Hace poco un lector, pues tengo algunos lectores pero carezco de público, interesado en la bioética, me preguntó si tenía algún material sobre la robótica, la ética y la medicina. Me tomó de sorpresa, estaba trabajando en otros temas, y se me ocurrió enviarle lo que publiqué al respecto hace unos años en mi libro: “Introducción a la bioética del siglo XXI” (HYGEA EDICIONES. Buenos Aires. 2017. Pág. 253), aclarándole que el texto es anterior al cisne negro de la pandemia, y que luego de leerlo seguramente encontraría cosas nuevas en la bibliografía actual destinada a la robótica.

Responsabilidad frente a la toma de decisiones, ética robótica y bioética médica.

Los seres humanos vivimos tomando decisiones, algunas sencillas, sin mayor trascendencia y que hacen a nuestra cotidianidad, decisiones que solemos llamar habituales, pues, están relacionadas con un modo de proceder asentado en la repetición. Pero además de éstas que forman parte de nuestro modo de vida, en ciertas oportunidades debemos tomar decisiones que pueden tener gran trascendencia para nuestro patrimonio, el ascenso social o la vida en sí, ejemplo de esta última situación es cuando firmamos el consentimiento informado para que el cirujano nos extirpe un tumor capaz de terminar en poco tiempo con nuestra existencia. No es común que realicemos un análisis sobre su mecanismo y nos planteemos los pormenores de la decisión. Lo cierto es que muchas de estas decisiones tienen implicancias éticas y también rozan o comprometen otras esferas del conocimiento, de allí la doble vertiente de la responsabilidad: ética y legal. Tomar una decisión implica un proceso que no se agota en una sencilla elección. Si nos remitimos al diccionario de la lengua veremos que una de las acepciones para la palabra “elección” es la libertad para obrar, y que en el caso de la “decisión”, el concepto alude a la determinación o la resolución que se adopta frente a algo dudoso. Por lo tanto elección y decisión se parecen mucho pero no son lo mismo. El punto de partida está en formular correctamente el problema (evitar confundir un problema biológico, cultural o psicológico con un problema ético), luego en analizar los posibles cursos de acción para hallar aquel curso que consideramos capaz de cumplir con el objetivo que queremos alcanzar. Se pretende que la decisión sea fundamentalmente racional, planificada en base a objetivos, estrategias y programas. A menudo se habla de estrategia y de táctica como si fuesen sinónimos, en realidad, la estrategia hace alusión a los grandes rumbos y la táctica a la operación.

En todo proceso decisorio surgen elementos fácticos y elementos de valor. En la cadena de medios-a-fines existe una jerarquía que va de las finalidades más inmediatas a las más mediatas (últimas finalidades). Los elementos fácticos son afirmaciones acerca de la realidad y tienen la pretensión de ser objetivas. El agua hierve a 100ºC, éste es un juicio categóricamente fáctico. Dos personas que enfrentan un problema fáctico podrán hacer afirmaciones contrapuestas pero ambas no podrán tener razón, porque la verdad, es, sólo una. Estamos ingresando en una nueva etapa del progreso, por cierto muy acelerada, que algunos llaman la Cuarta Revolución Industrial, donde la robotización de la vida es un hecho que crece a pasos agigantados. Hace unas décadas algunos autores alertaban sobre el peligro de que la Antropotecnia terminase sustituyendo a la Antropología, alerta que hoy se vislumbra con mayor claridad. Pero si reparamos en el ámbito de la “medicina robótica”, ¿un robot puede ser enjuiciado por realizar una malpraxis médica? La justicia probablemente buscará al médico que se halla detrás del robot que causó un daño al enfermo. Aún no hemos llegado al punto donde se pretenda enjuiciar a los robots por sus acciones dañosas. De todas maneras ya se habla de un Código de Ética para los robots.

