• Nota biográfica de Roberto Miguel Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

~ Blog sobre Crítica Cultural / por Roberto M. Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

Archivos diarios: diciembre 2, 2013

Las bondades del Colonialismo

02 lunes Dic 2013

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Cuando se estrenó la película Safari, donde trabajaba Víctor Mature, yo aún era chico y pude verla en el cine de mi barrio. Entonces llegué a creer que los que pertenecían a la tribu Mau Mau eran unos asesinos que odiaban a los blancos y que cometían actos diabólicos para sembrar el terror. Confieso que nunca me preocupé por indagar acerca de la historia de Kenia, hasta que por la prensa me enteré que la justicia británica hizo lugar a un grupo de kenianos que sufrieron las violaciones de la Administración colonial británica. El Reino Unido quiso desentenderse de las atrocidades que cometió e intentó responsabilizar por lo ocurrido al gobierno de Kenia durante la entrega de la independencia, pero el juez lo desestimó. Los Mau Mau constituían un movimiento organizado que pretendía liberar a Kenia del yugo británico, ellos abogaban por la desobediencia civil y combatían a los colonos. Hoy algunos académicos procuran revisar el relato urdido por la Pérfida Albión y, esta situación judicial podría estimular a que otras ex colonias británicas como Yemen, Chipre o Palestina, a través de sus veteranos hagan sus respectivos reclamos y así tomemos conocimiento de lo que en verdad sucedió.

Por lo que he leído, los colonos europeos permitieron a miles de kikuyus trabajar en las granjas pero sin derechos sobre las tierras que antes habían  sido suyas. Entre 1936 y 1946, estos colonos fueron más exigentes con los nativos en cuanto a días de trabajo e incrementaron las restricciones de acceso a la tierra. Ante las quejas de los africanos la administración colonial se comportó con la inequidad propia de toda administración colonial. Miles de kikuyus emigraron a Nairobi y, como suele suceder, surgió una nueva clase de propietarios nativos que tuvo un particular entendimiento con la administración colonial, con lo cual la desigualdad económica y el descontento entre ellos fueron mayores. A principios de los 50 la mitad de los kikuyus no tenía tierras y padecía los estragos de la pobreza, el hambre, el desempleo, la sobrepoblación. Las condiciones ya estaban dadas para el estallido de una guerra civil.

Esta es una historia poco conocida entre nosotros y, para muchos porteños, la denominación Mau Mau era el nombre de la boîte que existió en la calle Arroyo, propiedad de los hermanos Lata Liste, donde el portero hacía una rigurosa selección, ya que solo ingresaban aquellos que lo merecían (…) Conocí a José Lata Lista y lo trate durante el año que su padre fue paciente mío. Su hermano ya había fallecido. Él viajaba una vez por mes procedente de España y se reunía conmigo durante algunos minutos para que le explicase la evolución del estado clínico del padre que estaba internado. La boîte Mau Mau  cubría una necesidad local, la de aquellos que necesitan ser admitidos en lugares exclusivos, donde muy poca gente tiene acceso. No hay duda que esto actúa como elemento de autovaloración. José era un hábil empresario y sabía muy bien explotar la tilinguería del jet set.

Pero volviendo a la historia del colonialismo en África, las riquezas del continente tentaron la codicia de los estados europeos. El Imperio Británico hizo pie en Sudáfrica, y centró sus intereses en Egipto. Los portugueses se mantuvieron en Angola, Mozambique y otros territorios. Los franceses conquistaron Argelia, la zona musulmana de África del Norte, Túnez y Marruecos. Los italianos invadieron Trípoli. Bélgica hizo lo propio con el África Central. También estaban Holanda y España con su “protectorado”. En fin, en 1914, se habían repartido el continente africano, solamente Liberia (fundada por esclavos de los Estados Unidos) y Etiopía (después de la derrota de los italianos) seguían siendo libres. La intención de estas naciones era enriquecerse mientras pauperizaban a los pueblos africanos que tenían sojuzgados. Hoy por hoy debatir este tema se convierte en una pesada carga para sus responsables, que para peor viven su propia crisis, es más sencillo darlo por superado o crear un nuevo relato.

En el año 2005  viaje a París por un congreso de mi especialidad y, recuerdo que entonces los diputados franceses aprobaron una enmienda que exigía que en los futuros manuales escolares figurase el “papel positivo de la presencia francesa en ultramar, sobre todo, en el norte de África”. La reescritura de la historia siempre fue una tentación, pero los hijos de inmigrantes africanos que viven en Francia y además son ciudadanos franceses protestaron contra esa imagen a contrapelo de la verdad, y esto no debe causar sorpresa porque han sido incontables las veces que por medio de una ley o un decreto se intenta cambiar el verdadero registro del pasado. Finalmente el presidente Chirac, ante la ola de disturbios que se produjo en París, tuvo que  admitir que no es misión de los legisladores controlar la enseñanza de la historia y que el texto de marras debía modificarse. Con anterioridad, si mal no recuerdo a principios del siglo actual, la Asamblea Nacional adoptó una ley que reconocía a la esclavitud como un crimen contra la humanidad y, raudamente los franceses hicieron notar que su país era el primero en el mundo en admitirlo (…). Confieso que no deja de sorprenderme cómo los seres humanos nos enorgullecemos con una simple declaración, porque la ley puede llegar a tener un profundo sentido ético, pero es ingenuo creer que será suficiente para torcer el rumbo que los hombres le imprimieron a la historia durante siglos, y mucho menos lograr una amnesia colectiva sobre el pasado esclavista. El colonialismo y la esclavitud revelan el lado oscuro de la condición humana.

Europa tiene una compleja historia con los pueblos que sojuzgó y esquilmó por la fuerza de las armas, una historia a todas luces miserable, y es hora de que entienda que no hay más remedio que asumir el pasado y procurar reparar los errores, siquiera en alguna medida, más allá que tengamos en claro que en la vida hay cosas que nunca podrán repararse.

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