• Nota biográfica de Roberto Miguel Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

~ Blog sobre Crítica Cultural / por Roberto M. Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

Archivos de autor: Roberto Cataldi

Entre el futuro apocalíptico y los simulacros de salvación II

24 lunes Jun 2019

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

≈ Deja un comentario

Antonio Gramsci murió gravemente enfermo de tuberculosis en 1937, una semana después de haber cumplido once años de cárcel. Fue  arrestado siendo diputado por el PC de Italia días después de un atentado a Benito Mussolini, que no tuvo ninguna consecuencia pero que fue el pretexto de Il Duce para disolver los partidos políticos de la oposición y terminar con la democracia. Gramsci, hijo de una modesta familia del sur y autor de los Cuadernos de cárcel, se convirtió en un verdadero intelectual orgánico de su época, ya que fue un militante que teorizó sobre su práctica política y su propia realidad. Él pretendía la unidad de los obreros industriales con los campesinos. Tomó como modelo a las unidades básicas fabriles con el objeto de organizar la nueva sociedad. Le interesaba sobremanera la relación entre los dominadores y los dominados, y reflexionó largamente sobre qué era lo que mantenía el consenso de un grupo frente a la dominación fascista, pues, era evidente que eso no podía ser solamente coerción. A la definición de Max Weber de coerción o monopolio de la violencia que tiene el Estado (previa legitimación) le añadió el consenso de los dominados, y fue famosa su definición sobre “la hegemonía” como método de dominación.

Si observamos lo que actualmente está sucediendo en el mundo, tendremos que aceptar que las reflexiones de Gramsci sobre el Estado capitalista son actuales. Es curioso, finalizada la Guerra Fría, disuelta la URSS y revelado el fracaso de la experiencia comunista, el neoliberalismo depredador ha resucitado no sin pesar a Marx,  Gramsci, Benjamín, y otros “pensadores prohibidos” en mi época de estudiante. Recuerdo que en los años del proceso militar, cuando los grupos de tarea ingresaban en el domicilio de un sospechoso, más allá de buscar la tenencia de armas,  iban directo a su biblioteca para ver qué leía. Siempre he dicho que a las dictaduras les interesa muchos más la cultura que a las democracias, ya que no existe dictadura que no se preocupe por lo que la gente lee, no vaya a ser que allí anide el fermento de la rebelión.

Luego de la crisis del 2008 quedaron al descubierto aquellas tramas ocultas de la política encaminadas a favorecer el enriquecimiento de ciertos grupos de poder, deteriorando las posibilidades de ascenso social e incluso de supervivencia de amplias mayorías. El sistema mostró su rostro más sombrío. Y surgió una izquierda desorientada y endeble en sus convicciones ante “lo inevitable”, mientras que la extrema derecha descubrió cómo favorecerse a partir de contar con el apoyo de los perjudicados.

Durante mucho tiempo funcionó en el llamado campo progresista la idea de no decir aquellas “verdades no convenientes” para  evitar hacerle el juego a la derecha. Así surgieron los silencios cómplices, pero también las purgas con los que eran considerados díscolos. No faltaron los que se autocensuraron y tampoco los que dieron un portazo y dijeron lo que realmente pensaban, convirtiéndose en traidores a la causa.

Hasta la década del 70 la izquierda se mantuvo firme en la crítica de la economía capitalista para luchar contra la desigualdad y la pobreza, siendo su protagonista el obrero o el campesino, en el ámbito laboral de la fábrica o la granja. Eso ya es historia, los tiempos han cambiado y los líderes actuales, salidos en su mayoría de las universidades, suelen tener una olímpica ignorancia de lo que sucede en la sociedad. Por eso no tenemos más remedio que volver a los viejos teóricos que hablaban de la lucha de clases y, tal como vamos pienso que el mundo se encamina a una sociedad de castas.

Mi generación creyó sin tapujos en el futuro. Hoy por hoy es patente el miedo al futuro. En efecto, existe una angustia generalizada que promueve cambios sociales profundos por haber perdido el bienestar, la fe en el progreso (en todo caso sus beneficios serán  para unos pocos), y el temor que durante la Guerra Fría existía por la amenaza de una guerra nuclear, ha sido reemplazado por el pánico ante un desastre ecológico. También mi generación asistió a lo que se llamó el fin de la modernidad (tema discutible), así como el fin de la historia, las ideologías, los grandes relatos, las revoluciones.  Mientras tanto vemos cómo se terminan los recursos naturales. La realidad actual no solo está dominada por los problemas económicos y laborales, también están en el tapete los conflictos que generan las etnias, las religiones, la sexualidad y sus variantes, los distintos tipos de marginación, las poblaciones vulnerables y las vulneradas.

En medio de este panorama desfalleciente no faltan los que prometen la salvación a cambio de ser votados. Ellos identifican a los enemigos del pueblo y los responsabilizan de todos los males. De esta forma, populistas de derecha y también de izquierda, se alzan con el poder y pretenden recuperar supuestos paraísos perdidos. Claro que una vez en el poder, se ponen en marcha los grandes negociados, el nepotismo, las cuentas secretas en paraísos fiscales,  el clientelismo, los privilegios de clase, y la nueva corrupción reemplaza a la vieja corrupción, incluso de manera obscena. En fin, dicen que quien controla el relato controla el futuro.

Estos políticos mesiánicos que hoy se manejan a través de las redes sociales quieren llegar a su pueblo sin intermediarios, por eso ven en el parlamento, en la justicia y en la prensa verdaderos obstáculos para gobernar. Claman a los cuatro vientos que nadie les ate las manos y, de esta manera la democracia se diluye dando paso al autoritarismo. Cuando el líder se presenta en público como justiciero, su voluntad está por encima de la razón, la constitución, el Estado de derecho, ya que tiene la suficiente autoridad moral y es el único representante de la autoridad del pueblo, que por otra parte es un pueblo “bueno” y también “sabio” ya que nunca se equivoca (…) Esa población disconforme pero “virtuosa”, reclama un gobierno fuerte, de mano dura, y lo apoya para que pueda hacer lo que sea necesario sin tener que rendir cuentas. La otra cara del consenso es cuando las mayorías deciden que todos deben vivir sujetos a los designios del amo. Ésta es la deriva autoritaria y bastarda que infecta en nuestros días a gobiernos de Occidente y Oriente. Tal vez tenía razón Bernard Shaw cuando decía que “la democracia es el proceso que garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos”.

La cartografía actual difiere de la de finales del siglo pasado. El dinero es el dios profano y el “realismo capitalista” a través de las relaciones comerciales entre los países pesa mucho más que los derechos humanos. Los estados pueden adoptar un régimen de gobierno democrático o  autocrático, pero la economía, es, capitalista. La globalización ha mercantilizado hasta lo público. Las ciudades han perdido mucho de lo bueno que las caracterizaba y son vistas como empresas, donde llega el capital inversor para hacer sus negocios y desaparecen con las ganancias de la noche a la mañana, dejando una estela de problemas. El turismo de masas se maneja como lo hace la minería, mediante la extracción de los recursos. Frente a este panorama el concepto de Estado-nación es un obstáculo real. La constitución, madre de todas las leyes, se invoca hasta el cansancio, pero sabemos que no se la respeta, más allá que políticos y gente del derecho la invoquen con devoción, como los religiosos lo hacen con las sagradas escrituras.

En las protestas callejeras el denominador común es el reclamo de libertad y de justicia. Dos millones de hongkoneses acaban de convocarse mediante la aplicación de mensajería encriptada Telegram, atacada desde computadoras chinas para interrumpir el servicio. Pekín reclama la ley de extradición para poner entre rejas a sus opositores. Los jóvenes de Hong Kong reconocen que son chinos, pero añaden que lo son de una manera diferente… El gobierno de Hong Kong luego de ejercer una brutal represión ha tenido que retroceder. También es consignable la inédita movilización en Rusia que logró la liberación del periodista Iván Golunov, quien investigaba la corrupción en su país y fue acusado de tráfico de drogas, ya que ningún disidente político es acusado solo por ser disidente… En fin, las protestas se multiplican ante un sistema que no cede y, la censura y la represión –cuando no cosas peores- son los recursos de los gobiernos que no disponen de otros métodos para combatir las “ideas equivocadas”.

Entre el futuro apocalíptico y los simulacros de salvación

11 martes Jun 2019

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

≈ Deja un comentario

Todas las mañanas al levantarnos tomamos conocimiento de catástrofes ambientales, actos terroristas que ocasionan la muerte de gente inocente,  extinción de recursos energéticos, migrantes que se ahogan en el mar o que son esclavizados en la huida o estigmatizados por grupos sociales hostiles, así como guerras comerciales cuyos costos son socializados, de la misma manera que las quiebras bancarias o las paranoicas aventuras militares, también manifestaciones populares en reclamo de libertad, de trabajo, de oportunidades educativas, de mejores condiciones de vida, de freno a la corrupción gubernamental y privada. En fin, la lista de malas noticias parecería ser interminable, al extremo que algunos hablan de que estaríamos en el umbral del fin de nuestra civilización. La situación es muy compleja, pero no creo que sea apocalíptica.

Luego de la pérdida de la guerra franco-prusiana, la Comuna de París de 1871 se negaba rendirse ante la Asamblea Nacional instalada en Versalles y se oponía a la restauración de la monarquía borbónica. La guerra iniciada por Napoleón III que pretendía anexionar Luxemburgo, dejó a París en la pobreza, en consecuencia los comuneros iniciaron una insurrección con un proyecto socialista y autogestionario, y promulgaron leyes como la autogestión de las fábricas abandonadas por sus dueños, la creación de guarderías para los hijos de las obreras, la abolición de los intereses de las deudas, la laicidad del Estado, entre otras medidas populares. Claro que cometieron graves errores tácticos que ocasionaron la pérdida de la Comuna a manos del gobierno de Versalles, el que instauró consejos de guerra que sentenciaron a miles de comuneros incluyendo mujeres y niños, deportaciones a Nueva Caledonia, y  París vivió la ley marcial durante cinco años.

A los largo de la historia esta insurrección ha sido honrada por diferentes intelectuales y políticos. Los marxistas se la adjudicaron, sin embargo Bakunin decía que la comuna era anarquista. La eterna disputa entre marxistas y anarquistas terminó convirtiendo a la izquierda en una bolsa de gatos. Marx vio allí el primer ejemplo real de la “dictadura del proletariado” e hizo célebre la frase “asaltar el cielo”, su intención era explicar el fracaso de aquella iniciativa. Pero el primer “asalto al cielo” fue el ataque de los titanes a los dioses del Olimpo, uno de los máximos episodios de la mitología griega.

Muchos han querido ver en las protestas del Mayo Francés el espíritu que inflamó a la Comuna con una retórica incendiaria: “Prohibido prohibir”, “Bajo los adoquines, la playa”, “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, “La imaginación al poder”, entre otras célebres consignas. Lo cierto es que ya no estamos en 1871, tampoco en 1968, vivimos otros tiempos y por supuesto otras realidades, sin embargo el malestar social persiste. Los activistas antiglobalización sostienen la consigna de que ”Otro mundo es posible” (no tengo dudas), mientras  los indignados dicen que “No nos representan” (tampoco tengo dudas). Hace unos días niños y jóvenes en Alemania salieron a las calles para denunciar el calentamiento global y, en su rebelión, exigieron un cambio radical. Der Spiegel los comparó con los estudiantes del Mayo Francés, pero el semanario aclara que la tecnología los hace más poderosos. En efecto, las redes sociales difunden su protesta y hasta la llevan a lugares remotos del planeta.

