En La Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) la población de mascotas casi duplica a la población de niños y adolescentes. No deja de ser sorprendente para una metrópoli conformada por olas de inmigrantes que llegaron con un proyecto de vida que contemplaba no solo el progreso material, sino formar sus familias, además de tener un desarrollo educativo y cultural fuera de lo común, una riqueza material y espiritual reconocida en todo el mundo, así como una mística que la torna una ciudad única, entre otros atributos de importancia. Desde ya que no se trata de menospreciar a las mascotas, porque el amor de un perro hacia su amo es infinito, también su lealtad. Y no tengo dudas que en amor y lealtad, el perro supera con creces al ser humano… Pero éste no es el tema, sino la baja natalidad.

Hace unos días el presidente Milei en una conferencia dijo: “…el miedo es que ahora el mundo se quede sin gente. Lo hubieran pensado antes, nos hubiéramos ahorrado bastantes asesinatos en el vientre de las madres”. En clara alusión a que la caída de la natalidad en Argentina obedece a la legalización del aborto, lo que es absolutamente falso, pues, aquí la baja de la natalidad se verifica desde hace décadas, y la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) hasta la semana 14 de gestación, fue aprobada en diciembre de 2020. En Argentina la tasa de natalidad habría caído un 40% en la última década, al igual que en otros países de la región, pero aquí ha sido con mayor velocidad, hecho sin precedentes en América Latina.

La disminución de la natalidad se debe a factores económicos, sociales y culturales, por caso el acceso a la educación. Y muchas mujeres suelen postergar la maternidad e incluso tienen menor número de hijos, porque buscan desarrollarse en su trabajo y en su profesión. Claro que el factor económico es determinante, porque con los magros salarios resulta imposible mantener una familia, incluso de uno o dos hijos.

En cuanto a la educación, implica prevenir embarazos indeseados, y para ello se recurre a diversos métodos. También que en los colegios, a determinada edad y nivel educativo (no en cualquier nivel), ofrecer una educación sexual instrumentada con seriedad, sin que esto implique el despertar precoz de la sexualidad o alterar las emociones y sentimientos… Por otro lado, un dato no menor es que hoy en la ciudad habría unas 4500 personas viviendo en la calle, y varias son familias con niños en condiciones de vulnerabilidad, como uno puede ver caminando por el centro de la ciudad.

En Estados Unidos un supremacista blanco tuiteó: “Tu cuerpo, mi decisión”, en alusión burlesca a “Mi cuerpo, mi decisión”, consigna de las mujeres desde los años 60 en reclamo de autonomía para tomar decisiones sobre derechos sexuales y reproductivos. En consonancia con los sectores más retardatarios que buscan retornar a un orden social perimido, cimentado en jerarquías de género, raza, nación y, sobre todo contrarrestar los avances en igualdad, siendo la política económica una herramienta de estrategia ideológica y cultural. Es natural que ante la precarización laboral y el clima de incertidumbre muchos posterguen la idea de tener hijos, o incluso la descarten. Hoy la edad de la maternidad es mayor y, algunas en la espera olvidan los límites biológicos, al extremo que cuando se deciden ya es tarde. También la adopción de niños habría disminuido. Pero crecen aquellos métodos de anticoncepción definitivos, aun en jóvenes que no han tenido hijos, como la ligadura de trompas y la vasectomía. En fin, el dilema para muchas mujeres está entre la maternidad y el desarrollo personal. De todas maneras, es evidente que se necesitan políticas de Estado que privilegien el cuidado en los extremos de la vida (niños y ancianos), pues, no se pueden ignorar los cambios actuales, más allá que nos gusten o no.

Con Trump y Milei existiría una política de liberalización financiera y a su vez la pretensión de control del cuerpo de las mujeres. En realidad, la corporalidad femenina siempre ha estado en el ojo de la tormenta moral, y la voz de las mujeres fue, ha sido y es asordinada. Sin embargo, hoy la mujer está muy lejos de ciertos mandatos sociales históricos, al igual que de formas de entendimiento tradicionalmente conservadoras y religiosas que siempre limitaron su autonomía, como los conceptos de que fue creada para paliar la soledad del hombre y someterse a su voluntad, o que su finalidad en la vida es la procreación y el cuidado de la descendencia. Que acompañe a la pareja, que traiga hijos al mundo, que cuide con amor a la descendencia, sin duda es muy loable, pero no deja de ser una decisión individual, personal, que solo le pertenece a ella, y no se le debe imponer como todavía sucede en ciertas regiones y culturas atrasadas, que incluso cosifican a la mujer. En nuestros días la igualdad de géneros se ha convertido en una lucha permanente, asimismo la lucha por todos sus derechos, y esto va más allá del feminismo, ya que es una cuestión ética y moral, que hace a la dignidad humana.

El jacobino Robespierre decía que, “Es urgente que cada ciudadano sepa, con el fin de hacer valer y hacer cumplir lo que les corresponde, los derechos que adquiere por nacimiento”. Se refería a los derechos que al nacer aseguran la existencia de una persona en el contexto social. Y Victor Hugo sostenía: “Pongámonos de acuerdo en qué es la igualdad, pues si la libertad es la cima, la igualdad es la base”, con lo que procuraba significar que todos deberían tener las mismas oportunidades y derechos, en cambio hoy se pretende tendenciosamente desdibujar el verdadero concepto de igualdad. Convengamos que tanto la tesis de Robespierre como la de Hugo, a la luz de la realidad actual terminan siendo utopías, en un mundo donde las distopías son tendencia… De todas maneras, pienso que las utopías son necesarias, ya que tienen por misión darle sentido a la vida. Sin utopías no habría progreso, tampoco un futuro mejor.