• Nota biográfica de Roberto Miguel Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

~ Blog sobre Crítica Cultural / por Roberto M. Cataldi Amatriain

Conflictos, Intereses & Armonías

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La riqueza: entre la virtud y el vicio.

01 miércoles Mar 2023

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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El tema de la riqueza, o de los ricos, está siempre presente en el debate social, como no podía ser de otra manera, incluso La Biblia lo consigna. Pero mucho antes fue motivo de discusión entre los griegos. Tales de Mileto, un filósofo presocrático del Siglo VI a.C., que consideraba el agua como principio de todas las cosas, habría sido el primer financista de Occidente. En efecto, decidió incursionar en las finanzas debido a las burlas que recibía por su condición de filósofo que lo habría llevado al hundimiento económico. Según Aristóteles, en base a sus conocimientos de astronomía predijo que habría una gran cosecha de aceitunas y empleó todo su capital en rentar molinos destinados a obtener aceite de las aceitunas. Al parecer nadie le creyó, los dueños de las tierras no sabían qué sucedería en la próxima temporada, pero cuando la predicción se hizo realidad Tales obtuvo grandes ganancias y, dejó en claro que los filósofos podían ser ricos gracias a la sabiduría que tenían, sin embargo preferían tener sólo el dinero que necesitaban, no más. Todos sabemos de personajes que tienen pasión por el dinero y la riqueza y, esa y no otra es su prioridad en la vida, lo que le da sentido a su existencia. Recordemos que en Egipto los faraones eran enterrados con artículos de lujo en la creencia que éstos serían necesarios para la otra vida. En lo personal, soy consciente de que uno abandona este mundo en las mismas condiciones en que llegó: sin nada.

Contemporáneamente ha surgido una clase de ricos, muy jóvenes, que han hecho incalculables fortunas a partir de ideas innovadoras en el contexto del mundo digital, algunos trabajando en el garaje de su casa. Existen grandes fortunas construidas en el sector de la tecnología de la información, algo que era impensable hasta no hace mucho.

La relación entre la ética, los negocios y la riqueza ha sido, fue y es conflictiva. Para Aristóteles es reprobable el dinero que genera más dinero. El Estagirita también reprobaba el cobro de intereses por un préstamo, incluso estuvo prohibido en la Edad Media. Sin embargo, en nuestros días el abuso o la usura de los bancos bajo el paraguas del Estado (otro desmán que la ley protege) son el drama y la ruina de infinidad de familias en todas partes. Nos han bancarizado la vida sin consultarnos. Bertolt Brech decía: “¿Qué es el robo de un banco en comparación con fundar uno?”

La hipérbole de Jesús de que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre en el reino de Dios, sigue dando que hablar. Para San Pablo: «… la raíz de todos los males es el amor al dinero». Y la pasión por el dinero está relacionada con el egoísmo, la codicia, la avaricia. Alejandro Dumas decía que el dinero es un buen siervo y un mal amo.

De acuerdo a la historia, los primeros cristianos llevaban una vida propia de comunistas, lo que generó un problema a los exégetas cuando tuvieron que hacer alusión del tema y, la teoría rechazada por las generaciones posteriores. Hoy por hoy los creyentes ganan fortunas y acumulan bienes materiales sin sentir culpa, pues, se impone la libre empresa, a la vez que se busca y alienta el éxito económico. Y nada de esto resulta incorrecto.

Max Weber consideró que la ética del trabajo del protestantismo desempeñó un papel fundamental en el desarrollo del capitalismo. El énfasis calvinista por el trabajo duro y el llevar una vida frugal se consideraba que acercaban el individuo a Dios, y explicaría por qué las poblaciones protestantes tienen economías exitosas, lo que haría que el afán de lucro sea visto como una virtud y no como un vicio. Pero la realidad es que el afán de lucro a veces desemboca en comportamientos éticamente cuestionables.

Algunos críticos ven en el germen de la pobreza de América Latina y otras regiones del planeta la influencia doctrinaria del catolicismo y el culto por el llamado “pobrismo” como una muestra de superioridad moral. Para Adam Smith la búsqueda de ganancias aun mediando el egoísmo haría que los efectos sociales positivos superen moralmente a sus dificultades o problemas.

La polémica Ayn Rand estuvo influenciada por Nietzsche y se hizo famosa por su libro “La rebelión de Atlas”, que según dicen fue una reacción contra el New Deal de Franklin Delano Roosevelt. Cuando el intervencionismo estatal estadounidense resulta asfixiante los empresarios se declaran en huelga y se retiran a un valle oculto a la espera que todo se derrumbe, para luego volver y reconstruir el país. Atlas en la mitología griega es quien sostiene al mundo sobre sus hombros, al igual que los emprendedores, que sobre sus espaldas cargan con el destino del mundo y sostienen la vida del resto sin obtener reconocimiento. El cristianismo sería el gran responsable de este pensamiento.

La falta de trabajo hoy se perfila como uno de los grandes males del planeta, más allá de la pandemia y de lo que se denomina como la Gran Renuncia o el Gran Agotamiento emocional, que en los Estados Unidos y Gran Bretaña han producido una renuncia masiva de los empleos, falta de mano de obra y desinterés por la búsqueda de nuevos trabajos, aunque tengo entendido que últimamente algunos se han arrepentido de haber renunciado. El antecedente de este fenómeno se dio en 1919, cuando declinaba la epidemia de gripe española, y los trabajadores de Seattle fueron a la huelga cansados de las malas condiciones de trabajo, el bajo salario y la inflación. El movimiento se extendió por todo los Estados Unidos, superó sus fronteras, y causó preocupación en los grandes empresarios al comprobar que las clases bajas ya no querían trabajar y manifestaban abiertamente su anticapitalismo.

Para Simone Weil el trabajo es el lugar donde el hombre alcanza la condición humana. Richard Hoggart, como Weil, participó de dos mundos, tuvo su infancia en un barrio obrero y su adultez en los claustros universitarios (en Weil la cronología fue al revés). Él tenía un pie en la clase obrera y el otro en la élite intelectual. Estaba agradecido de las instituciones educativas en las que pudo formarse. Ingresó a la universidad por medio de una beca que le permitió saltar de una cultura a la otra, y advirtió cuáles son los valores en conflicto, inclinándose finalmente por la cultura popular. Para Hoggart, becarios y autodidactas son individuos que pasan de una cultura a otra, con la salvedad de que esta última nunca les pertenecerá por completo. En efecto, Hoggart sostenía que el mundo está dividido entre “ellos” y “nosotros”, donde “ellos” son los que mandan, se reparten las ayudas sociales, y son “los que te aplastan si pueden”. En fin, una visión que hoy es compartida por muchos de los jóvenes que en todas partes se movilizan en reclamo de un mundo más justo sin encontrar respuestas.

A partir de la crisis originada en la primera década de este siglo, la preocupación de los gobiernos se centró en el crecimiento macroeconómico (PBI) y no en la recuperación social. Así se rompió el contrato social que otorgaba derechos y deberes, que daba un marco de seguridad social para aquellos que no nacían en una cuna privilegiada. El Estado de Bienestar, con sus más y sus menos, duramente criticado por los ultramontanos, pasó a convertirse en Estado de Malestar. Y hoy con la pandemia vemos que la desigualdad aumenta y que la pobreza junto a los otros dramas sociales terminan socavando los cimientos de la democracia. Un panorama muy peligroso, que favorece a los líderes autócratas y los gobiernos populistas. Xi Jimping le dijo a Joe Biden: “Las democracias no se pueden sostener en el Siglo XXI”.

Lo cierto es que frente a cierta indiferencia globalizada, la mayor cantidad de golpes de Estado se ha producido en lo que va de esta década, los autoritarismos ganaron terreno, aumentaron las protestas sociales y en muchos casos hubo represión brutal. Sin contar la sanguinaria invasión a Ucrania que ya lleva un año, sin miras de solución, entre otras tragedias que asolan al planeta.

El sistema que nos rige le permite al individuo acceder a bienes y servicios de calidad siempre y cuando pueda pagarlos, ese es su diseño. En efecto, la capacidad de pago permite que se pueda acceder a una atención médica de calidad, recibir una educación óptima y gozar de una serie de prestaciones que hacen a la buena calidad de vida. Por otra parte, una fortuna (ya no importa cómo se obtuvo) contribuye a que el individuo pueda convertirse en una persona socialmente importante, admirada o envidiada, llegando a gozar de ciertas licencias y hasta de alguna consideración especial en el ámbito de la ley, que sin duda no es igual para todos.

Está claro que a los que les va muy bien en lo económico no están dispuestos a aceptar cambios en las reglas de juego, aunque éstas se tornen necesarias por las injusticias, las explotaciones y las faltas graves a los derechos humanos.

El Nobel de Economía Paul Krugman, comenta que a raíz de un episodio personal donde fue objeto de privilegios, aprendió la lección que los privilegios corrompen, y que los enormes privilegios corrompen enormemente, pues, las personas que los rodean no se atreven a decirles que están comportándose mal.

Un proverbio atribuido a Confucio dice que: “Un hombre rico teme a la fama como el cerdo teme engordar”. Pues bien, la situación cambió para algunos multimillonarios que han dejado de ser reservados, convirtiéndose en celebrities.

Creo que hoy se impone la “razón ilustrada”, es decir, la prudencia, el rigor y el sentido común. La corrupción que ha dado lugar a grandes fortunas así como el deterioro de los valores, conducen a naturalizar la pérdida de la esperanza y la falta de sentido de la vida. La realidad mundial es que día a día aumenta la demanda de alimentos, de salud, de educación, de vivienda, de transporte, de seguridad. Mientras la crisis climática, la contaminación ambiental, los desastres naturales y las aventuras bélicas siguen su curso.

Coincido con Andrés Malamud que las democracias de Occidente no son tan frágiles, que lo que en realidad fracasa es el Estado (división de poderes) y por eso fracasan los gobiernos que lo manejan, ya que existe una concepción hegemónica del poder que da lugar al mesianismo y una masa de votantes que individualmente se desligan de su responsabilidad moral y ética. Lo cierto es que vivimos tiempos sombríos y no podemos cruzarnos de brazos.

La jubilación en un médico de hospital

15 miércoles Feb 2023

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Luego de una ausencia impuesta por una patología benigna, ocho horas de quirófano y una cadena de contrariedades de distinto orden todavía en curso, retomo este espacio de reflexión y crítica, porque sé que el Blog tiene sus lectores. Agradezco de corazón las muestras de afecto que recibí en esta etapa y lamento no haber respondido a todos en tiempo y forma.

