El tema de las ideas de la intelectualidad, a menudo encontradas, y el claroscuro del papel que han asumido los intelectuales a lo largo de la historia, siempre me inquietó, en consecuencia me condujo a realizar una investigación, muy larga en el tiempo, recorriendo los meandros de ese río que es la inteligencia. En algunos casos he podido acceder a la vida, obra y persona de ciertos personajes, en otros solo he rozado algún aspecto de su obra, de sus dudas u opiniones.
Mi libro, de más de trecientas páginas, consta de trece capítulos, que bien podrían ser trece opúsculos a publicarse por separado como hacen algunos autores favorecidos por el mercado (no es mi caso).
En primer lugar trato de dar mi visión de lo que es ser un intelectual, que difiere de la que utilizan los medios y concibe la gran mayoría de la gente, incluyendo el mundo académico. Cualquiera que cultive su intelecto, por más brillante que sea, per se no cumple con la función social del intelectual, quien además de ser un exégeta de la realidad, de denunciar las injusticias y aferrarse a la verdad (sostengo que su único compromiso es con la verdad no con una ideología, partido o dogma), debe percibir las distintas fragilidades sociales, prestando su voz a los seres vulnerables y vulnerados, pues, aquí reside el meollo ético de su accionar, en efecto, el porqué de su misión más que de su visión.
El intelectual no es un comentarista de televisión, tampoco puede quedarse en la crítica periodística, debe ir más allá. Hoy economistas, expertos en ciencia y en tecnología, entre otros, pasan por intelectuales y hasta asumen una superioridad moral. En fin, no es que el intelectual deba pensar por los demás, amparándose en una supuesta supremacía forjada en lo recoleto de su biblioteca (no hay intelectual que no tenga un pie en la calle), tampoco tiene una mirada privilegiada que le permite ver lo que otros no alcanzan a ver, porque en verdad su tarea es ayudar a pensar libremente, sin temor ni limitaciones. Desde ya que su gimnasia reflexiva es un valor agregado. En otras palabras, ayudar a que otros piensen con su propia cabeza, y esto resulta peligroso para el poder que pretende controlar todo lo que camina y respira, incluyendo la conciencia de los habitantes. Tradicionalmente el intelectual se opuso al rigorismo religioso y a los excesos del Estado. Y el nacimiento del “intelectual moderno” (para mí en toda época hubo intelectuales a pesar de que aún no existiese esa denominación) muchos teóricos lo relacionan con la Ilustración, el Affaire Dreyfus, la Revolución de octubre o la Guerra Civil Española. También están los que sostienen que el Siglo XX fue el siglo de los intelectuales y que la cocina de éstos hay que rastrearla en la izquierda francesa (en realidad hubo y hay muchos intelectuales que son de derecha). En fin, el tema es inagotable y, el intelectual hoy debe mirarse en el espejo de la humanidad, formulándose la célebre pregunta de Hamlet que encierra la contradicción de ser o no ser, de actuar o no actuar, más allá que en ocasiones deba recurrir a la autocensura, pues, su condición de tal no implica que deba ser un héroe o un mártir como algunos irresponsablemente le reclaman.
¡Mueran los Intelectuales! Vio la luz este año. En su versión e-book se está comercializando en el mundo por diferentes plataformas. Esta semana haremos la primera presentación de la versión impresa en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Tenemos el agrado de invitar a Usted a la presentación del libro “Mueran los Intelectuales”,
de Roberto M. Cataldi Amatriain.
El autor será entrevistado y luego responderá a
las preguntas del público.
14 de diciembre de 2023 a las 18:00 horas
Auditorio de la Fundación
Sarmiento 1775, 2º piso, izquierda (CABA).
Entrevista al autor y comentarios a cargo de la profesora Susana Abelson, de larga trayectoria en el periodismo radial y cultural, y del académico doctor Elían Pregno, abogado de la UBA y bioeticista. Los esperamos.