• Nota biográfica de Roberto Miguel Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

~ Blog sobre Crítica Cultural / por Roberto M. Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

Archivos diarios: julio 2, 2021

La educación y la cultura: un valor o un lastre.

02 viernes Jul 2021

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Las fuerzas del mercado han incrementado su poder al extremo de convertirse en actores determinantes de la realidad. Daría la impresión que sin el apoyo del mercado nada puede hacerse o incluso mantenerse en el tiempo. En efecto, organizaciones que pertenecen al amplio abanico cultural hoy son obligadas a competir si quieren sobrevivir y, para colmo deben hacer proezas con fondos muy limitados. Un panorama desesperanzador, donde hombres y mujeres de la cultura, artistas e instituciones educativas de prestigio, son marginados y quedan con sus sueños maltrechos. Las restricciones materiales afectan a otras áreas sensibles de la sociedad, influyendo desde el proceso de creación hasta el consumo. Los decisores de estas políticas sostienen que existen otras prioridades, vitales, por caso la salud o la alimentación, y yo les creería si me demostraran que se ocupan seriamente de ellas, pero la realidad es que el hombre es el medio, mientras el dinero y el poder constituyen el fin.

El capitalismo en su versión descarnada y abusiva, jamás se interesó por las necesidades de las poblaciones vulnerables o que llegó a empobrecer con sus políticas. De allí que no hubo un sistema espontáneamente benefactor, ni en la antigüedad, ni en época de Shyloc (aquel usurero de El Mecader de Venecia), ni durante el fordismo. La codicia, el egoísmo, la crematística, son tentaciones presentes en toda época. Claro que ha habido épocas, como aconteció durante casi todo el Siglo XX, en que el hombre o la mujer podían explicitar un “contrarrelato”, y lo hacían desde la política, el sindicalismo u otro estamento social. En fin, así como cada época tiene sus miedos ocultos, fantasías y conspiraciones, también tiene sus falsedades, mitos y hasta malentendidos. Con respecto al malentendido en el ámbito de la cultura, es decir, el error de interpretación o la equivocación en el entendimiento de algo, hay que establecer una clara diferencia con la deshonestidad, la falta de respeto hacia el otro, y la mala fe que es éticamente negativa.

La llegada de la globalización a muchos entusiasmó por el progreso que impulsaba, aunque no advirtieron que esta nueva globalización, ya que la historia registra varias, terminaría magnificando el individualismo de manera inescrupulosa, poniendo al descubierto un apetito desmedido por la riqueza y un absoluto desinterés por las devastadoras consecuencias de sus negocios. Pactaron con quien fuere con tal de obtener beneficios, así nos ha inundado de corrupción y de todo tipo de plagas, al extremo que el fenómeno no se podría detener en su alocada carrera hacia el abismo.

Una manifestación interesante de nuestra época son las mediciones. No solo se mide la imagen de un político o la intención de voto, pues se pretende medir hasta la felicidad. Dentro de la crisis que vive el planeta, la confianza es un elemento central, y he leído que para elaborar el índice de confianza se procede a la sumatoria de la imagen general del gobierno, la percepción sobre si gobierna pensando en el bien general o en el de ciertos sectores, la eficiencia en la administración del gasto público, la honestidad de los individuos del ejecutivo y la capacidad de éste para resolver los problemas del país. En fin, una sumatoria que irremediablemente nos conduce al escepticismo. Y lo curioso es que los políticos siguen solicitándole a la población que les otorgue su confianza, sin reparar que la confianza se gana con los hechos (hechos y valores), y con el ejemplo, no con vanas promesas y olvidando que la confianza es como la virginidad…

Desde hace décadas la pedagogía y la educación están postradas ante las insolentes exigencias del mercado, al igual que otras actividades fundamentales para el desarrollo humano. En esta hoguera de vanidades y mezquindades, los gerentes le escriben el libreto a los gobernantes, los empresarios y banqueros se convierten en pedagogos y diseñadores de las estrategias geopolíticas, mientras la avidez por el dinero fácil gana la calle y dirige la conducta social. En cuanto a los conocimientos, éstos son aceptables si resultan rentables a corto plazo. De esta manera un pragmatismo y un utilitarismo rastreros deciden qué disciplinas son importantes, así como qué contenidos estudiar. Las materias menos prácticas o útiles para el mercado son apartadas cuando no se desechan.

No es casual que la enseñanza del arte y las humanidades cada vez tenga menos gravitación social, pese a que no son pocos los jóvenes que muestran interés por abordar estas disciplinas, pero a los promotores no les interesa. Para presionar sobre los gustos o modificar la elección de las carreras (deliberadamente evito la palabra “vocación”) apelan a la manipulación, ya sea con el marketing, la inteligencia artificial o con animadores sociales que pretenden vendernos un mundo de abracadabra.

Cuando el poder pone trabas u obstáculos a la educación, sin duda entorpece la superación del individuo, y esta es una estrategia que persigue la sumisión. Y la debilitación de las instituciones es otra estrategia política para deteriorar a la ciudadanía.