En esta oportunidad me referiré a la jubilación, que implica acogerse a un merecido descanso hasta el final de la existencia, luego de una vida de trabajo y aportes económicos al sistema previsional. El que se jubila es porque ya ha dado todo lo que tenía que dar en la esfera laboral, pues, llegó a una edad avanzada y entró en la vejez. A partir de ese momento, dramático para algunos, la vida da un vuelco, un giro de campana. Pero lo cierto es que muchos ansían alcanzar la jubilación para alejarse de un trabajo que no les producía satisfacción y poder sentirse liberados de esa carga. Desde hace tiempo se sabe que en el mundo la gran mayoría de los trabajadores tienen empleos que no les agrada, por eso considero que trabajar en lo que a uno le gusta es una verdadera bendición. Sin embargo en estos días, millones de franceses se revelan con indignación en las calles de París contra Macron por la edad jubilatoria, que pasaría de 62 a 64 años. Los trabajadores galos sostienen que la medida es una pérdida de sus derechos y se preguntan qué otras medidas vendrán después.

En la Argentina, por razones electoralistas, una inmensa cantidad de gente se jubiló sin haber nunca trabajado ni hacer los aportes correspondientes (en vez de recibir una pensión social acorde), esgrimiendo el paradigma de la igualdad social, más allá de las jubilaciones de privilegio, algunas escandalosas, al margen de la moral y la ética.

Lo curioso es que aquí si no te jubilás te jubilan, como a mí me sucedió. Recuerdo que todos mis maestros, a los que la profesión hoy venera con justicia, tal vez porque están muertos, se jubilaron sin que se les permitiese prolongar la edad jubilatoria y, además nunca retornaron al hospital donde habían hecho verdadera escuela. He comprobado que en mi profesión, la jubilación de los médicos de hospital con real vocación por esa tarea humanitaria termina siendo para no pocos una suerte de muerte civil o de obsolescencia humana programada. En el caso de los que fueron jefes de servicio o de departamento (yo ocupé los dos cargos) un manto de olvido se extiende rápidamente sobre el poder que una vez tuvieron, también se extingue el interés que mostraban los laboratorios de productos medicinales por quedar bien con el jefe. El panorama resulta tan patético, que ni siquiera se invita al jubilado, que suele tener más experiencia que los que quedan en actividad, a integrarse en una tarea como la de consultor, cuyo aporte sería de valor.

La ley exige que el médico, como cualquier otro trabajador del país, se jubile a los 65 años, inexorablemente, sin embargo el ex juez de la Corte Suprema Carlos Fayt, renunció a su cargo por motivos políticos a los 97 años sin que pudiera demostrarse mal desempeño ni que tuviera alterada su salud mental… Cuando era chico oía decir a mi abuela que en este mundo siempre hay hijos y entenados.

En mi caso había acordado con las autoridades que seguiría concurriendo al hospital, ya que continuaba como director del programa de residencia en medicina interna (una de las residencias que fundé y puse en marcha) y, además allí tenía mi cátedra de grado, pero una mañana noté que habían cambiado la cerradura de la puerta de mi oficina, cuya gran superficie era de 4,5 m2. Esta situación se hubiese evitado si quienes lo hicieron arteramente hubieran tenido el coraje de llamarme para comunicarme que no debía concurrir más al hospital, como lo hicieron con algunas figuras insignes con cuyo nombre hoy se designan instituciones y plazas públicas. Desde ya que hacía un tiempo barruntaba un clima enrarecido con respecto a mi persona, porque siempre me dediqué de lleno al trabajo y evité participar de internas o componendas que nada tenían que ver con mi tarea. La residencia médica sucumbió y los alumnos con autorización del decano fueron ese año a mi fundación a recibir clases y a otro hospital a realizar las prácticas. Esa es la historia, punto.

En lo que atañe a la asignación de la suma jubilatoria mensual, por ley se omiten un sinnúmero de aportes a distintas cajas previsionales (aportes injustamente perdidos), pues, en mi caso llegué a aportar a 3 ó 4 cajas simultáneamente, pero únicamente se consideran los aportes de los últimos 10 años de una sola caja. De allí que a menudo la jubilación sea totalmente insuficiente para cubrir las necesidades básicas, en el contexto de un país donde la gran mayoría hace piruetas para llegar a fin de mes, se asfixia al ciudadano de a pie por la enorme presiones tributaria, y donde la inflación bate récord, las regulaciones son antojadizas y la corrupción es estructural.

Hace un tiempo, una joven descerebrada proponía en las redes sociales que el Estado terminase con el pago a los jubilados y ese dinero se lo diese a la masa de jóvenes desocupados… La ignorancia en ciertos sectores de nuestra sociedad es tan grande que mucha gente no sabe de dónde provienen los dineros públicos que maneja el Estado.

A muchos de mis colegas les queda el recuerdo de 40 años o más de vida en el hospital, y a lo sumo se refugian en su consultorio particular, aunque en el imaginario colectivo aparezcan en el banco de la plaza dándole de comer a las palomas.

Yo no vivo en las redes sociales ni tampoco de ellas, pero de tanto en tanto aparezco para dar “fe de vida”. Lo que sucede es que Occidente tiene un serio problema con los viejos, no sabe qué hacer con ellos, tampoco sabe qué hacer con los jóvenes.

El problema, según mi opinión, está en aquellos que luego de jubilarse no saben cómo disponer de su tiempo libre, y descubren que el empleo era lo que le daba sentido a su vida. Algunos logran reinventarse y les va bien, pues son fuertes de espíritu y alimentan el diálogo interior, donde la autocrítica denota salud mental.

Hoy gracias al avance científico y tecnológico la expectativa de vida se ha incrementado en décadas, aparecen los que proponen como meta llegar a los 120 años, y otros ponen la vara en los 150 años. También están los inmortalistas y los que optan por la criogenización del cuerpo o del cerebro.

Toda la filosofía griega gira en torno al concepto: “nada en exceso”. Por otra parte, tengo en claro que en la vida todo tiene sus límites. En efecto, yo a los 50 años podía ser simultáneamente jefe de internación de dos servicios en hospitales diferentes (uno a la mañana y otro a la tarde), dirigiendo sus respectivas residencias y dando clases a los alumnos de tres universidades. Entonces arrancaba la actividad laboral a las 7 de la mañana y la prolongaba unas 12 o más horas. Hoy mi condición física, pese a ser buena para la edad, no me lo permitiría, aunque si mi capacidad intelectual que gracias a Dios conservo. Entiendo que los cambios son necesarios, sobre todo cuando son razonables y justos, no cuando son impulsados por miserias morales.

Acabo de retornar de Brasil, con mi mujer tuvimos el honor de ser padrinos de boda de dos colegas que hace varios años se formaron en mi cátedra, al lado de la cama de hospital. A pesar de que todavía estaba convaleciente decidimos viajar, ellos nos enviaron los pasajes y con sus familiares nos dieron tantas muestras de afecto que mi recuperación se aceleró, a la vez que comprobé que en San Pablo tenía otros dos hijos que me había dado la docencia hospitalaria. Cómo no estar agradecido a la profesión.

Hace tiempo decidí relatar algunos hechos y sucesos vividos a lo largo de mi carrera que revelan los claroscuros, cuando no la actitud miserable de algunos colegas que no identificaré porque varios ya no están y no tendrían la posibilidad de defenderse. No sería ético. Pero también dar testimonio que en estas miserias morales caen las instituciones, aunque tengo en claro que las decisiones institucionales son las decisiones de sus directivos, quienes a menudo llegaron a esa posición no por sus méritos o capacidad, por eso evitaré confundir la paja con el trigo.

Recuerdo que a los 29 años me desempeñé como secretario adjunto a la presidencia del congreso mundial de gastroenterología (Madrid, 1978), mi jefe era el presidente del congreso y, también recuerdo el comentario que me hizo el profesor Francisco Vilardell, entonces presidente de la Organización Mundial de Gastroenterología y a cargo de la docencia del Ministerio de Salud de España, acerca del profesor Bockus, quien había asistido al evento y, en los Estados Unidos a sus 80 años veía en consulta cinco pacientes por tarde.

Asimismo contaré una anécdota que he contado muchas veces, pero supongo que algunos la desconocen. Corrían los años 90, y el veterano doctor Marcos Meeroff, figura destacada de la medicina y la bioética, me pidió que lo llevase en mi auto a La Plata para conocer el COE (Centro Oncológico de Excelencia). Esa mañana nos recibió mi querido amigo José Alberto Mainetti, recientemente desaparecido. Nos mostró las instalaciones, charlamos en su despacho tomando café y, al cabo de un par de horas consideramos que ya debíamos irnos. José Alberto nos dijo por qué no nos quedábamos un rato, hasta que “el viejo termine de operar, así lo saludan”. Le pregunté qué estaba operando su padre, un ilustre cirujano de 80 años (maestro de René Favaloro): “un páncreas”… Nos disculpamos porque debíamos cumplir con la actividad hospitalaria donde fichábamos la hora de ingreso y de salida (Marcos era jefe de departamento y yo jefe de servicio), y a la institución le preocupaba mucho más el cumplimiento estricto del horario que la eficiencia de los profesionales.

En fin, a esta altura de mi vida, tengo la impresión que muchos equivocadamente coinciden con Platón en considerar a la vejez como una enfermedad permanente… Pero Oscar Wilde solía decir que el problema no es envejecer, pues, pensaba que lo terrible es sentirse joven. Coincido con el genio irlandés. Basta por hoy.

Disregulaciones emocionales, cambio climático y otras hierbas.

