No es una novedad que el que miente necesita tener muy buena memoria, ya nos lo había advertido Quintiliano, pero claro, la sentencia del autor de “Instituciones Oratorias”, nunca fue tenida en cuenta aquí, pues, los argentinos en términos generales hemos revelado tener muy frágil memoria (las consecuencias están a la vista), incluso algunos recurren a una memoria llamativamente sesgada.

Con motivo del golpe militar argentino de 1976 (uno de los incontables golpes pero sin duda el más brutal), guardo en mi memoria aquel hecho con gran nitidez, quizá porque como decía Cicerón “El que sufre tiene memoria”. Hace unos días se celebró el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, en alusión a ese hecho cruel e inhumano que aún seguimos debatiendo, eso sí desde miradores diferentes y apelando a hechos, situaciones y personajes que en muchos casos no se ajustan ni a la verdad ni a la justicia. Ese día me crucé en la calle con algunas organizaciones, sus pancartas y cánticos que me recordaron lo vivido en los años 70 y me dije, ni siquiera cambiaron las consignas (no me refiero a los desaparecidos) cuando en realidad el mundo y el país cambiaron y las circunstancias históricas son otras. Pero claro, los canallas todavía siguen vendiéndoles a los jóvenes consignas en las que ya nadie cree.

Por lo pronto, el Archivo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos publicó documentos desclasificados sobre lo acontecido aquí, la tarea la inició el presidente Obama. Allí se revela que Washington compartía la posición de los militares argentinos de entonces y consideraba que el golpe militar era inevitable para terminar con el caos que había en la Argentina. Sabían que la dictadura permanecería un largo tiempo y que habría represiones sin precedentes. Con un mes de anticipación los Estados Unidos había comunicado discretamente a los militares que producido el golpe los Estados Unidos reconocerían al nuevo gobierno. Henry Kissinger, el siniestro secretario de estado estaba al tanto del golpe (como aconteció en otros lugares y donde él tuvo un papel no menor). En fin, se sabía que se cometerían violaciones a los derechos humanos que generarían críticas internacionales y que darían lugar a fuertes presiones en la opinión pública estadounidense, también en el Congreso, las que complicarían las relaciones con el régimen. Un detalle no menor, quien había sido subdirector de la CIA, Graham, acompañado de un senador ultraconservador y su equipo llegó 12 días antes del golpe aquí y el embajador Hill le pidió que abandonara de inmediato el país…

Lo importante es que han sido desclasificados miles y miles de documentos de 16 agencias estadounidenses sobre la dictadura y el período que abarca entre los años 1975 y 1984. En efecto, mucho material para analizar que le llevará años a los investigadores e historiadores que quieran conocer en verdad lo que sucedió, no el relato apócrifo que insistentemente circula para lavarle la cabeza a los jóvenes que no vivieron esa época y son adoctrinados. Porque esos jóvenes al no tener experiencia carecen de memoria según Aristóteles. Y los viejos, que estamos empeñados en cuidar nuestro cerebro, sabemos desde William Shakespeare que el centinela del cerebro es la memoria.

Siempre me he pronunciado a favor de los Derechos Humanos en cualquier lugar del planeta donde fueran vulnerados, como cualquier persona de bien, pero curiosamente ahora se denuncian ciertos atentados y se ocultan o ignoran otros por razones ideológicas. Los derechos humanos emanan del respeto que merece cualquier individuo por su condición de ser humano, por consiguiente no dependen de la izquierda o de la derecha, tampoco de ningún partido político o religión. Están más allá de cualquier defensa parcial porque son de todos. Claro que hoy por hoy para algunos los derechos humanos son una especie de franquicia.

Para aquellos jóvenes que repiten entusiastas y de buena fe ciertas consignas sería bueno que reparen en algunos datos, es decir en informaciones concretas que permiten el conocimiento exacto de lo que sucedió Y esto es muy importante en un país donde los datos son reemplazados por las opiniones interesadas, y así vemos circular informaciones inexactas que los medios irresponsablemente le dan gran trascendencia. Finalmente pasa como en la guerra: la primera baja es la verdad.

Cuando yo finalizaba la universidad en la Ciudad de La Plata (epicentro de la guerrilla), en 1973 y en plena democracia del gobierno de Perón comenzaba el terrorismo de Estado. Recuerdo cómo nos infundían miedo y uno no estaba seguro en ninguna parte. Las dos facciones que más terror causaban eran Montoneros y la Triple A, de distinto signo, pero ambas nacidas del peronismo y por supuesto con demencial sed de poder.

Los militares sabían que era imposible que la guerrilla triunfara y proclamaban a los cuatro vientos que “venían a moralizar el país”, y buena parte de la población los toleró porque estaba cansada de tanta inseguridad callejera. Ellos tuvieron la suma del poder con el respaldo de las armas, podrían haber terminado con muchos males endémicos, pero ese no era su plan, y sustituyeron una corrupción por otra.

