen comentadores… En Estambul narra con concisión, exactitud y elegancia la tensión entre Oriente y Occidente, dos mundos con una inveterada desconfianza. Su mirada inteligente y escrupulosa se posa en la cultura, la psicología y el humor de la gente de la antigua Constantinopla.

Nicolás Sarkozy, no bien fue electo presidente, procuró sentar cátedra de geografía sosteniendo que Turquía no está en Europa, contradiciendo los argumentos de geógrafos y manuales oficiales. Y añadía que la Unión Europea era solo para los países europeos. Estambul es la única ciudad en el mundo que se halla entre dos continentes, por eso es transcontinental y, el Bósforo y el Estrecho de Dardanelos separan a Europa de Asia. El relato político puede defenestrar cualquier discurso científico, por más serio que fuere.

La Democracia o una enorme y pesada broma.

07 miércoles Ago 2019

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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El Siglo XXI amaneció con un panorama confuso, pues, muchas de las predicciones  acogidas por los medios de comunicación no se cumplieron. Un clima de escepticismo, desesperanza y cinismo, que venía gestándose desde hacía varios años,  se consolidó. Las predicciones y proyecciones elaboradas con la caída del Muro de Berlín en materia de política, geoestratégica y cultura, fracasaron. Los intelectuales mediáticos no se cansaron de hablar y vender sus libros sobre aquellos fenómenos que bautizaron “pos”, y que en mi opinión a menudo no pasaron de ser simples o complejas elucubraciones. La postmodernidad, entre otras corrientes, anunciaba la superación de ideas, normas y costumbres que ahora pertenecían al pasado y eran definitivamente superadas, según la bibliografía  del mercado. Se anunció el fin de la historia, de las ideologías y de los grandes relatos, que me impresionaron como duelos anticipados, ya que el muerto estaba vivo y gozaba de buena salud. En fin, a veces los intelectuales quieren exhibir una conciencia anticipatoria y, no siempre pueden mostrar lo que otros no alcanzan a ver. En este clima de error y turbación de ánimo, apareció el neoliberalismo. Ahora el mercado dejaba de estar subordinado al Estado, burocrático e ineficiente, y el control de la economía pasaba a manos privadas. Las teorías de Keynes fueron sustituidas por las de Milton Friedman, asesor de los presidentes Nixon y Reagan. En los años 80 con Reagan y Margaret Thatcher comenzaron los “ajustes estructurales” que anunciaron una nueva etapa, donde el bienestar social, los derechos humanos y la democracia se toparon con recortes perversos. Una nueva edad media, una babel globalizada, una moderna esclavitud financiera, denominaciones que señalaban una realidad crematística. Hoy casi todo se puede comprar o vender, hasta lo que ayer era inimaginable. De una economía de mercado llegamos a ser una sociedad de mercado, y cualquier problema social o cívico debe pasar por las leyes del mercado, no por el debate moral. Así se comercializan partes del cuerpo, se compran conciencias, nada escapa a los intereses económicos. Los valores morales se reemplazan con los precios del mercado. Algunos ven en esto la existencia de un pacto fáustico, la exhumación de la leyenda entre el doctor Fausto y el demonio Mefistófeles. No hay duda que existen nuevos escenarios y contextos, nuevos conflictos, dilemas y paradigmas, y nuevas formas de legitimación. 

Uno de los problemas más graves del mundo actual es la crisis de las democracias representativas, no solo en América Latina, también en países líderes y que pretenden erigirse en modelo de gobernanza y de convivencia. Es lógico que en un país con millones de habitantes sea imprescindible que haya representaciones, ya que resulta imposible que todos gobiernen. Pero la gran dificultad reside más en sus representantes que en el sistema en sí, más allá de los que la ven la dictadura de la mayoría. 

La broma es lo contrario de la seriedad, y al hacer referencia de una enorme y pesada broma no me refiero al sistema en sus reglas, principios y ordenamiento ajustado a la justicia y la razón, sino a los que asumen representaciones y jamás cumplen con lo que prometen, a esa casta de individuos para los que la política es una profesión altamente lucrativa, que además les permite alimentar sus apetitos de poder. También a los que se dedican a cabildear en los parlamentos y tribunales, y los que hacen lobby para que determinadas empresas obtengan jugosos contratos que se financian con dineros públicos. En efecto, me refiero a esos individuos cuyos malos procederes los convierten en seres despreciables. El espectro político actual cuenta con aquellos que les gusta mostrar su poder  cuando no su obscenidad, y hasta asumen el papel de moralistas. 

La socióloga Dominique Schnapper, hija de Raymond Aron, dice que en los países complejos donde se recurre a referendos continuos terminan tornándose ingobernables. Reparemos en el error que se cometió con el Brexit, fruto del engaño. Scnapper piensa que nunca existió una democracia abstracta y absoluta, en todo caso sí una democracia concreta. Demócrata es quien respeta las instituciones democráticas, no quien se vale de ella para hacer sus negociados o para ejercer la demagogia y el nepotismo.

Plutarco pensaba que aquél que reparte regalos donaciones y beneficios es el verdadero destructor de las libertades del pueblo. El clientelismo es antidemocracia. Por naturaleza y circunstancia la democracia reclama  libertad. Desde ya que hasta las democracias que pretenden ser más prolijas no pueden prescindir de ciertas manipulaciones secretas y negociaciones encubiertas, y es evidente que aquí no hay lugar para miradas indiscretas. 