22 martes Nov 2022

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Mucho se ha dicho en cómo el clima puede afectar el estado de ánimo y cómo el cambio climático está afectando la salud del planeta y de todas las especies, no solo se trata del ser humano. Como médico entiendo que la pandemia a muchos nos ha disregulado emocionalmente y, no son infrecuentes las reacciones explosivas ante situaciones disímiles, pero esto no justifica que para luchar por una causa noble, por caso el cambio climático y sus terribles consecuencias, haya que agredir una obra de arte, como si la obra o su autor fuesen responsables de las alteraciones climáticas que son antropogénicas. ¿Acaso alguien abriga dudas que mediante el negacionismo se pretende eludir la responsabilidad humana en la génesis de estos desastres? ¿Que la pérdida de la biodiversidad permite la expansión de los gérmenes y favorece la propagación de las enfermedades? ¿Qué América Latina es la región del mundo que más biodiversidad ha perdido en los últimos cincuenta años? En fin, lo cierto es que a este paso si no tomamos medidas concretas llegaremos a un punto límite para la especie humana. Y no se trata de ser alarmista ya que la paleoclimatología señala que aquellas especies que no se adaptaron terminaron desapareciendo, bástenos lo sucedido con los dinosaurios. Los orígenes de la tierra se remontan a unos 4,6 miles de millones de años atrás y el origen del hombre moderno habría acontecido hace unos 200 mil años, es decir que pasó mucho tiempo para que el mayor depredador del planeta irrumpiera. En efecto, el hombre apareció como consecuencia de un cambio climático. La pregunta es si estamos dispuestos a que nuestra especie corra el riesgo de desaparecer por otro cambio climático. Es cierto que todavía hay mucho por investigar, pero también tenemos datos de sobra para tomar decisiones que modifiquen la actual situación a nivel planetario.

Me adhiero a la protesta de los jóvenes por la falta de medidas efectivas para combatir el cambio climático y la contaminación ambiental, pues el fin es bueno, pero la metodología totalmente absurda. El objetivo sería atacar una obra maestra para lograr que los medios le otorguen al problema el espacio que a menudo le niegan y así llegar al gran público. Y volvemos siempre al tema del escándalo que se convierte en noticia o como algunos piensan sin escándalo no hay noticia. Hasta crearon el término “artivismo”, que no lo registra el diccionario de la RAE, y es el acrónimo formado por las palabras “activismo” y “artista”, que algunos consideran como un lenguaje educativo nuevo para la acción social, donde con esta hibridación (arte y activismo) el arte sería la vía de comunicación para lograr el cambio, pero con violencia. Este accionar, repudiable, no es nuevo. Hace más de cien años una sufragista rasgó el lienzo de Velázquez “La Venus del espejo” en la National Gallery de Londres, en la búsqueda del voto femenino y para protestar por la mirada cosificadora que los hombres tienen sobre la mujer. El ejemplo rápidamente se expandió y hubo museos británicos que prohibieron el acceso de mujeres.

Hoy los museos están en el ojo de la tormenta, y hay gente que considera que allí se invierte mucho dinero en una cultura muerta, recursos que podrían emplearse con otros fines más tangibles. Recuerdo que en el 2019 estábamos con mi mujer en Nueva York y decidimos visitar el MoMA (Museum of Modern art), había largas colas para entrar, pero nos llamó la atención que la mayoría de los asistentes se dirigía de entrada al quinto piso y luego se retiraba, sin prestar atención a las obras que se exponían en los otros pisos. El motivo era que allí se exhibía una obra de Vincent van Gogh, en esos días muy promocionada en los medios, y la gente pugnaba por ubicarse cerca del cuadro para sacarse una selfie…

El activismo cambia con la época. Los intereses y angustias de mi generación son diferentes a los de la generación actual, y es lógico. Ahora bien, ante la pregunta si vale más el arte o la vida, pienso que es generar una situación dilemática sin sentido. También podríamos trasladar el dilema a otros ámbitos, como la ostentación de riqueza en el mundial de fútbol de Qatar y la vulneración a los derechos humanos de ese país o la moda fashion conexa a la industria textil que produce contaminación ambiental así como explotación laboral, incluso en condiciones de esclavitud. Pero convengamos que sería forzar y enredar la situación, mezclar peras con manzanas, y así caer en una trampa. Lo cierto es que estas acciones contra obras de arte han conseguido la atención de los medios, que con su cuestionada agenda atraen la atención de la gente a la vez que inciden en su opinión. Es evidente que los jóvenes activistas han tenido éxito, aunque me parece que el resultado tiene algo de victoria a lo Pirro, al menos en lo ético.

En estos días habríamos superado los ocho mil millones de habitantes en el planeta. La cuantiosa población humana da lugar a diferentes interpretaciones, según la ideología o la hermenéutica de cada sector. Para algunos este número resulta preocupante por las actuales limitaciones de todo tipo, especialmente las socioeconómicas, al punto que el año pasado sufrieron hambre unos 828 millones de seres humanos (ONU), existiendo recursos para que esto no suceda; otros ven en los ocho mil millones la orgullosa conquista del progreso, del desarrollo científico y tecnológico; no faltan los que sin atreverse a expresarlo en público piensan que el planeta no debería tener más del 10% de la población actual, o sea unos mil millones de seres humanos… Los recursos están repartidos de manera desigual e indigna, como viene sucediendo a lo largo de la historia, pues, solo una minoría accede con amplitud a los beneficios del progreso, mientras el malestar y las protestas adquieren una dimensión planetaria, ya que hoy las dificultades existenciales se profundizan y, no es fácil sobrevivir en un mundo donde los sectores de poder viven obsesionados por el dominio y la explotación ilimitados. Y esto se da en un inédito marco pandémico y bélico, donde el cinismo, la hipocresía y el desprecio por la verdad se imponen, subvirtiendo costumbres, valores, pensamientos, en fin, acontece un profundo cambio cultural que ignoramos dónde nos conducirá, si bien es cierto que muchos ya han tomado conciencia de la incertidumbre, de la fragilidad humana y de la inexorable finitud. La Tierra ha demostrado poder existir sin la presencia del hombre, la inversa todavía no se ha dado, quizá por eso la carrera espacial y la búsqueda de un planeta que permita la vida humana, y tal vez cuando se produzca el diluvio alguien construirá un arca como lo hizo Noé para que se salven los elegidos.

A algunos observadores extranjeros les llama la atención la “vocación internacionalista” de ciertos sectores de la sociedad argentina, sobre todo porteños, también bonaerenses. Buena parte de quienes tienen ésta vocación acostumbran viajar por el mundo, pero hoy la inflación y los impuestos abusivos constituyen un obstáculo. Es más, la crítica a los que viajan al exterior, no importa el motivo, más los desencantados con la marcha del país que deciden radicarse en el exterior para dar cauce a un proyecto de vida que aquí se les niega, son blanco del discurso nacionalista, de quienes alardean con la “solidaridad nacional”, señalando que los que abandonan el país lo traicionan. Al respecto, Giordano Bruno decía que, “toda tierra es patria”, y quería significar que la patria está donde uno puede trabajar libremente y relacionarse con los otros. Lo curioso es que quienes promueven esta crítica, suelen ser los que más viajan al exterior con gastos sufragados con los dineros públicos… Y varios hasta tienen propiedades en otros países. No tengo dudas que en la Argentina el Ancien Régime está en el alma de buena parte de las clases dirigentes. En efecto, estos individuos exceptuados de las generales de la ley, son los que alimentan la guerra entre el cosmopolitismo y el provincialismo como posturas extremas e irreconciliables. Ellos dividen el país entre pueblo y no pueblo, que no tiene derecho a ser escuchado, como sostiene Enrique Krauze, quien añade que los países de América Latina tienen ese gen caudillista y militarista que solo puede ser evitado con la institucionalidad, y ésta viene con la democracia, que desde la Atenas de Pericles a la fecha siempre está en peligro y necesita ser protegida. Hoy hasta la democracia más antigua del continente, la de los Estados Unidos, está siendo vapuleada a la vista de todos. Y en el régimen cubano a los que tienen contacto con el mundo exterior se los considera “penetrados”.

El mundo está cambiando aceleradamente. Nuccio Ordine dice que Europa es una Europa comercial y no tiene sentido si a la vez no existe una Europa cultural. Estoy de acuerdo. Él critica por igual al imperialismo de Putin y al de los Estados Unidos, remarcando que toda guerra destruye la cultura, y se pregunta cuántos museos fueron destruidos por los Estados Unidos en Irak, también porqué las grandes potencias se movilizan para proteger un pozo petrolero y no un lugar histórico que es patrimonio de la Humanidad. Uno de los movimientos históricos que más me ha llegado es el del Renacimiento. Claro que estamos muy lejos del Renacimiento, donde la renovación política era una necesidad, se rechazaba el poder medieval, surgía la burguesía, y en ese comienzo de la edad moderna el Humanismo llegaba a ocupar el centro de la escena, protegiendo el arte y la cultura. Pero hoy el poder ha demostrado no tener mayor interés en la cultura y el arte, a pesar de lo que declama. Los medios se ocupan de estas disciplinas cuando generan una alta rentabilidad monetaria, pues, la importancia reside en el poder que otorga el dinero. Tengo claro que la vida no nos pregunta qué es lo que queremos y, también tengo la impresión que estamos empecinados en vivir mal… Como decía Séneca, “Los hombres no saben vivir, pero no quieren morir”.

VII FORUM FRANCO-LATINO AMERICAIN de BIOETHIQUE.

01 martes Nov 2022

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 BIOETHIQUE et CHANGEMENT CLIMATIQUE.

 ASUNCION (PARAGUAY), 18-20 juillet 2021

Entre los días 26 y 28 de octubre de 2022 se desarrolló el foro franco-latinoamericano de bioética en Paraguay (bilingüe) destinado a los efectos del cambio climático, con la participación de expositores europeos y del continente americano. Fue organizado desde París por el Prof. Christian Byk (Comité Intergubernamental de Bioética de la UNESCO y Comisión Francesa para la UNESCO). En el diálogo interdisciplinario participaron investigadores y climatólogos de varias instituciones internacionales de referencia, para abordar la temática desde distintos ángulos, donde quedó claro que la naturaleza está estrechamente ligada a la vida y la espiritualidad, que el ser humano no es el dueño de la naturaleza, que debe respetarse la diversidad cultural (nunca se hizo) y, los científicos de pueblos indígenas remarcaron que su cultura preserva la naturaleza y se opone a la degradación del planeta así como respeta los bienes culturales.

La necesidad de una ética aplicada a los problemas ambientales. El saber ecológico como problema moral. La conveniencia de desarrollar una epistemología ambiental. Los humanos como parte de la naturaleza y los derechos de la naturaleza (éticos, morales, políticos). Se habló de la ecología profunda y se criticó la postura antropocéntrica propia de la modernidad. Se confrontó el pensamiento cosmocéntrico de los pueblos indígenas con el pensamiento antropocéntrico, iniciado con la cultura grecorromana y posteriormente por los otros pueblos occidentales.

