• Nota biográfica de Roberto Miguel Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

~ Blog sobre Crítica Cultural / por Roberto M. Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

Archivos diarios: enero 17, 2019

La gran mentira

17 jueves Ene 2019

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

≈ Deja un comentario

No hace muchos alguien me decía que si el futuro no nos plantea una esperanza estamos perdidos y, a decir verdad, la percepción que tenemos del futuro hoy se reduce a una amenaza. En efecto, vislumbramos un futuro amenazante donde todo irá a peor, al menos en lo que afecta a las mayorías. Esta situación se ve reforzada porque detectamos dificultades vitales en capas sociales que hoy se sienten injustamente castigadas por el sistema imperante. Las clases medias están empobreciéndose a la vez que pierden derechos. Y cuando esto se va extendiendo surge un lógico interrogante: ¿cuál será la capacidad de aguante de esa población?

Uno puede referirse a la clase media desde una concepción sociológica o desde una visión economicista. Algunos hacen diferenciaciones dentro de esta clase, que van desde la clase media alta hasta la clase media baja. En fin, los límites cada día se ensanchan más, pues, éste es un segmento de población cada vez más impreciso, de claroscuros, cuyos límites estarían dados por los ricos en un extremo, y los pobres y los excluidos en el otro. Lo cierto es que este segmento de la población es el que da cierta estabilidad social y que en gran parte facilita la gobernabilidad. Se trata de una zona central de distribución de la renta, que tiene capacidad de gasto, de ahorro, de endeudamiento, y que por sobre todas las cosas consume. Dicen los entendidos que cuanto más progresivo es el sistema impositivo y más generosos son los programas de prestaciones, mayor es el peso de la clase media. Todo esto se desarrolla en sociedades con un sistema capitalista y, hablar de sus orígenes históricos para mí es incierto, más allá de lo que sostienen los manuales. El capitalismo sin duda ha permitido buena parte del progreso actual y del ascenso social, pero que como algunos de sus críticos sostienen también ha sido el gran hipnotizador de las masas e incluso ha revelado ser cruel e inhumano con los débiles. Sus teorías se han entrecruzado con las teorías darwinistas, y las historias que ha protagonizado son terribles e indignas. Hoy se habla de neoliberalismo, un producto de la revolución conservadora liderada en su momento por Margaret Tatcher y Ronald Reagan, dos políticos que hicieron de la mentira un culto. El contrato social que se había establecido en los años de postguerra, con sus más y sus menos, pero que tuvo cierta efectividad, comenzó a modificarse en los años 70 y principios de los 80, profundizándose cada vez más hasta llegar a nuestros días. Su instrumentación ha sido perversa, y esta gran mentira liderada por estos personajes siniestros fue seguida por no pocas élites políticas y sobre todo económicas. Ellas se encargaron de combatir el control político del capitalismo instaurado en el New Deal norteamericano y el Welfare State europeo, con tal éxito que convencieron a las masas que se trataba de un “proceso inevitable”, había que aceptarlo, mansamente, y ver cómo cada uno se las arreglaba para subsistir con sus respectivas familias. Una invitación a cultivar un individualismo extremo y olvidarse de cualquier aventura altruista, al fin de cuentas mucha gente entendió que se trataba del sálvese quien pueda.

Recuerdo que nos decían que era necesario desregular los mercados, eliminar las fronteras, flexibilizar las relaciones laborales y, los que perdiesen el trabajo no debían inquietarse ya que tenían la oportunidad de conseguir otro empleo previa reingeniería laboral (…) Pero todo fue una gran estafa y lo curioso es que algunas élites o think tank siguen repitiendo descaradamente este credo, y aquellos medios que participan de este cinismo les conceden un amplio espacio. Así surgió la cultura de la globalización que apuntaba a convertir el mundo en un gran mercado, pues, se terminaba el proteccionismo tan perjudicial para el libre comercio, desaparecían o se debilitaban las facultades autonómicas, soberanas y regulativas de los Estado-Nación, todas las empresas estatales se privatizaban porque además de generar excesivos gastos eran ineficientes, siendo el resultado final la concentración de la riqueza en una pocas manos. Esto continúa sucediendo y explica sin ambages el malestar globalizado actual que ya no logra tornarse invisible, pese a los esfuerzos maniqueos de ciertos expertos.