Según Confucio a la sabiduría se llega por la reflexión (la más noble), la imitación (la más fácil) o la experiencia (la más amarga). No dudo que el camino de la democracia exige libertad, honestidad y respeto por las minorías, si no se cae en la parodia… 

Desde la antigua Grecia la democracia es severamente cuestionada. Claro que entonces funcionaba en una sociedad esclavista, podían tomar parte un número limitado y había  participación directa. Platón y Aristóteles desconfiaban, preferían la “sofocracia”.

Para Borges la democracia era una cuestión estadística. De todas maneras, es bien sabida su inclinación por el autoritarismo ilustrado. Recuerdo haber leído en La Prensa, el día que Perón retornó al país, que él prefería una dictadura ilustrada a una dictadura chabacana y populachera. Pero dictadura al fin… Y Perón en su discurso del 19 de abril de 1954 en el Luna Park, dijo que “El pueblo no se equivoca”, como si Hitler y Mussolini, entre otros dictadores, no hubiesen llegado al poder con el apoyo del pueblo. En realidad, los pueblos se equivocan con frecuencia, lo lamentable es que no aprendan de sus errores, y ésta es una desventura a lo largo del devenir histórico. Chesterton decía que lo que está mal, está mal, aunque todo el mundo se equivoque.

La diferencia entre democracia y dictadura para Bukowski consistía en que en la democracia se puede votar antes de obedecer las órdenes, y para Karl Kraus democracia significaba la oportunidad de ser esclavo de todos. Bernard Shaw sostenía que se trata del proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos, y añadía: «La democracia sustituye el nombramiento hecho por una minoría corrompida, por la elección hecha merced a una mayoría incompetente». Y “El sabio de Baltimore”, H. L. Mencken, la definía como el arte de administrar el circo desde la jaula de los monos… En fin, es evidente de que nada de lo que el hombre hace es perfecto.

Hoy por hoy en todas partes se verifica el mismo fenómeno: grandes empresarios,  banqueros y centros financieros reclaman una “democracia restringida”. Y para hacerla posible se necesita una presidencia fuerte, un parlamento que funcione como escribanía, una justicia que no irrite al ejecutivo, y una prensa que sostenga el relato oficial. Las medidas de fondo salen por decreto, no por ley. Las movilizaciones populares alteran el orden, pueden poner en peligro la gobernabilidad y por eso se las reprime. A la vista están los gobiernos que financian ONG de dudosa eficacia y transparencia, proyectos faraónicos divorciados de la realidad social, medios comprados por inversionistas privados pero que financian y controlan los gobiernos. Senadores, diputados, jueces, altos funcionarios, tribunales electorales que pasan por ser árbitros imparciales. La corrupción es el lubricante necesario para que las piezas de la maquinaria se deslicen y no rocen produciendo “ruido”. Mientras un clima de nostalgia envuelve a los grandes jugadores que sueñan con volver al glorioso pasado. De ello dan cuenta los ingleses, al igual que “America First”, los hijos de la Madre Rusia, o las reivindicaciones de China, Francia y Turquía, entre otros. Un cineasta desaparecido cuyo nombre olvidé decía que las naciones imperiales han actuado como gánsteres y las sometidas como prostitutas. Walter Benjamín hacía notar que en la tempestad del progreso deberíamos leer también las huellas de la barbarie sobre la que se afirma su continuidad. 

En Estados Unidos acaban de suceder dos episodios  de terrorismo interno en menos de 24 horas. Jóvenes supremacistas blancos tirotearon a gente inocente, ocasionando decenas de muertos y heridos. Mientras la sociedad revelaba conmoción, su presidente estaba en silencio (contra su natural verborragia) y, permanecía en su cancha de golf… El gran problema serían los inmigrantes latinoamericanos que describe como “plaga”, y se pregunta por qué deben aceptar a inmigrantes de “países de mierda” como Haití, El Salvador y las naciones africanas…; además de proponer prohibir el ingreso de los musulmanes, desestimar los pedidos de asilo, separar a los niños inmigrantes de sus familias en la frontera; todas declaraciones que recogen día a día los medios. No pocos coinciden con su ideario. Y pensar que Abraham Lincoln al referirse a la democracia dijo que nunca aceptaría ser esclavo, pero tampoco amo; esa era su estatura moral. Hoy su lugar lo ocupa un pirómano y, ningún pirómano se convierte en bombero. De allí que el legado de George Washington, Benjamín Franklin, Tomas Jefferson, él se encargue de desvirtuarlo. Toni Morrison, la talentosa escritora afroamericana de exquisita prosa barroca, quien anteayer falleció en Nueva York, decía que “En los Estados Unidos, ´americano´ significa blanco”, y añadía: “La función de la libertad es liberar a otro”.

Mediante el progreso logramos prolongar la vida, pero ésta no deja de ser demasiado breve, ya que casi nadie logra hacer la mayoría de las cosas que hubiera deseado. Por eso necesitamos pensar, sentir, reflexionar… Lamento profundamente que los pueblos no lo hagan a la hora de entregar su voto y, sobre todo luego, a la hora de exigir a rajatabla el cumplimiento de aquello con lo que le arrancaron el voto.

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