Al autor de la crónica le tocó exponer sobre el cambio climático, los daños que produce en la salud humana y desarrollar el paradigma actual “una sola salud” (one health), es decir: salud humana-salud animal-salud del planeta. Mencionó que su maestro el Prof. Pedro Laín Entralgo, sostenía que para tener un conocimiento científico cabal es necesario explorar tanto el camino de la historia como el camino de la realidad. De allí que arrancó con la “paleoclimatología” (períodos fríos y cálidos), ya que desde que apareció el planeta hace unos 4,6 miles de millones de años atrás, por el frío intenso no había vida posible. Luego hubo cambios climáticos que permitieron la aparición de ciertas especies y la desaparición de otras que no se adaptaron, por caso los dinosaurios. Un cambio climático favoreció la aparición del ser humano (Homo Sapiens), unos 2,59 millones de años con el período cuaternario o era antropozoica. Hace 25 siglos Hipócrates vislumbró la relación de las enfermedades con los aires y los lugares, y Rudolf Virchow en la modernidad habló de “zoonosis”.

El cambio climático actual es antropogénico, más allá de lo que sostengan los negacionistas, ya que se inició en el Siglo XVIII con la primera revolución industrial y se hizo de manera exagerada, sin contemplar las consecuencias que hoy se padecen. Desde 1970 la región del mundo que más biodiversidad perdió es América Latina (promedio global del 69%). La biodiversidad alterada por el cambio climático favorece la transmisión de patógenos (dengue, paludismo, tuberculosis, fiebre amarilla, cólera, etc.). Los patógenos se expanden y pueden saltar de un animal al humano (Covid-19). Al cambio climático caracterizado por el calentamiento global debido a la acción de los gases de efecto invernadero (CO2-CH4), se le suman la emergencia sanitaria global (coronavirus) y la irracional contaminación del planeta. En cuanto al calentamiento del planeta estamos lejos del Acuerdo de París (2015). Para preservar la salud de la Tierra y de todos los seres vivientes es necesario tomar las decisiones adecuadas. Existe una responsabilidad ética con las actuales poblaciones, sobre todo las vulnerables y las ya vulneradas, también esta responsabilidad se extiende a las generaciones futuras. Cuando la conciencia moral falla debe actuar la justicia en aras del bien común. No se pueden seguir difiriendo o procrastinando medidas ambientales absolutamente necesarias porque se interponen intereses de fuertes grupos económicos.

Es necesario desarrollar una conciencia anticipatoria, pues de continuar el calentamiento global su curso desmesurado, cabe la incógnita si llegado a cierto punto el ser humano se adaptará o desaparecerá como sucedió con tantas especies según revela la paleoclimatología. Los médicos no solo tenemos que asistir enfermos, debemos ser parte del diálogo interdisciplinario que promueve la prevención de esta catástrofe ecológica.

Una cuarta parte de la carga mundial de morbilidad se atribuye a factores de riesgo ambientales evitables, la inmensa mayoría de los cuales implica la exposición a la contaminación y a las sustancias tóxicas (Naciones Unidas). El Cambio Climático es la mayor amenaza para la salud mundial del siglo XXI (OMS).

El hombre ha revelado ser el mayor depredador del planeta. El progreso está para mejorar la calidad de vida, no para empeorarla, y la naturaleza no es enemiga del ser humano, narrativa con la que se sobreexplotaron los recursos naturales. Protegiendo la salud del planeta protegemos la salud humana y promovemos el bien común.

Prof. Dr. Roberto M. Cataldi Amatriain

Profesor consulto de Medicina Interna y Presidente de la Academia Argentina de Ética en Medicina.

Algunos tanteos culturales: la tarde que llegué a la CAEC

03 lunes Oct 2022

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A mediados de la primera década de este siglo, una tarde llegué a la reunión mensual de la CAEC, la Cámara Argentina de Entidades Culturales, en ese entonces cámara de empresarios culturales, pero con el tiempo advertimos que varios de sus miembros no eran precisamente empresarios de la cultura, si bien la cultura en sí es una empresa, también un desafío. Rápidamente me di cuenta que por un lado estaban los empresarios y gestores culturales, por otro aquellos que somos autores, algunos verdaderos creadores. Llegué invitado por la licenciada Liana Sabatella, alma mater del grupo, un poco intrigado por saber qué se cocinaba allí, y me sorprendió hallar en un mismo ambiente, músicos, artistas plásticos, editores literarios, galeristas, museólogos, periodistas, críticos de arte, gente de cine y teatro, así como de otras ramas de la cultura, todos en un dialogo afable, donde exponían acerca de la problemática de sus respectivas profesiones en lo que atañe a los aspectos laborales como creativos.

Mis amigos me preguntaron cómo fui a parar allí, qué tenía que hacer un médico dedicado a la profesión asistencial y la docencia, más allá de tener una formación humanista y una innata curiosidad por otros ámbitos del saber. Pues bien, había llegado a Buenos Aires para participar del “Seminario Germano-Argentino de Bioética”, que durante años se dio en mi Fundación con el auspicio de la UNESCO y la Embajada de Alemania, el profesor Dietrich von Engelhardt, vicerrector de la Universidad de Lübeck y luego presidente de la Academia Alemana de Ética en Medicina. Dietrich, filósofo de profesión, en esa oportunidad se quedó tres o cuatro días en el país, si mal no recuerdo, y como es de tener muchas actividades accedió a dar una charla sobre ética y cultura por invitación del licenciado Jorge Cichero, quien colaboraba conmigo y a su vez formaba parte de la CAEC. Lo llevé a Dietrich a la Cámara Argentina de Comercio y al finalizar su conferencia la invité a Liana al asado que la noche siguiente haría en mi casa, porque mi amigo alemán disfruta sobremanera de la carne argentina. Y Liana me invitó a que concurriera a las reuniones de la cámara.

No pasó mucho tiempo y un día lo hice. Recuerdo que esa tarde me sentí muy a gusto, pude dialogar con los distintos integrantes de la reunión, y advertí que allí se realizaba aquello por lo que venía bregando desde que retorné de Europa: el diálogo interdisciplinario. Esa tarde descubrí un filón cultural, pues, toda esa gente podía aportarme no pocos conocimientos de los que yo carecía, me ayudaría a ampliar mi mente y mi perspectiva de la cultura. Por eso, a partir de entonces, durante muchos años concurrí religiosamente a la reunión mensual de los segundos martes, y entre café y café, pude familiarizarme con esas disciplinas. Recuerdo que salía del hospital para estar a las dos de la tarde y a las cinco nos retirábamos, yo directo a mi consultorio para la tarea asistencial vespertina.

Pasaron años, realizamos numerosas actividades, incluso viajamos al exterior y en mi caso expuse sobre las relaciones de la ética con la cultura y los negocios, temática sensible en la que se entrecruzan ideologías, prejuicios e intereses. De pronto irrumpió la pandemia con el consabido encierro por cuarentena. El mundo se detuvo, no así la actividad sanitaria, y con Liana solíamos hablar por WhatsApp con cierta frecuencia, para terminar muchas veces haciendo la catarsis… Este año decidimos comenzar una nueva etapa, incorporando la cultura digital, ya que cuando se fundó la cámara (2001) no había adquirido la dimensión actual y vivíamos en un mundo predominantemente analógico. Bástenos el hecho que a principios del Siglo XXI un 6% de la población mundial estaba conectada a Internet y hoy supera el 60%. Lo digital ha cambiado el mundo en todas sus dimensiones y no podemos darle la espalda.

Hace unos días, mis compañeros de ruta de este emprendimiento que promociona la cultura, me pidieron que como vicepresidente hiciera la presentación de la CAEC en el Salón Dorado del Teatro Colón, un templo mundial del arte lírico, dentro del evento organizado por Willy Artnouveau, y para mí fue un honor.

Quiero mencionar algunas reflexiones que entonces hice y añadir otras que considero importantes, ya que como decía Catón El Censor, la vida sin cultura no es más que la imagen de la muerte… Y si no existe diversidad cultural no hay una cultura que sea genuinamente posible, pues está interdicta la dignidad, que proviene de la autonomía, y ésta de la libertad.

Decía Antonio Gramsci que la cultura es la disciplina del Yo interior, y mucho antes Schopenhauer sostenía que cuando la naturaleza predomina sobre la cultura tenemos el salvaje, pero cuando la cultura prevalece sobre la naturaleza tenemos el pedante, por eso abogaba por el necesario equilibrio.

En lo personal soy partidario de la cultura sin estridencias, como sostenía George Simmel, la cultura hay que llevarla con discreción, como se lleva el reloj, si a uno le preguntan qué hora es, simplemente decirla… Por su parte Nietzsche pensaba que, “La sencillez y naturalidad son el supremo y último fin de la cultura”. Claro que la cultura es hija de su tiempo y, cada nación se identifica, básicamente, por su lengua y su cultura. En efecto, en estas herramientas hallan sus argumentos aquellos que defienden las políticas identitarias.

No hay duda que la cultura nos hace ver con los ojos de la mente, oír con los oídos de la mente, y llega a lo más profundo de nuestro ser, despertando todos nuestros sentidos y sentimientos, estimulándonos no solo a sentir, también a pensar, reflexionar, tener una conciencia crítica, una conciencia de límite y una conciencia anticipatoria, porque la cultura, es, la vida misma.

Las dictaduras se preocupan más por la cultura que las democracias, pero no porque intenten protegerla y difundirla, al contrario, saben del peligro que implica la libertad de pensamiento, de allí que en los inicios de nuestra era, Epicteto nos advirtiera que, “Solo el hombre culto es libre”.

La CAEC cumplió 20 años de existencia y ha sido la principal promotora en nuestro medio de la llamada Economía Naranja, una economía ligada a las industrias culturales y creativas, cuya importancia ha sido descuidada en nuestro medio. El naranja, color terciario mezcla del rojo y el amarillo, fue elegido por la ONU como el color de la esperanza. En el budismo el naranja significa la búsqueda del conocimiento. En esta sinfonía de valores culturales, de cultura de los valores, recogemos como principios en la CAEC: la libertad, la paz, la solidaridad, en fin, la dignidad.

Nuestra cámara es un espacio de pluralismo cultural, que fomenta el conocimiento en su más amplia acepción e incluye la economía del conocimiento, pero también la convivencia, ese acto de existir de forma respetuosa ante los demás. Para mí la integración cultural es fundamental, es el paso siguiente de la interdisciplinariedad, donde un experto procura ver el panorama o la problemática como lo hace otro experto, desde el mirador que no le pertenece, por eso considero que la integración tiene que ver con la empatía (ponerse en el lugar del otro). Confucio, unos 500 años antes de nuestra era, incitaba a sus contemporáneos a transmitir la cultura a todo el mundo, sin distinciones de raza ni de categorías.