En Corea del Sur, donde la sociedad habría alcanzado gran desarrollo tecnológico, el gobierno planea colocar un robot en cada hogar a partir del 2020. Esto generará una interacción entre humanos y androides. Un peligro sería que los humanos se vuelvan adictos a esta tecnología, como ya está sucediendo por ejemplo con el uso y abuso del celular o la computadora. También el Derecho está interesado en la protección de los datos que adquiera el robot y en ver cómo identificar y rastrear al robot. Un enigma lo plantea el robot en la habitación de un niño. Pero también la intención sería emplear la “biorrobótica” con fines militares, lo que genera argumentos encontrados. En la confección del Código de Ética Robótica, en el que trabaja un reducido grupo de expertos de Corea del Sur, se incluye un futurista y un escritor de ciencia ficción. Para tal menester se habría considerado el cuento que Isaac Asimov publicó en 1942, El Círculo Vicioso (Runaround). Los protagonistas, Powell y Donovan, refiriéndose al robot Speedy, acuerdan establecer 3 reglas o leyes: 1º los robots no pueden dañar a los seres humanos ni permitir que corran peligro por falta de intervención; 2º los robots deben obedecer las órdenes que les den los humanos excepto que entren en conflicto con la primera regla o ley; 3º los robots deben protegerse a sí mismos si para ello no entran en conflicto con las reglas o leyes precedentes. En esta normativa se establece que los seres humanos no deben maltratar a los robots.

Por otra parte, hoy se están haciendo pruebas con “vehículos inteligentes”, según la denominación de algunos autores, es decir, automóviles y miroomnibus conducidos por robots. Pero frente a estas máquinas que no poseen la inteligencia humana ¿los padres estarán de acuerdo en que estos vehículos lleven a sus hijos al colegio?

En otro orden de actividades, ya están diseñados los robots que sustituirán a las mujeres que ejercen la prostitución, con lo cual se vaticina un sexo seguro sin los riesgos de las ETS (enfermedades de transmisión sexual).

La robotización es una de las áreas tecnológicas que más interés despierta entre los innovadores. No hay duda que la tendencia de nuestros días es que los robots del futuro terminen por realizar todas las actividades que hoy hacen los humanos (robotización de la vida). Entre los argumentos a favor, hay quienes sostienen que esto simplificará las cosas y que los seres humanos tendrán más tiempo libre para la recreación e incluso la posibilidad de ejercer un ocio creador (…) El argumento del discurso carece de honestidad, porque para que hoy haya fábricas donde la mayoría de las actividades las realizan máquinas, con un mínimo de personal que controla esas máquinas, hubo que despedir a la mayoría de los operarios, generando un serio conflicto social, aunque incrementando el nivel de ganancias de los propietarios de las empresas, ya que ese es el objetivo no declarado. Algo similar sucedió durante el siglo pasado con los inicios de la ambigua globalización actual, donde políticos, tecnócratas e intelectuales decían en los medios que el proceso globalizador era imparable pero que traería bienestar a las mayorías, que era necesario hacer una reingeniería laboral, es decir, quien perdía su trabajo debía capacitarse para ser incorporado en otro trabajo. La realidad fue muy distinta, la gran mayoría de esa gente que fue expulsada del sistema laboral jamás pudo retornar al mismo, más allá que muchos cayeron en la depresión, el alcohol, las drogas, el delito o incluso el suicidio. Hay suficiente evidencia científica que avala esta afirmación.

Ahora bien, comenzamos el 2022 y todavía no salimos de la pandemia.. El problema es que en esta nueva era hay demasiado malestar, no solo con el virus. Las clases medias están rebelándose por el aumento de los precios, la caída de los ingresos, y el stress que produce esta pandemia interminable, que lleva a muchos disturbios sociales y sus consiguientes represiones. El planeta se está empobreciendo mientras los 10 millonarios más ricos del mundo durante estos dos años de tragedia duplicaron su riqueza (Oxfam)… Los robots son importantes en tanto sean útiles para el desarrollo de la humanidad. El problema es que muchos ya ven al robot como el enemigo futuro.