En el terreno de las utopías el Siglo XX fue muy prolífico, incluso surgieron las que procuraban “cambiar la vida de la gente”, a diferencia de otras que pretendían “cambiar la naturaleza del hombre”, como sucedió con el stalinismo, al extremo que se hablaba del “hombre nuevo”, como si fuese posible a este animal milenario cambiarle los instintos, el organismo, sus deseos, la violencia e incluso su inexplicable capacidad de hacer el mal…

Cuando se habla de cambiar la vida, esto se reduce a modificar el concepto que tenemos de las cosas  materiales, como la relación del hombre con el dinero, entre otros factores. El sistema permite que un individuo por necesidad acepte condiciones de trabajo y de vida que son injustas, pero el hecho de tener que mantener una familia lo obliga a aceptar trabajos con baja remuneración y hasta en condiciones laborales indignas. El sistema no ignora estas injusticias, por el contrario las promueve ya que sabe perfectamente que la necesidad es el caldo de cultivo para que los individuos abdiquen de sus aspiraciones, ignoren los límites y se rebajen a los caprichos del empleador o del amo. Éste es a menudo el fermento de las revoluciones y esto sucedió muchas veces de manera trágica a lo largo de la historia.

A comienzos de la década del 70  la igualdad fue un tema central en sociología y hoy reaparece con mucha fuerza, al menos en los discursos. El estadounidense Johan Rawls publicó “Teoría de la Justicia” y fue criticado, la igualdad se dejó de lado y los académicos comenzaron a hablar de la “diferencia”.  La internalización de la economía y las nuevas tecnologías provocaron en estas últimas décadas el “capitalismo de casino” como algunos señalaron. La nueva crisis económica significó un traumático despertar. En efecto, los ciudadanos se indignaron con el mercado y con los nuevos amos.

El francés Thomas Piketty con “El Capital del Siglo XXI” hizo un análisis del estado actual del problema a partir de datos estadísticos, procurando que su obra llegase al gran público y que no fuese destinada solo a especialistas, pienso que lo logró. El tránsito del capitalismo a la “meritocracia” es un mito, la herencia sigue superando al talento como criterio distributivo. El problema de la equidad  lo llevó a investigar la desigualdad que reside en la justicia. Las distinciones sociales solo pueden “fundarse en la utilidad común”, como sostiene el artículo 1 de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1789. Partiendo de disciplinas diferentes Rawls y Piketty se dan la mano. El sistema económico actual goza de una enorme capacidad de chantaje. Las asimetrías de riqueza son también asimetrías de poder, dice Piketty. Y si Rawls hoy viviese probablemente hubiera dicho que la libertad y la igualdad son las dos caras del ideal democrático.

Actualmente los nacionalismos han puesto la prioridad política en la identidad y se desplazó la discusión sobre la justicia social. En ambas situaciones existe falta de respeto y de reconocimiento. Marginación social y económica por un lado, identidad por otro. Pero se advierte la necesidad de ruptura con el orden establecido, la necesidad si se quiere de incomodar para reordenar las referencias y los límites sociales.

Joseph Stiglitz, refiriéndose a los 40 años de neoliberalismo en los Estados Unidos y en otras economías del primer mundo, dice que el experimento neoliberal (impuestos más bajos a los ricos, desregulación del mercado laboral y del mercado de productos, financiarización y globalización) ha fracasado estrepitosamente, pues, el crecimiento sería más bajo de lo que fue en los 25 años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. El Premio Nobel de Economía sostiene que “el neoliberalismo debe decretarse muerto y enterrado”. Él considera que es obligación del gobierno limitar y delinear los mercados por medio de regulaciones tanto ambientales como de salud, seguridad ocupacional y de otros tipos. Y piensa que es tarea del gobierno hacer lo que el mercado seguramente no hará: invertir en investigación básica, tecnología y salud. Durante estas cuatro décadas el neoliberalismo ha producido daños irreparables, de todo tipo, mientras tanto se multiplican las promesas de salvación así como los embustes. A propósito, acabo de leer un artículo donde según un equipo de investigación de The Washington Post, el irascible e inestable presidente Trump, en 828 días de mandato habría faltado a la verdad en 10.111 ocasiones, a la vez que en su primer año en el poder visitó 150 veces sus campos de golf… El magnate inmobiliario no me sorprende, lo que me sorprende es que a esa inmensa masa que lo votó y lo sigue en su peligroso derrotero que busca irracionalmente la primacía, estos datos le tienen sin cuidado, no le interesa, no le importa, y lamentablemente el fenómeno se repite en otros lugares, incluso entre nosotros. Si mal no recuerdo Nixon debió renunciar por mucho menos. Es evidente que eran otros tiempos. Para Cicerón la verdad no solo se corrompe con la mentira, también con el silencio.

¿Una moda con sentido ético?

06 lunes May 2019

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

≈ Deja un comentario

Hace unas semanas estábamos con mi mujer en el MoMA de Nueva York en medio de un gentío proveniente de todas partes del mundo  que dificultaba caminar por las salas. Pero lo que más me llamó la atención era la gente que se aglutinaba en torno al cuadro The Starry Night, de Vincent van Goth. Es más, había gente que subía en el ascensor directamente al quinto piso, ignorando las pinturas de Paul Cézanne, Picasso, Henri Matisse, Monet, Kandiski, Frida Khalo, y tantos otros maestros del arte. El cometido era sacarse una selfie al lado de la obra de Vincent y luego subirla a las redes sociales. Yo no entendía esa fiebre, pero mi mujer me explicó que sin duda tenía que ver con el éxito de la película sobre su vida estrenada el año pasado, y también por la hermosa  canción compuesta en 1971 (Starry, starry night)  y desempolvada recientemente. El genio incomprendido que fue Vincent van Goth, un holandés autodidacta, solo fue reconocido después de muerto, algo que no me sorprende. En fin, la masiva atención de la gente marca tendencia, y eso también denota moda.

Moda es aquello que en un momento determinado goza de gran aceptación por parte del público. En el caso de las prendas de vestir, donde más se usa el término, coincide con el gusto colectivo pero también cambiante por ciertas vestimentas. De allí que se hable de “tiendas de moda”, “moda de temporada”, “revistas de moda”, “estar de moda”, “vestir a la moda”. Cuando una prenda de vestir pasa de moda es porque perdió vigencia. Y en ese mundo circulan términos como Alta Costura o Haute Couture que tiene ver con el arte, la exclusividad, o Prêt à porter ligado a la industria y a la producción masiva.  Pero la moda rápida es lo normal.

La industria de la moda fue la que primero siguió el concepto de “obsolescencia planificada”. En efecto, quien se viste siguiendo la moda comprueba que cada vez los períodos de vigencia son más cortos y las grandes marcas llaman al reciclaje, pues, pasa la temporada y esa ropa ya quedó obsoleta, con lo cual se fomenta el consumismo. Desde que apareció la globalización muchas cosas han cambiado en el mundo de la industria y de los negocios,  pero sobre todo en la industria textil y de la moda. Recuerdo que en los años 90, en París, parábamos en un hotel del Barrio Latino y una tarde acompañé a mi mujer a un negocio del barrio donde vendían unas blusas muy bonitas, elegantes, que eran creaciones exclusivas, y de pronto advertí a mis espaldas los destellos de un flash fotográfico, inmediatamente la vendedora salió a la calle a los gritos, porque le estaban pirateando los modelos que tenía en vidriera. Por la noche salimos de paseo y delante nuestro iba una mujer oriental  filmando todas las vidrieras que mostraban ropa de vestir. La piratería siempre existió y se verifica en todos los ámbitos de la industria y de la cultura en general. El gran conflicto se halla con la propiedad intelectual y en el pago de las patentes que a muchos les resulta conveniente ignorar.

Hoy  las grandes marcas están presentes en todas partes, y es así como en una tienda de París, Roma, Londres, Moscú, Beirut, Nueva York o Buenos Aires, uno halla ropa confeccionada en la India, China, Vietnam, Camboya, Bolivia o Perú. Claro que detrás existe toda una abigarrada problemática. Como ser, actualmente se le exige a la industria de la moda que sea sostenible, que tenga conciencia ambiental y que asuma una responsabilidad social con el consumidor.  Y los consumidores se movilizan siguiendo sus gustos y también el precio de los productos.

Un serio problema de la industria textil es la explotación laboral inhumana y en muchos casos el trabajo en condiciones de esclavitud. Según he podido leer, las marcas más famosas de ropa en el mercado buscan proveedores que les permitan una mayor rentabilidad, ya que pagan muy poco por la producción y luego venden sus productos a un precio muy elevado gracias al aparato publicitario que manejan. Talleres textiles, muchos de ellos clandestinos, tienen trabajando a familias enteras, incluyendo niños, sin ningún tipo de contrato ni cobertura social, con salarios miserables y bajo amenazas  por ser extranjeros indocumentados. En Buenos Aires y en el interior del país, desde hace tiempo se realizan operativos en talleres clandestinos inhóspitos, detectando personas en condición de trata y servidumbre.

Los consumidores pueden priorizar la calidad de la vestimenta, el estilo o la tendencia. A la compra le sigue el período de uso y finalmente el deshecho de las prendas. En Internet aparecen varios portales anunciando que otra moda es posible (también necesaria) y allí algunos diseñadores opinan que el ecosistema de la moda debe cambiar, que las grandes marcas deben modificar la forma de hacer negocios, que es necesario cuidar a las personas y al planeta (la industria textil se halla entre las que más contaminan). En reiteradas oportunidades he leído que se debe cambiar el paradigma de los hábitos de consumo y, esto no significa que necesariamente se deba afectar el buen diseño o que la ropa no esté bien confeccionada.

Los hábitos de consumo van cambiando con el paso del tiempo. Muy lejos estamos del famoso George Bryn Brummell, considerado un dandi, un exhibicionista original, que con su buen gusto por la ropa impuso su afición a los demás, sobre todo en la corte de Inglaterra en época de la Regencia. Él  gastó parte de su fortuna en la ropa, pero además dicen que insistía en la higiene personal al punto de bañarse diariamente y, al igual que Cleopatra, se bañaba en una bañera llena de leche. A Beau Brummell se le atribuye el traje moderno de caballero, con corbata o  pañuelo anudado al cuello.

No hace mucho las chicas solían comprar revistas de moda, pero hoy van directamente a Instagram. Y así como la ropa forma parte de la historia del diseño, también es parte de la historia del arte. Hace poco viendo un programa de la Deutsche Welle, tomé conocimiento de que ahora la moda es la anti-moda, cuya capital sería Marsella y que representaría el 5% de las ventas globales. Lo de anti suena a contestatario y procura romper con los cánones tradicionales. Se habla de tendencia “destroy” y culto a lo feo como expresión de rebeldía. El cine, el teatro, la música, entre otras manifestaciones artísticas, evidenciarían el contagio. Prendas de ruinosa apariencia pero de las grandes marcas  tienen precios elevados. También resurge el “arte pobre” que remite a finales de la década del 60, cuando en Italia utilizaban materiales que carecían de valor o eran de desecho. En tiendas consideradas selectas, he visto ropa de trabajo u overoles con el sello de marcas líderes  a precios desmesurados.