El hombre es el mayor depredador que existe sobre el planeta, pero también es un glorioso creador de cultura, un contrasentido que sin duda forma parte de la condición humana. Y cuando hablo de cultura, no solo me refiero a la adquirida en la escuela, la academia, la universidad o el conservatorio, también hago referencia de la cultura de la dura escuela de la vida, con sus montañas y valles, sus aciertos y errores. Saramago cuando recibió el Premio Nobel de Literatura, en el solemne acto dijo que su abuelo Gerónimo era la persona más sabia que conoció, un hombre que era pastor de ovejas además de analfabeto… Sin caer en dramatizaciones, en este mundo dominado por el consumismo, la tecnología y la conflictividad social, considero que la cultura al igual que la ética, sometidas al cambio permanente actual, nos pueden salvar de este clima tóxico de apocalipsis globalizado, evitando los sectarismos, las connotaciones morales, las estigmatizaciones ideológicas, en fin, rescato la cultura a secas.

Una moral pacata

08 jueves Sep 2022

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En medio de las crisis de distinto tenor que hoy vivimos los ciudadanos y las sociedades en su conjunto, la moral emerge como un elemento central, que escruta y cuestiona la conducta, dando lugar a diversas interpretaciones, algunas contradictorias. Esto ha generado un terreno fértil para aquellos que se preocupan en exceso de la moral de los otros y a los que se cataloga de “moralistas”. El querer juzgar constantemente convertiría a la moral en el pasaporte de la maledicencia según Napoleón; para el corso la moral de los hombres de estado era tan importante en el terreno de la política como en el de la guerra.

Basta escuchar las declaraciones públicas de ciertos dirigentes de los gobiernos o de las organizaciones sociales, al igual que militantes políticos o religiosos, para advertir rápidamente que viven en otra realidad, que precisamente no tiene nada que ver con las necesidades y preocupaciones del ciudadano de a pie. En efecto, estos individuos tienen otros intereses y habitan un mundo de certezas, sin cabida para las dudas, dando la imagen de haber detenido el tiempo, y no faltan los que con su discurso nos retrotraen al moralismo victoriano, con sus prejuicios, valoraciones rígidas cuando no hipócritas, y la “doble moral victoriana”, puesta de manifiesto sobre todo en materia sexual.

Hoy por hoy preocupa más la incorrección política que el acto de corrupción o el delito en sí. Y no deja de sorprender como a ciertos votantes les resulta indiferente el robo desde el poder, como si no incidiese en la economía del país y el bolsillo del contribuyente, como si no afectase la alimentación, la salud, la educación, el trabajo, la seguridad. Es evidente la falta de conciencia, al extremo que muchos de los más vulnerados son justamente quienes votan a políticos cuya corrupción es un secreto a voces. Desde hace décadas en la Argentina escucho la frase: “roba pero hace…”

La falsedad de estos personajes se revela en el uso y abuso de la mentira, la negación, la tergiversación, los enredos, los trascendidos. En fin, un panorama desalentador donde no faltan los mojigatos que se erigen en bastiones de lo correcto, de las buenas costumbres, de la tradición, mientras manejan el doble estándar: moral inflexible, severa para unos, y permisividad ilimitada para otros, es decir, los propios. Todo esto se da en un contexto cultural que nos recuerda a Nietzsche y su exposición sobre la moral de los amos y los esclavos…

No pocos analistas coinciden en que la principal crisis de la humanidad, es, moral, sin por ello caer en la tentación de una moral ácrata o en una tesitura existencialista como moral contestataria, rayanas con la cultura del posmodernismo, aunque para algunos estaríamos viviendo una etapa posmoral. En fin, lo cierto es que el poder y sus seguidores no admiten la protesta contra algo que está tradicionalmente establecido, que por su naturalización lo consideran normal, más allá de si la protesta desnuda la verdad y combate la mentira disfrazada. La contestación es sinónimo de polémica y como tal puede despertar muchas conciencias adormecidas, por eso la combaten.

Y ciertamente la moral no se trata de costumbres y valores inmodificables en el tiempo, por el contrario, los cambios que se suceden, como acontece en nuestros días, de manera acelerada, terminan incidiendo en la conducta de los individuos y las sociedades. Estamos condicionados por las situaciones contextuales que vivimos, pues, somos en gran medida producto de la época que nos toca vivir, más allá de los principios, valores, sentimientos y creencias que profesemos.

Está claro que no es lo mismo haber aceptado como algo habitual la esclavitud hace 25 siglos, ser partidario de la monarquía 200 años atrás o defender los nacionalismos en la etapa independentista del colonialismo, que, asumir hoy la defensa de estos símbolos polémicos, cuando no execrables. Por esa razón, si hacemos referencia del pasado hay que ser muy cuidadoso para no caer en consideraciones anacrónicas, desde ya injustas.

El mes pasado, la noticia de que la primera ministra de Finlandia, Sanna Marin, en sus vacaciones había estado bailando y divirtiéndose con sus amigos en una discoteca, según un video viralizado, dio la vuelta al mundo. Llegaron a circular rumores de que había consumido drogas y para desmentirlo se sometió a un test que fue negativo. Luego aparecieron en las redes dos amigas besándose en una reunión celebrada en el sauna y los jardines de la residencia oficial. El escándalo llevó varios días y los medios le dedicaron un espacio inusitado, que a su vez le negaron a hechos verdaderamente trascendentes. Quizá noticias de este tenor sean útiles para mantener entretenida a la gente y que no repare en los asuntos verdaderamente importantes.

El tema es que Sanna es una mujer bonita, de 36 años, criada por su madre soltera y su novia en un hogar humilde, que hoy está casada y es madre de dos hijos. Sanna ha revelado ser muy inteligente y es la premier más joven de Europa. Estas breves referencias pueden motivar el elogio, pero también la animadversión cuando no la envidia. Ante las acusaciones ella asumió una actitud humilde, se disculpó y dijo que aprenderá la lección. Pero lo cierto es que en su país le reconocen la conducción acertada durante la pandemia, la adhesión a la OTAN como consecuencia de la guerra, y las reformas que imprimió en la sociedad. Dicen que despierta la admiración de los desenfadados millennials (nacidos entre 1981 y 1996) por su posición ante el cambio climático, las desigualdades y su defensa del Estado de bienestar, en un país donde hay sectores de mayor edad proclives al conservadurismo y que no apoyarían sus medidas progresistas. De todas maneras Sanna recibió el apoyo necesario para continuar en su función, porque no faltó a la ley ni tampoco incurrió en fallas graves a la ética pública. Claro que si hubiese vivido en la época victoriana lo hubiera pasado muy mal, aunque recordemos que Finlandia logró independizarse de Rusia en 1917, finalizada la época victoriana, y hoy por quinto año consecutivo es “el país más feliz del mundo”, según una medición.

En fin, cada país tiene su propia moral, y el coronavirus a través de la pandemia puso a prueba la inteligencia aplicada a la conducta de las dirigencias mundiales, es decir, la ética. En efecto, en medio de las restricciones varios mandatarios incurrieron en graves fallas con la campaña sanitaria y la situación que dramáticamente se vivía. Es más, fotos y videos descubrieron que ellos no cumplían con lo que le exigían a la población, como sucedió con Trump, Bolsonaro, Boris Johnson, Alberto Fernández, entre otros. El cumplimiento de la ley sería una obligación para todos, así está escrito, pero en la práctica estos personajes estarían exceptuados, como si ejercer el poder fuese la excepción a la regla. Arthur Schopenhauer, por su parte, sostenía que: “Predicar moral es cosa fácil; mucho más fácil que ajustar la vida a la moral que se predica”.

La política como religión

30 martes Ago 2022

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Desde la antigüedad los reyes justifican su poder en el origen divino, ya sea como deidades (seres sobrenaturales a los que se les rinde culto) o como intermediarios entre el cielo y la tierra, sin embargo la modernidad se encargó de separar el Estado de la religión, lo que se conoce como laicidad. Y aquí comenzó uno de los grandes problemas que azuzan a la humanidad. Es importante aclarar que no se trata de negar el papel espiritual de la religión, pero está claro que una cosa es la política que aspira a gestionar o gobernar los asuntos públicos de una sociedad, y otra muy diferente la fe religiosa que tiene un individuo. De todas maneras, todavía existen en el mundo gobiernos que son regidos por la religión y, las autoridades políticas son simultáneamente los líderes de la religión que domina. En el planeta queda un puñado de estados que se reconocen como teocráticos, bástenos Irán, Arabia Saudí, Afganistán, entre otros.

Pese a la laicidad en aquellos países donde la constitución establece claramente la separación de estos dos poderes, donde existe la democracia y el republicanismo, a menudo la religión incide fuertemente en ciertas decisiones gubernamentales, incluso movilizando a su feligresía para que vote a determinado candidato porque representa sus intereses, afianzados en cierto conservadurismo moral y también social.

Otra situación la plantean aquellos individuos que siendo militantes de un partido político asumen una conducta irracional, fanática, porque depositan una fe ciega en el líder, que es un político mesiánico, quien en un clima de desinformación creciente alienta la desconfianza en las instituciones del Estado, quedando así solo la “verdad revelada” del líder, cuya palabra es la voz del pueblo…

Muchos de los problemas hoy globalizados, dependen en cierta medida de las masas de votantes cuyo manejo es emocional. Es oportuno aclarar que no es lo mismo ser votante (cualquier individuo que esté habilitado por ley) que ciudadano, porque en éste la crítica tiene cabida y se hace responsable de sus decisiones, acertadas o equivocadas. En efecto, el ciudadano suele estar abierto a la verdad y busca con su voto apuntalar el bien común, por eso no acepta el “pensamiento único”, ese pensamiento que no admite otras ideas u otras respuestas. Además, un grave peligro es el adoctrinamiento de los jóvenes, quienes en realidad deben ser educados en un ambiente de libertad intelectual y espiritual.

