• Nota biográfica de Roberto Miguel Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

~ Blog sobre Crítica Cultural / por Roberto M. Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

Archivos diarios: abril 26, 2021

Un cóctel perverso: pobreza, ignorancia y militancia

26 lunes Abr 2021

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Desde tiempos muy anteriores a la Biblia, la pobreza, la ignorancia y la esclavitud o la falta de libertad, existen como una asociación. Calamidades que se vienen combatiendo y cuyos logros siempre son parciales, ya que perduran porque existe interés en que la situación de sometimiento no varíe, en consecuencia hoy como ayer vemos este cóctel perverso formando parte del sistema o de la lógica que impera. Es así como unos pocos toman las grandes decisiones y, en ocasiones hasta logran que millones de seres humanos vayan a la guerra y pierdan sus vidas sin saber realmente los motivos de la conflagración. Los grandes impulsores de la guerra si pierden tendrán que hacerse cargo de sus crímenes, no los vencedores que pasan a ser héroes para las generaciones futuras a la vez que sus crímenes caen en el pozo del olvido.

Hace cien años estaban en ascenso los nacionalismos, cuya pérdida de vidas humanas fue incalculable. Terminada la Segunda Guerra Mundial muchos creyeron de buena fe que jamás retornarían. Si observamos cómo los fascismos justificaban sus mentiras en el pasado rápidamente comprenderemos las mentiras del presente, porque en el fondo no hay nada nuevo. El gran problema contemporáneo de la gobernanza mundial es que los autoritarismos y los populismos lograron mediante ardides y aprovechando el justificado mal humor de la gente colarse en la vida democrática, incluso hacen pie en las viejas democracias y, hoy más de la mitad del planeta tiene “autocracias electivas”.

La pandemia con sus restricciones alentó las actitudes autoritarias y el control social. Y la pobreza también es un método muy eficiente de control social.

En la Argentina actual la pobreza, el desempleo crónico, el trabajo precario, la informalidad laboral o en negro alcanzan cifras récord, y eso jamás se soluciona con subsidios que deben ser temporales para que el individuo trate de paliar la situación deficitaria en su perspectiva de volver a ingresar al sistema. La estrategia inveterada de recurrir a dádivas políticas que aseguren un caudal permanente de votos, más allá de afectar la dignidad del individuo, revelan la actitud canallesca de quienes las otorgan usurpando los dineros públicos. La asistencia social es absolutamente necesaria, revela el lado humanitario de una sociedad solidaria, pero el paso inmediato insisto es sacar al individuo de esa situación para evitar cronificar la pobreza.

Cerca del 60% de los chicos en Argentina viven debajo de la línea de pobreza, es inédito. Qué es lo que pretende la dirigencia que habla de combatir la pobreza y de estimular la solidaridad cuando goza de sueldos obscenos, tiene todo tipo de privilegios y ya no oculta la riqueza, además de no poder justificar en la gran mayoría de los casos cómo incrementaron su patrimonio a la velocidad de la luz.

En la construcción de la Argentina uno de los cimientos fue y es la educación, elemento fundamental de igualdad social. Esto último lo sabemos muy bien aquellos que en la primaria, la secundaria y la universidad concurrimos a instituciones del Estado. Quien se educa bien tiene la posibilidad de romper el círculo de la pobreza y abrirse paso hacia el futuro. No creo que haya mejor herramienta para combatir la desigualdad que la educación, que es mucho más que la instrucción. Claro que ahora además de combatir la meritocracia también se combate la educación y hasta tienen el descaro de pretender sustituirla por el adoctrinamiento partidario.

Unicef y la Sociedad Argentina de Pediatría coinciden que en esta pandemia la escuela debe ser lo último en cerrar ya que es un lugar seguro para trabajar con los chicos. En efecto, cumpliendo con el protocolo no es un lugar de mayor riesgo. La OMS en un informe de este mes sostiene que las escuelas pueden permanecer abiertas aun en niveles de alta transmisión viral, concepto que evidentemente no comparten las autoridades nacionales ni los gremios docentes que no conformes con el año que ya perdieron los niños y adolescentes pretenden que también pierdan este año, animados por excusas que encubren intereses políticos miserables. Según una reciente encuesta del Observatorio de la UCA las consecuencias más graves de esta pandemia son el crecimiento de la pobreza, la pérdida de clases y la violencia familiar en aumento.