Lo orgánico está marcando una tendencia, tanto en la vestimenta, como en los productos cosméticos y de belleza, y sobre todo en los alimentos. En la industria agroalimentaria se procura establecer una competencia con la producción tradicional. Pero más allá de la moda, qué duda cabe que son más saludables aquellos productos naturales elaborados sin sustancias químicas, si bien es cierto que lo deseable no siempre es posible.  Cuando voy al supermercado compruebo que en las góndolas los productos orgánicos son mucho más costosos que los convencionales y, según dicen, intermediarios y comerciantes procuran obtener un provecho extra precisamente por estar de moda. El abuso nunca falta. En fin, en la difusión de la moda mucho tiene que ver el marketing y la imitación. Y con respecto a esta última, no es inusual que haya individuos que copien o imiten costumbres, maneras, opiniones, estilos de vida que se consideran finos o elegantes, y que caracterizan a las clases altas de la sociedad o que son propios de individuos distinguidos. A esto se llama ser “snob”, adjetivo que tiene una historia detrás. El anglicismo snob incorporado al castellano como “esnob”, radica en la contracción del término “sine nobilitate”, porque en Inglaterra los burgueses se identificaban con la abreviatura “s.nob” que quiere decir “sin nobleza”. No dejan de sorprenderme ciertos individuos que por esnobismo cultural manifiestan detestar la moda, la buena literatura, el cine de culto, la buena música y el buen teatro, rebajando estas expresiones culturales y  comparándolas con otras que no tienen mayor valor.Los esnobs procuran relacionarse con personas de estatus social elevado con el fin de mostrar su inclinación por la riqueza, el poder, y sienten la necesidad de simular un estilo de vida que aspiran lograr. Así procuran demostrar más de lo que son y de ostentar más de lo que pueden. Lo grave es que suelen ser arrogantes y tratan con desprecio a personas que no serían dignas de su atención. El esnobismo, que nada tiene que ver con la moda, es una simulación, también un síntoma de estupidez.

Buscando un lugar en el mundo

30 miércoles Ene 2019

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

≈ Deja un comentario

El año 1989 ha sido clave en la historia moderna. Con la caída del Muro de Berlín concluyó formalmente la Guerra Fría, pero la conflictividad entre los Estados Unidos y Rusia se mantuvo hasta nuestros días aunque con otras escenografías. Los estados comunistas que conformaban el Bloque del Este comenzaron sus revoluciones independentistas, las que culminaron con una quincena de países independientes en 1991. También en 1989 los tanques de guerra entraron en Pekín para sofocar una rebelión popular que reclamaba democracia y cuestionaba al Partido único, hubo represión y muchos muertos, no se sabe cuántos (las informaciones van desde cientos hasta miles) y, la fotografía de un hombre solo  que se plantó ante un tanque pasó a la historia, nunca se supo qué fue de él, en tanto China procuró rápidamente dar vuelta la página. En ese año nació Internet. No hay duda que en 1989 finalizó el tormentoso Siglo XX.

Los intelectuales durante el siglo pasado se presentaron como una clase destinada a iluminar la opinión pública, e incluso a influir con su pluma o la oratoria en materia  política. La historia nos revela que el compromiso a unos los condujo al nacionalismo y al fascismo, a otros los llevó al comunismo. Lo lamentable fue que ni unos ni otros tuvieron la suficiente rapidez de reflejos para  advertir que la trampa consistía en la dictadura, pues ese era el destino común. Por eso no pocos intelectuales al darse cuenta abjuraron públicamente o sino fueron expulsados del partido por inconducta o traición, pero claro, no faltaron los que no dejaron de aprovechar ciertas prebendas…

Un académico puede ser brillante sin salir de su casa y un científico un notable estudioso pasando la mayor parte de su vida en su laboratorio, y pese a que se informen a través de los medios sobre lo que sucede en su aldea, ninguno logra ser un intelectual. Ya sé que distamos mucho de la época en que Zola o Sartre aparecían en los medios fijando su posición ideológica, polemizando con el gobierno de turno, tratando de analizar y clarificar los hechos cotidianos para que la gente conozca realmente la verdad. Hoy por hoy es imposible que alguien que se precie de ser intelectual no salga a la calle a mezclarse con la gente, no vaya al supermercado,  no viaje en un medio de transporte público en hora pico, o no escuche las quejas de los taxistas. En suma, esta realidad cotidiana no puede ser ignorada por alguien que en su columna o en su discurso pretende descorrer los velos de la realidad. El problema es que no faltan los viven su propio mundo y desde ese mirador están convencidos de saber lo que pasa en el mundo real.

Es posible que Platón haya sido el primer intelectual que sufrió por no poder participar del gobierno. Sabemos que tuvo una relación tormentosa con los tiranos de Siracusa. Pero Aristóteles, su discípulo, también sufrió porque  los griegos de pura cepa le negaron la dirección de la Academia de Atenas a la muerte de Platón debido a su condición de macedonio. En efecto, los griegos discriminaban a los macedonios, los consideraban “bárbaros”. Dicen que la venganza de Aristóteles fue educar a Alejandro Magno, pues, le enseño a pensar como un griego y a luchar como un bárbaro. Alejandro antes de ganar el Imperio persa y convertirse en el mayor conquistador de la Antigüedad, sometió a Grecia, claro que más tarde Aristóteles debió refugiarse de la persecución de su discípulo. Es curioso, en el Siglo XXI  Grecia litiga con la exrepública de Yugoslavia Macedonia, con mediación de la ONU, porque los griegos actuales se consideran macedonios y no están dispuestos a permitir que ese nombre sea usurpado. En fin, han transcurrido 25 siglos y en verdad no advierto cambios sustanciales, si bien es cierto que las miradas cambian.

Confieso que siento una mezcla de tristeza e indignación por aquellos artistas e intelectuales talentosos, incluyendo los profesionales meritorios, que murieron sin ningún reconocimiento. Pienso que es una injusticia irreparable. Yo no creo en los homenajes póstumos. En realidad, no creo en los homenajes, porque siempre me pregunto cuánta hipocresía habrá detrás del discurso laudatorio. Y esto también me pasa con la desaparición de gente anónima, con  individuos que vivieron honestamente sin ser nada de otro mundo, pero que cumplieron con su trabajo y fueron buenas personas. Hace un par de semanas falleció el encargado del edificio donde vivo, en la madrugada un infarto cardíaco lo mató en pocos minutos sin que el SAME pudiera salvarlo. Al día siguiente por la mañana, al salir de casa no lo encontré como todos los días y supuse que habría tenido un inconveniente. A menudo sosteníamos alguna conversación sobre el tiempo, la ciudad o la política. Al retornar por la tarde me llamó por teléfono mi mujer para darme la infausta noticia. En el consorcio nadie confeccionó una nota informando su fallecimiento. El hecho pasó inadvertido, no hubo comentarios, no se le dio la menor trascendencia a la muerte de un trabajador que durante 19 años, desde que se inauguró el edificio, nos atendió día tras día con amabilidad. Mi mujer y yo quedamos consternados por varios días,  esperábamos hallarlo cuando bajábamos al vestíbulo… La “actitud humanitaria” de mis vecinos me hizo reflexionar: ¡si esto pasa en un consorcio, qué puede pasar en un país!Al respecto, yo no sé qué le sucede a la gente. Tampoco sé qué le pasa a amplios sectores de la población. Y eso que  procuro despojarme de ciertos prejuicios para poder entender al otro. Por momentos tengo la impresión de que están hipnotizados, quizá drogados por la demagogia, tal vez un virus les produce un estado de cerrazón mental. En 1844 Karl Marx, un filósofo e intelectual  que marcó un antes y un después, pronunció su célebre frase: “La religión es el opio del pueblo”. Mi padre que era católico la repetía a menudo. En realidad, lo que quería significar Marx es que las clases dominantes usaban a la religión para controlar  al pueblo. Pero en este caso no se trata precisamente de la religión, sino de la “política partidaria” entendida y asumida como un credo, como un acto de fe, ya que siguen dogmáticamente a un líder y a  un partido con tal devoción que los elevan al altar. En efecto, ninguna evidencia o prueba irrefutable de sus mentiras o falsedades es aceptada, un cerrado negacionismo sale al cruce de cualquier crítica, en todo caso los pecados cometidos serán perdonados por la excelsa misión que declaran perseguir. El fanatismo es común a la religión y la política. Por eso tengo la impresión que esa gente cree en lo que quiere creer, y está en su derecho, porque si defendemos la libertad de pensamiento debemos tolerarlo, mientras no perjudique en los hechos a terceros, ya que la tolerancia también tiene sus límites.

La rebelión de las clases medias empobrecidas

22 martes Ene 2019

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

≈ Deja un comentario

En el 2011 viajamos con mi mujer a El Cairo, llegamos un domingo de calor agobiante, pero más allá de la elevada temperatura, percibíamos en la calle cierto malestar y que bien podríamos definir como “humor social”. Claro que hacía unos meses había sido derrocado Mubarak. Los revolucionarios tenían por epicentro la Plaza Tahrir y, según decían, el país parecía encaminarse por la vía democrática, lo que nos alegraba.

Recuerdo que esa sensación de malestar social la percibí en otras oportunidades, como cuando en uno de mis viajes a París, en el 2005, presencié alguna manifestación callejera, fuertes debates televisivos, cruces de opiniones en los periódicos, inmigrantes y desocupados a cada paso y, a las pocas semanas se produjeron numerosos actos vandálicos y quema de autos. Era la protesta de los inmigrantes de segunda generación que habitaban en las banlieues. De todas maneras, la situación egipcia era muy diferente. Rady, nuestro guía, un moro que se autocalificaba revolucionario, nos comentaba que durante 30 años Mubarak se había preocupado por llenarse los bolsillos, olvidándose del pueblo. Un pueblo que según Rady y Atef (nuestro chófer) es muy estimable, no tiene grandes ambiciones materiales ya que solo aspira a vivir con lo necesario para llevar adelante una vida digna, y sobre todo, honrar a Alá. De vuelta al país comprobé, al igual que Casandra, que la profecía se cumplía y que aparentemente nada podía hacerse para evitar la tragedia que luego se desencadenó, y que ahora con Abdelfatah Al-Sisi continúa.