Kant procuraba demostrar que la razón moral que habita en el interior de toda persona seguía una ley central, de la misma manera que el movimiento de los astros cumplía con la ley de la gravedad. Esa ley kantiana de la razón moral práctica la explicitaba así: obra siempre de manera que puedas desear que tu comportamiento se convierta en legislación universal. Kant expuso distintos ejemplos de zonas grises morales que proponía resolver, de ser posible en una sociedad donde todos se comportaran de esa manera. El filósofo prusiano expuso su teoría hace más de dos siglos, en un mundo que difería mucho del actual, sin embargo no somos tan diferentes, pues, como decía Germaine de Stael: “los hombres no cambian, se desenmascaran”

Eric Voegelin creía que un sistema político sólido requería del Estado de Derecho y la primacía de la ley, pero consideraba imprescindible que los dirigentes políticos tuvieran una experiencia ética y espiritual, ya que cuando esto no sucede los ciudadanos terminan perdiendo la paciencia y buscan líderes que se opongan al sistema, sobre todo que tengan una ideología mesiánica, de allí que Voegelin hablase de “religiones políticas”. Él fue un representante de la teología política, como Carl Schmitt, aunque ideológicamente estaban en las antípodas. Los dos nacieron en Alemania y murieron en 1985. Voegelin debió escapar de la Alemania nazi y terminó exiliado en los Estados Unidos, mientras que Schmitt fue un miembro destacado del nacionalsocialismo.

Voegelin describió la psicología de las religiones políticas para lograr volcar una gran masa en su favor: el líder tiene una causa, está comprometido y se ubica en un plano superior; escucha a las multitudes y critica la conducta corrupta de las clases dirigentes de manera repetitiva, aunque no tenga evidencias; hábilmente capta la mala disposición popular hacia algunas instituciones y explota este sentimiento; para combatir grandes problemas ofrece recetas simples y fáciles. De esta manera el líder logra convencer a sus seguidores de que son los elegidos, que sus condiciones elevadas los separan de los otros y del resto del mundo… Una vez organizados, serán impermeables a todo argumento, ya que son los elegidos por Dios.

Para Schmitt la “acción política” es la “decisión”, lo que se necesita para terminar con la lucha de clases, algo que sería imposible en el Estado liberal, por eso se inclinaba hacia la dictadura como forma de gobierno. Crítico de la democracia parlamentaria, además del liberalismo y el cosmopolitismo, sostenía que la esencia de la política está en la distinción amigo-enemigo.

Si la clase dirigente tuviese el hábito de leer historia comprendería que situaciones como las que vivimos, fueron el terreno propicio para el estallido de los conflictos sociales que dominaron las primeras décadas del siglo pasado, teñidas de violencia y caos. Clima social que favorece la aparición de un enviado de la Providencia que desde un balcón arengua a las multitudes, con la consabida hipocresía de que viene a salvar la patria… Los populismos, tanto de derecha como de izquierda, surgen en las sociedades que no hallan solución a sus problemas de base. El malestar y la indignación hoy están globalizados y, no hay peor cosa que despertar la cólera de las masas, pues, nunca se sabe cómo terminará.

En el terreno de las utopías es necesario hacer diferenciaciones, porque en el Siglo XX aparecieron las utopías que procuraban cambiar la vida de la gente, a diferencia de otras que pretendían cambiar la naturaleza del hombre, como sucedió con el estalinismo, al punto que se hablaba de un “hombre nuevo”, como si fuese posible a este ser milenario cambiarle los instintos, el organismo, sus deseos, la violencia e incluso su capacidad de hacer el mal… Cuando se habla de cambiar la vida, se reduce a modificar el concepto que tenemos de las cosas materiales, por caso la relación del hombre con el dinero. En efecto, el sistema permite que un individuo por necesidad acepte condiciones de trabajo y de vida que son injustas, porque el tener que mantener una familia lo obliga a aceptar trabajos mal remunerados y condiciones laborales indignas. Además el sistema sabe perfectamente que la necesidad es el medio para que los individuos abdiquen de sus legítimas aspiraciones, ignoren los límites, incluso se rebajen a los caprichos de los canallas. Y éste es el fermento de las revoluciones que sucedieron muchas veces a lo largo de la historia. Nada nuevo hay en esto.

De todas maneras, las creencias están presentes desde el inicio de la humanidad y tienden a imponerse, es decir, en nosotros existe la tendencia a aceptar aquello que coincide con nuestras creencias, siempre ha sido así, claro que hoy se le añaden los algoritmos, que seleccionan aquello que coincide con nuestras preferencias, gustos, deseos y pensamientos para reforzarlos.

Está claro que en los que tienen una mentalidad fundamentalista no hay evidencia que les modifique lo que creen. Emmanuel Carrère dice que los fanáticos, “no creen en lo que ven, sino que ven lo que creen”.

Credulidad, ilusiones o ceguera voluntaria

27 miércoles Jul 2022

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Hace unos días apareció en Periodistas en español (Madrid) mi artículo de opinión: “Willi Münzenberg y Joseph Goebbels: dos maestros del engaño” (22/07/22), que en cierta medida sirve de introducción a este texto. Al respecto, un amigo sostiene que hoy al igual que ayer, las mentiras provienen de la izquierda y de la derecha, de arriba y de abajo, y si quienes están más preparados para descifrar las trampas y revelar el engaño, por caso los intelectuales, no pueden evitar ser presa de este artificio, entonces qué se puede esperar de las masas… No sé si es tan así, pero no hay duda que vivimos rodeados de burdas mentiras, verdades a medias, pensamientos ilusorios, creencias infundadas, y basta que bajemos la guardia para convertirnos en presa.

Antonio Gramsci, un intelectual brillante, que quizá fue el primer marxista que comprendió la necesidad de trasladar la lucha de clases al terreno de la cultura de masas, junto al húngaro Gregory Lukacs, otro brillante teórico que postulaba el “terrorismo cultural” (según definición propia) y que hizo aportes a la Escuela de Frankfurt, consideraban que el acceso al poder requería demoler las bases morales de la tradición judeocristiana. Willi Münzenberg, el principal dirigente de la Kommintern (Internacional Comunista), se encargó de extender por Occidente las consignas para promover la subversión. Willi había sido compañero de Lenin en Suiza, antes de la revolución bolchevique, y fue el creador del sistema de la “agencia de noticias”, que bajo sus directivas servía para la manipulación informativa pero también para ocultar a los espías en los países anfitriones.

Algunos consideran que Gramsci y Luckas son los padres del progresismo del Siglo XXI, porque habrían sentado las bases de la contracultura, es así como en el progresismo de los años 60 se cuestionaba la propiedad privada, los valores de la familia y la tradición moral occidental. Claro que el fanatismo ideológico no le impidió a Gramsci poner la lupa sobre su credo, pues, en la primera visita a la URSS percibió que el comunismo no funcionaba como sistema de organización social. Luego de su experiencia en España durante la Guerra Civil volvió a su país para liderar el PC Italiano, pero Benito Mussolini, otro socialista, que curiosamente terminó fundando el fascismo (el fascismo ha sido identificado con la extrema derecha, pero también existe un fascismo de extrema izquierda), lo encarceló en 1926. En prisión escribió: “Cuadernos de la cárcel”. En 1937 lo dejaron en plena libertad pero ya estaba muy enfermo, tenía tuberculosis, aterosclerosis, hipertensión arterial, gota, y en menos de una semana falleció a causa de un accidente cerebrovascular hemorrágico. Gramsci pensaba que para lograr el éxito había que ganar a los intelectuales, el mundo de la cultura, la religión y la educación, por ser los sectores dinámicos del mundo de las ideas, y que luego de algunas generaciones cambiaría el paradigma dominante en Occidente. No hay duda que esas ideas prendieron muy fuerte en buena parte de la intelectualidad, se infiltraron en los campus universitarios y en otras instituciones, al punto que despertó gran preocupación en Occidente y, en varios países se inició una caza de brujas. No faltaron las delaciones, las falsas denuncias, los castigos injustos, bástenos la sucia campaña del senador republicano Mc Carthy o las dictaduras militares de América Latina. En fin, lo cierto es que no pocos intelectuales volvían de la URSS cantando loas al sistema bolchevique, constituyendo así un contingente de “tontos útiles” (denominación atribuida a Lenin), y hasta Sartre habría declarado: “la libertad de crítica en la URSS es total”. La propaganda fue muy eficiente y llegó incluso a la UNESCO de la época.

Christian Jelen sostiene que desde 1917 el despotismo y la tiranía de la revolución eran conocidos en Europa occidental y, los que se engañaron durante tantas décadas no lo hicieron por falta de información, sino de voluntad. Quizá tenga razón, pues, como sostiene la sabiduría popular cada uno ve lo que quiere ver y oye lo que quiere oír. De todas maneras, ante las evidencias que fueron surgiendo, muchos conversos abjuraron del credo soviético. En efecto, modificaron su actitud al comprobar que lo que defendían no era lo que creían de buena fe, bástenos las críticas de André Gide cuando retornó desilusionado de su visita a la Unión soviética (1936) o cuando Albert Camus fue expulsado del PC francés luego de advertir que el paraíso comunista no era más que una mentira. Sartre tuvo una relación con el PC que fluctuó entre la defensa y la condena, pero el compromiso fue su estilo de vida, y cometió no pocos errores. Recuerdo que ya en este siglo Saramago dijo: “Hasta aquí he llegado” y renunció al PC portugués. Está claro que algunos despertaron del sueño totalitario para tomar otro rumbo. Y el abandonar un bando no significó pasarse inexorablemente al banco contrario como ciertos maniqueos se empeñan en sostener. La propaganda los acusó de traidores y procuró enlodarlos.

La defensa del estalinismo enfrentó a Octavio Paz con Pablo Neruda. Albert Camus criticaba a la izquierda estalinista, mientras Sartre y Simone de Beauvoir atacaban Camus. Es cierto que el estalinismo tuvo muchos defensores en todos los ámbitos, y a buena parte de la intelectualidad de izquierda se la acusa, antes y ahora, de haber permanecido en silencio.

En Buenos Aires, José Bianco, secretario de redacción de la revista Sur, viajó a Cuba como jurado del Premio Casa de las Américas (1961), la Revolución cubana ya llevaba dos años, y Victoria Ocampo le pidió que públicamente dijese que el viaje era a título personal y no en representación de la revista. Bianco se molestó y argumentó que poco antes Héctor A. Murena había viajado a los Estados Unidos invitado por el Departamento de Estado y nadie le pidió esa aclaración. Entonces Victoria hizo la aclaración pública y Pepe Bianco a su regreso le envió un telegrama de renuncia a la revista, pero el entusiasmo de Bianco por el régimen castrista decayó con el emblemático caso Herberto Padilla, que terminó con el idilio entre la intelectualidad internacional y dicha revolución.

