Desde la antigüedad los reyes justifican su poder en el origen divino, ya sea como deidades (seres sobrenaturales a los que se les rinde culto) o como intermediarios entre el cielo y la tierra, sin embargo la modernidad se encargó de separar el Estado de la religión, lo que se conoce como laicidad. Y aquí comenzó uno de los grandes problemas que azuzan a la humanidad. Es importante aclarar que no se trata de negar el papel espiritual de la religión, pero está claro que una cosa es la política que aspira a gestionar o gobernar los asuntos públicos de una sociedad, y otra muy diferente la fe religiosa que tiene un individuo. De todas maneras, todavía existen en el mundo gobiernos que son regidos por la religión y, las autoridades políticas son simultáneamente los líderes de la religión que domina. En el planeta queda un puñado de estados que se reconocen como teocráticos, bástenos Irán, Arabia Saudí, Afganistán, entre otros.
Pese a la laicidad en aquellos países donde la constitución establece claramente la separación de estos dos poderes, donde existe la democracia y el republicanismo, a menudo la religión incide fuertemente en ciertas decisiones gubernamentales, incluso movilizando a su feligresía para que vote a determinado candidato porque representa sus intereses, afianzados en cierto conservadurismo moral y también social.
Otra situación la plantean aquellos individuos que siendo militantes de un partido político asumen una conducta irracional, fanática, porque depositan una fe ciega en el líder, que es un político mesiánico, quien en un clima de desinformación creciente alienta la desconfianza en las instituciones del Estado, quedando así solo la “verdad revelada” del líder, cuya palabra es la voz del pueblo…
Muchos de los problemas hoy globalizados, dependen en cierta medida de las masas de votantes cuyo manejo es emocional. Es oportuno aclarar que no es lo mismo ser votante (cualquier individuo que esté habilitado por ley) que ciudadano, porque en éste la crítica tiene cabida y se hace responsable de sus decisiones, acertadas o equivocadas. En efecto, el ciudadano suele estar abierto a la verdad y busca con su voto apuntalar el bien común, por eso no acepta el “pensamiento único”, ese pensamiento que no admite otras ideas u otras respuestas. Además, un grave peligro es el adoctrinamiento de los jóvenes, quienes en realidad deben ser educados en un ambiente de libertad intelectual y espiritual.
Kant procuraba demostrar que la razón moral que habita en el interior de toda persona seguía una ley central, de la misma manera que el movimiento de los astros cumplía con la ley de la gravedad. Esa ley kantiana de la razón moral práctica la explicitaba así: obra siempre de manera que puedas desear que tu comportamiento se convierta en legislación universal. Kant expuso distintos ejemplos de zonas grises morales que proponía resolver, de ser posible en una sociedad donde todos se comportaran de esa manera. El filósofo prusiano expuso su teoría hace más de dos siglos, en un mundo que difería mucho del actual, sin embargo no somos tan diferentes, pues, como decía Germaine de Stael: “los hombres no cambian, se desenmascaran”
Eric Voegelin creía que un sistema político sólido requería del Estado de Derecho y la primacía de la ley, pero consideraba imprescindible que los dirigentes políticos tuvieran una experiencia ética y espiritual, ya que cuando esto no sucede los ciudadanos terminan perdiendo la paciencia y buscan líderes que se opongan al sistema, sobre todo que tengan una ideología mesiánica, de allí que Voegelin hablase de “religiones políticas”. Él fue un representante de la teología política, como Carl Schmitt, aunque ideológicamente estaban en las antípodas. Los dos nacieron en Alemania y murieron en 1985. Voegelin debió escapar de la Alemania nazi y terminó exiliado en los Estados Unidos, mientras que Schmitt fue un miembro destacado del nacionalsocialismo.
Voegelin describió la psicología de las religiones políticas para lograr volcar una gran masa en su favor: el líder tiene una causa, está comprometido y se ubica en un plano superior; escucha a las multitudes y critica la conducta corrupta de las clases dirigentes de manera repetitiva, aunque no tenga evidencias; hábilmente capta la mala disposición popular hacia algunas instituciones y explota este sentimiento; para combatir grandes problemas ofrece recetas simples y fáciles. De esta manera el líder logra convencer a sus seguidores de que son los elegidos, que sus condiciones elevadas los separan de los otros y del resto del mundo… Una vez organizados, serán impermeables a todo argumento, ya que son los elegidos por Dios.
Para Schmitt la “acción política” es la “decisión”, lo que se necesita para terminar con la lucha de clases, algo que sería imposible en el Estado liberal, por eso se inclinaba hacia la dictadura como forma de gobierno. Crítico de la democracia parlamentaria, además del liberalismo y el cosmopolitismo, sostenía que la esencia de la política está en la distinción amigo-enemigo.
Si la clase dirigente tuviese el hábito de leer historia comprendería que situaciones como las que vivimos, fueron el terreno propicio para el estallido de los conflictos sociales que dominaron las primeras décadas del siglo pasado, teñidas de violencia y caos. Clima social que favorece la aparición de un enviado de la Providencia que desde un balcón arengua a las multitudes, con la consabida hipocresía de que viene a salvar la patria… Los populismos, tanto de derecha como de izquierda, surgen en las sociedades que no hallan solución a sus problemas de base. El malestar y la indignación hoy están globalizados y, no hay peor cosa que despertar la cólera de las masas, pues, nunca se sabe cómo terminará.
En el terreno de las utopías es necesario hacer diferenciaciones, porque en el Siglo XX aparecieron las utopías que procuraban cambiar la vida de la gente, a diferencia de otras que pretendían cambiar la naturaleza del hombre, como sucedió con el estalinismo, al punto que se hablaba de un “hombre nuevo”, como si fuese posible a este ser milenario cambiarle los instintos, el organismo, sus deseos, la violencia e incluso su capacidad de hacer el mal… Cuando se habla de cambiar la vida, se reduce a modificar el concepto que tenemos de las cosas materiales, por caso la relación del hombre con el dinero. En efecto, el sistema permite que un individuo por necesidad acepte condiciones de trabajo y de vida que son injustas, porque el tener que mantener una familia lo obliga a aceptar trabajos mal remunerados y condiciones laborales indignas. Además el sistema sabe perfectamente que la necesidad es el medio para que los individuos abdiquen de sus legítimas aspiraciones, ignoren los límites, incluso se rebajen a los caprichos de los canallas. Y éste es el fermento de las revoluciones que sucedieron muchas veces a lo largo de la historia. Nada nuevo hay en esto.
De todas maneras, las creencias están presentes desde el inicio de la humanidad y tienden a imponerse, es decir, en nosotros existe la tendencia a aceptar aquello que coincide con nuestras creencias, siempre ha sido así, claro que hoy se le añaden los algoritmos, que seleccionan aquello que coincide con nuestras preferencias, gustos, deseos y pensamientos para reforzarlos.
Está claro que en los que tienen una mentalidad fundamentalista no hay evidencia que les modifique lo que creen. Emmanuel Carrère dice que los fanáticos, “no creen en lo que ven, sino que ven lo que creen”.