En la antigüedad los estudiosos viajaban a Egipto para tomar contacto con su cultura milenaria, como lo hizo Séneca. Era un viaje más o menos equiparable al que desde hace un par de siglos realizan los intelectuales y artistas latinoamericanos a Europa. Yo diría un viaje iniciático que sin dejar de ser turístico centra las expectativas en la formación cultural. Allí aparecieron las primeras sociedades secretas de cariz iniciático cuyo objetivo era custodiar las “verdades eternas”. La escuela iniciática egipcia era esotérica y sólo aceptaba a los elegidos, que pertenecían a la nobleza. Con la quema de la Biblioteca de Alejandría, hoy reconstruida, desaparecieron los textos esotéricos. Solón, Tales, Demócrito, Pitágoras, Platón, entre muchos otros, visitaron la tierra de los faraones y permanecieron allí largo tiempo capacitándose. El teólogo Orígenes decía que los filósofos egipcios mantenían en secreto lo que sabían de la naturaleza divina, jamás la revelaban al pueblo, y cuando lo hacían era tras un velo de fábulas y alegorías.

Cuando comenzó la Primavera Árabe, el movimiento despertó mi adhesión. Más allá de los viajes que hicimos a la región, desde aquí seguí día a día el desarrollo del proceso, pero el poder siempre se las ingenia para abortar cualquier movimiento de liberación que afecte sus mezquinos intereses. En efecto, la Primavera Árabe no logró modificar la situación injusta de esos pueblos, quizá Túnez, donde comenzó la rebelión, sea la excepción. Se derrocaron gobiernos pero no se produjeron cambios sustanciales y esto obedece a lo que sustenta el poeta sirio Adonis: si no se separa la religión del Estado no hay solución porque se trata de un problema de poder y al parecer nadie está dispuesto a dar ese paso. En efecto, la mayoría no tendría un proyecto para finalizar con esa relación, que además de tradicional es confesional. Para peor, las intervenciones militares de Occidente han derrocado a gobernantes laicos, que sin duda eran dictadores, pero incrementaron las luchas interreligiosas. Está claro que los otros gobernantes de la región también son dictadores, y Occidente los tolera porque son garantía de sus negocios.

Las ansias de libertad y el querer elegir a sus gobernantes para mejorar las condiciones de vida facilitaron el advenimiento de la democracia, también el surgimiento de partidos islámicos, algo previsible en países que profesan ese culto. No creo que haya que asustarse, al fin de cuentas Italia tiene la democracia cristiana. Claro que en esta inveterada relación de poderes, en este tablero de ajedrez, el fanatismo siempre se cuela. En Arabia Saudí la corona de Riad prohíbe las marchas y las huelgas por considerarlas una ofensa a Ala, y terminan satanizando diversas manifestaciones, incluso culturales, que precisamente no son antirreligiosas, desde la música y la televisión hasta los deportes. Para incrementar el malestar, Arabia Saudí ejecutó al clérigo chií Al Nimr junto con 46 personas acusadas de terrorismo durante la Primavera Árabe, y estas ejecuciones tuvieron motivaciones políticas, lo que agravó la fractura entre suníesy chiíes, enfrentó a Riad con Irán, y también involucró a otros actores de Oriente Próximo. Creo que a estos movimientos de liberación les vienen muy bien la fábula de “La zorra y las uvas”.

La batalla se libra cotidianamente y ni siquiera la literatura de ficción se salva. “Una barrera viva”, novela de la israelí Dorit Rabinyan, generó un escándalo por que trata la relación amorosa entre una mujer judía y un hombre palestino. El Ministerio de Educación Israelí la prohibió como material de lectura para los alumnos secundarios, aduciendo que alienta la “asimilación” y que es necesario cuidar la “identidad”. Intelectuales israelíes, políticos, población en general y también el alcalde de Tel Aviv, protestaron contra esta medida ridícula. A la autora le hicieron un gran favor, porque de la noche a la mañana el libro se agotó en las librerías, quizá por la seducción que ejerce todo aquello que esté prohibido. Algo que deberían tener presente las elites dirigentes cuando quieren imponer su voluntad contra el viento y la marea.

Hace pocos meses volvimos a París, y si bien percibíamos cierto malestar, no nos imaginamos lo que poco después sucedería con el movimiento de los “chalecos amarillos”, que ya cumplió diez semanas, y que comenzó como un emblema en contra del aumento del combustible pero ahora expresa el hartazgo de la gente que vive en las provincias. La clase media después de dos o tres décadas advirtió que fue engañada, que nada de lo que le prometieron era verdad, hoy está empobrecida y prácticamente en vías de extinción. Empleados, obreros, ejecutivos intermedios, pequeños asalariados, se han convertido en una población vulnerable. De pronto salieron a la calle y comenzaron una protesta que preocupa al poder, tal vez porque la violencia parece haber recuperado una legitimidad que había perdido y le da visibilidad (algo muy peculiar en las protestas del pueblo galo), al punto que el arrogante Emmanuel Macrón, un presidente sin partido, ahora sí estaría dispuesto a escuchar los reclamos de la Francia de abajo. Macrón no advirtió que dista mucho de ser De Gaulle, Pompidou, Giscard d´Estaing o Mitterrand, y que sus ambiciones imperiales que ocultó durante toda la campaña terminarían por jugarle en contra. Vivimos otros tiempos, otros escenarios, y los actores también son otros.

En mi blog del 10 de octubre de 2017, cito la fecha para evitar que alguien diga que hago pronósticos leyendo el periódico del día anterior, yo intuía la traición de este filósofo y ex banquero, discípulo de Paul Ricoeur, a quien la prensa internacional entonces veía como el futuro estadista de la Unión Europea. De Laín Entralgo aprendí que cuando uno aborda un problema, incluso un personaje, primero debemos remitirnos a la historia. En efecto, no podemos ignorar la historia de un político que monta su campaña contra el viejo orden político, que combatirá a la casta, pero que tiene inocultables ambiciones monárquicas. Siendo ministro de economía de Hollande trató de “iletrados” a unos trabajadores de un matadero en crisis, ahora les recomendaba a unos obreros de una fábrica en dificultades que en vez de protestar buscasen; trabajo, incluso criticaba a los “vagos” que se oponían a su reforma. Ya nadie duda de que es un elitista que solo presta atención a las personas de alto nivel educativo y de altos ingresos económicos, que no escucha ni le interesan los franceses de a pie, pese a que muchos de ellos lo votaron creyendo en sus vanas promesas. En fin, las palabras pueden traicionarnos y revelar quienes somos. Hoy la sociedad francesa está seriamente dividida y Macrón con su ego a cuestas sólo trata de sobrevivir, porque la confianza es como la virginidad…

Los populistas viven al acecho, venteando como los sabuesos el humor social, y cuando aparece el caos, rápidamente escogen un enemigo como responsable de los males y esgrimen una solución simplista que suele ser irreal, pero que les permite posicionarse e incluso acceder al poder. Así sucedió con Gran Bretaña y el Brexit, una pesadilla que no encuentra salida, ya que cualquier acuerdo a que se llegué (si se llega) no puede ignorar los fundamentos de las cuatro libertades de la UE, que son la libertad de personas, de bienes, de servicios y de capitales. Los populistas que impulsaron a la población británica descontenta a apoyar la salida de la UE señalaron como enemigo a Bruselas. De todas maneras, un 52% a favor y un 48 % en contra solo nos habla de una sociedad dividida. Quizá habría que preguntarse qué porcentaje debería existir para considerar realmente legítimo un referéndum sobre un sí o un no.

Un paralelismo lo hallamos en la sociedad estadounidense con el actual shutdown motivado por culpa de los migrantes, que serían los chivos expiatorios, sin embargo no hay dudas que la sociedad está profundamente dividida y las soluciones que esgrime su presidente, un showman metido a político, no son más que una distracción para no abordar los serios problemas de fondo que tiene el país. Y a los argentinos no nos va mucho mejor, porque también nuestra sociedad está crónicamente dividida, situación que fue, ha sido y es el caldo de cultivo ideal del populismo vernáculo.

La gran mentira

17 jueves Ene 2019

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

≈ Deja un comentario

No hace muchos alguien me decía que si el futuro no nos plantea una esperanza estamos perdidos y, a decir verdad, la percepción que tenemos del futuro hoy se reduce a una amenaza. En efecto, vislumbramos un futuro amenazante donde todo irá a peor, al menos en lo que afecta a las mayorías. Esta situación se ve reforzada porque detectamos dificultades vitales en capas sociales que hoy se sienten injustamente castigadas por el sistema imperante. Las clases medias están empobreciéndose a la vez que pierden derechos. Y cuando esto se va extendiendo surge un lógico interrogante: ¿cuál será la capacidad de aguante de esa población?

Uno puede referirse a la clase media desde una concepción sociológica o desde una visión economicista. Algunos hacen diferenciaciones dentro de esta clase, que van desde la clase media alta hasta la clase media baja. En fin, los límites cada día se ensanchan más, pues, éste es un segmento de población cada vez más impreciso, de claroscuros, cuyos límites estarían dados por los ricos en un extremo, y los pobres y los excluidos en el otro. Lo cierto es que este segmento de la población es el que da cierta estabilidad social y que en gran parte facilita la gobernabilidad. Se trata de una zona central de distribución de la renta, que tiene capacidad de gasto, de ahorro, de endeudamiento, y que por sobre todas las cosas consume. Dicen los entendidos que cuanto más progresivo es el sistema impositivo y más generosos son los programas de prestaciones, mayor es el peso de la clase media. Todo esto se desarrolla en sociedades con un sistema capitalista y, hablar de sus orígenes históricos para mí es incierto, más allá de lo que sostienen los manuales. El capitalismo sin duda ha permitido buena parte del progreso actual y del ascenso social, pero que como algunos de sus críticos sostienen también ha sido el gran hipnotizador de las masas e incluso ha revelado ser cruel e inhumano con los débiles. Sus teorías se han entrecruzado con las teorías darwinistas, y las historias que ha protagonizado son terribles e indignas. Hoy se habla de neoliberalismo, un producto de la revolución conservadora liderada en su momento por Margaret Tatcher y Ronald Reagan, dos políticos que hicieron de la mentira un culto. El contrato social que se había establecido en los años de postguerra, con sus más y sus menos, pero que tuvo cierta efectividad, comenzó a modificarse en los años 70 y principios de los 80, profundizándose cada vez más hasta llegar a nuestros días. Su instrumentación ha sido perversa, y esta gran mentira liderada por estos personajes siniestros fue seguida por no pocas élites políticas y sobre todo económicas. Ellas se encargaron de combatir el control político del capitalismo instaurado en el New Deal norteamericano y el Welfare State europeo, con tal éxito que convencieron a las masas que se trataba de un “proceso inevitable”, había que aceptarlo, mansamente, y ver cómo cada uno se las arreglaba para subsistir con sus respectivas familias. Una invitación a cultivar un individualismo extremo y olvidarse de cualquier aventura altruista, al fin de cuentas mucha gente entendió que se trataba del sálvese quien pueda.

Recuerdo que nos decían que era necesario desregular los mercados, eliminar las fronteras, flexibilizar las relaciones laborales y, los que perdiesen el trabajo no debían inquietarse ya que tenían la oportunidad de conseguir otro empleo previa reingeniería laboral (…) Pero todo fue una gran estafa y lo curioso es que algunas élites o think tank siguen repitiendo descaradamente este credo, y aquellos medios que participan de este cinismo les conceden un amplio espacio. Así surgió la cultura de la globalización que apuntaba a convertir el mundo en un gran mercado, pues, se terminaba el proteccionismo tan perjudicial para el libre comercio, desaparecían o se debilitaban las facultades autonómicas, soberanas y regulativas de los Estado-Nación, todas las empresas estatales se privatizaban porque además de generar excesivos gastos eran ineficientes, siendo el resultado final la concentración de la riqueza en una pocas manos. Esto continúa sucediendo y explica sin ambages el malestar globalizado actual que ya no logra tornarse invisible, pese a los esfuerzos maniqueos de ciertos expertos.

