Un tema sensible que es noticia cotidiana en los medios de todo el mundo es el de los donativos de los grandes empresarios a las campañas políticas, al parecer ni siquiera en los países más avanzados lo han podido resolver. Recuerdo que cuando en la Argentina volvió la democracia, la elección presidencial era entre Alfonsín y Luder, dos consumados políticos que representaban al radicalismo y al peronismo respectivamente, y en una empresa médica que trabajé un tiempo en las horas libres que me dejaba mi tarea en el hospital público, se comentaba que los dueños, dos hermanos, también médicos, cada uno había decidido afiliarse y apoyar a un partido diferente antes de las elecciones … Finalmente la empresa quebró (o la quebraron) y me dijeron que dejó un tendal de víctimas, algo para nada infrecuente entre nosotros. Pero dejarse llevar por los argumentos que suelen argüir los grandes empresarios para justificar esos donativos es caer en la inocencia extrema, pues, quien puede creer que lo hacen por solidaridad con sus ideales o principios (dudo que los tengan), o porque solo piensan en el pueblo o en el bien de la patria. Esos empresarios, de ganar su favorito pretenden cobrarse con creces los donativos a través de contratos de prestación de servicios o simplemente negociados con el Estado, todo a expensas de los dineros públicos.

La vida está llena de ficciones. Cuando uno observa con detenimiento ciertas actitudes o discursos advierte que unos simulan, otros disimulan y, finalmente están los que con habilidad combinan ambos verbos en provecho propio. En efecto, vivimos entre los que simulan ser lo que en realidad no son, y los que disimulan lo que en verdad son. Y en cuanto a los prejuicios, se puede sostener afirmativamente cualquier cosa, como sucede con esos individuos que permanentemente vomitan mensajes de odio. Todos hablan de que es necesario que los individuos cambien, aunque no dicen cómo, y sabemos que la serpiente muda de piel, pero por más que cambie su piel jamás deja de ser serpiente.

Las personas hablan y se expresan con gestos y palabras, sin embargo las palabras a veces son engañosas, los gestos difícilmente porque al ser espontáneos nos delatan. En nuestros días la agresión y la mentira son moneda corriente, sobre todo cuando llegan desde el anonimato, cara a cara resulta más difícil. En fin, la vida pone de manifiesto situaciones dinámicas como el poder y el deseo, la perfidia y el arribismo, los celos y las confidencias. Como suele decir un amigo, la vida no es para nada mágica, mucho menos distinguida como algunos pretenden, y adquiere su real patetismo con lo visible.

Los políticos tienen la habilidad de hacer como si determinados temas que afectan a amplios sectores les importaran, cuando en realidad son temas distantes ya sea porque no los viven o nunca los vivieron, incluso le hacen creer a la gente que con sus medidas económicas le quitan dinero a los más ricos para dárselo a los pobres, cuando es al revés. Por otra parte, saben que en un sistema democrático la gente tiene que votar, y que a menudo debe elegir entre lo malo y lo peor, razón por la que no se preocupan, trabajo no les faltará… Un análisis de las informaciones que ofrecen los medios revela claramente cómo procuran simular interés por temas que no les interesan y cómo disimulan los privilegios que les otorga su posición pública.

Hoy existen varios casos emblemáticos de autócratas que se niegan a dejar el poder y procuran retenerlo eternamente, al precio que fuere. Claro que estos autócratas para seguir gobernando necesitan ejercer un control interno férreo, persiguiendo a los opositores e intimidando a los medios críticos, a la vez que procuran armar un marco de legitimidad que no les genere incómodas condenas internacionales, mientras los esbirros del sistema están alertas para sofocar cualquier intento de estallido social o reclamo de libertad y justicia. El manejo de los silencios en cualquier dictadura o régimen autoritario es fundamental, así como el control total y el inefable circo.

Lo triste es que desde la Edad Media, muchas de las conquistas sociales que se lograron con gran esfuerzo y donde no pocos dejaron la vida, conquistas que creíamos históricamente consolidadas, parecería que se esfuman o al menos se debilitan.