Los chicos tienen una flexibilidad y adaptación que supera a la de los adultos, sus padres. Pero a ambos es necesario hacerles llegar una información adecuada. No los ayudamos generando stress que sobre el cerebro está comprobado que desincentiva el aprendizaje. No es bueno el aprendizaje bajo tensión emocional y en este clima desconcertante. La tarea de los docentes es formar seres humanos libres y responsables.

En fin, la ausencia de la escuela ha revelado graves consecuencias para la salud emocional y física de los chicos, como depresión, ansiedad, autolesiones, obesidad, desnutrición, problemas oftalmológicos por la alta exposición a las pantallas. La virtualidad es un complemento pedagógico, pero la presencialidad es insustituible, como lo hemos comprobado en este tiempo de pandemia los docentes. Por otra parte, hogares de escasos recursos no pudieron conectarse o lo hicieron con dificultades y a su vez muchos padres no estaban en condiciones de ayudar a sus hijos con la tarea escolar, lo que incrementó la consabida brecha entre ricos y pobres.

El año pasado no menos de un millón y medio de chicos abandonaron la escuela y, yo preguntó cómo se resolverá esta catástrofe educativa, la mayor que haya acontecido en el país en toda su historia y que podría haber sido evitada en gran medida si se hubiese escuchado a los “expertos independientes”. Un día los gobernantes actuales se tendrán que ir, es inexorable, pero nos dejarán este gran problema… No hay duda que cuando la política manipula la información científica se genera escepticismo.

Países con menores recursos actuaron mucho mejor ante la pandemia, por casos Taiwán o Mongolia que reaccionaron muy rápido y se manejaron con eficiencia. En cambio, nuestros gobernantes de cuya ineptitud no abrigo dudas, han revelado que en vez de solucionarle los problemas a la gente, suelen generar otros problemas y le complican la vida al ciudadano de a pie. Bástenos con ver el panorama de nuestros días, las urgencias y prioridades que ellos tienen, donde la sinrazón es el denominador común.

La escuela ocupa un lugar primordial en la vida de los chicos, también en el desarrollo de un país, así lo concibió Sarmiento. La mayor parte de la vida social la desarrollan en la escuela, pues no solo aprenden los contenidos de las distintas asignaturas, desarrollan vínculos sociales, dan rienda suelta a sus emociones, participan de las actividades recreativas, aprenden los códigos de convivencia y también los valores. El año pasado las escuelas estuvieron cerradas y ellos perdieron esos vínculos humanos que son irreemplazables, también la autonomía y los afectos. Los que pudieron se recluyeron en sus hogares, otros que viven en condiciones de vulnerabilidad pasaron buena parte del día en la calle expuestos a los riesgos que conocemos, como la drogadicción y la delincuencia. En la escuela los chicos aprenden a ser ciudadanos, comenzando por identificar sus derechos. Por otra parte, es necesario considerar a los padres que necesitan del tiempo de la escuela para el cuidado de sus hijos, y los comedores en esta Argentina donde muchos pasan hambre o están mal alimentados.

No dudo que los chicos y los padres, unos y otros, necesitan poner en palabras lo que está pasando, lo que están viviendo, y es obligación de las autoridades prestar atención.

La sociedad necesita de lo presencial y de lo virtual, habilidades cognitivas que se adquieren en la escuela. Está claro que en la vida se corren riesgos, no es necesaria una pandemia. El tema es que la educación constituye un serio obstáculo para las políticas de adoctrinamiento, ahí está el meollo del problema y, de eso no se habla….