La educación presencial no es una antigualla, ninguna tecnología por novísima que sea la supera. La presencialidad está interconectada con distintos factores sociales, pero es motivo de discusión por la amenaza del Covid-19. A los gobiernos autoritarios la pandemia les dio la oportunidad de clausurar la educación, sin considerar que la escuela constituye un ámbito de contención emocional y psicológica para los niños, más allá de la tarea específica de enseñanza-aprendizaje. Pero además, en países como la Argentina, que tiene alarmantes índices de pobreza estructural y de empobrecimiento reciente, en la escuela también se les da de comer a los chicos… En el contexto actual, inédito en nuestra historia de 200 años, sobre un total de unos 45 millones de habitantes, 10 millones acuden diariamente a los comedores comunitarios…

Recuerdo que estando en Praga, me hablaron con admiración de Václav Havel (último presidente de Checoslovaquia y primero de la República Checa), de quien tenía conocimiento por su notoriedad como dramaturgo, poeta y ensayista; también recordaba su famosa polémica con Milan Kundera. Este notable intelectual, surgido políticamente de la “Primavera de Praga” (1968), decía: “Quiero ser un presidente que hable menos y trabaje más”. Y afirmaba que quería ser un presidente que “…esté siempre presente entre sus conciudadanos, y los escuche con atención”.

En nuestros días, los tecnócratas son los encargados de decirnos dónde está el lastre que entorpece el desarrollo de las sociedades, mientras los estados que se hallan ávidos de dinero a través de sus dirigencias no vislumbran otra alternativa que eliminar aquello que no sirva para competir en el mercado. El nudo gordiano está, a mi entender, en que esas políticas al atentar contra el pensamiento crítico y la riqueza espiritual del ser humano, dañan la capacidad del ciudadano y obviamente la vida en democracia. Por eso la democracia como sistema les estorba y, si la respetan es sólo en lo formal. En cuanto a las libertades, cada vez estarán más restringidas, pues, antes el pretexto era combatir la creciente inseguridad y ahora se trata de la pandemia.

Con la cultura se puede entretener, hacer pensar, vincular a los individuos entre sí y lograr la inclusión social, pero el mercado demanda que produzca réditos económicos y también políticos (muchos grandes negocios van de la mano de la influencia política). La manipulación de la cultura sirve de cortina de humo, como ser, detrás de la asistencia masiva a un espectáculo artístico o deportivo se pueden ocultar desigualdades sociales y, con la etiqueta de que estos espectáculos son gratuitos, el área de cultura que los gerencia procura camuflar las verdaderas causas de la inequidad social, más allá del gasto que suele ser excesivo para el Estado (léase los dineros de los contribuyentes).

Hace tiempo, leyendo el Corriere Della Sera, un editorialista titulaba: “Corruzione, la responsabilità è di tutti”, haciendo referencia de lo que sucedía en la sociedad italiana, frase que también cobró actualidad entre nosotros frente a la crisis económica. Pero se trata de una expresión absolutamente falsa, ya que apunta a diluir responsabilidades y pretende ocultar a los verdaderos culpables de los hechos. Lo grave es que algunos intelectuales, tomando como referencia un suceso anecdótico o aislado de la vida cotidiana, intentan convencernos de esta falacia. Ya sé que muchos de nuestros males los podemos verificar en otros, y no debería ser motivo de consuelo, tampoco es correcto apelar a ejemplos vulgares como eludir la cola en el banco porque el cajero es un amigo, o ser atendido con deferencia en una oficina pública mediante una recomendación, o sacar la basura fuera del horario reglamentario para sostener que padecemos de “anomia”, y al final concluir que todos somos corruptos… Tengo el pleno convencimiento de que estos intelectuales, además de hipócritas son canallas.

La nomenklatura, esa lista de funcionarios y políticos del régimen, siempre pide a la ciudadanía que cumpla con los deberes de un buen ciudadano, que sea altruista y haga los sacrificios que ella jamás hará. En cuanto a ciertas elites intelectuales, distantes de la problemática de los de abajo, frecuentemente no alcanzan a comprender situaciones que condenan. No hay que conformarse solo con la denuncia, es necesario entender el problema en su génesis, y no confundir el síntoma o la consecuencia con la causa.

Occidente alcanzó su preeminencia gracias a que privilegió la ciencia, la técnica, la educación, la competencia, la propiedad privada, la medicina, e instaló la sociedad de consumo, la ética del trabajo y la democracia como forma de gobierno. Pues bien, estas instituciones sociales que permitieron su desarrollo, fueron adoptadas por Oriente y, allí residiría la causa del ascenso de las sociedades orientales. El “choque de civilizaciones” que pronosticaba Samuel Huntington no se produjo, el triunfo definitivo de los Estados Unidos que auguraba Fukuyama tras la caída del Muro de Berlín, tampoco. Foucault criticaba a los intelectuales que hacían profecías, porque estas rara vez se cumplen.

No sabemos cómo será el futuro, pero ciertos reflejos y manifestaciones revelan que todo apunta a instaurar un nuevo colonialismo o nueva forma de esclavitud camuflada. Para alcanzar esa meta la manipulación de la educación y la cultura son fundamentales.

Como ser, hay países donde el autor de una canción que desagrada al poder termina en la cárcel, lo mismo el periodista que reporta una noticia de forma independiente o el ciudadano que critica al sistema en las redes. No se tolera ninguna disidencia, la educación se reemplaza con el adoctrinamiento, y quien se rebela es incorporado a una lista negra o termina en un campo de reeducación. Estamos a tiempo de reaccionar.

Un poeta gnómico como Focílides, en el Siglo VI a.C., decía que el pueblo, el fuego y el agua no pueden domarse. Y para Albert Camus, un rebelde es alguien que dice no.

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