En Chile, Roberto Bolaño, anticomunista, era amigo de Pedro Lemebel (discriminado tanto por la izquierda como por la derecha debido a su orientación sexual), y cuando éste invitó a la Feria del Libro de Santiago (1999) a su amiga Gladys Marin, dirigente del PC chileno, se produjo un distanciamiento que fue definitivo.

La guerra cultural se libra en todos los frentes, porque se necesita de la manera que sea capturar la opinión pública. Al respecto, la investigación de la británica Frances Stonor Saunders sobre la CIA y la guerra fría cultural es reveladora, ya que muestra cómo los hombres de Langley reclutaron a intelectuales del “mundo libre” para su programa ideológico no bien finalizó la Segunda Guerra Mundial. En una entrevista que le hicieron, ella compara la CIA con la KGB. El Congreso por la Libertad de la Cultura (CLC) fue el centro de la operación ideológica, constituido como una organización asentada en París con apoyo de los servicios de inteligencia francés y británico. Washington no se fijó en gastos multimillonarios y, la CIA además de crímenes y golpes de Estado también funcionó como una suerte de ministerio de la Cultura. Frances también comenta que la institución trataba de captar a aquellos intelectuales de izquierda que no fuesen comunistas o en todo caso excomunistas pero que no odiasen a los Estados Unidos. Dice que la organización editó más de mil libros y financiaba numerosas revistas culturales a través de fundaciones y ONG, pero que procuraba no aparecer en público porque sabía de su mala imagen. La CIA logró dividir a la intelectualidad francesa, no soportaba a Sartre, tampoco a Neruda a quien consideraba el Sartre de América Latina. Al parecer había editores, intelectuales y artistas que ignoraban de dónde provenía la ayuda económica, y después de una exhaustiva investigación Frances deja abierta la duda de si los beneficiados sabían o no que ese dinero provenía de la CIA… Por lo que revela su investigación el dinero era la zanahoria, y el éxito consistía en la difusión a gran escala de la obra, algo que para muchos podía llegar a ser irresistible.

La lucha de ambos bandos (capitalismo versus comunismo) era por el control mental de la población. Ahora al comunismo lo sustituye el terrorismo. Pero nada de esto fue original del siglo pasado, aunque sin duda caló hondo. La manipulación de la opinión pública es muy anterior a nuestra era y un viejo proverbio chino dice que un hombre ignorante sigue la opinión pública… El veterano general Douglas McArthur decía que no se puede librar una guerra sin el apoyo de la opinión pública y, parece que los Bush lo tuvieron muy en cuenta. Por su parte Oscar Wilde pensaba que la opinión pública existe donde no hay ideas… En fin, la historia nos revela que la percepción de las mayorías o sus creencias, a menudo manipulada por el poder de turno, los medios de comunicación o las redes sociales, nos ha conducido por el camino de las emociones inconfesables y de la tragedia.

Los mitos y la humanidad

24 viernes Jun 2022

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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Hace unos días, el periodista y director de radio Pablo Duarte, hijo del reconocido pintor Roberto Duarte, me invitó a un encuentro literario: “Los mitos en la literatura”, en la Galería Liliana Rodríguez y en el marco de la muestra organizada por Café Convertes Art Gallery MUBUAI 2022 “Arte de las dos orillas”.

El tema lo desarrolló Jorge Cabrera, quien reveló ser un estudioso de los mitos en la literatura de Borges, Cortázar, Lorca, Marechal y Elvio Gandolfo, éste último es el único que permanece vivo. También participaron María Kodama y Celia Marechal.

Confieso que para mí fue muy movilizante, pues, actuó como un disparador para que evocase distintas etapas de mi vida. Siendo becario de postgrado en Madrid, cuando no concurría al hospital o la universidad que me ocupaban la mayor parte del tiempo, asistía a distintas actividades culturales. Recuerdo el curso de filosofía que se dictaba los fines de semana en la Fundación Universitaria Española, próxima al Parque del Retiro. Uno de los profesores al que yo admiraba solía hablarnos de los mitos en la filosofía, los mitologemas y, decía escoger los mitos griegos porque los mitos romanos están más elaborado, a la vez que añadía: “el hombre es un glorioso creador de mitos”. Otro de los profesores, que adoptaba posiciones más bien reduccionistas, era muy crítico con la Ilustración, y destacaba que este movimiento histórico se obsesionó con desmitificar todo, por ende no quedaba nada… Creo que lo que procuraba significar era que el hombre en su intento de desmitificar, a menudo termina por transmitificar.

Volviendo a la reunión, Cabrera le dedicó buena parte de su exposición exegética al mito del Minotauro y el laberinto, así como a las diferentes versiones que circulan. El monstruo Minotauro tenía cuerpo de hombre, cabeza y cola de toro, era hijo de Pasífae, y terminó encerrado en el laberinto diseñado por Dédalo, en la isla de Creta. Según una de las versiones, Poseidón hizo que Pasífae se enamorase de un toro blanco que Minos no quiso sacrificar en honor a Poseidón porque era bello, lo que ofendió al dios que buscó vengarse. Pasífae le confió su pasión a Dédalo quien construyó una vaca de madera y la llevó donde el toro de Poseidón pacía entre las vacas de Minos. El toro montó a la vaca de madera, satisfaciendo el deseo de Pasífae y luego dio a luz al Minotauro, un ser violento que se alimentaba de carne humana, y que debió ser encerrado en el centro del laberinto para ocultar la deshonra de Pasífae. Finalmente el Minotauro murió a manos de Teseo, hijo del rey Egeo.

Los aportes de Kodama y Marechal fueron interesantes. Como ser, Kodama dijo que Borges en su biblioteca, además de los libros de literatura inglesa heredados de su abuela, tenía varios libros de ciencia y matemáticas, porque estas disciplinas le despertaban mucha curiosidad, algo que ignoraba de Jorge Luis. Por su parte Celia comentó que Marechal recomendaba a los escritores que había que volver a los griegos y no recurrir tanto a la mitología centroeuropea. Cuando mencionaron a Cortázar recordé que un día lo crucé en una calle de la otra orilla del océano, pasó a mi lado con la vista elevada como mirando al cielo, creo que iba absorto en sus pensamientos. A decir verdad, me hubiera gustado haberlo invitado a tomar un café, para mí hubiera sido una charla sublime, quizá fantástica como su literatura, pero yo era un joven tímido y no me animé. Tiempo después supe que algo parecido le sucedió a Gabriel García Márquez, que cuando lo vio entrar a un café lo siguió y permaneció en una mesa contigua durante una hora observándolo pero no se atrevió a hablarle.

Mi gran amigo José Alberto Mainetti, médico, filósofo e historiador, a quien sucedo como presidente de la Academia Argentina de Ética en Medicina, ha dedicado buena parte de su vida al estudio de los mitos, sobre todo dentro de la historia de la medicina y la bioética. Los mitos siempre fueron objeto de pormenorizadas y atrayentes exposiciones en su obra, como Quirón, el centauro sabio, mitad hombre, mitad caballo, y el complejo bioético, representado por Pigmalión, Narciso y Knock. Quirón, el centauro más famoso, era un médico que sanaba los males del cuerpo y del alma, y muere herido por una flecha envenenada. En cuanto al complejo bioético, Mainetti habla de tres transformaciones: la tecnocientífica que responde al deseo y que remodela al hombre, la social de la relación médico-paciente que pone al enfermo en posición de decidir acerca de su cuerpo, y la política de la salud convertida en un bien social de economía expansiva. Estas transformaciones él las ve simbolizadas primero en Pigmalión, aquel escultor de Chipre que da vida a la estatua que construyó, la segunda en Narciso, el bello adolescente que se enamora de su imagen, y finalmente el doctor Knock, personaje de la novela de Jules Romains que con su apasionamiento exagerado anuncia la medicalización de la vida. Los tres identificarían la cultura posmoderna y la trama moral de la medicina de nuestros días.

Además recordé mis años en la Dante Alighieri de Buenos Aires, con el aprendizaje de la lengua, la cultura y sobre todo la lectura de la Divina Comedia, en la que Dante hace referencia del Aqueronte, uno de los cinco ríos del inframundo, morada de los muertos y los espíritus, así como de otros mitos griegos. A decir verdad, estoy muy olvidado de este poema épico y religioso. Reconozco que he tenido el privilegio de leer desde muy joven a los clásicos de la literatura y la filosofía, pero confieso que me disgusta no recordar ciertos pasajes de obras que me deleitaron, y hoy por el tiempo material que me ocupa la profesión, el caudal de informaciones y las lecturas nuevas, tengo bastante dificultad para la relectura de esas obras. En fin, creo que cuando uno más lee también más olvida. Lo cierto es que Dante realiza su viaje a través del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso, de la mano de Virgilio con el objetivo de redimir sus pecados y ascender al Cielo. Un viaje espiritual de un alma errante, sumida en las tinieblas, que busca la luz. Dante está perdido en una selva oscura y se encuentra con Virgilio, por indicación de su amada Beatriz, que personifica la sabiduría divina, con la intención de salvarlo.

Y en mi etapa de estudiante universitario recuerdo haber leído a Erich Fromm, quien sostenía que los mitos y los sueños tienen en común que son escritos en el mismo idioma, que es el lenguaje simbólico. George Steiner decía hace unas décadas que: “En este momento del siglo XX, tenemos hambre de mitos, de explicaciones totales, y anhelamos profundamente una profecía con garantías.” Si Steiner que murió en los albores de 2020, hoy viviese, estaría profundamente sorprendido ante este mundo que se hunde cautivo de la incertidumbre y la alienación, y ya nos habría dado alguna de sus sabias reflexiones, recurriendo probablemente a los mitos. La política, o mejor los políticos, están en medio de este desastre, y como sostenía Claude Lévi-Strauss, “Nada se parece más al pensamiento mítico que la ideología política.”
En fin, todos sabemos que los mitos no cuentan historias verdaderas, pero en la trama de su narración hallamos parte de la realidad, pues, allí están contenidos los grandes temas existenciales, y hasta se atreven a darnos respuestas…

La educación cuesta abajo

30 lunes May 2022

Posted by Roberto Cataldi in Todos los artículos

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En septiembre del 2021, en este blog, abordé nuestro problema educativo bajo el título “De qué educación hablamos”, y me parece oportuno retomarlo, ya que el declive educativo y cultural en la Argentina continúa profundizándose en el 2022. Recomiendo a los interesados leer ese artículo y complementarlo con el que ahora entrego.