La historia revela que la mentira cuando está bien orquestada tiene largo alcance, pero en algún momento se deshace. Millones de personas se sintieron atraídas por estas teorías que eran expuestas por hábiles mercenarios del discurso, algunos con brillantes méritos académicos, y lo curioso es que pese a que esas teorías iban contra sus propios intereses, esas mismas personas al descubrir nuevos estilo de vida quisieron imitar el tren de vida que llevaban ciertas élites, sin darse cuenta que la meta era inalcanzable. En el ambiente fluía el ser “realista”, “pragmático”, deshacerse de todo lo que fuese un obstáculo para la dinámica de esta nueva aventura, comenzando por el credo de los valores universales. En cuanto a la gente de principios, defensora de estos valores, era gente soñadora, idealista, que solo estorbaba. Mientras los mercados profundizaban el consumismo conseguían ampliar la brecha de ganancias de manera inimaginable. Pero hacer negocio, en la práctica (no en el discurso), era sacar ventaja de los otros, incluso recurriendo a ardides. Había que comprar barato y vender caro, no importaba el recurso al que se apelase, de allí que la ganancia fuese en una sola dirección, aunque se dijese lo contrario, y se burlaba el principio de que ambas partes debían ganar. Nunca antes la especulación tuvo tantas oportunidades, nunca antes la economía fue tan desvirtuada por las finanzas al punto que asistimos al surgimiento de una desembozada crematística. Por eso, al amparo de esta ideología, la explotación de hombres y mujeres es cada vez mayor y ayuda a alimentar la tragedia planetaria.

Creo que hoy todos estamos preocupados por el dinero, y también ocupados en ver cómo lo ganamos, pero no por codicia o avaricia, sino porque buscamos tener una vida digna, sin mayores sobresaltos. En fin, no me parece demasiado ambicioso que la gente pretenda tener trabajo, una casa confortable, y disponer de recursos económicos para los estudios de sus hijos, la cobertura de salud, darse algunos pequeños gustos en familia, y hasta gozar de unas merecidas vacaciones. No vislumbro que en estas aspiraciones se persigan lujos superfluos o se alimenten ambiciones desmedidas.

Sabemos que las grandes corporaciones padecen de adicción al dinero y al poder, nada las detiene, y si en el horizonte aparecen obstáculos saben muy bien cómo sortearlos. La globalización capitalista o el capitalismo global siempre despreciaron al sistema democrático, pues, sus intereses corporativos están por encima de los intereses de la sociedad. Daría la impresión de que la voluntad de los votantes ya no cuenta, tampoco el esfuerzo que hace el contribuyente de a pie para mantener el sistema. Mientras tanto la ideología que impera en política es la del oportunismo.

No es posible que para que unos gocen de ciertos derechos denominados “universales” haya que privar a otros de esos mismos derechos, esto es una contradicción. La última gran crisis, la del 2008, causó un daño inimaginable en vastos sectores de distintas sociedades. Y claro, siempre que existe una crisis hay quien se perjudica y quien se beneficia. En este caso y como suele suceder, se perjudicaron los más débiles, es decir, millones y millones de seres humanos, mientras las grandes empresas aprovecharon para incrementar sus ganancias y los bancos a punto de quebrar fueron rescatados con los dineros públicos.

Un amigo me dijo que dijo que la gente no está dispuesta a asumir riesgos para defender una causa ética o social, ya que se privilegia la protección de la familia, el trabajo, el negocio. Estimo que tiene razón, pero yo me preguntaba si podíamos hablar de una ética del capitalismo, de una ética de la globalización, de una ética del multiculturalismo o de las migraciones. Parecería ser que la búsqueda de una moral universal resulta ser una quimera y la preocupación por los valores aflora de tanto en tanto. Podemos discutir en qué consiste la felicidad (aquí me apartaré de los antiguos griegos), y cada uno podrá dar sus opiniones, pero de lo que estoy seguro es que no depende de conceptos abstractos. Para mucha gente la felicidad está en su realización personal, en disfrutar de su familia, así como de su trabajo y de la sociedad en que convive. Los pobres no logran cumplir su sueño de emprendimiento porque para ellos la igualdad de oportunidades no existe, es más, para el sistema son una carga y se los ignora.

Hemos llegado a un punto de quiebre, por cierto peligroso, sobre todo porque quienes están sacando ventajas de esta situación son los ahora llamados populistas que con sus mentiras nos traen los fantasmas del pasado. El Siglo XX fue decepcionante y se cobró miles de millones de víctimas. Sócrates dejó establecido la importancia de formular las preguntas. El Siglo XXI todavía no ha encontrado la forma de hacer las preguntas correctas, antes de esbozar cualquier solución.

Los intelectuales y los políticos: una coincidencia de narrativas

18 martes Dic 2018

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

≈ Deja un comentario

El estar dotado de un bagaje cultural, de cierta gimnasia reflexiva y también discursiva, así como tener la oportunidad de expresarse en los medios acerca de los problemas sociales, la marcha de los asuntos públicos o el curso de la historia, a uno lo convertiría de hecho en intelectual. Ahora bien, el término es muy amplio, pues en este escenario aparecen desde los especuladores financieros al estilo de George Soros hasta los escritores revolucionarios como el sacerdote Ernesto Cardenal. En efecto,un espectro visible donde podemos hallar a pensadores de visión ultra conservadora,  progresistas radicalizados, intelectuales de salón que desprecian la cultura popular,  académicos con expresión de angustia crónica(a veces no es más que una pose), y aquellos que nos fatigan con su empedernido pesimismo. Claro que no faltan los filósofos irreverentes, como lo fue Jean Paul Sartre y quien pese a sus no pocos errores luchó hasta el último momento de su vida contra la cultura hegemónica. Hoy por hoy la hegemonía burguesa se sostiene tanto en los medios de comunicación como en las instituciones culturales del Estado. Y tecnócratas e intelectuales son tentados por los beneficios de llevarse bien con el gobierno de turno, para ello emplean un lenguaje técnico y edulcorado como: “ajustes estructurales”, “flexibilidad laboral”, “capital desnacionalizado”, “reingeniería laboral”, “retención de talentos”, “capital humano”, y tantas otras denominaciones que solo pretenden ocultar las políticas que se tejen a espaldas de los intereses del hombre de la calle. También están de moda palabras como: “disrupción”, “innovación”, “empatía”,reinvención”, y los que hacen uso y abuso de ellas no ocultan la satisfacción de hallarse a la altura de los tiempos. Pero en cuestiones de prioridades temáticas, algunos omiten referirse a las desigualdades que vulneran la dignidad humana, como la pobreza o el hambre, males que por supuesto nada tienen que ver con ellos, y eluden hábilmente referirse a los problemas relacionados con las migraciones, la raza o el género. 

La vida se desenvuelve entre historias que contamos y narraciones sobre hechos y sucesos que escuchamos. Todos lo hacemos, claro que sólo algunos logran narrar con talento y cierto arte literario. Con la conversación, hoy en retirada frente a los medios electrónicos que nos relacionan a través de una pantalla, también sucede algo peculiar y, advertimos la decadencia del arte de la conversación. ¡Qué sería de los procesos de hominización y de humanización sin la existencia de la palabra! Al hombre se lo considera un animal dotado de palabra. Pero las palabras deben ser seguidas de hechos como sostenía Demóstenes, el gran orador y político ateniense, sino carecen de valor.

Los organismos internacionales, por su parte, poblados de tecnócratas, elaboran recomendaciones y líneas de acción, como es el caso de establecer una línea de pobreza de manera arbitraria, mientras se cuidan de pronunciar palabra alguna sobre la corrupción o los desastres ocasionados por ciertas privatizaciones, donde la falta de transparencia y el incumplimiento de los contratos están a la vista. Cualquier ciudadano medianamente inteligente advierte que a los problemas vitales de las clases bajas, ahora se le suman las clases medias, y constituyen  una tragedia, pero nada efectivo se hace, en todo caso el futuro individual dependerá de tener o no suerte. En consecuencia,no tendría sentido que los intelectuales de nota que viven en los medios, que son premiados y gratificados por el poder, pierdan el tiempo (y sus privilegios) criticando a los que suelen cobijarlos, y si se les escapa alguna crítica, no dejará de ser una crítica ocurrente, simpática, como las que se hacen entre amigos. En efecto, estos intelectuales suelen besar la mano del amo, que al fin de cuentas es quien les da de comer.

El parque temático de los intelectuales de nuestros días suele cruzarse con el parque temático de los políticos, y en ambos hallamos a los que cultivan la provocación, los que generan escándalos, los que cuando yo era chico se llamaban intelectuales o políticos de barricada, los que se autoproclaman custodios del orden, la fe y las tradiciones, los que representan la “voz del pueblo” y, por supuesto, siempre hubo y habrá oradores y escritores cortesanos. No están ausentes los que con una dudosa preparación desmenuzan la realidad (la única realidad) desde la columna de un semanario de peluquería o de una revista dominguera, y no olvidemos a los que tienen más vocación de comisarios políticos que de intelectuales. En fin, en esta variada taxonomía habría que incluir también a los que se sitúan en el anti-intelectualismo. La simulación y la disimulación son dos fenómenos siempre presentes. Hay quien simula ser estudioso de las obras de los grandes pensadores, a quienes jamás leyó (en el mejor de los casos recurrió a textos breves de segunda mano) e invoca esas fuentes de sabiduría para darse lustre, mientras revela su impostada preocupación por la defensa de los derechos humanos (conozco personalmente a algunos de estos farsantes). Pero también están los que disimulando sus privilegios (para ellos derechos adquiridos) esgrimen un discurso de igualdad social en el que jamás creyeron, sin embargo les resulta efectivo ante la masa de crédulos.

Pienso que la mimesis de algunos obedece a la reconocida autoridad que la condición de intelectual supone, a la cercanía del fuego sagrado, o a la consideración social que despierta, aunque tengo la impresión que en los últimos tiempos esto ha cambiado de manera sustancial. En efecto, el intelectual solía ser considerado un individuo importante, por sus saberes y capacidad de raciocinio, era admirado por su habilidad discursiva,condiciones que lo habilitaban para ver aquellas situaciones que muchos no alcanzaban a desentrañar, y luego las exponía ante el público con claridad y sencillez. Desde ya que podía equivocarse, pero se le perdonaba porque era honesto. De todas maneras, el intelectual nunca estuvo obligado a ser un clarividente, tampoco lo está el político, a pesar de que muchos lo presumen.Hay quienes insisten en que el papel del intelectual sería hablarle al poder con la verdad, y esto no es más que un cliché. Noam Chomsky ha desmentido enfáticamente ese cliché: el poder ya conoce la verdad y está ocupado tratando de ocultarla, y los que necesitan la verdad no son los que están en el poder sino aquellos a quienes el poder oprime.

