Hace unos días, el periodista y director de radio Pablo Duarte, hijo del reconocido pintor Roberto Duarte, me invitó a un encuentro literario: “Los mitos en la literatura”, en la Galería Liliana Rodríguez y en el marco de la muestra organizada por Café Convertes Art Gallery MUBUAI 2022 “Arte de las dos orillas”.

El tema lo desarrolló Jorge Cabrera, quien reveló ser un estudioso de los mitos en la literatura de Borges, Cortázar, Lorca, Marechal y Elvio Gandolfo, éste último es el único que permanece vivo. También participaron María Kodama y Celia Marechal.

Confieso que para mí fue muy movilizante, pues, actuó como un disparador para que evocase distintas etapas de mi vida. Siendo becario de postgrado en Madrid, cuando no concurría al hospital o la universidad que me ocupaban la mayor parte del tiempo, asistía a distintas actividades culturales. Recuerdo el curso de filosofía que se dictaba los fines de semana en la Fundación Universitaria Española, próxima al Parque del Retiro. Uno de los profesores al que yo admiraba solía hablarnos de los mitos en la filosofía, los mitologemas y, decía escoger los mitos griegos porque los mitos romanos están más elaborado, a la vez que añadía: “el hombre es un glorioso creador de mitos”. Otro de los profesores, que adoptaba posiciones más bien reduccionistas, era muy crítico con la Ilustración, y destacaba que este movimiento histórico se obsesionó con desmitificar todo, por ende no quedaba nada… Creo que lo que procuraba significar era que el hombre en su intento de desmitificar, a menudo termina por transmitificar.

Volviendo a la reunión, Cabrera le dedicó buena parte de su exposición exegética al mito del Minotauro y el laberinto, así como a las diferentes versiones que circulan. El monstruo Minotauro tenía cuerpo de hombre, cabeza y cola de toro, era hijo de Pasífae, y terminó encerrado en el laberinto diseñado por Dédalo, en la isla de Creta. Según una de las versiones, Poseidón hizo que Pasífae se enamorase de un toro blanco que Minos no quiso sacrificar en honor a Poseidón porque era bello, lo que ofendió al dios que buscó vengarse. Pasífae le confió su pasión a Dédalo quien construyó una vaca de madera y la llevó donde el toro de Poseidón pacía entre las vacas de Minos. El toro montó a la vaca de madera, satisfaciendo el deseo de Pasífae y luego dio a luz al Minotauro, un ser violento que se alimentaba de carne humana, y que debió ser encerrado en el centro del laberinto para ocultar la deshonra de Pasífae. Finalmente el Minotauro murió a manos de Teseo, hijo del rey Egeo.

Los aportes de Kodama y Marechal fueron interesantes. Como ser, Kodama dijo que Borges en su biblioteca, además de los libros de literatura inglesa heredados de su abuela, tenía varios libros de ciencia y matemáticas, porque estas disciplinas le despertaban mucha curiosidad, algo que ignoraba de Jorge Luis. Por su parte Celia comentó que Marechal recomendaba a los escritores que había que volver a los griegos y no recurrir tanto a la mitología centroeuropea. Cuando mencionaron a Cortázar recordé que un día lo crucé en una calle de la otra orilla del océano, pasó a mi lado con la vista elevada como mirando al cielo, creo que iba absorto en sus pensamientos. A decir verdad, me hubiera gustado haberlo invitado a tomar un café, para mí hubiera sido una charla sublime, quizá fantástica como su literatura, pero yo era un joven tímido y no me animé. Tiempo después supe que algo parecido le sucedió a Gabriel García Márquez, que cuando lo vio entrar a un café lo siguió y permaneció en una mesa contigua durante una hora observándolo pero no se atrevió a hablarle.

Mi gran amigo José Alberto Mainetti, médico, filósofo e historiador, a quien sucedo como presidente de la Academia Argentina de Ética en Medicina, ha dedicado buena parte de su vida al estudio de los mitos, sobre todo dentro de la historia de la medicina y la bioética. Los mitos siempre fueron objeto de pormenorizadas y atrayentes exposiciones en su obra, como Quirón, el centauro sabio, mitad hombre, mitad caballo, y el complejo bioético, representado por Pigmalión, Narciso y Knock. Quirón, el centauro más famoso, era un médico que sanaba los males del cuerpo y del alma, y muere herido por una flecha envenenada. En cuanto al complejo bioético, Mainetti habla de tres transformaciones: la tecnocientífica que responde al deseo y que remodela al hombre, la social de la relación médico-paciente que pone al enfermo en posición de decidir acerca de su cuerpo, y la política de la salud convertida en un bien social de economía expansiva. Estas transformaciones él las ve simbolizadas primero en Pigmalión, aquel escultor de Chipre que da vida a la estatua que construyó, la segunda en Narciso, el bello adolescente que se enamora de su imagen, y finalmente el doctor Knock, personaje de la novela de Jules Romains que con su apasionamiento exagerado anuncia la medicalización de la vida. Los tres identificarían la cultura posmoderna y la trama moral de la medicina de nuestros días.

Además recordé mis años en la Dante Alighieri de Buenos Aires, con el aprendizaje de la lengua, la cultura y sobre todo la lectura de la Divina Comedia, en la que Dante hace referencia del Aqueronte, uno de los cinco ríos del inframundo, morada de los muertos y los espíritus, así como de otros mitos griegos. A decir verdad, estoy muy olvidado de este poema épico y religioso. Reconozco que he tenido el privilegio de leer desde muy joven a los clásicos de la literatura y la filosofía, pero confieso que me disgusta no recordar ciertos pasajes de obras que me deleitaron, y hoy por el tiempo material que me ocupa la profesión, el caudal de informaciones y las lecturas nuevas, tengo bastante dificultad para la relectura de esas obras. En fin, creo que cuando uno más lee también más olvida. Lo cierto es que Dante realiza su viaje a través del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, de la mano de Virgilio con el objetivo de redimir sus pecados y ascender al Cielo. Un viaje espiritual de un alma errante, sumida en las tinieblas, que busca la luz. Dante está perdido en una selva oscura y se encuentra con Virgilio, por indicación de su amada Beatriz, que personifica la sabiduría divina, con la intención de salvarlo.

Y en mi etapa de estudiante universitario recuerdo haber leído a Erich Fromm, quien sostenía que los mitos y los sueños tienen en común que son escritos en el mismo idioma, que es el lenguaje simbólico. George Steiner decía hace unas décadas que: “En este momento del siglo XX, tenemos hambre de mitos, de explicaciones totales, y anhelamos profundamente una profecía con garantías.” Si Steiner que murió en los albores de 2020, hoy viviese, estaría profundamente sorprendido ante este mundo que se hunde cautivo de la incertidumbre y la alienación, y ya nos habría dado alguna de sus sabias reflexiones, recurriendo probablemente a los mitos. La política, o mejor los políticos, están en medio de este desastre, y como sostenía Claude Lévi-Strauss, “Nada se parece más al pensamiento mítico que la ideología política.”
En fin, todos sabemos que los mitos no cuentan historias verdaderas, pero en la trama de su narración hallamos parte de la realidad, pues, allí están contenidos los grandes temas existenciales, y hasta se atreven a darnos respuestas…