Estados Unidos y Gran Bretaña, dos países propulsores de la democracia hoy revelan una muy baja calidad del sistema y sorprenden al mundo con su cinismo (a mí no por conocer sus respectivas historias). Hace unos días, un presidente sometido a un impeachment cuyo resultado tendría asegurado en su favor (no importa la verdad de los hechos), cuyas fake news son cotidianas como su actitud predatoria, durante una cumbre mundial donde se tratan temas trascendentes para el planeta se desquitó publicando ¡142 tuits en un día! El hecho me parece más un tema de psiquiatras que de politólogos.

China no tiene un régimen democrático, ni siquiera pretende simular jugar este juego como lo hacen Rusia o Turquía. Xi Jinping tuvo dos mandatos como presidente y el partido lo ungió como líder absoluto. Hace dos años mediante una reforma de la constitución se le abrió la puerta para la reelección indefinida. A diferencia de lo que pensaba Ernesto Laclau, para mí la reelección indefinida nos conduce a la tiranía.

Vladimir Putín tuvo dos mandatos consecutivos constitucionales como presidente (2000-2008) y luego ejerció como primer ministro. En 2012 fue por la tercera reelección y ahora va por la cuarta. Pero ya anunció una reforma de la constitución, seguramente para mantener el poder desde otro lugar, porque no hay duda que el poder real puede ejercerse incluso dese las sombras sin necesidad de asumir la presidencia. Recuerdo que estando en Moscú le pregunté a un abogado italiano que vivió allí un tiempo cómo tomaba la gente el autoritarismo de Putín y me respondió que no le afectaba. Si reparamos en estas dos últimas décadas, a Rusia le ha ido bien pero no al pueblo.

En Kazajistán, Nursultan Nazarbayeb renunció a la presidencia después de 30 años para proclamarse presidente vitalicio del Consejo de Seguridad desde donde administra el poder real. Un caso similar se dio en Singapur, Lee kuan Yew, quien falleció en 2015, renunció luego de 30 años como primer ministro y se le otorgó el puesto vitalicio de ministro mentor.

Recep Tayyip Erdo?an, al igual que Putín, alternó entre los cargos de presidente y primer ministro para mantener su poder durante 20 años, sin embargo a pesar de sus efectivas medidas represivas no todo le salió bien, ya que perdió Estambul. La imagen de un Erdo?an tolerante y abierto que conocí hace una década en Turquía, se ha derrumbado.

En fin, confieso que nunca pude descifrar porqué la gente admira y sigue al poderoso aunque sepa que es un corrupto y que incluso no haga nada efectivo para sacarla de la pobreza física y mental.

Un político “honrado” es aquel que cumple con sus promesas electorales, porque la honradez significa obrar con rectitud moral, con integridad y justicia, por eso también se lo suele calificar de “decente”. Claro que esto no impide que simultáneamente sea “deshonesto” si por ejemplo lleva una vida privada desordenada o por caso mantiene relaciones ilícitas. La honestidad es más bien una condición “personal” pero la honradez va más allá de lo personal y tiene otras implicancias. Por eso interesa más que sea honrado a que sea honesto. Alguien dijo que el límite entre ambos conceptos estaba en la cintura, hacia arriba lo honrado y para abajo lo honesto. De todas maneras, se ha difundido el uso de ambos términos como sinónimos y ya se ha impuesto en nuestra lengua. En inglés la palabra “honesty” comprende los dos conceptos.

«La razón es una puta que sobrevive mediante la simulación, la versatilidad y la desvergüenza.«, sostenía el pobre y atormentado Emil Ciorán. Otra manera artificiosa de sobrevivir es la disimulación, que Francis Bacon la consideraba como una “sabiduría abreviada” y, Umberto Eco decía que, “Disimular es extender un velo compuesto de tinieblas honestas, del cual no se forma lo falso sino que se da un cierto descanso a lo verdadero.” A cada paso nos topamos con quien finge y quien oculta, en lo personal pienso que sería bueno que ambos artificios se limitasen a lo estrictamente necesario y, no que fueran un estilo de vida..