La historia revela que la mentira cuando está bien orquestada tiene largo alcance, pero en algún momento se deshace. Millones de personas se sintieron atraídas por estas teorías que eran expuestas por hábiles mercenarios del discurso, algunos con brillantes méritos académicos, y lo curioso es que pese a que esas teorías iban contra sus propios intereses, esas mismas personas al descubrir nuevos estilo de vida quisieron imitar el tren de vida que llevaban ciertas élites, sin darse cuenta que la meta era inalcanzable. En el ambiente fluía el ser “realista”, “pragmático”, deshacerse de todo lo que fuese un obstáculo para la dinámica de esta nueva aventura, comenzando por el credo de los valores universales. En cuanto a la gente de principios, defensora de estos valores, era gente soñadora, idealista, que solo estorbaba. Mientras los mercados profundizaban el consumismo conseguían ampliar la brecha de ganancias de manera inimaginable. Pero hacer negocio, en la práctica (no en el discurso), era sacar ventaja de los otros, incluso recurriendo a ardides. Había que comprar barato y vender caro, no importaba el recurso al que se apelase, de allí que la ganancia fuese en una sola dirección, aunque se dijese lo contrario, y se burlaba el principio de que ambas partes debían ganar. Nunca antes la especulación tuvo tantas oportunidades, nunca antes la economía fue tan desvirtuada por las finanzas al punto que asistimos al surgimiento de una desembozada crematística. Por eso, al amparo de esta ideología, la explotación de hombres y mujeres es cada vez mayor y ayuda a alimentar la tragedia planetaria.

Creo que hoy todos estamos preocupados por el dinero, y también ocupados en ver cómo lo ganamos, pero no por codicia o avaricia, sino porque buscamos tener una vida digna, sin mayores sobresaltos. En fin, no me parece demasiado ambicioso que la gente pretenda tener trabajo, una casa confortable, y disponer de recursos económicos para los estudios de sus hijos, la cobertura de salud, darse algunos pequeños gustos en familia, y hasta gozar de unas merecidas vacaciones. No vislumbro que en estas aspiraciones se persigan lujos superfluos o se alimenten ambiciones desmedidas.

Sabemos que las grandes corporaciones padecen de adicción al dinero y al poder, nada las detiene, y si en el horizonte aparecen obstáculos saben muy bien cómo sortearlos. La globalización capitalista o el capitalismo global siempre despreciaron al sistema democrático, pues, sus intereses corporativos están por encima de los intereses de la sociedad. Daría la impresión de que la voluntad de los votantes ya no cuenta, tampoco el esfuerzo que hace el contribuyente de a pie para mantener el sistema. Mientras tanto la ideología que impera en política es la del oportunismo.

No es posible que para que unos gocen de ciertos derechos denominados “universales” haya que privar a otros de esos mismos derechos, esto es una contradicción. La última gran crisis, la del 2008, causó un daño inimaginable en vastos sectores de distintas sociedades. Y claro, siempre que existe una crisis hay quien se perjudica y quien se beneficia. En este caso y como suele suceder, se perjudicaron los más débiles, es decir, millones y millones de seres humanos, mientras las grandes empresas aprovecharon para incrementar sus ganancias y los bancos a punto de quebrar fueron rescatados con los dineros públicos.

Un amigo me dijo que dijo que la gente no está dispuesta a asumir riesgos para defender una causa ética o social, ya que se privilegia la protección de la familia, el trabajo, el negocio. Estimo que tiene razón, pero yo me preguntaba si podíamos hablar de una ética del capitalismo, de una ética de la globalización, de una ética del multiculturalismo o de las migraciones. Parecería ser que la búsqueda de una moral universal resulta ser una quimera y la preocupación por los valores aflora de tanto en tanto. Podemos discutir en qué consiste la felicidad (aquí me apartaré de los antiguos griegos), y cada uno podrá dar sus opiniones, pero de lo que estoy seguro es que no depende de conceptos abstractos. Para mucha gente la felicidad está en su realización personal, en disfrutar de su familia, así como de su trabajo y de la sociedad en que convive. Los pobres no logran cumplir su sueño de emprendimiento porque para ellos la igualdad de oportunidades no existe, es más, para el sistema son una carga y se los ignora.