A la figura del intelectual se la asocia en ocasiones con uno de los siete pecados capitales: la soberbia, sobre todo cuando se esfuerza por hacer patente una opinión ideologizada que pretende elevar al altar de las verdades eternas. En cuanto a la figura del político, hoy se la asocia con la del “mentiroso compulsivo”. Éste es el triste panorama de nuestros días, donde además asistimos a la lucha por conseguir la atención del otro, en lo posible varias veces al día, ya que sería una forma de existir,  la prueba la hallamos en la vidriera de Facebook y en los que viven tuiteando al instante, en consonancia con lo que les pasa en ese momento por la cabeza, sin detenerse a realizar un análisis meditado para luego dar una opinión responsable, por eso Goethe decía que no era prudente confiar en las palabras que se pronuncian en momentos de emoción.

Las divergencias siempre existieron, no hay que temerles aunque  nos incomoden. Desde ya que es imposible que todos estemos de acuerdo en todo, por eso las discrepancias son naturales. Pero lo que me preocupa es que la racionalidad se haya convertido en una rara moneda de cambio. Gobernantes y políticos, así como sus acompañantes en esa suerte de élite adscripta al poder, procuran disfrazar sus soliloquios de discurso liberal y democrático, donde no habría lugar para las dudas. Lo que sucede es que cultivan un pensamiento único y adoptan una actitud absolutista. Una mirada panorámica del planeta, detecta un clima enrarecido y descubre fuertes posturas intolerantes, prácticamente en todas partes. Me resulta llamativo que en países considerados tradicionalmente democráticos,culturalmente evolucionados, donde la justicia no sería una caricatura, surjan ciertas complicidades morales en amplios sectores de la población, como también actos cuasi-mafiosos, no sólo en la política, también es comprobable en ámbitos empresariales y sindicales, militares y religiosos, y hasta en los tres niveles de la educación, incluyendo a las instituciones académicas y las sociedades científicas. Y esto pasa en el mundo de hoy, pese a que nos cueste aceptarlo, más allá de los discursos de progreso, justicia y altruismo que se proyectarían en un futuro imaginario. En fin, no es difícil registrarlo si existe interés, pero tengo la impresión de que a poca gente le interesa.

Los antiguos demagogos y los modernos populistas sabían y saben explotar hábilmente el descontento, la ira, el mal humor por las dificultades vitales, apelando a una narrativa engañosa, que nada tiene que ver con la literatura de ficción que a menudo nos ayuda a escaparnos de esta cotidianidad opresiva para el espíritu. De allí que algunos prefieran vivir fuera del mundo o tal vez en su propio mundo.

Reverdecer del anarquismo II

05 miércoles Dic 2018

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

≈ Deja un comentario

El artículo anterior sobre el Anarquismo dio lugar a varias opiniones y dudas, por eso procuraré mencionar algunos hechos que estimo de interés. Por otra parte, desde hace semanas medios locales denuncian protestas callejeras y también delitos cometidos por individuos violentos que serían anarquistas, incluso se habla de “neoanarquismo”. En efecto, con la reunión del G-20 han coincidido movimientos antiglobalización -siempre presentes en estas reuniones- con activistas venidos de otros países y, movimientos locales que reclaman por la mala situación social y económica del país.

En la historia universal es una constante la tentación de ciertas élites convencidas de que tienen derecho a gobernar, de que el poder les pertenece, aun teniendo en contra la voluntad de las mayorías, y logran imponerse por cualquier medio al que procuran darle una pátina de legitimidad. El Estado como institución que detenta el poder sobre una región y sus habitantes existe como tal desde la Edad Media. Pero la autoridad en la etapa más primitiva de nuestra civilización estuvo representada por grupos familiares de tipo patriarcal o matriarcal. En la antigua China el Taoísmo habría sido una fuente de esta corriente y, en Grecia se reconoce a los estoicos y su mentor Zenón, quien predicaba “la soberanía moral del individuo”. La visión de Zenón difiere de la de Platón, con su utopía de La República. Zenón pretendía una comunidad libre, sin gobierno. Una idea seductora, sobre todo cuando uno es joven y observa cómo el Estado interviene en la vida de los ciudadanos, regulando no siempre de manera equitativa, defendiendo intereses espurios, siendo perjudicados los más débiles. A pesar de todo, no creo que la solución sea un mundo sin Estados, tampoco la existencia de Estados autoritarios o dictatoriales. Habrá que ver cómo se replantea el problema.

Claro que si esto pasa con las instituciones del Estado donde la transparencia y la equidad deberían ser la regla, no nos debe sorprender lo que hoy sucede con muchas instituciones privadas. Recuerdo que hace varios años, le comenté a un amigo jurista y hombre de emprendimientos uno de mis proyectos institucionales, luego frustrado por falta de colaboración pese a que fue muy elogiado. Yo estaba entusiasmado con lo que podíamos construir, pues, era un proyecto innovador. Pero después de escucharme dijo: “lo veo demasiado democrático”, y añadió: “más allá de que todos opinen las decisiones las debe tomar una sola persona, no un cuerpo colegiado, porque el peligro está en la anarquía y eso es caos”. Mi amigo, de alguna manera, delineaba lo que acontece con el poder en todas partes. De allí que Bakunin sostuviese que el poder corrompe, aún a los mejores. El doctrinario anarquista decía que el Estado y la religión a través del miedo privan de la libertad al individuo y terminan por esclavizarlo. El ejercicio de la libertad y la protección de la propiedad privada son sin duda dos temas fundamentales en la dialéctica política de la modernidad. Los “anarco-socialistas” sostienen que la propiedad de los bienes de capital y el pago de un salario por el trabajo constituyen una “agresión”. En principio, dudo que los bienes de capital y el trabajo sean en todos los casos una agresión, habrá que examinar cada situación. En la Europa del Siglo XVI los precursores religiosos del anarquismo moderno fueron los anabaptistas, pero las raíces filosóficas hay que buscarlas en el Renacimiento, en la Ilustración, en el liberalismo clásico. Luego de la Revolución Francesa, el anarquismo se dividió en una corriente individualista con Max Stirner y otra socialista con Proudhon, de ésta última saldrían las escuelas económicas colectivista de Bakunin y comunista de Korpotkin.

Como hice mención en el artículo anterior, en la historia del anarquismo moderno es inevitable remitirse al movimiento obrero por su acogida en la clase trabajadora. La Escuela de Salamanca en el Siglo de Oro habría sido un precedente filosófico, jurídico y económico del liberalismo libertario. Como era previsible, el anarquismo prendió muy fuerte en los sindicatos, al punto que se habló de “anarcosindicalismo”. Aquellos sindicalistas desafiaron abiertamente a la autoridad e insistieron en que ésta debía justificarse a sí misma. Era un movimiento utópico, además de desestructurado.

El catalán Josep Termes decía que el anarquismo surgió de un frente obrero ante un  contraste brutal entre ricos y pobres, que llevó a generar un modelo de vida diferente, en donde se evitaba alimentar otras ideologías, y se le daba cabida a la educación sexual, el esperantismo, la práctica vegetariana, el naturismo. Al frente del movimiento siempre estuvieron los obreros, jamás hubo intelectuales, más allá de que los anarquistas los buscaron. El marxismo, en cambio, en toda época contó en su dirigencia con intelectuales de fuste. Claro que es probable que muchos intelectuales no hayan querido participar por el miedo al radicalismo anarquista, que llegaba a plantear una conducta extremista, pues, la revolución debía ser ya, y tal vez allí residió el motivo de su fracaso. Los socialistas no tenían premura, consideraban que a la revolución se llegaba luego de un largo proceso, como puede ser las elecciones democráticas. En España el anarquismo aglutinó al campesinado de Andalucía, al sindicalismo en Cataluña -principalmente Barcelona- y, finalmente al movimiento que se desarrolló en Zaragoza. Ellos tuvieron un papel importante en la lucha contra el nacionalcatolicismo. En aquella época, anarquistas armados por un lado y mercenarios pagados por dueños de empresas por otro, fueron responsables de muchos asesinatos políticos. He leído que al finalizar la Guerra Civil miles de anarquistas habrían sido ejecutados.

Entre los seguidores del francés Proudhon, conocidos como federalistas, el más famoso fue Francisco Pi y Margall, que llegó a ser calificado como “casi un anarquista”. Las clases trabajadoras de la época fueron muy permeables a esta ideología que combatía la opresión de un Estado que actuaba de manera brutal y que además era corrupto, así como también combatía a la opresión que sufrían desde el capital y la religión. Los anarquistas buscaban un cambio revolucionario que trajese una estructura social sin gobierno, mediante la participación directa desde abajo que daría la legitimación necesaria y, una dirección colectiva y democrática de los medios de producción. Hubo una organización española que dio origen a lo que se llamó el “anarco-feminismo” y fue Mujeres Libres, que se caracterizó por luchar contra el fascismo y también contra los propios anarquistas que consideraban a las mujeres esclavas de los hombres. Ellas pretendían reivindicar sus derechos, superar la ignorancia en que vivían, mejorar las condiciones de trabajo y también defender su condición sexual.

A principios del Siglo XX Rosario presentaba una importante concentración obrera ligada a las exportaciones, era la segunda concentración obrera de la Argentina, y los trabajadores según apuntan las crónicas de la época eran sometidos a duras condiciones de trabajo, por eso allí se hizo la primera huelga a nivel nacional y, simultáneamente se propagó la idea de supresión de toda autoridad (acratismo), al punto que entonces Rosario fue llamada la “Barcelona del Río de la Plata”. Entre los años 1920 y 1930 los obreros anarquistas chocaron con el fascismo, fue una lucha cuerpo a cuerpo, a partir de allí comenzó a decaer. En efecto, el fascismo ganó la batalla. Varias décadas después surgieron los hippies (reencarnación de los antiguos cínicos), el Mayo Francés, la antipsiquiatría, el ecologismo, los movimientos antiglobalización, así como otras manifestaciones sociales y culturales que en el fondo mantienen vivo ese espíritu ácrata.

Osvaldo Bayer es quizás el intelectual argentino más representativo del anarquismo local actual. Uno podrá estar en desacuerdo con él en lo que atañe a algunas de sus tesituras políticas, pero su investigación histórica está documentada, tiene avales y puede verificarse. La lucha contra la figura del general Julio Argentino Roca como también del coronel Federico Rauch, no es pura ficción, por más que disguste a los defensores del “relato oficial”. Él dice que con Roca y la Campaña del Desierto no solo se cometió un genocidio sino que se restableció la esclavitud, bástenos con leer los avisos en los diarios de la época donde se anunciaba la entrega de indios a familias (…) Una época de negociados con las tierras y apogeo de la corrupción. Pero Belgrano y San Martín consideraban que en la lucha contra el indio no era necesario masacrarlos.