En la búsqueda de soluciones muchas veces se cae en la heurística, pero en la acepción de buscar la solución con métodos que no son rigurosos o por tanteo. Para algunos es un atajo mental porque nos exime de pensar, tranquiliza y nos saca de la incertidumbre. Uno de los grandes males que hoy reina es la ilusión del conocimiento y, creer que se sabe más de lo que se sabe suele acarrear serios problemas. Mark Twain decía: “Las cosas malas no te suceden por no saber, sino por creerte que sabías”.

En el mundo con esta pandemia se verifican crisis en todos los órdenes, sin embargo no dudo que éstas pueden abrir puertas a la imaginación y descubrir oportunidades. Lo vemos con numerosos ejemplos. No es el caso argentino, ya que vivimos una catástrofe, y ésta nos sitúa ante la cruda realidad de sobrevivir. Cuando desde el poder de turno la injusticia se repite día tras día la respuesta esperable es la cólera social. Más allá que una legión de militantes tome la calle o salga a defender en la redes su credo como si se tratase de una cruzada contra el infiel. Los disparates que dicen no tienen cabida en la mente de una persona inteligente, a quien le preocupa la verdad y actúa con honestidad. Es evidente que en su falta de respeto nos toman por estúpidos.

La palabra militante está relacionada con lo bélico, con la milicia, y su uso se trasladó al ámbito de los partidos políticos. Los militantes en política constituyen la fuerza de choque, que acata la cadena de mando y hacen un culto de la obediencia debida. Características propias del ámbito castrense, donde como es lógico no puede haber un clima deliberativo ni democrático porque allí se impone la obediencia. No busquemos en la militancia el respeto a la verdad, el libre albedrío o la opinión reflexiva. El militante está para defender su ideología y confrontar con el enemigo. Cuando los argumentos y las evidencias arremeten contra su credo o sus líderes, apela a la mentira, calla o se hace el distraído. Para él los métodos avalan el fin y la honestidad no puede ser un obstáculo. Discutir con un fanático es enfrentarse a la desmesura pasional y el resultado será negativo. Mario Benedetti solía decir que había que evitar tres figuras geométricas: “los círculos viciosos, los triángulos amorosos y las mentes cuadradas”.

Un diputado o un senador no pueden votar en contra de la disciplina partidaria. Recuerdo cuando el jefe de una bancada dijo en los medios que ellos “no eran librepensadores”, asimismo un funcionario público está impedido de contradecir a sus jefes aunque esto implique dejar en suspenso su rectitud moral. Desde ya que aquellos que piensan abiertamente se enfrentan al dilema de contraponer la verdad a la lealtad.

En los años 70, viviendo en La Plata, ciudad donde nací, tuve en la universidad compañeros y luego colegas que decían no sin orgullo: yo milito en la JP, en el PC, en Montoneros, entre otras organizaciones. Ellos expresaban abiertamente lo que pensaban y llegué a discutir con algunos, pero rápidamente advertí que estaban intoxicados por la ideología. Con la venida del Proceso nunca más supe de ellos… No creo que ninguno de esos chicos y chicas que conocí y que confundían la valentía con la imprudencia, arrojase bombas o disparase armas, caso contrario jamás hubiesen exhibido en público sus ideas. En todo caso como dice un amigo, esos eran los “perejiles” que actuaban en la superficie, mientras los de la pesada solían vivir en el anonimato y se las ingeniaban para escabullirse. No es casual que la mayoría de los líderes escapase al exterior y hoy pretenden vendernos un relato épico. Precisamente en el mundo los lobos solitarios o las células que realizan actividades terroristas son individuos que permanecen ocultos, de allí las dificultades de los servicios de inteligencia para prevenir los atentados.

Para Diderot, entre el fanatismo y la barbarie solo hay un paso, mientras Churchill consideraba que el fanático no puede cambiar de opinión ni quiere cambiar de tema.

En fin, estoy convencido por experiencia personal que la educación y la cultura pueden transformar nuestras vidas, de allí el imperativo moral de las autoridades para considerar estas actividades como esenciales para la vida de todos los habitantes.

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