Antes de abandonar el gobierno se auto amnistiaron (1982), Luder candidato peronista habría aceptado esa ley pero Alfonsín la rechazó. No bien se hizo cargo del gobierno Alfonsín creó la CONADEP presidida por Ernesto Sábato cuyo informe final sobre la desaparición forzada de personas fue el “Nunca Más” y, curiosamente el peronismo se negó a integrar la CONADEP. La repercusión internacional de esa comisión y sus conclusiones fueron un hito histórico, ya que ubicaron a la Argentina entre los países dispuestos a defender los derechos humanos en los hechos y no en la retórica. Pero en 1990 el gobierno peronista de entonces decidió indultar a los excomandantes…Podría seguir enunciando hechos reveladores, hoy hábilmente camuflados por aquellos que se presentan ante el pueblo como campeones de los derechos humanos. Ni hablar de las intervenciones actuales en materia de derechos humanos en asuntos internos y externos, que arrojan al fango al prestigio internacional que esta lucha alcanzó en el pasado. Antes de seguir y para aquellos que no me conocen, yo no pertenezco a la oposición, pero eso sí me opongo a la mentira, venga de donde provenga. Como intelectual siempre tuve una actitud independiente y jamás estuve afiliado a partido alguno, por eso acepto que haya gente que discrepe con mis opiniones, pero discrepar con los datos no tiene sentido porque es pelearse con la verdad, viejo hábito argentino.

Mi consejo a los jóvenes que deseen bucear en ese pasado y evitar la contaminación ideológica es que recurran a las hemerotecas donde hay mucho material informativo, también pueden escuchar a Graciela Fernández Meijide o leer el último libro de Ceferino Reato muy bien documentado.

El relato político es como el dogma religioso, pues, se trata de una cuestión de fe, y en consecuencia no hay debate posible. Mientras los protagonistas sigan siendo los mismos no hay salida para el país. La Argentina no puede seguir prolongando la edad de la inocencia.

Nunca estuve de acuerdo con esa frase: “Los pueblo tienen los gobiernos que se merecen”. Una frase que es un lugar común y que se la han adjudicado a un sinnúmero de intelectuales, desde el aristocrático Joseph de Maistre hasta el revolucionario José Martí. No me parece justo. Tampoco es correcto que se hable de pueblo como si se tratase de una totalidad homogénea de habitantes. No es así, pues ese es el concepto que al que apelan los demagogos y las dictaduras para callar a los disidentes. A lo sumo podemos hablar de mayorías habilitadas para votar, porque los niños y los adolescentes no cuentan. Al respecto, recuerdo que yo era chico y ya discutía de política con mis mayores, les hacía preguntas incómodas y, un tío lejano me decía que por ser chico no entendía de política y de esta manera como dicen ahora me clausuraba. Con el tiempo comprobé que el que no entendía era él. Y sí, a veces los niños nos señalan el error.

Que vote un 40, 50 o hasta 75 por ciento a un partido de ninguna manera es todo el pueblo. ¿Ese 60, 50 o 25 por ciento restante no forma parte del pueblo? Acaso esa minoría no tiene derechos, no merece propalar sus reclamos o debemos aceptar que está cercana a la muerte civil.

Desde hace un año vengo hablando con varios jóvenes profesionales, talentosos, que me confiesan su intención de abandonar el país. Algunos tienen aspiraciones importantes y saben que aquí no los dejarán hacer carrera, otros me han dicho que provienen de familias humildes, que no tienen contactos políticos ni dinero. También hay quienes me han explicitado que no están dispuestos a ir contra sus principios y valores. ¡Bravo, mis felicitaciones por esa integridad moral que está faltando!

Varios de ellos ya se fueron. Algunos consiguieron trabajo en universidades, hospitales o empresas comerciales a través de entrevistas con el exterior vía Internet y de manera rápida. Me produce una gran tristeza que expulsemos de nuestra sociedad lo mejor que tenemos y que podría crear un futuro digno. Mientras tanto fabricamos pobres e ignorantes que votan.

A decir verdad, no puedo olvidar que en mi juventud también pasé por esa difícil etapa y decidí resistir… Pero claro, no todos tenemos el mismo temperamento o quizá tozudez y, por otro lado, me pregunto qué pueden hacer estos jóvenes meritorios en un país donde el acomodo es la regla, donde los funcionarios puestos a dedo se manejan con bravuconadas, las barras bravas de los clubes y las patotas sindicales hacen lo que quieren y nadie los pone en la órbita de la Ley. Si hablamos de la política, el nepotismo es la regla ya que los hijos cuando no otros parientes suceden a los intendentes, los diputados, los senadores, los gobernadores… No existe posibilidad alguna para un candidato independiente, porque la política solo es para la casta política.

Pero también esta vieja herencia monárquica la encontramos en la justicia, en las instituciones académicas, en el mundo del espectáculo y hasta en los sindicatos. Cómo convencer a estos chicos bien formados y con valores morales que vale la pena quedarse y dar batalla… Por su parte los políticos necesitan que las masas sean previsibles, por eso ahora están inmersos en una ingeniería oportunista pensando en las elecciones que tendremos en unos meses. Y en su evidente ineptitud y conciencia moral anestesiada, viven entre tropiezos y ostentaciones, aunque temerosos de que aparezca un cisne negro. Que el ciudadano de a pie piense no está bien visto, al fin de cuentas son tiempos de anti intelectualismo y de pensamiento mágico. El cuidado de la salud de la población no parece ser un imperativo categórico, una prueba es en materia de vacunas, ya que en estos días un periodista decía que a Chile llega un avión con dos millones de dosis y a la argentina llega uno que trae solo 300.000.

Víctor Hugo pensaba: “Entre un Gobierno que lo hace mal y un Pueblo que lo consiente, hay una cierta complicidad vergonzosa”. Y por su parte Mahatma Gandhi sostenía que, “Si hay un idiota en el poder, es porque quienes lo eligieron están bien representados”.

En fin, es hora que cada uno escuche a su conciencia y actúe en consecuencia, que a la hora de emitir su voto lo haga responsablemente y se haga cargo, aunque no tengo dudas de que mi planteo no pasa de ser una utopía, tal vez por esa frase que sostiene que los canallas siempre duermen en paz.