Hoy han cambiado muchas cosas, sin embargo no la indignación que encendió los ánimos de los anarquistas. Tal vez sea más visible porque ya no solo se trata de las clases bajas, que siempre vivieron mal y se las ignoró, ahora el problema reside en las clases medias, donde muchos de los que apoyaron a la globalización, luego de dos o tres décadas cayeron en la cuenta de que fueron estafados. Por eso no solo es el populismo, fenómeno que no es nuevo, pues estaba presente en el Imperio Romano. La estrategia es aprovechar el descontento de amplias franjas de la sociedad y proponer medidas muy simples untadas con ideas farragosas. La preocupación aumenta y advertimos ciertos peligros. No es necesario mencionar los ejemplos, todos los tenemos en la cabeza.

Reverdecer del anarquismo

21 miércoles Nov 2018

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

≈ Deja un comentario

En estos días previos a la reunión del G-20 en Buenos Aires, hubo actos de violencia que fueron adjudicados a grupos anarquistas. Cuando yo era chico la denominación “anarquista” tenía que ver con Sacco y Vanzetti. Y recuerdo que oía decir a mis mayores que los anarquistas y los comunistas sembraban el terror arrojando bombas.

En la Argentina el movimiento obrero y los sindicatos se iniciaron  con los anarquistas, no con el peronismo como algunos sostienen, pero también  tuvieron participación activa los socialistas y los comunistas. Las ideas anarquistas llegaron al puerto de Buenos Aires con los inmigrantes europeos que organizaron los primeros sindicatos en los ámbitos urbano y rural. Pero dentro de este movimiento no hubo uniformidad. Una rama frente a las injusticias sociales optó por la violencia y en consecuencia fueron acusados de terroristas. Esta rama violenta terminó desvirtuando las bases ideológicas. Algunos de los seguidores de Proudhon escogieron la huelga como una herramienta de lucha, mientras Mijail Bakunin y Errico Malatesta aceptaban la violencia como algo a veces necesario, pero no convalidaban el terrorismo, pues consideraban que los actos terroristas deslegitimaban la dignidad humana. Otra rama escogió el pacifismo y coincidía con León Tolstoi, a quien llegaron a calificar de “anarquista cristiano”. Lo cierto es que durante los primeros veinte años del Siglo XX los anarquistas encabezaron todas las protestas y huelgas que hubo en la Argentina. En esa época muchos obreros y trabajadores manuales  buscaron superarse asistiendo por las noches a las bibliotecas populares. Ellos no se conformaban con la “cultura obrera” que debían aceptar como si se tratase de un estigma de clase. Eran sin duda rebeldes a los ojos de la autoridad e incluso de la sociedad porteña y las del interior. Tenían un destino asignado, por eso los hijos de obreros debían seguir el camino de sus padres. Ese era el pensamiento que dominaba en las clases sociales acomodadas, obviamente de derechas. El problema fue que estos obreros, por medio de buenas lecturas, llegaron a apropiarse del derecho a pensar y exponer libremente, incluso escribir sus reflexiones, y esto no era bien visto por la burguesía ni por la clase dirigente. En efecto, que reclamasen mejoras salariales y laborales, que fueran a la huelga y entonasen canciones revolucionarias, podía tolerarse, pero que además pretendiesen convertirse en filósofos y escritores, resultaba excesivo y despertaba la ira cuando no el desprecio de la dirigencia tradicional. El peronismo apareció mucho después, y por lo que sé su líder persiguió a los disidentes y encarceló a los dirigentes de izquierda, hasta que finalmente copó los sindicatos con tal éxito que se convirtieron en la columna vertebral de su movimiento hasta la actualidad.

Las ideas anarquistas han estado presentes en todas las épocas y culturas, desde la literatura hasta la pintura, desde la música hasta el cine, y no han sido patrimonio de cierta manera de concebir la política como algunos creen. Los teóricos ubican al  Siglo XIX como punto de referencia del movimiento anarquista, sin embargo cualquier lector atento advertirá que conceptos de este tenor ya estaban presentes en las obras de muchos pensadores de siglos anteriores. La tendencia por la anarquía es más bien espontánea, aunque a veces esté encubierta o camuflada. Paul Valery decía que en todo hombre había un dictador y un anarquista a la vez. Y creo que tenía razón, pero también tengo la impresión de que hay autores que no han declarado su afinidad por temor a ser proscriptos. Cualquier lector ilustrado puede advertir las marcas anarquistas en Lao Tsé, Jonathan Swift, Thomas Paine, Oscar Wilde, Dostoyevski, Kierkegaard, Lord Byron, Kafka, Friedrich Nietzsche, Albert Camus o Aldous Huxley. En una oportunidad John Dos Passos confesó tener poca fe en la naturaleza humana como para ser anarquista…

Las palabras tienen un halo semántico de valoración y, “anarquía”, es una palabra maldita, asociada al desorden, la destrucción y el caos. En política resulta intolerable. Cuando el poder comprueba que las multitudes actúan por su cuenta las reprime, no importa que la protesta sea justa y sin violencia, el simple hecho de que se cuestione la autoridad resulta inaceptable. Y ante el temor de perder el poder, a veces se infiltró la protesta con agitadores que ejercían el vandalismo, para así poder justificar la represión. Los gobiernos se rehúsan a tolerar cualquier alteración del orden establecido. Cuando en ciertas regiones surgen manifestaciones pacíficas, al día siguiente uno lee en los diarios que el gobierno detecta caos y anarquismo, y amenaza con encarcelar a los cabecillas.

La celebración del 1º de mayo de 1909, Día Internacional del Trabajo, se hizo en la Plaza Lorea, próxima al Congreso de la Nación. El jefe de policía, coronel Ramón L. Falcón, quien hacía un par de años había reprimido la huelga de los inquilinos dejando a numerosas familias en la calle, las que fueron alojadas en campamentos organizados por los sindicatos anarquistas, hecho que todavía se oculta, volvió a reprimir a los que estaban en la plaza, dejando en esta oportunidad decenas de muertos y heridos. Frente a la huelga general que clamaba su renuncia como jefe de policía, el coronel hizo reprimir a balazos a los manifestantes que concurrieron al Cementerio de la Chacarita, incluso la policía arrebató los féretros a la multitud para disolver el cortejo fúnebre. Es curioso, Falcón ha sido y es uno de los personajes más honrados por los diferentes gobiernos de la Ciudad de Buenos Aires (…) Unos meses después de la masacre, Simón Radowitsky, un anarquista ruso de 18 años recién llegado al país, consideró que alguien debía hacer justicia, y arrojó la bomba que dio muerte a Falcón y su secretario.

Al año siguiente, cuando se celebró el Centenario de la Revolución de Mayo, el Congreso de la Nación tuvo que implantar el “estado de sitio” para impedir una huelga general que buscaba imposibilitar los festejos. Por un lado se procuraba mostrar al mundo la opulencia de la Argentina, y por otro se escamoteaba la profunda crisis en que vivían amplios sectores de la población, una historia que se ha vuelto cíclica y que  terminó siendo una maldición. Claro que nada de esto supimos cuando asistíamos a la escuela, ya que maestras y profesores de historia evocaban los fastuosos festejos del primer Centenario, que contaron con la visita de la infanta Isabel de Borbón, Clemenceau, Jean Jaurès, Anatole France, Ramón del Valle Inclan, Rubén Darío, Enrico Ferri, Guillemo Marconi, Albert Einsten, entre otras figuras. El gobierno de entonces montó una gran escenografía, y cien años después, otro gobierno procuró repetir esa puesta en escena con el festejo del Bicentenario y obviamente con otro regisseur.

Recuerdo haber leído en los 70 un reportaje que le hicieron a Borges, donde sostenía que aspiraba a un Estado que no se notara, que fuese mínimo, y evocaba los cinco años que vivió en Suiza, a la vez que declaraba su simpatía por el anarquismo de Spencer. Borges se veía como un anarquista pacífico y silencioso, pero sus intervenciones en política fueron anacrónicas e imprudentes. Rosas y Perón fueron sin duda sus grandes enemigos, a ellos apuntó con su capacidad de francotirador intelectual. Por otra parte, él sospechaba de los “artistas comprometidos”, justamente en una época en que el compromiso tenía un significado diferente del actual, sin embargo él no dudó en adoptar algunos compromisos públicos que fueron muy cuestionados, entre otros, su férrea adhesión y defensa de la llamada Revolución Libertadora. De allí que una cosa es el Borges literario, sin duda magistral, y otra el Borges intelectual, opinando y tomando partido. El anarquismo de Borges para unos es tenue y para otros resulta inexistente.

Tanto en Argentina como en Uruguay, la gran mayoría de los escritores que publicaron entre fines del Siglo XIX y principios del Siglo XX en algún momento de sus vidas fueron anarquistas. En ese tiempo literatura y anarquismo llegaron a ser casi sinónimos. Pero esos intelectuales no asumieron un papel elitista, tampoco se presentaron como la vanguardia revolucionaria, y en general no tuvieron nada que ver con la universidad ni con la cultura oficial, a diferencia de los intelectuales marxistas que estaban vinculados a la universidad y que tenían una clara actitud revolucionaria, al menos en el discurso.

Para los anarquistas el Estado es nocivo, así como cualquier otra autoridad o jerarquía que pretenda imponerse al individuo y ejercer un control social. Negar la autoridad y darle plena libertad al individuo, confiando en su capacidad para autogobernarse, sería el fin último. Me recuerda a Kant y su concepción del hombre como “autolegislador”. Los anarquistas reconocen que los hombres se debaten entre el instinto de autodefensa que conduciría al egoísmo y el instinto social, y creen que cuando éstos lleguen a ser suficientemente razonables acordarán constituir el Cosmos, porque llegados a este punto no habrá necesidad de tribunales de justicia, policía, templos ni cultos públicos, y tampoco será necesaria moneda alguna, ya que los intercambios serán reemplazados por las donaciones. Hasta aquí una gran idea, una enorme aspiración, que en mi opinión jamás levantara vuelo,  precisamente porque no considera  la condición humana.

La cultura y sus negocios

29 lunes Oct 2018

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

≈ Deja un comentario

La relación del arte, la educación o la cultura con el mundo de los negocios fue, ha sido y es problemática. En efecto, los conflictos de intereses entre los hacedores de cultura y los representantes del mercado se caracterizan por una tensión permanente. Ya Homero, autor de la Ilíada y la Odisea, quien era un protegido del emperador romano, se quejaba amargamente por no percibir los derechos de autor que merecía.

El año pasado la CAEC (Cámara Argentina de Empresarios Culturales) filial Bolivia, organizó en Cochabamba un evento sobre la llamada “Economía Naranja”, el cual debía realizarse en Buenos Aires, pero ante la deserción a último momento de la institución que se había comprometido a subvencionar los gastos y que suele declarar su “interés por la cultura”, no pudo concretarse. En Argentina suelen pasar estos simulacros de cultura, de allí el desencanto de muchos. Roberto Aranibar que venía siguiendo de cerca  nuestros frustrados preparativos,  organizó el evento en solo tres meses, demostrando que con iniciativa y buenas intenciones se logran muchas cosas.

Por Argentina concurrimos Liana Sabatella, que expuso sobre “gestión cultural”, y yo que hablé acerca de “la cultura, el comercio y la ética”. Me sorprendió que la sala estuviese colmada de jóvenes veinteañeros y que la mayoría de los expositores rondasen los treinta años. Convengamos que en nuestro medio no es algo habitual. Algunos tenían estudios universitarios completos, otros los habían abandonado en sus inicios y decían que: “la Universidad mata la creatividad”. Confieso que la frase me dolió por ser un veterano integrante de los claustros, llevo décadas como profesor en distintas universidades, pero reconozco que los argumentos que esgrimían eran atendibles.

