Mucho se ha dicho en cómo el clima puede afectar el estado de ánimo y cómo el cambio climático está afectando la salud del planeta y de todas las especies, no solo se trata del ser humano. Como médico entiendo que la pandemia a muchos nos ha disregulado emocionalmente y, no son infrecuentes las reacciones explosivas ante situaciones disímiles, pero esto no justifica que para luchar por una causa noble, por caso el cambio climático y sus terribles consecuencias, haya que agredir una obra de arte, como si la obra o su autor fuesen responsables de las alteraciones climáticas que son antropogénicas. ¿Acaso alguien abriga dudas que mediante el negacionismo se pretende eludir la responsabilidad humana en la génesis de estos desastres? ¿Que la pérdida de la biodiversidad permite la expansión de los gérmenes y favorece la propagación de las enfermedades? ¿Qué América Latina es la región del mundo que más biodiversidad ha perdido en los últimos cincuenta años? En fin, lo cierto es que a este paso si no tomamos medidas concretas llegaremos a un punto límite para la especie humana. Y no se trata de ser alarmista ya que la paleoclimatología señala que aquellas especies que no se adaptaron terminaron desapareciendo, bástenos lo sucedido con los dinosaurios. Los orígenes de la tierra se remontan a unos 4,6 miles de millones de años atrás y el origen del hombre moderno habría acontecido hace unos 200 mil años, es decir que pasó mucho tiempo para que el mayor depredador del planeta irrumpiera. En efecto, el hombre apareció como consecuencia de un cambio climático. La pregunta es si estamos dispuestos a que nuestra especie corra el riesgo de desaparecer por otro cambio climático. Es cierto que todavía hay mucho por investigar, pero también tenemos datos de sobra para tomar decisiones que modifiquen la actual situación a nivel planetario.

Me adhiero a la protesta de los jóvenes por la falta de medidas efectivas para combatir el cambio climático y la contaminación ambiental, pues el fin es bueno, pero la metodología totalmente absurda. El objetivo sería atacar una obra maestra para lograr que los medios le otorguen al problema el espacio que a menudo le niegan y así llegar al gran público. Y volvemos siempre al tema del escándalo que se convierte en noticia o como algunos piensan sin escándalo no hay noticia. Hasta crearon el término “artivismo”, que no lo registra el diccionario de la RAE, y es el acrónimo formado por las palabras “activismo” y “artista”, que algunos consideran como un lenguaje educativo nuevo para la acción social, donde con esta hibridación (arte y activismo) el arte sería la vía de comunicación para lograr el cambio, pero con violencia. Este accionar, repudiable, no es nuevo. Hace más de cien años una sufragista rasgó el lienzo de Velázquez “La Venus del espejo” en la National Gallery de Londres, en la búsqueda del voto femenino y para protestar por la mirada cosificadora que los hombres tienen sobre la mujer. El ejemplo rápidamente se expandió y hubo museos británicos que prohibieron el acceso de mujeres.

Hoy los museos están en el ojo de la tormenta, y hay gente que considera que allí se invierte mucho dinero en una cultura muerta, recursos que podrían emplearse con otros fines más tangibles. Recuerdo que en el 2019 estábamos con mi mujer en Nueva York y decidimos visitar el MoMA (Museum of Modern art), había largas colas para entrar, pero nos llamó la atención que la mayoría de los asistentes se dirigía de entrada al quinto piso y luego se retiraba, sin prestar atención a las obras que se exponían en los otros pisos. El motivo era que allí se exhibía una obra de Vincent van Gogh, en esos días muy promocionada en los medios, y la gente pugnaba por ubicarse cerca del cuadro para sacarse una selfie

El activismo cambia con la época. Los intereses y angustias de mi generación son diferentes a los de la generación actual, y es lógico. Ahora bien, ante la pregunta si vale más el arte o la vida, pienso que es generar una situación dilemática sin sentido. También podríamos trasladar el dilema a otros ámbitos, como la ostentación de riqueza en el mundial de fútbol de Qatar y la vulneración a los derechos humanos de ese país o la moda fashion conexa a la industria textil que produce contaminación ambiental así como explotación laboral, incluso en condiciones de esclavitud. Pero convengamos que sería forzar y enredar la situación, mezclar peras con manzanas, y así caer en una trampa. Lo cierto es que estas acciones contra obras de arte han conseguido la atención de los medios, que con su cuestionada agenda atraen la atención de la gente a la vez que inciden en su opinión. Es evidente que los jóvenes activistas han tenido éxito, aunque me parece que el resultado tiene algo de victoria a lo Pirro, al menos en lo ético.