Como todos sabemos este declive no es un fenómeno de reciente aparición, viene del siglo pasado, como el tango “Cuesta abajo”, de Alfredo Le Pera, que popularizó Carlos Gardel: “Sueño con el pasado que añoro. El tiempo viejo que lloro y que nunca volverá”. Es obvio que el pasado jamás vuelve, pero la Argentina tiene un pasado educativo notable que auguraba un futuro extraordinario.

Son varias las causas del deterioro y la discusión está muy ideologizada. Aquí vuelve a ponerse de manifiesto el pensamiento binario, las actitudes radicalizadas, la brecha entre la enseñanza de gestión estatal y la privada. Y no hay duda que con la pandemia y la larga cuarentena la situación empeoró en todos los niveles. En el caso de los hogares pobres, muchos padres se preguntaban cómo podían aprender sus hijos sin Internet. Algunos se las ingeniaron usando el Smartphone y, no pocas madres debieron sustituir a las maestras. Pero la tarea docente es compleja, porque los padres, aun siendo profesionales universitarios, no tienen la capacitación didáctica y pedagógica de las maestras y los profesores. Muchos padres no disponen de tiempo porque trabajan y tampoco de los conocimientos básicos para ayudar en las tareas escolares a sus hijos. En fin, así un millón de estudiantes se desvincularon del sistema, retornando una parte, pero hasta ahora la mayoría no volvió, pues se perdió en la niebla de la pobreza.

Con las restricciones impuestas por la pandemia quedaron al descubierto una serie de situaciones sociales ligadas a la escuela que ya se conocían, pero se las ocultaba. Como ser, dada la situación de pobreza y la necesidad de alimentos muchos niños van a la escuela a comer, y convengamos que esa función social no es propia de la escuela pero ante la emergencia se hace cargo de esa imposición moral. En lo que atañe a la presencialidad escolar, tan debatida por los políticos y los gremialistas de la educación, estuvo regida por intereses políticos, no sanitarios, y hoy nadie se hace responsable de los daños que produjo en niños y jóvenes, cuyas consecuencias tendrán su impacto a lo largo de toda la vida… En medio de tanto ruido y desvíos de la atención, los ciudadanos debemos tomar conciencia que estamos hablando de la Argentina, que en su momento llegó a tener estándares educativos de primer nivel en el mundo, no hablamos de un país devastado por la guerra donde los niños deben escolarizarse como pueden protegidos de los bombardeos o reciben enseñanzas en campos de refugiados. Sin duda la educación no le interesa a la dirigencia de nuestro país, y esto lleva décadas. No es una opinión, los datos lo revelan. Y lamentablemente debemos reconocer que desde hace tiempo no se come, no se cura ni se educa porque la ciudadanía está al servicio del Estado y no la inversa, más allá que los gobiernos se renueven periódicamente por elecciones democráticas.

Domingo Faustino Sarmiento, aborrecido por unos, venerado por otros, fue sin duda nuestro mayor intelectual decimonónico, un autodidacta que promovió con firmeza la educación, la cultura y el progreso. Más allá de los errores que cometió y de su visceral apasionamiento, lo que le motivó numerosas críticas del revisionismo y ataques a su memoria, no se puede negar que fue un hombre genial. Hace unos días se realizó el censo nacional 2022, lo que motivó que recordásemos el primer censo que se hizo en el país bajo su presidencia, en 1869. Entonces éramos poco más de un millón ochocientos treinta mil almas, y hoy superaríamos los 47 millones. Un dato curioso que tiene que ver con mi profesión: había 458 médicos en todo el país y 1047 curanderos…Pero lo interesante fue que el censo reveló que el 70% de la población era analfabeta, y en los cinco años que le quedaban como presidente construyó más de 800 escuelas, porque pensaba que la educación debía ser pública, obligatoria y para ambos sexos (toda una avanzada para la época). Además fundó la Academia Nacional de Ciencias, la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, el Colegio Militar, el Liceo Naval, el Observatorio Astronómico, y lo curioso es que él no provenía del mundo académico ni del universitario, sin embargo creía firmemente en la educación y la cultura como factores determinantes del progreso. Al año siguiente que terminó su mandato, no fue por una banca en el senado para tener fueros que lo protegieran de actos de corrupción ni pidió una embajada en Paris o Londres para disfrutar de la buena vida, simplemente asumió como director general de escuelas de la Provincia de Buenos Aires, un cargo de escasa jerarquía para un ex presidente de la Nación, revelando que la educación para él era una política de estado y que había que trabajar para lograr ese objetivo. ¡Qué lejos estamos!

Como decía mi abuela, hay que tener sangre de horchata para no indignarse ante la degradación y el oprobio actual. En estos días leí un estudio sobre los alumnos de la escuela secundaria, basado en datos oficiales: en 2014 ingresaron a primer año 848.303 chicos en todo el país y solo el 43% finalizó en 2019… En los establecimientos de gestión privada se graduó el 64% y en los estatales (que reúne el 75% del total), el 36%…. Al parecer en todas las juridicciones del país las escuelas de gestión privada tienen mayor relación entre ingresados y graduados. Pero hay que consignar que la mayoría de los alumnos que no termina la escuela secundaria proviene de los hogares más humildes y esto sí es una injusticia social.

Como profesor universitario que previamente curso en la universidad pedagogía y sociología, suelo seguir de cerca las discusiones que tienen que ver con la educación y la capacitación de los jóvenes. Creo que hay mucha confusión, dentro y fuera de las instituciones. En efecto, para la sociedad la escuela constituye una solución, allí el chico está contenido durante varias horas al día, aprende una serie de asignaturas y también lo educan. Por eso la ansiedad de los padres para que la escuela admita a sus hijos, aunque después surgen los cuestionamientos, y si el chico revela problemas de conducta o de aprendizaje es culpa de la escuela. Resulta cómodo delegar todo en la escuela. Esto acontece en la educación oficial y en la privada. Es más, desde hace años vemos actos de violencia de padres hacia los maestros, algo similar a lo que sucede en las salas de guardia de los hospitales públicos con los pacientes o sus familiares que agreden a los médicos. Y año tras año, las manifestaciones de violencia se incrementan, hecho que revela un serio problema social que no ha sido abordado con seriedad.

Desde ya que una política educativa inteligente pone su esfuerzo primero en la accesibilidad (que todos sin distinciones de clases sociales puedan acceder), en segundo lugar que no haya deserciones (que los alumnos permanezcan en el sistema), y en tercer lugar que la educación que se brinde sea de calidad (capacitación docente).

Pero la educación se inicia en el hogar, en el ámbito familiar, y luego continúa en la escuela. Hoy está de moda hablar de “educación en valores”, y yo siempre pregunto ¿de qué valores hablamos? Me suena a cliché. La enseñanza de los valores no es privativa de la escuela, en realidad los valores se aprenden primero en la familia, también pueden aprenderse en la Iglesia u otro templo religioso, en un club de amigos o en los boy scouts. Es más, un padre analfabeto puede enseñarle valores a su hijo, aunque no pueda enseñarle a leer y escribir. Un padre profesional exitoso, pero que es corrupto, egoísta y mentiroso, es difícil que le enseñe valores a su hijo porque él no los tiene incorporados.

He leído que el bachillerato actual ha decaído porque los chicos llegan a quinto año sin ningún saber, y que muchas familias eligen la escuela técnica por haber incorporado robótica y programación a su matrícula. Es sabido que hoy se cuestionan aquellas habilidades que no serían útiles y, todos los días aparecen en los medios empresarios que se quejan de que los jóvenes no están capacitados para trabajar, que la escuela no los prepara para el mercado. Aquí disiento, porque el objetivo fundamental de la escuela o el colegio es formar personas y de manera integral, no los trabajadores que requiere el mercado, en todo caso, un joven con buen nivel de lectoescritura, expresión oral y dominio de las operaciones matemáticas puede aprender cualquier cosa, porque a partir de allí está en condiciones para que la empresa en cuestión lo capacite en la tarea específica, lo que puede demandar semanas o quizás un par de meses. Y cuando ese joven cambie de empresa deberá aprender otro trabajo, todo esto resulta muy dinámico, como la vida laboral misma. Pero el mercado no puede ni debe dirigir la pedagogía, a menos que aceptemos la esclavitud del mercado.

Emilio Tenti Fanfani sostiene que el poder liberador de la escuela es la lengua y las matemáticas, y que la institución debe contribuir a desarrollar el conocimiento complejo, “capital cultural” que produce riqueza. Los valores y las habilidades socioemocionales se desarrollan en la escuela cuando los docentes realizan bien su labor. En las competencias se enseñan algunos conocimientos y se aplican para desarrollar la habilidad de resolver problemas. La escuela construye “conocimientos estructurales y flexibilidad”, para luego poder incorporar los conocimientos específicos. Estoy de acuerdo.

El problema que yo veo es que llegan a la universidad alumnos que provienen de colegios oficiales y privados que tienen un vocabulario muy pobre, dificultades para interpretar y desarrollar una idea, y escribir un informe les resulta muy difícil. Sin embargo saben computación y tienen conocimientos de inglés aunque no dominan la propia lengua. Está claro que la culpa no es de ellos. En algunas oportunidades se acercó un alumno, otras un médico residente, para que les aconsejara qué libros leer porque se daban cuenta que la falta de lectura les jugaba en contra. También me han preguntado cómo estudiar, cómo exponer frente a una clase, cómo hacerse de una cultura general. En fin, creo que las falencias no son pocas, y que aquellos métodos tradicionales hoy denostados, más allá de sus fallas, resultaron ser útiles para muchas generaciones, incluyendo la mía. A menudo en pedagogía vemos ciertas discusiones que no hacen al fondo de la cuestión, pues, en algunos la motivación primordial pasa por mantener ciertas ventajas gremiales o mejorar su imagen política, y en otros por querer ser innovadores sin serlo, o estar pendientes de los beneficios del marketing y del atrayente negocio que gira en torno a la educación. Nada de esto hace a lo sustancial del problema. Pienso que si algo no debe faltar en cualquier pedagogía es el pensamiento crítico, la comunicación (oral y escrita), la colaboración (trabajo en equipo), además de la innovación, la creatividad y la resolución de problemas complejos.

Estoy convencido de que en la vida es clave tener una “mentalidad de aprendizaje constante”, no importan la edad, la cuna, las posibilidades que brinde el status social ni el nivel de educación de que se parta, lo que importa es la pasión por mantener un aprendizaje constante. Y para mí ese aprendizaje es un atributo de la personalidad de quien cree realmente en el progreso personal y disfruta del mismo.

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