Recuerdo que una joven explicó cómo creó una ruta de turismo cultural que permitía visitar cafetales y viñedos, lo que reactivó la economía de la región, generando trabajo para los lugareños y, ella manejaba este proyecto desde su casa por medio de una computadora, incluso me comentó que ya tenía propuestas de otras regiones de Bolivia para implementar proyectos similares. Otro joven refirió que una vez que aprendió la técnica de los videojuegos armó su empresa que se dedica a programar videojuegos de contenido pedagógico y que ya los exportaba al exterior. No faltó el mundo de la moda con interesantes experiencias culturales que terminan alumbrando negocios inteligentes. Los asistentes prestaban atención y no disimulaban el interés que tenían por poner en marcha sus propios proyectos. También estuvo la representante regional de la UNESCO explicando cómo debían presentarse las solicitudes para obtener apoyos a los proyectos. En fin, me sentí reconfortado al ver a que esos jóvenes no carecían de sueños. Hace un tiempo escribí a manera de guía un opúsculo que publiqué on-line: Cómo FormarSe en la Universidad. Claves para no desfallecer en el intento (Amazon). Allí decía que no todos los que abandonaron la carrera universitaria para dedicarse a otra actividad que les atraía han fracasado y, en ocasiones ha sucedido lo inverso. Puse como modelos icónicos a Bill Gates, quien abandonó sus estudios en la Universidad de Harvard, a Mark Zuckerberg que también dejó Harvard y a Steve Jobs que a los 6 meses de haber ingresado debió renunciar por el alto costo de la matrícula. Los ejemplos los hallamos en todas las épocas, solo escogí a tres empresarios exitosos de la  nueva cultura digital.

El mes pasado asistí en Paris a L´Atelier des Lumières. Allí se realizó una muestra sobre la obra del pintor austríaco Gustav Klimt, creador del modernismo y quien murió hace cien años. Se trata de “arte de inmersión”, donde en un inmenso espacio que fue una fábrica, en el techo, las paredes de 10 metros de altura y el piso, se proyectó la obra pictórica de Klimt con 140 proyectores, acompañado de un ensamble musical exquisito y con una narrativa que denotaba talento. La sala estaba llena de jóvenes. Una  manifestación que representa la fusión del arte clásico con la tecnología digital. Sus promotores sostienen que éste es el futuro para atraer a niños y adolescentes, inmersos en el mundo digital y que no están dispuestos a concurrir pasivamente a un museo.

No hay duda que el cambio de época compromete todos los ámbitos de la vida. Las generaciones que provenimos del mundo analógico nos vemos obligados a incorporar velozmente los avances del mundo digital, no sin dificultades. Algunos ven en esto un divorcio, mientras otros pensamos que ambos mundos deben complementarse.

La incidencia que hoy tienen las llamadas industrias culturales (Adorno aborrecía el término) y creativas sobre el PBI de un país puede ser muy importante y, no podemos ignorar lo macroeconómico, importancia que ha crecido en algunos países de manera llamativa a partir de las última crisis (2008). Comentaré algunos casos. Finlandia le ha dado a estas expresiones un enfoque empresarial. Dinamarca es considerada un país culto porque exporta su arte. En Suecia la música, el cine y la literatura adquirieron gran desarrollo y el arte de los videojuegos se enseña en la Universidad. En plena crisis, mientras los países del sur de Europa practicaban drásticos recortes y a la vez subían los impuestos, Islandia se volcó a las industrias creativas y hoy su porcentaje al PBI supera al de la agricultura. Noruega apostó estratégicamente a la música y facilita la presencia de sus músicos en el extranjero. Holanda en materia de industrias creativas apoya decididamente la colaboración entre la industria, los institutos del conocimiento y el gobierno, y al parecer procura ubicarse entre los mejores del mundo en el 2020. Todos estos países tienen en común, entre otras cosas, estar muy bien posicionados en materia de educación, salud, seguridad social, y no han dejado la cultura a la intemperie.

En América latina y en muchas otras regiones no se advierte de parte de los gobiernos un genuino interés por privilegiar la cultura, en todo caso se hace alguna alusión al pasar pero como un artículo de la retórica gubernamental. Por otra parte,  llama la atención el desconocimiento del valor económico de la actividad cultural, lo que revela un grave error de estrategia. El sector privado a menudo ha visto el problema desde una óptica exclusivamente comercial, desentendiéndose de otros aspectos que tienen contenido social. Claro que una cosa es la calidad de una expresión cultural y otra muy distinta el montaje comercial. Para peor hoy se entremezclan problemas de diversa índole como la diversidad cultural, la identidad, la protección del patrimonio, el desequilibrio en el desarrollo y el apoyo que reciben las diferentes industrias. Lo cierto es que vivimos un cambio de paradigmas y la cultura ya no puede ser tan solo la cultura letrada. Existen otras expresiones que merecen un apoyo concreto, como las artes audiovisuales, la moda, el diseño gráfico, las artesanías, la fotografía, las nuevas apps, entre otras expresiones culturales, más allá de las tradicionales como la comunicación, la pintura, la escultura, las artes escénicas y la edición de libros. Las startup surgen de una idea innovadora, montan un buen negocio, crecen a una velocidad mayor al del PBI del país. Desde ya que el PBI refleja solo algunas realidades, pero éste es otro tema. Estimo que es necesario que haya políticas de Estado que promuevan la innovación, la producción de bienes y servicios culturales, y que a su vez se facilite el consumo de los mismos. La cultura y la educación van tomadas de la mano, como lo advirtió Malraux cuando fue Ministro de Cultura de De Gaulle. Es necesario reparar en los que hacen la cultura, los que la comercializan, y finalmente los destinatarios. Deberíamos ver a la cultura como motor del desarrollo de una región  y a la ética como guía del “desarrollo con equidad”.

Colombia el año pasado promulgó la Ley Naranja destinada a fomentar y proteger las industrias creativas en el marco del derecho de autor. Las críticas no se hicieron esperar, pues, algunos vieron en esta medida la reafirmación del neoliberalismo, la privatización de la cultura, la oportunidad para que hagan negocios los grandes empresarios y los bancos, y el desentendimiento del Estado de sus obligaciones. No poseo toda la información, pero tengo por costumbre esperar a ver en marcha los proyectos, analizar su dinámica, y frente a los resultados dar una opinión que se ajuste a la verdad, de allí mi poca afinidad con las ideologías y los vendedores de humo. Aquí como en otras áreas están al acecho los que quieren sacar ventajas, los que solo les interesa el dinero, y los que procuran monopolizar una actividad. En fin, esto resulta inevitable, pues, el egoísmo es parte de la condición humana. Algunos adoptan como marketing la filantropía, escondiendo sus verdaderos intereses. Pese a todo, he comprobado que dentro de lo que llaman economía naranja, hay mucha gente dispuesta a llevar adelante sus sueños y proyectos creativos, y pienso que merecen apoyo, no trabas burocráticas, mucho menos caer en la trampa de quienes les ofrecen financiamiento y terminan quedándose con la mayor parte de los beneficios. La corrupción está a la vuelta de la esquina. Muhammad Yunus, creador del microcrédito, sostiene que la economía cambia si la mentalidad cambia, y dice que hay negocios para ganar dinero y negocios para cambiar el mundo. Necesitamos que la economía de la cultura se instrumente bien, con un sentido ético, para que sea un beneficio social y no una aventura financiera más.

← Entradas anteriores
Entradas recientes →

Buscar artìculos

Artículos Recientes

  • El darse cuenta
  • El mundo de ayer
  • Hurgando en la memoria
  • CON TONO INTIMISTA
  • UNA CIERTA INTIMIDAD

Últimos comentarios

  • María en Si mi verdad valiera tu mentira
  • Laura en La riqueza: entre la virtud y el vicio.
  • Jorge Eduardo Dimov en Saliendo de la cuarentena con discusiones decimonónicas y esperando la vacuna
  • Amanda en ¿Democracia o voluntad tutelada?
  • Christian de Paul de Barchifontaine en Las luces y las sombras en el arte y el sexo

Archivo

  • marzo 2026
  • febrero 2026
  • enero 2026
  • diciembre 2025
  • noviembre 2025
  • septiembre 2025
  • junio 2025
  • mayo 2025
  • abril 2025
  • marzo 2025
  • febrero 2025
  • enero 2025
  • diciembre 2024
  • noviembre 2024
  • agosto 2024
  • junio 2024
  • abril 2024
  • marzo 2024
  • febrero 2024
  • enero 2024
  • diciembre 2023
  • octubre 2023
  • septiembre 2023
  • agosto 2023
  • julio 2023
  • junio 2023
  • mayo 2023
  • abril 2023
  • marzo 2023
  • febrero 2023
  • noviembre 2022
  • octubre 2022
  • septiembre 2022
  • agosto 2022
  • julio 2022
  • junio 2022
  • mayo 2022
  • abril 2022
  • marzo 2022
  • febrero 2022
  • enero 2022
  • diciembre 2021
  • noviembre 2021
  • octubre 2021
  • septiembre 2021
  • agosto 2021
  • julio 2021
  • junio 2021
  • mayo 2021
  • abril 2021
  • marzo 2021
  • febrero 2021
  • enero 2021
  • diciembre 2020
  • noviembre 2020
  • octubre 2020
  • septiembre 2020
  • agosto 2020
  • julio 2020
  • junio 2020
  • mayo 2020
  • abril 2020
  • marzo 2020
  • enero 2020
  • diciembre 2019
  • noviembre 2019
  • octubre 2019
  • septiembre 2019
  • agosto 2019
  • julio 2019
  • junio 2019
  • mayo 2019
  • enero 2019
  • diciembre 2018
  • noviembre 2018
  • octubre 2018
  • septiembre 2018
  • agosto 2018
  • julio 2018
  • junio 2018
  • mayo 2018
  • abril 2018
  • marzo 2018
  • febrero 2018
  • enero 2018
  • diciembre 2017
  • noviembre 2017
  • octubre 2017
  • septiembre 2017
  • agosto 2017
  • julio 2017
  • junio 2017
  • mayo 2017
  • abril 2017
  • marzo 2017
  • enero 2017
  • diciembre 2016
  • noviembre 2016
  • octubre 2016
  • septiembre 2016
  • agosto 2016
  • julio 2016
  • junio 2016
  • mayo 2016
  • abril 2016
  • febrero 2016
  • diciembre 2015
  • octubre 2015
  • agosto 2015
  • junio 2015
  • diciembre 2014
  • octubre 2014
  • agosto 2014
  • junio 2014
  • mayo 2014
  • marzo 2014
  • enero 2014
  • diciembre 2013
  • octubre 2013
  • septiembre 2013
  • agosto 2013

Categorías

  • Todos los artículos
abril 2026
L M X J V S D
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930  
« Mar    

Proudly powered by WordPress Tema: Chateau por Ignacio Ricci.