En estos días habríamos superado los ocho mil millones de habitantes en el planeta. La cuantiosa población humana da lugar a diferentes interpretaciones, según la ideología o la hermenéutica de cada sector. Para algunos este número resulta preocupante por las actuales limitaciones de todo tipo, especialmente las socioeconómicas, al punto que el año pasado sufrieron hambre unos 828 millones de seres humanos (ONU), existiendo recursos para que esto no suceda; otros ven en los ocho mil millones la orgullosa conquista del progreso, del desarrollo científico y tecnológico; no faltan los que sin atreverse a expresarlo en público piensan que el planeta no debería tener más del 10% de la población actual, o sea unos mil millones de seres humanos… Los recursos están repartidos de manera desigual e indigna, como viene sucediendo a lo largo de la historia, pues, solo una minoría accede con amplitud a los beneficios del progreso, mientras el malestar y las protestas adquieren una dimensión planetaria, ya que hoy las dificultades existenciales se profundizan y, no es fácil sobrevivir en un mundo donde los sectores de poder viven obsesionados por el dominio y la explotación ilimitados. Y esto se da en un inédito marco pandémico y bélico, donde el cinismo, la hipocresía y el desprecio por la verdad se imponen, subvirtiendo costumbres, valores, pensamientos, en fin, acontece un profundo cambio cultural que ignoramos dónde nos conducirá, si bien es cierto que muchos ya han tomado conciencia de la incertidumbre, de la fragilidad humana y de la inexorable finitud. La Tierra ha demostrado poder existir sin la presencia del hombre, la inversa todavía no se ha dado, quizá por eso la carrera espacial y la búsqueda de un planeta que permita la vida humana, y tal vez cuando se produzca el diluvio alguien construirá un arca como lo hizo Noé para que se salven los elegidos.

A algunos observadores extranjeros les llama la atención la “vocación internacionalista” de ciertos sectores de la sociedad argentina, sobre todo porteños, también bonaerenses. Buena parte de quienes tienen ésta vocación acostumbran viajar por el mundo, pero hoy la inflación y los impuestos abusivos constituyen un obstáculo. Es más, la crítica a los que viajan al exterior, no importa el motivo, más los desencantados con la marcha del país que deciden radicarse en el exterior para dar cauce a un proyecto de vida que aquí se les niega, son blanco del discurso nacionalista, de quienes alardean con la “solidaridad nacional”, señalando que los que abandonan el país lo traicionan. Al respecto, Giordano Bruno decía que, “toda tierra es patria”, y quería significar que la patria está donde uno puede trabajar libremente y relacionarse con los otros. Lo curioso es que quienes promueven esta crítica, suelen ser los que más viajan al exterior con gastos sufragados con los dineros públicos… Y varios hasta tienen propiedades en otros países. No tengo dudas que en la Argentina el Ancien Régime está en el alma de buena parte de las clases dirigentes. En efecto, estos individuos exceptuados de las generales de la ley, son los que alimentan la guerra entre el cosmopolitismo y el provincialismo como posturas extremas e irreconciliables. Ellos dividen el país entre pueblo y no pueblo, que no tiene derecho a ser escuchado, como sostiene Enrique Krauze, quien añade que los países de América Latina tienen ese gen caudillista y militarista que solo puede ser evitado con la institucionalidad, y ésta viene con la democracia, que desde la Atenas de Pericles a la fecha siempre está en peligro y necesita ser protegida. Hoy hasta la democracia más antigua del continente, la de los Estados Unidos, está siendo vapuleada a la vista de todos. Y en el régimen cubano a los que tienen contacto con el mundo exterior se los considera “penetrados”.

El mundo está cambiando aceleradamente. Nuccio Ordine dice que Europa es una Europa comercial y no tiene sentido si a la vez no existe una Europa cultural. Estoy de acuerdo. Él critica por igual al imperialismo de Putin y al de los Estados Unidos, remarcando que toda guerra destruye la cultura, y se pregunta cuántos museos fueron destruidos por los Estados Unidos en Irak, también porqué las grandes potencias se movilizan para proteger un pozo petrolero y no un lugar histórico que es patrimonio de la Humanidad. Uno de los movimientos históricos que más me ha llegado es el del Renacimiento. Claro que estamos muy lejos del Renacimiento, donde la renovación política era una necesidad, se rechazaba el poder medieval, surgía la burguesía, y en ese comienzo de la edad moderna el Humanismo llegaba a ocupar el centro de la escena, protegiendo el arte y la cultura. Pero hoy el poder ha demostrado no tener mayor interés en la cultura y el arte, a pesar de lo que declama. Los medios se ocupan de estas disciplinas cuando generan una alta rentabilidad monetaria, pues, la importancia reside en el poder que otorga el dinero. Tengo claro que la vida no nos pregunta qué es lo que queremos y, también tengo la impresión que estamos empecinados en vivir mal… Como decía Séneca, “Los hombres no saben vivir, pero no quieren morir”.