Hemos llegado a un punto de quiebre, por cierto peligroso, sobre todo porque quienes están sacando ventajas de esta situación son los ahora llamados populistas que con sus mentiras nos traen los fantasmas del pasado. El Siglo XX fue decepcionante y se cobró miles de millones de víctimas. Sócrates dejó establecido la importancia de formular las preguntas. El Siglo XXI todavía no ha encontrado la forma de hacer las preguntas correctas, antes de esbozar cualquier solución.

Buscar artìculos

Artículos Recientes

  • El darse cuenta
  • El mundo de ayer
  • Hurgando en la memoria
  • CON TONO INTIMISTA
  • UNA CIERTA INTIMIDAD

Últimos comentarios

  • María en Si mi verdad valiera tu mentira
  • Laura en La riqueza: entre la virtud y el vicio.
  • Jorge Eduardo Dimov en Saliendo de la cuarentena con discusiones decimonónicas y esperando la vacuna
  • Amanda en ¿Democracia o voluntad tutelada?
  • Christian de Paul de Barchifontaine en Las luces y las sombras en el arte y el sexo

Archivo

  • marzo 2026
  • febrero 2026
  • enero 2026
  • diciembre 2025
  • noviembre 2025
  • septiembre 2025
  • junio 2025
  • mayo 2025
  • abril 2025
  • marzo 2025
  • febrero 2025
  • enero 2025
  • diciembre 2024
  • noviembre 2024
  • agosto 2024
  • junio 2024
  • abril 2024
  • marzo 2024
  • febrero 2024
  • enero 2024
  • diciembre 2023
  • octubre 2023
  • septiembre 2023
  • agosto 2023
  • julio 2023
  • junio 2023
  • mayo 2023
  • abril 2023
  • marzo 2023
  • febrero 2023
  • noviembre 2022
  • octubre 2022
  • septiembre 2022
  • agosto 2022
  • julio 2022
  • junio 2022
  • mayo 2022
  • abril 2022
  • marzo 2022
  • febrero 2022
  • enero 2022
  • diciembre 2021
  • noviembre 2021
  • octubre 2021
  • septiembre 2021
  • agosto 2021
  • julio 2021
  • junio 2021
  • mayo 2021
  • abril 2021
  • marzo 2021
  • febrero 2021
  • enero 2021
  • diciembre 2020
  • noviembre 2020
  • octubre 2020
  • septiembre 2020
  • agosto 2020
  • julio 2020
  • junio 2020
  • mayo 2020
  • abril 2020
  • marzo 2020
  • enero 2020
  • diciembre 2019
  • noviembre 2019
  • octubre 2019
  • septiembre 2019
  • agosto 2019
  • julio 2019
  • junio 2019
  • mayo 2019
  • enero 2019
  • diciembre 2018
  • noviembre 2018
  • octubre 2018
  • septiembre 2018
  • agosto 2018
  • julio 2018
  • junio 2018
  • mayo 2018
  • abril 2018
  • marzo 2018
  • febrero 2018
  • enero 2018
  • diciembre 2017
  • noviembre 2017
  • octubre 2017
  • septiembre 2017
  • agosto 2017
  • julio 2017
  • junio 2017
  • mayo 2017
  • abril 2017
  • marzo 2017
  • enero 2017
  • diciembre 2016
  • noviembre 2016
  • octubre 2016
  • septiembre 2016
  • agosto 2016
  • julio 2016
  • junio 2016
  • mayo 2016
  • abril 2016
  • febrero 2016
  • diciembre 2015
  • octubre 2015
  • agosto 2015
  • junio 2015
  • diciembre 2014
  • octubre 2014
  • agosto 2014
  • junio 2014
  • mayo 2014
  • marzo 2014
  • enero 2014
  • diciembre 2013
  • octubre 2013
  • septiembre 2013
  • agosto 2013

Categorías

  • Todos los artículos
enero 2019
L M X J V S D
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031  
« Dic   May »

Proudly powered by WordPress Tema: Chateau por Ignacio Ricci.